Marcos teóricos para entender la crisis actual. Por Leonardo Boff (*)

Toda la realidad histórico-social, por bien que se presente o por hundida en una situación de caos, demanda un marco teórico (conjunto de conceptos) para poder ser entendida, sea para enfrentar las amenazas que puede representar, sea para celebrar un nuevo orden que puede surgir con sus promesas.

El primer marco teórico sigue la ciencia tal como ha venido siendo comúnmente practicada y cuyo método se inauguró en el siglo XVIII con los padres fundadores del paradigma científico moderno. Adquirió su más clara expresión con los resultados del IPCC que hace el seguimiento del calentamiento actual y de la salud de la Tierra. Se orienta por el principio del orden. Los hechos sobre los cuales reflexiona son, por ejemplo, la irrupción de la Covid-19, que muestra la reacción de la Tierra contra las agresiones hechas por los seres humanos en la era geológica del antropoceno.

El otro dato es el crecimiento del calentamiento planetario cuyo C02, como sabemos, permanece en la atmósfera más de cien años. Dada la voracidad industrialista está llegando a un límite peligroso.

Hasta 2030 debe ser reducido drásticamente, en caso contrario conoceremos una dramática transformación del equilibrio de la Tierra, que amenazaría gravemente la biosfera y generaría millones de emigrados en el mundo. Otro dato es la Sobrecarga de la Tierra (The Earth’s overshoot), es decir, el agotamiento de los bienes y servicios necesarios para el mantenimiento de la vida humana y terrestre. Se está volviendo cada vez más grave como revela el último análisis, verificado el 20 de septiembre de 2020. De continuar el nivel de consumo actual, que exige una Tierra y media, puede llevarnos a altos índices de iniquidad social, especialmente entre los pobres.

Están también las “9 fronteras planetarias para el desarrollo” que no deben ser superadas (climas, agua, suelo, biodiversidad, disminución de la capa de ozono, acidificación de los océanos, entre otras). Cuatro se encuentran en alto nivel de degradación. A partir de la quinta, puede ocurrir un efecto dominó, pues todos los factores son sistémicos, y se articulan entre sí. Ahí podría ocurrir el colapso de nuestra civilización. Resultado final: el escenario es dramático para el sistema-Vida y el sistema-Tierra, agravado por la gran ausencia de conciencia colectiva acerca de las amenazas reales que pesan sobre la humanidad en la mayoría de las personas y en los jefes de Estado. El peligro es que engrosemos el cortejo de aquellos que se dirigen hacia su propia sepultura (S. Bauman). Esa lectura lleva al pesimismo y desinterés de las personas por el factor ecológico.

El segundo marco parte de la nueva cosmogénesis, de las ciencias de vida y de la Tierra. La categoría central no es el orden sino el caos. Aquí se utilizan las conquistas provenientes de la teoría del caos que nos proporciona una lectura más positiva y promisoria. Junto con la teoría de la relatividad de Einstein, de la mecánica cuántica de Heisenberg/Bohr y de la teoría del Caos de Lorenz/Prigogine se ha fundado un nuevo paradigma científico que interpreta de otra forma la realidad histórico-social.

Todo en el universo viene de un inconmensurable caos (big-bang). Su explosión hace 13,7 miles de millones de años proyectó materia, energía e informaciones en todas las direcciones. La evolución se realiza como una forma de poner orden en este caos. Así surgieron las grandes estrellas rojas. De su explosión, los materiales formados dentro de ellas fueron lanzados por todos los espacios creando las galaxias, los agujeros negros, las estrellas, nuestro sol y la Tierra y todo lo que ésta contiene. Ese caos es singular: posee una dimensión destructiva (caótica) y otra constructiva (generativa).

Como ha sido mostrado por Bohm, Lorenz y Prigogine, en el interior de este caos se forma siempre un nuevo orden que emerge dominante en la medida en que disminuye (sin nunca desaparecer totalmente) la destructividad del caos. Triunfa un nuevo orden, más alto y complejo que genera optimismo y esperanza de un futuro mejor para la humanidad y para la Tierra. El caos irrumpe en todos los seres, también en nosotros los humanos siempre que un orden dado ya no aborda los problemas creados. Así nosotros los humanos somos caóticos y cosméticos (ordenados), sapientes y dementes, portadores de amor y empatía y simultáneamente de odio y de exclusión. Somos la convivencia de estos contrarios. En este momento con presencia dramática del coronavirus estamos en el corazón de un poderoso caos, que afecta a todo el planeta y a cada uno de los seres humanos. Pero él nos hace descubrir a la Tierra como un todo y que somos también Tierra, parte consciente de ella y no sus dueños y señores.

