¿Qué preguntas debemos hacernos los académicos ante las realidades del mundo laboral? Por Pedro Guglielmetti (*)

Es necesario un trabajo interdisciplinario en lo académico, en la investigación y en la acción para que la justicia social se extienda en nuestras sociedades.

Los abogados laboralistas, los sociólogos y economistas laboralistas nos debemos hacer varias interrogantes frente a las realidades del mundo laboral. ¿Por qué los principios constituyentes de la Organización Internacional del Trabajo, de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos no han logrado imponerse como principios universales? ¿Cuál es nuestra responsabilidad? Si la tenemos o no, ¿por qué el derecho del trabajo protector, la seguridad social pública y universal, solo en un breve período de la historia jugaron un rol relevante para que en el mundo se extendiera la libertad y la justicia social?, ¿qué ha pasado con la sociología del trabajo y con la economía del trabajo?

Aquel logro costó millones de vidas de seres humanos, de tantos que dieron su vida luchando por esos principios y valores, incluyendo a abogados laboralistas, que son frecuentemente ignorados. En este artículo no pretendo dar una respuesta de todos los factores que no lo han hecho posible, y en nuestro caso, si tenemos o no responsabilidad alguna; esta es una respuesta que cada uno debe darse. Solo sostendré que en la época contemporánea la versión neoliberal y financiera del capitalismo ha sido la mayor responsable, que se vincula a la responsabilidad de la política que lo permitió y que se sometió.

En la historia moderna del capitalismo, hubo un período de desarrollo económico con objetivo social, centralidad del trabajo y desarrollo del movimiento sindical; fueron los llamados 30 años de oro de historia del capitalismo en Europa Occidental después de la segunda guerra mundial del siglo pasado, especialmente en Europa del Norte y Escandinavia. Desarrollo que estuvo acompañado con el crecimiento y consolidación de partidos socialistas, socialdemócratas, sectores social cristianos y partidos comunistas, y que se caracterizó con la aplicación de políticas económicas keynesianas.

En este período tuvo un importante significado el fortalecimiento del movimiento sindical con apoyo político y del Estado, como contrapoder al poder económico, o sea un equilibrio de poder y el rol del Estado. Este período duró y se sustentó durante la existencia de la Unión Soviética y la ideología comunista que era el gran desafío para el capitalismo y los grandes intereses económicos.

Al desintegrarse la Unión Soviética y su fallida versión autoritaria del socialismo real, los grandes capitales financieros y sus representantes consideraron que ya no necesitaban hacer concesiones sociales para imponer sus reglas y que la política se sometiera a la economía de mercado en su definición actual, que algunos llaman la globalización salvaje y sin reglas.

El derecho del trabajo y de la seguridad social fueron una garantía reformista del capitalismo en ese breve período de 30 años, en el que los abogados laboristas, los sociólogos y los economistas jugaron un importante rol vinculados a la política y al movimiento sindical.

El inicio de las políticas

Conviene recordar que, desde fines de los años 70, iniciando con el presidente Ronald Reagan en EEUU, la Primer Ministro,  Margaret Thatcher en Gran Bretaña, y Milton Friedman en el mundo académico, con su séquito de los llamados Chicagos Boys, la ideología neoliberal se expandió en el mundo como grupo ideológico compacto.

Recordemos que las dictaduras en América Latina en el siglo pasado nacieron en su gran mayoría apoyadas por grandes intereses económicos y de EEUU, con la justificación del peligro comunista y como defensores de la democracia; lo cual sirvió como posibles plataformas iniciales para implementar el fundamentalismo económico. No olvidemos que la dictadura en manos de un solo hombre, el general Augusto Pinochet, fue el terreno ideal para el primer laboratorio integral del neoliberalismo, ya que se podía aplicar sin oposición posible reprimiendo al movimiento sindical y a los partidos políticos, el control de la justicia y de la academia, y asesinar a dirigentes sindicales, políticos y defensores de los derechos humanos, y generar el exilio para otros.

Fue un panorama generalizado en América Latina, que tampoco excluyó o excluye algunos países llamados democráticos. Milton Friedman y sus acólitos, no sus estudiantes, estudiaron muy bien a Marx, Engels, Gramsci y a Keynes. Los análisis de filósofos, politólogos y economistas para explicar y entender el capitalismo, les sirvió a Friedman y sus seguidores justamente para encontrar un camino que permitiera eliminar los obstáculos que dificultarían implementar su ideología.

Marx y Engels actuaban para convencer a los trabajadores de la necesaria e indispensable unidad para enfrentar el capital a nivel sectorial, nacional e internacional. Al percatarse de las dificultades para lograr esa unidad, por las divisiones e intereses que surgían entre los trabajadores para enfrentar al poder del capital, y por la represión de los gobiernos, Marx propició la representación política de los trabajadores, a través de la creación de partidos políticos que representaran esos intereses. Así surgieron los partidos comunistas, socialistas y socialdemócratas en el mundo; y el Partido Laborista creado por el sindicalismo británico.