El virus ha invalidado los soberanismos tradicionales, pues el virus no respeta los límites de las naciones, nos ha hecho descubrir que nuestra esencia humana está hecha de colaboración/solidaridad y de la ética del cuidado de unos hacia otros y para con la naturaleza. Nos ha mostrado la urgencia de construir la Tierra como matria/patria común, como la Gran Casa dentro de la cual vivimos, la naturaleza incluida. La pandemia ha hecho surgir la necesidad de un pacto social planetario para que vivamos como especie en paz y con un mínimo de tensiones. Será una civilización centrada en el valor supremo de la vida, y la economía y la política deben ponerse al servicio de la perpetuación de todo tipo de vida, especialmente de la nuestra.

La conclusión que derivamos de este tipo de interpretación es que un orden viejo ha entrado en caos irreversible pero que dentro de él se está gestando (no sin sufrimiento) un nuevo orden, podemos decir, una forma nueva de habitar la Tierra en sinergia con la naturaleza, con fraternidad y amor social. Esto no ocurre en un abrir y cerrar de ojos, pues el caos posee una larga historia y una lenta agonía. Pero él no promete ninguna esperanza, solo más de lo mismo, imposible de ser repetido, pues el nuevo orden tendrá más fuerza de convicción y de asumir la hegemonía en la conducción de la historia.

Resumen de la situación: no vamos en dirección a nuestra propia sepultura sino en dirección a un nuevo tipo de mundo. El sueño de los Foros Sociales Mundiales se realizará no sólo como un nuevo mundo posible, sino como un nuevo mundo necesario. Dentro de él estarán los distintos mundos culturales, chino, indio, andino, africano y brasilero con sus valores y tradiciones, mostrando la diversidad de formas de ser humano.

¿Por dónde empezar? El Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti dice: debemos empezar desde abajo (pues de arriba viene siempre más de lo mismo o peor), con cada uno, con cada localidad, con cada país hasta el último rincón del planeta.

Todo empezará en el territorio (biorregionalismo), no como viene siendo delimitado artificialmente por la geografía política de los municipios, sino por las formas con que la naturaleza configuró el territorio con sus montañas, sus ríos, sus selvas, sus suelos, sus paisajes y principalmente con la población que durante decenios o siglos ha habitado ese lugar.

Todo será integrado en pequeñas y medianas empresas de producción, empezando con la agroecología, con un nuevo tipo de democracia socio-ecológica, reconociendo los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra, con la participación de todos, y con políticas de disminución al máximo de la pobreza y con la integración pacífica de todos. Las tradiciones culturales, las fiestas profanas y religiosas, la veneración de los artistas, de los políticos ejemplares, de sus santos, santas y sabios formarán el territorio en el cual, verdaderamente, se puede llevar a cabo una real sostenibilidad.

Podríamos representar a la Tierra como un inmenso tapete urdido de territorios autónomos e interligados constituyendo la nueva era de la Casa Común, de la Madre Tierra, Madre de todas las luchas y de todas las victorias, cuidada, amada y habitada por pueblos que se sienten hermanos y hermanas porque todos son hijos e hijas de la Magna Mater, o mejor, son la propia Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera.

Estaremos juntos en la alegre celebración del Misterio del mundo y del milagro de nuestra propia existencia, compartida con toda la comunidad de vida. ¿Una utopía? Sí, pero necesaria, pues hacia ahí apunta el camino de la evolución ascendente, que es el anhelo de todos los pueblos y realiza también el designio del Creador.

 

(*) Teólogo, exsacerdote franciscano, filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño.

La noción del tiempo como historia. Por Frei Betto.

 Frei Betto es uno de los mejores conocedores de Paulo Freire. Además de amigo personal, aplicó su método en la educación popular que ejerce hasta el día de hoy. Este homenaje que le hace en el centenario de su nacimiento es una mezcla de experiencias vividas con él y exposición simple y ejemplar de su método. Me uno a él en esta celebración. Traté con él cuando Betto pertenecía al comité científico del grupo de teólogos y filósofos, de los cuales formaba parte, que editaban y editan todavía la Revista Internacional Concilium (en 7 lenguas). Desde el principio surgió un gran diálogo, del cual él era maestro. Se cuenta entre los fundadores de la Teología de la Liberación, cosa que él decía muy honrado. Sigue el texto lúcido y vivencial de Frei Betto. Leonardo Boff.

 

 Puedo afirmar, sin miedo a exagerar, que Paulo Freire está en la raíz de la historia del poder popular brasileño a lo largo de 50 años, entre 1966 y 2016. Ese poder surgió como un árbol frondoso de la izquierda brasilera actuante en la segunda mitad del siglo XX: grupos que lucharon contra la dictadura militar (1964-1985); las comunidades Eclesiales de Base de las Iglesias cristianas; la amplia red de movimientos populares y sociales que despuntaron en los años 70; el sindicalismo combativo; y, en la década de 1980, la fundación de la CUT (Central Única de los Trabajadores); de la ANAMPOS (Articulación Nacional de los Movimientos Populares y Sindicales) y enseguida de la CMP (Central de Movimientos Populares); del PT (Partidos de los Trabajadores); y del MST (Movimento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra); y de tantos otros movimientos, ONGs y entidades.

Si tuviese que responder a la pregunta: “Indique una persona causante de todo eso”, diría sin ninguna duda: Paulo Freire. Sin la metodología de educación popular de Paulo Freire, no habría esos movimientos, porque él nos enseñó algo muy importante: a ver la historia desde la óptica de los oprimidos y hacerlos protagonistas de los cambios en la sociedad.

Los excluidos como sujetos políticos

Al salir de la prisión política, a finales de 1973, tuve la impresión de que toda lucha, aquí fuera, había acabado por la fuerza de la represión de la dictadura militar, y porque todos nosotros, imbuidos de la pretensión de ser los únicos entendidos en la lucha capaz de rescatar la democracia, estábamos en la cárcel, muertos, o en el exilio. Cuál no fue mi sorpresa, al encontrar una inmensa red de movimientos populares diseminados por todo Brasil.

Cuando fue fundado el PT, en 1980, vi a compañeros de izquierda reaccionar: “¿Obreros? No. Es mucha pretensión querer que los obreros sean la vanguardia del proletariado. Somos nosotros, intelectuales teóricos, marxistas, quienes tenemos capacidad para dirigir a la clase trabajadora”. No obstante, en Brasil los oprimidos empezaban a volverse no sólo sujetos históricos, sino también líderes políticos, gracias al método Paulo Freire.

Una vez, en México, compañeros de izquierda me preguntaron:

— ¿Cómo hacer aquí algo parecido al proceso de ustedes en Brasil? Porque ustedes tienen un sector de izquierda en la Iglesia, un sindicalismo combativo, el PT… ¿Cómo se obtiene esa fuerza política popular?

— Empiecen haciendo educación popular –respondí– y de aquí a treinta años... Ellos me interrumpieron: — ¡Treinta años es demasiado! Queremos una sugerencia para tres años.

— Para tres años no sé cómo hacer –observé–, pero para treinta años conozco el camino. En resumen, todo el proceso de acumulación de fuerzas políticas populares que resultó en la elección de Lula como presidente de Brasil, en 2002, y mantuvo al PT en el gobierno federal durante trece años, no cayó del cielo. Todo fue construído con mucha tenacidad a partir de la organización y movilización de las bases populares aplicando el método Paulo Freire.

El método Paulo Freire

Conocí el método Paulo Freire en 1963. Yo vivía en Rio de Janeiro, formaba parte de la Dirección Nacional de la Acción Católica. Al surgir los primeros grupos de trabajo del método Paulo Freire, me comprometí en un equipo que los sábados subía a Petrópolis, a 70 km de Rio, para alfabetizar a obreros de la Fábrica Nacional de Motores. Allí descubrí que nadie enseña nada a nadie, unos ayudan a otros a aprender. ¿Qué hicimos con los trabajadores de aquella fábrica de camiones? Fotografiamos las instalaciones, reunimos a los obreros en el salón de una iglesia, proyectamos diapositivas e hicimos una pregunta totalmente simple:

— En esta foto, ¿qué es lo que ustedes no hicieron?

— Bueno, no hicimos el árbol, la planta, el camino, el agua…

— Eso que ustedes no hicieron es naturaleza –dijimos–.

— ¿Qué es lo que hizo el trabajo humano? –indagamos–.

— El trabajo humano hizo el ladrillo, la fábrica, el puente, la cerca…

— Eso es cultura –dijimos–. ¿Y cómo fueron hechas estas cosas? Ellos discutían y respondían:

— Fueron hechas a medida en que los seres humanos transformaron la naturaleza en cultura. Enseguida aparecía la foto del patio de la Fábrica Nacional de Motores ocupado por muchos camiones y las bicicletas de los trabajadores. Simplemente preguntábamos:

— En esta foto, ¿qué hicieron ustedes?

— Los camiones.

— ¿Y qué tienen ustedes?

— Las bicicletas. — ¿No estarán ustedes equivocados?

— No, nosotros fabricamos los camiones...

— ¿Y por qué no van a casa en camión? ¿Por qué van en bicicleta?

— Porque el camión cuesta caro y no es nuestro.

— ¿Cuánto cuesta un camión?

— Cerca de 40 mil dólares.

— ¿Cuánto ganan ustedes al mes?

— Bueno, ganamos en promedio 200 dólares.

— ¿Cuánto tiempo tiene que trabajar cada uno de ustedes, sin comer, sin beber, sin pagar alquiler, economizando todo el salario para ser un día dueño del camión que construye? Ahí ellos empezaban a calcular y tomaban conciencia de la esencia de la relación capital x trabajo, lo que es la plusvalía, la explotación, etc. Las nociones más elementales del marxismo, en cuanto crítica del capitalismo, venían por el método Paulo Freire. Con la diferencia de que no estábamos dando clase, no hacíamos lo que Paulo Freire llamaba ‘educación bancaria’, o sea, meter nociones de política en la cabeza del trabajador. El método era inductivo. Como decía Paulo, nosotros, los profesores, no enseñábamos, ayudábamos a los alumnos a aprender.