Los ideólogos del neoliberalismo tenían planteamientos muy claros: controlar los medios de comunicación; la necesidad de desprestigiar al marxismo y a Keynes; desprestigiar el rol del Estado para impulsar la economía y enfrentar las crisis del capitalismo; relativizar los partidos políticos y desprestigiar la política en su beneficio. No menos relevante fue la discusión sobre la lucha de clases y vender culturalmente su ya no existencia para lograr que la clase trabajadora se quedara sin representación sindical ni política que cuestionara al capitalismo en su versión neoliberal.

Las reformas laborales regresivas que actualmente implementan los gobiernos y parlamentos en la Unión Europea están orientadas a los fines de la ideología capitalista; y estos gobiernos se disculpan con el engaño y con la hipocresía, como si fuera una exigencia de la Comisión Europea. Ésta es designada por los gobiernos, y sus representantes también participan en las estructuras de la Unión Europea en donde se definen esas políticas. Si no hay reacción mayoritaria de los pueblos y una fuerte respuesta política, dichas políticas se implementarán en otras áreas, como la educación y la seguridad social. En algunos países se han hecho reformas en dichas áreas. Sin temor a equivocarse, podría afirmarse que en Europa Occidental los partidos socialdemócratas y socialistas abandonaron la representación de los trabajadores y en muchos casos se convirtieron en administradores de las políticas neoliberales de privatización de la economía, y en intentos privatizadores de la seguridad social, la salud, la educación, entre otras.

No obstante, los neoliberales que controlan ideológicamente gran parte de los gobiernos y parlamentos no han logrado todos sus objetivos, ya que en algunos países el movimiento sindical aún es representativo y porque importantes sectores de la población defienden el Estado de Bienestar porque han podido convivir con sus beneficios. También surgieron corrientes de oposición más o menos progresistas en el mundo cristiano político, como el más avanzado llamado comunitarismo y la teología de la liberación, que generó y genera obstáculos a la ideología neoliberal. Basta señalar la condena del Papa actual, Bergoglio.

En nuestra América Latina, después de un breve período histórico, el derecho del trabajo y de la seguridad social sigue un camino parecido, sin haber llegado a los niveles de desarrollo como en Europa; e igualmente, si no hay reacción de los pueblos y de la política, las reformas laborales serán funcionales para los fines del capitalismo neoliberal.

Esta ideología, aunque está en crisis, resiste por las divisiones políticas para acordar alternativas para remplazar el modelo; esto es lo urgente y en ello debemos colaborar los que creemos en la democracia y en la justicia social.

Actualmente la mayoría de los economistas que están en los puestos claves de los organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario, el Banco Mundial y Ministerios de Economía o de Finanzas, han sido adoctrinados en el pensamiento neoliberal. La gran mayoría han sido formados en las grandes Facultades y Escuelas de Economía y Negocios, que son dirigidas y controladas académicamente por representantes de dicha escuela, que reciben el apoyo “generoso” de las grandes multinacionales, que a su vez se alimentan de los profesionales surgidos de aquellas aulas. Lamentablemente han tenido éxito democráticamente en países desarrollados y en vías de desarrollo gracias al poder mediático que controlan y al poder financiero internacional que condiciona los manejos de las economías nacionales.

¿Qué nos han dejado las políticas neoliberales?

Concentración de la riqueza. Un 1% de la población concentra más riqueza que el 99%. En ese 99% existe un 20% que concentra y trabaja para ese 1% (abogados, economistas, científicos, sociólogos, politólogos, académicos y algunos en el poder judicial). El problema no solo es la desigualdad creciente como estudiosos calificados lo han expresado con cifras irrefutables: Joseph Stiglitz, Paul Krugman, o Thomas Piketty. También lo es las malas o precarias condiciones laborales, los altos niveles de desocupación, de subempleos, con afectación grave para los jóvenes; y muchos datos encubiertos a través de estadísticas poco confiables con metodologías cuestionables.

Asimismo, el debilitamiento generalizado del movimiento sindical; es bajísima la cobertura de la negociación colectiva y hay limitaciones al derecho de huelga en la mayoría de los países de América Latina, de Centro América y el Caribe. Basta anotar en el caso de América Latina que los movimientos sindicales más representativos son aquellos en los que las políticas del Estado les dieron o han dado apoyo; me refiero a Argentina, Brasil y Uruguay; políticas que lamentablemente también retrocedieron.

En Europa al igual avanza la desigualdad, con la ofensiva para debilitar al sindicalismo y la negociación colectiva, en especial la sectorial y nacional. En EEUU, donde hace unos 40 años el sindicalismo llegó a representar al 32 o 35% de los trabajadores gracias al New Deal y la Ley Wagner Acta, ahora no alcanza a un 12%. También nos ha dejado la creciente despolitización, que significó la desaparición de buena parte de los partidos que decían representar a los trabajadores, quienes son la mayoría de población. Por último, una influencia cultural negativa, con la promoción del consumismo y el endeudamiento; el individualismo y la falta de solidaridad, o sea, los valores más negativos y diría primitivos de la condición humana. El decirse proletario, obrero o trabajador desvaloriza, todos somos de clase media, y lo patético que esa clase retrocede sin tomar conciencia de ello. En general, el gran éxito del neoliberalismo ha sido impedir el equilibrio de fuerza en tres los actores sociales.