Culturas distintas y complementarias

Cuando llegué a São Bernardo do Campo (SP), en 1980, había militantes de izquierda que distribuían periódicos entre las familias de los trabajadores.

Cierto día doña Marta me preguntó:

— ¿Qué es “contradicción de clase”?

— Doña Marta, olvide eso.

— No soy de mucha lectura –se justificó– porque mi vista es mala y la letra pequeña.

— Olvide eso –le dije–. La izquierda escribe esos textos para leerlos ella y quedarse contenta, creyendo que está haciendo la revolución. Paulo Freire nos enseñó, no sólo a hablar en lenguaje popular, plástico, no académicamente conceptual, sino también a aprender con el pueblo. Enseñó al pueblo a recuperar su autoestima. Al salir de la cárcel, viví cinco años en una favela en el Estado de Espíritu Santo. Allí trabajé en educación popular con el método Paulo Freire.

Al volver a São Paulo, a finales de los 70, Freire me propuso hacer un balance de nuestra experiencia en educación y, gracias a la mediación del periodista Ricardo Kotscho, produjimos el libro titulado “Esa escuela llamada vida” (editorial Ática). Es su relato como educador y creador del método, y mi experiencia como educador de base. En el libro cuento que, en la favela donde yo vivía, había un grupo de mujeres embarazadas de su primer hijo, asesoradas por médicos de la Secretaría Municipal de Salud. Pregunté a los médicos por qué trabajar sólo con las embarazadas de primer hijo.

— No queremos mujeres que ya tengan vicios maternales –dijeron–, queremos enseñar todo.

Pues bien, pasados unos meses, llamaron a mi puerta.

— Betto, queremos su ayuda.

— ¿Mi ayuda?

— Hay un cortocircuito entre nosotros y las mujeres. Ellas no entienden lo que hablamos. Usted, que tiene experiencia con ellas, nos podría asesorar. Fui a presenciar el trabajo de ellos.

Al entrar en el Centro de Salud del barrio, me asusté. Allí estaban mujeres muy pobres, y el Centro había sido adornado con carteles de bebés Johnson, rubios de ojos azules, propaganda de Nestlé etc.

Delante de aquel espectáculo visual, reaccioné:

— Todo está equivocado. Cuando las mujeres entran aquí y ven esos bebés perciben que eso es otro mundo, no tiene nada que ver con los bebés de ellas. Presencié el trabajo de los médicos. Hablaban en FM y las mujeres estaban sintonizadas en AM. La comunicación realmente no funcionaba.

En una sesión, el doctor Raúl explicó, en lenguaje científico, la importancia de la alimentación materna y, por tanto, de las proteínas, para la formación del cerebro humano.

Cuando él terminó la exposición, las mujeres lo miraron como yo al abrir un texto en mandarín o árabe: sin entender nada.

— Doña María, ¿usted entendió lo que dijo el doctor Raúl? –pregunté–.

— No, no entendí, sólo entendí que él dijo que nuestra leche es buena para la cabeza de los niños.

— ¿Y por qué no lo entendió usted?

— Porque no tengo estudios. Fui poco a la escuela, nací pobre en el campo. Yo tenía que trabajar la tierra y ayudar al sustento de la familia.

— ¿Y por qué el doctor Raúl supo explicar todo eso?

— Porque él es doctor, tiene estudios. Él sabe y yo no sé.

— Doctor Raúl, ¿usted sabe cocinar? –pregunté–.

— No sé ni hacer café.

— Doña María, ¿usted sabe cocinar?

— Sí sé.

— ¿Sabe hacer pollo en salsa oscura (plato que en Espirito Santo y también en algunas áreas del Nordeste se llama galinha de cabidela)?

— Sé.

— Por favor, póngase de pie –le pedí–, y cuéntenos cómo se hace un pollo en salsa oscura. Doña María dio un aula de culinaria: cómo se mata el pollo, cómo se despluma, cómo se prepara la carne y se hace la salsa, etc.

Cuando se sentó, dije: — Doctor Raúl, ¿usted sabe hacer un plato así?

— Claro que no, me gusta, pero no sé cocinar.

— Doña María –concluí–, usted y el doctor Raúl, están perdidos en un bosque espeso, muertos de hambre, y de pronto aparece una gallina. Él, con toda su cultura moriría de hambre, usted, no. La mujer abrió una sonrisa de oreja a oreja. En aquel momento ella descubrió un principio fundamental de Paulo Freire: no existe nadie más culto que otro, existen culturas distintas, socialmente complementarias.

Si ponemos en la balanza toda mi filosofía y teología y la culinaria de la cocinera del convento en el que vivo, ella puede pasar sin mis conocimientos, pero yo no puedo pasar sin los de ella. Ésa es la diferencia. La cultura de una cocinera es imprescindible para todos nosotros.

Paulo Freire y desafíos de futuro

Ante la emergencia de tantos gobiernos autoritarios y la profusión de mensajes antidemocráticos, racistas, homófobos, machistas y negacionistas en las redes digitales, me parece de suma importancia volver a Paulo Freire en esta fecha del centenario de su nacimiento.

El reflujo de las fuerzas progresistas en América Latina en los últimos años y el despuntar de figuras neofascistas como Bolsonaro en Brasil, nos obligan a reconocer que hace décadas abandonamos el trabajo de base de organización y movilización populares. Ese vacío en las poblaciones de la periferia, de las favelas, de las zonas rurales pobres, está siendo ocupado por el fundamentalismo religioso, por el narcotráfico y los milicos.

Paulo Freire nos enseña en sus obras que no hay movilización sin concientización previa. Es preciso que las personas tengan un “perchero”, donde colgar los conceptos políticos y las claves de análisis de la realidad. El “perchero” es la percepción del tiempo como historia. Hay civilizaciones, tribus, grupos, que no tienen percepción del tiempo como historia. Los griegos antiguos, por ejemplo, creían que el tiempo era cíclico. Hoy, el tiempo retorna por medio del esoterismo, del negacionismo, del fatalismo y del fundamentalismo religioso. Pero retorna sobre todo por el neoliberalismo.

La esencia del neoliberalismo es la deshistorización del tiempo. Cuando Fukuyama declaró que “la historia acabó”, expresó esto que el neoliberalismo nos quiere inculcar: ¡Hemos llegado a la plenitud de los tiempos! El modo neoliberal de producción capitalista, basado en la supremacía del mercado, es definitivo. Pocos son los escogidos y muchos los excluidos. Y de nada sirve querer luchar por una sociedad alternativa, ¡por “otro mundo posible”! De hecho, hoy en día es difícil hablar de sociedad alternativa. Socialismo, entonces, ¡ni pensar! Se ha creado un pudor, un bloqueo intelectual y emocional. “El socialismo se acabó, se derrumbó, colapsó, fue enterrado”, alardean las pitonisas. Las alternativas que se plantean son por lo general intrasistémicas. La noción de que el tiempo es historia viene de los persas, pasada a los hebreos y acentuada por la tradición judaica.

Tres grandes paradigmas de nuestra cultura son de origen judaico –Jesús, Marx y Freud– y, por lo tanto, trabajaron con la categoría de tiempo como historia. No se consigue estudiar el marxismo sin profundizar en los modos de producción anteriores, para entender cómo se llegó al modo de producción capitalista. Y entender, enseguida, cómo sus contradicciones podrían llevar a los modos de producción socialista y comunista.

El análisis marxista supone por tanto el rescate del tiempo como historia. Si alguien hace análisis o psicoterapia, el psicoanalista pregunta al paciente sobre su pasado, su infancia, su educación. Si el paciente puede hablar sobre su vida intrauterina, tanto mejor... Toda la psicología de Freud es un rescate de nuestra temporalidad como individuos. La perspectiva de Jesús era histórica. El Dios de Jesús se presenta con currículum vitae: no es un dios cualquiera –es Dios de Abraham, Isaac y Jacob–, o sea, un Dios que hace historia. La categoría principal de la predicación de Jesús es histórica: el Reino de Dios. Aunque situado allá arriba por el discurso eclesiástico, teológicamente no se sitúa allá arriba. El Reino es algo ahí adelante, es la culminación del proceso histórico. Es curioso que en la Biblia la historia, como factor de identificación del tiempo, es tan fuerte que en el relato del Génesis la Creación del mundo ya aparece marcada por esa historicidad del tiempo antes de la aparición del ser humano.

Para muchos, historia es lo que hombres y mujeres hacen. Entonces, no habría historia antes del surgimiento de hombres y mujeres, tanto es así que se habla de prehistoria. Para la Biblia, ya hay historia antes de la aparición del ser humano. Tanto que los griegos consideraban al dios de los hebreos una entidad muy incompetente. Un verdadero dios crea como el Nescafé: instantáneo, y no a plazos, como muestra el relato bíblico. En el relato de la Creación, en siete días, ya hay historicidad. Y Paulo Freire, hombre de formación cristiana y militante, adepto a los fundamentos del marxismo, supo percibir la importancia de la lectura del mundo como condición para la lectura del texto.

Al neoliberalismo no le conviene esta perspectiva. Por eso, no se puede hacer educación popular sin tener el “perchero vertical” en el que colgar las ropas... Ese “perchero” –el tiempo en cuanto historia– es fundamental para poder visualizar el proceso social y político. Esto sucede también en la dimensión micro de nuestras vidas. ¿Por qué hoy muchos tienen dificultad para hacer proyectos de vida? ¿Por qué hay jóvenes que llegan a los 20 años sin la menor idea de lo que pretenden ser o hacer en la vida? Para muchos de ellos, todo es aquí y ahora. Por eso, si queremos rescatar el legado de Paulo Freire, el camino es volver al trabajo de base con las clases populares, adoptando su método en una perspectiva histórica, abierta a las utopías libertarias y al horizonte democrático. Fuera del pueblo no hay salvación.