¿Cuál podría ser nuestro compromiso como laboralistas, sea abogados, sociólogos o economistas, politólogos, médicos ocupacionales o psicólogos laborales?

No digo como políticos, si fuera posible óptimo; sino como complemento laboral al desarrollo político, como ciudadanos privilegiados profesionalmente y como trabajadores que somos. Debemos luchar en forma colectiva por los principios constituyentes de la OIT y la Declaración Universal de los Derechos humanos.

No niego la importancia del trabajo diario de los abogados laboralistas que defienden a los trabajadores y asesoran a sindicatos; los sociólogos que con sus investigaciones denuncian y analizan las condiciones de trabajo en las empresas; los médicos ocupacionales que defienden la salud de los trabajadores en sus lugares de trabajo; y los estudios de politólogos sobre las deficiencias de la política para resolver los problemas de los ciudadanos. Importante también es el trabajo de los jueces que con sus decisiones hacen que se respeten los derechos de los trabajadores, supliendo la debilidad de los sindicatos para hacerlo.

No niego la importancia de seminarios o de congresos nacionales, regionales o mundiales. Desde mi punto de vista, la gran limitación es que estos eventos en su mayoría no integran las diferentes disciplinas que abordan el tema laboral o la seguridad social. Ahí veo la necesidad de una agregación y trabajo conjunto interdisciplanario en lo académico, en la investigación y en la acción. Es necesario que se complementen los economistas con los juristas, y ambos con los sociólogos, los politólogos y los médicos ocupacionales.

Debemos ser capaces de integrarnos para poder analizar: ¿Por qué las protecciones al trabajo y la seguridad social retroceden? ¿Por qué se debilita cada día más a los trabajadores? ¿Cómo restablecer ese equilibrio de poder que debe haber entre los actores? ¿Cómo contrarrestar el poder mediático controlado por el poder económico y hacer llegar nuestros mensajes a la población? Tengo una preocupación que resulta de mis contactos con jóvenes laboralistas, sociólogos y economistas y también dirigentes sindicales. Como dije anteriormente, millones de trabajadores y miles de dirigentes sociales y políticos dieron sus vidas por los derechos que en parte se han logrado y me impresiona el poco conocimiento que las personas tienen sobre esa historia, que a mi entender limita la fuerza de compromiso con los trabajadores. No olvidemos que hubo muchos laboralistas que jugaron un importante rol en defensa de los trabajadores durante los regímenes dictatoriales en América latina; muchos arriesgaron sus vidas y otros fueron asesinados.

Un recuerdo necesario, no es el único, pero es un ejemplo, es el relacionado con “La noche de las corbatas” (esto lo tengo siempre presente gracias a que recibí sobre ello un artículo del colega Cesar Arese de Argentina); entre el 6 y el 8 de Julio 1977 en Mar del Plata-Argentina, una patrulla de militares secuestró a 11 abogados laboralistas y sus familiares. No fue un episodio aislado, porque se repitió en todo el país. Córdoba tuvo una larga noche de las corbatas.

Entre 1974 y 1978, una treintena de abogados laboralistas fueron asesinados, desaparecidos, encarcelados y exiliados. El ensañamiento del terrorismo de Estado con los abogados laboralistas tiene explicación en que, producido el golpe de Estado de 1976 en Argentina, numerosos dirigentes y activistas sindicales sufrieron la represión, se prohibió la actividad sindical, intervinieron sindicatos y se modificó sustancial y peyorativamente la Ley del Contrato de Trabajo; y sus abogados defensores sufrieron la misma suerte. Por eso en la Argentina desde 2015, el 7 de julio es el día del abogado laboralista (ley 27.115). Creo que algo semejante podría relatarse en la mayoría de los países de América Latina, Centroamérica y el Caribe, sin referirme a dirigentes sindicales que aún arriesgan sus vidas en países de la región.

Los que están en la academia o en actividades de formación sindical deberían incorporar en sus cátedras o cursos los aspectos más relevantes de esas luchas en sus países y en lo internacional. No tengo dudas que ello tendrá un efecto multiplicador tan necesario para crear conciencia y responsabilidad con lo social. Estas son mis inquietudes, después de más de 70 años de observación del panorama político, social y laboral. Creo que los ancianos debemos plantear con sinceridad lo que pensamos, aun contradiciendo en parte a Gramsci de que la historia enseña, pero no tiene alumnos; al menos tiene uno, un anciano, pero siempre alumno. Los académicos tenemos mucho por hacer. ¡Qué lindo desafío!

(*) Abogado. Fue Presidente de la Comisión Nacional de Participación de los Trabajadores en la empresas del área social y públicas de Chile; coordinador del área de formación sindical, condiciones de trabajo y medio ambiente y Nomas Internacionales en el Centro Internacional de Formación de OIT en Turín. Consultor en OIT, Cinterfor /OIT, el Banco Mundial y el Banco Interamericano. Creó junto con Umberto Romagnoli el Curso para especialistas latinoamericanos en relaciones laborales de la Universidad de Bologna, Castilla La Mancha-OIT.