Y si creemos que la democracia debe ser, de hecho, el gobierno del pueblo para el pueblo y con el pueblo, no queda alternativa sino adoptar el proceso educativo paulofreiriano que sitúa a los oprimidos como protagonistas políticos e históricos. Cuando Paulo Freire volvió de 15 años de exilio, en agosto de 1979, nos encontramos en São Paulo. Éramos vecinos y con frecuencia lo visitaba.

Estrechamos mucho nuestras relaciones personales.

Termino este homenaje con este texto que escribí el día 2 de mayo de 1997, fecha de la transvivenciación de Paulo Freire:

“Ivo vio la uva”, enseñaban los manuales de alfabetización. Pero el profesor Paulo Freire, con su método de alfabetizar concientizando, hace que adultos y niños en Brasil y en Guinea-Bissau, en la India, en Nicaragua y en tantos otros lugares, descubran que Ivo no vio sólo con los ojos. Vio también con la mente y se preguntó si uva es naturaleza o cultura. Ivo vio que la fruta no resulta del trabajo humano. Es Creación, es naturaleza. Paulo Freire enseñó a Ivo que sembrar uva es acción humana en y sobre la naturaleza. Y la mano, multiherramienta, despierta las potencialidades del fruto. Así como el propio ser humano fue sembrado por la naturaleza en años y años de evolución del Universo. Coger la uva, aplastarla y transformarla en vino es cultura, señaló Paulo Freire. El trabajo humaniza la naturaleza y, al realizarlo, el hombre y la mujer se humanizan. Trabajo que instaura el nudo de relaciones, la vida social. Gracias al profesor, que inició su pedagogía revolucionaria con trabajadores del Sesi de Pernambuco, Ivo vio también que la uva es recogida por temporeros, que ganan poco, y comercializada por intermediarios, que ganan mucho más. Ivo aprendió con Paulo que, aun sin todavía saber leer, él no es una persona ignorante. Antes de aprender las letras, Ivo sabía levantar una casa, ladrillo a ladrillo. El médico, el abogado o el dentista, con todos sus estudios, no son capaces de construir como Ivo. Paulo Freire enseñó a Ivo que no existe nadie más culto que otro, existen culturas paralelas, distintas, que se complementan en la vida social. «Ivo vio la uva», y Paulo Freire le mostró los racimos, el parral, toda la plantación. Enseñó a Ivo que la lectura de un texto es tanto mejor comprendida cuanto más se inserta el texto en el contexto del autor y del lector. De esa relación dialógica entre texto y contexto, Ivo extrae el pretexto para actuar. En el inicio y en el fin del aprendizaje la praxis de Ivo es lo que importa. Praxis-teoría-praxis, en un proceso inductivo que torna al educando sujeto histórico. Ivo vio la uva y no vio el ave que, desde arriba, mira la parra y no ve la uva. Lo que Ivo ve es diferente de lo que ve el ave. Así, Paulo Freire enseñó a Ivo un principio fundamental de epistemología: la cabeza piensa desde donde pisan los pies. El mundo desigual puede ser leído con la óptica del opresor o con la óptica del oprimido. Resultan lecturas tan diferentes una de otra como entre la visión de Ptolomeo, al observar el sistema solar con los pies en la Tierra, y la de Copérnico, al imaginarse con los pies en el Sol. Ahora Ivo ve la uva, el parral y todas las relaciones sociales que hacen del fruto fiesta en el cáliz de vino, pero ya no ve a Paulo Freire, que se sumergió en el Amor la mañana del 2 de mayo de 1997. Nos deja una obra inestimable y un testimonio admirable de competencia y coherencia. Paulo debía ir a Cuba, donde recibiría el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana. Al sentir dolorido su corazón, que tanto amó, pidió que fuese yo a representarlo. Pero yo tenía que ir a Palestina y no me fue posible atenderlo. Sin embargo, antes de embarcar fui a rezar con Nita, su mujer, y con sus hijos en torno a su semblante tranquilo: Paulo veía a Dios.

DE UGARTE A PERÓN: EL SUEÑO DE LA UNIDAD CONTINENTAL. Por Mara Espasande (*)

En el año 1946 Manuel Ugarte, con 71 años, se encontró por primera vez con Juan Domingo Perón. Fue Ernesto Palacios quien, el 31 de mayo de aquel año, lo acompañó a la Casa Rosada. Luego del 17 de octubre de 1945, Ugarte había expresado en diversos medios periodísticos su entusiasmo por la nueva fuerza política que emergía en el país semicolonial.

En declaraciones al periódico Democracia sostuvo: “…creo que ha empezado para nuestro país un gran despertar (…) democracia como la que ha traído Perón, nunca vimos en nuestra tierra. Con él estamos los demócratas que no tenemos tendencia a preservar a los grandes capitalistas y a los restos de la oligarquía…” (Galasso, 1974, T.II: 273).

Rememorando el histórico encuentro declaró: “Manifestó que me conocía en términos que colmaron la inevitable vanidad del escritor…” (Galasso, 1974, T.II: 274). Luego de una larga charla donde debatieron de economía, geopolítica, de la necesidad del desarrollo industrial y los medios para lograrlo, Perón decidió nombrarlo Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la República de México. Llegaba el reconocimiento a toda una vida dedicada a la prédica y la lucha por la unidad latinoamericana.

Pero, ¿qué tendrían en común aquellos hombres? Uno, pensador de la denominada Generación del 900 que había irrumpido con posicionamientos antiimperialistas y latinoamericanistas en pleno auge de los Estados oligárquicos; predicador de la unidad regional, precursor del socialismo nacional, deudo de Jean Jaurès, antiguo compañero del Partido de Alfredo Palacios y Juan B. Justo. Hombre de la bohemia –aunque al decir de Norberto Galasso una bohemia particular, sin hambre ni tuberculosos-.

El otro, un militar que ingresó a la vida política participando del gobierno que puso fin a la década infame, un gobierno heterogéneo que le había permitido hacerse cargo del olvidado Departamento Nacional del Trabajo, desde el cual convocó a los representantes sindicales proclamando mediante decretos-leyes los derechos por los cuales los trabajadores y las trabajadoras venían luchando hacía más de medio siglo. Perón reconoció en Ugarte a un hombre con trayectoria intachable y una vida dedicada a la lucha por la unidad regional. Por su parte Ugarte, en aquel momento, asumió que aquel nuevo movimiento popular encarnaba los ideales que venía predicando hacía casi 50 años.

De la palabra al programa político; de la declamación y enunciación mordaz, a la ejecución de un proyecto nacional en el cual la unidad continental era objetivo estratégico. Construir el Estado Continental fue para Ugarte durante mucho tiempo, una utopía. Para Perón, política de Estado. Tal como reflexionaría Piñeiro Iñiguez, “al decir que Perón puso en práctica las ideas de otros con una articulación y contextualización propias se estaba diciendo que les dio vida, las transformó en acción” (2013: 24). Es que el peronismo constituye en sí mismo, un movimiento político de síntesis histórica donde se articulan tradiciones, identidades, luchas “viejas” con ideas y perspectivas filosóficas “nuevas”.

En palabras de Cisneros y Piñeiro Iñiguez: 

 ....El peronismo surge a partir de 1943 como una nueva síntesis de elementos         realidades de la sociedad argentina y de los ideales –viejos y nuevos- de su  imaginario colectivo. Permite un nuevo protagonismo social de clases que se han  madurado en la exclusión, y de ideas que están en los tiempos, a las que el régimen hasta entonces imperante no permitía aflorar. Entre ellas, la idea de América (…) El peronismo no solo es una síntesis argentina sino también una síntesis desde la Argentina, con proyección latinoamericana (Cisneros, P. Iñiguez, 2002: 122).

Dentro de aquellos viejos imaginarios se encontraban las ideas de la Generación antiimperialista que, en un contexto adverso, se animó a denunciar los dispositivos del orden semicolonial.

Manuel Ugarte había nacido en Buenos Aires en 1875 y a principios del siglo XX entró en contacto con personalidades del mundo de la literatura y la ensayística que circularon por Madrid y París, intercambiando reflexiones en torno a América Latina.

Luego de su viaje a los Estados Unidos escribió una serie de artículos denunciando el imperialismo de dicho país (destacándose en 1901 El peligro yanqui) y, en 1911, publicó su primer ensayo dedicado al estudio de la región, El Porvenir de América Latina. Comienza allí su prolífera obra que incluyó títulos tales como Mi campaña Hispanoamericana (1922), La patria grande (1922), El dolor de escribir (1933), Escritores iberoamericanos de 1900 (1947), entre otros.

En ellas, analizó con profundidad aquellas características culturales de la región que le permitieron sostener que América era una Nación desmembrada y que, a pesar de su diversidad, no existían antagonismos que impidieran la reunificación del continente. Retomando el ideario sanmartiniano y bolivariano predicó hasta el cansancio la necesidad de la reconstrucción de la Patria Grande, nombre que acuñó para denominar a América Latina y el Caribe.

La tarea inconclusa de la unidad, decía Ugarte, había impedido el ejercicio de la plena soberanía: sin unidad, no habría soberanía. Viajero incansable, recorrió cada uno de los rincones de la Patria para ratificar sus hipótesis y conocer de primera mano cómo vivían los pueblos latinoamericanos. Tal vez, eso marcó la diferencia con otros intelectuales de la época que, desde sus cómodos escritorios, teorizaban sobre una compleja realidad que, en verdad, no conocían. La primera guerra mundial generó para Ugarte un cambio profundo en la óptica desde la cual pensar la realidad. Comenzó a analizar los problemas geopolíticos y económicos. Planteó la necesidad de la construcción de un orden mundial basado en el equilibrio del poder; advirtió que la abundancia de recursos naturales constituía una amenaza para la región por convertirnos en objetivo imperial y por condicionarnos al lugar de exportadora de materias primas:

  “…los que sólo exportan materias primas son, en realidad, pueblos coloniales. Los       que exportan objetos manufacturados son países preeminentes”, sostuvo. (Ugarte,   1961: 28).

En esta época denuncia la extranjerización de dispositivos fundamentales para el desarrollo de la nación: ferrocarriles, minas, tranvías, teléfonos, petróleo.

“Cuanto debió ser nuestro, cayó en poder de empresas de otro país” afirmó en 1924 (Ugarte, 1961: 28). En este campo se diferenció de otros pensadores y activistas socialistas de la época ya que, con toda claridad, identificó que el modelo agro-minero exportador era la causa estructural de la dependencia y que se debía avanzar hacia el proteccionismo económico para obtener el desarrollo industrial.

En 1915 cuando fundó su propio periódico La Patria –de muy corta duración- publicó un programa político dirigido a la juventud donde enunciaba:

  .. propiciaremos ante todo el desarrollo de las industrias nacionales [que] sustituyan       por fin a las fuerzas económicas que vienen del extranjero y vuelvan a él llevándose     gran parte de nuestra riqueza (…) combatiremos los monopolios y los abusos de           las compañías extranjeras; en política internacional nos opondremos (…) a todo           acto de carácter imperialista.

También denunció la presencia de lo que denominó el “coloniaje ideológico” producto del régimen de “sujeción semicolonial”. Tal como lo definía el autor. “… Nuestro Nuevo Mundo no ha sabido digerir las lecturas. Privado de expresión artística, está esperando aún que sus intelectuales, ocupados en cultivar predios ajenos, se decidan a roturar la propia heredad” (Ugarte, 1999: 76). En el mismo sentido reflexionó: “… no hemos tenido vida propia. Hemos vivido por cable, atentos igualmente a las cotizaciones y a las modas, como si alimentada por un cordón umbilical de direcciones supremas, la esencia de nuestro ser no hubiera salido a la luz” (Ugarte, 1999: 77).

Unidad continental, soberanía, industrialización, distribución de la riqueza, nacionalización de los recursos y servicios; ¡vaya que tenían temas para conversar aquel 31 de mayo cuando se encontró con el flamante Presidente de la Nación! El reconocimiento a una vida entregada a la militancia llegaba en sus entrados años de la mano de un militar que supo convertirse en el conductor de un amplio movimiento nacional. Otras serán las penas que lo llevarán a tomar la decisión de quitarse la vida, años después, el 2 de diciembre de 1951.

Su trágico final, el silenciamiento de su obra por largas décadas, el desconocimiento que aún existe de su figura, siguen convocándonos a difundir su pensamiento porque allí se encuentran claves cardinales para pensar nuestro presente y construir un futuro donde sus sueños puedan concretarse.

 

(*) Lic. en Historia (UNLu), profesora adjunta del Seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa), directora del CEIL “Manuel Ugarte” (UNLa).

El 2 de diciembre la policía francesa encontró a Manuel Ugarte sin vida producto de un escape de gas que, presuntamente, fue generado en forma intencional.

Textos utilizados

- Cisneros, Andrés; Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2002). Del ABC al Mercosur.

-La integración latinoamericana en la doctrina y praxis del peronismo. Buenos Aires: Nuevo Hacer. - Galasso, N. (1974). 

-Manuel Ugarte. Buenos Aires: Eudeba. Tomo II ------------- (2001).

-Manuel Ugarte y la lucha por la unidad latinoamericana. Buenos Aires: Corregidor. - ----------- (2005).

-Perón. Formación, ascenso y caída (1893-1955). Buenos Aires: Ediciones Colihue. Tomo I. - Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2013). Perón. La construcción de un ideario. Buenos Aires: Editorial Ariel. - ---------------------------- (2014).

-Pensadores latinoamericanos del siglo XX. Buenos Aires: Editorial Ariel. - Ramos, Jorge Abelardo. (1961). -Manuel Ugarte y la Revolución Latinoamericana. Buenos Aires: Editorial Coyoacán.

- Ugarte, Manuel (1911). El Porvenir de la América Latina. Valencia: Editorial Sampere. Disponible en: http://disenso.info/wp-content/uploads/2013/06/El-porvenir de-America-Latina-M.-Ugarte.pdf [Recuperado el 7/4/2018].

- La patria grande. Barcelona: Editorial Internacional.  (1922).

-Mi campaña Hispanoamericana. Barcelona: Editorial Cervantes. -1961).

-La reconstrucción de Hispanoamérica. Buenos Aires: Ediciones Coyoacán. 1962).

-El destino de un continente. Buenos Aires: Editorial Patria Grande. ------------- (2014). Pasión latinoamericana. Obras elegidas. Lanús: Edunla.

"CELEBRAR A KUSCH ES DARNOS CUENTA DE NUESTRA PROPIA CONDICIÓN" Del 10 al 30 de noviembre 2021 www.megafonunla.com.ar

IX Jornadas Rodolfo Kusch/Inauguración/2021