O INVENTAMOS O NOS DERROTAN…Por Jorge Rachid

Esta frase no me pertenece, es de Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, ante la derrota de la Revolución Boba, así llamada de Venezuela en 1810, cuando el terremoto asoló Caracas y la Iglesia gritó que era la ira de Dios, ante la ruptura con la monarquía, situación que hizo desertar a los ejércitos y provocara la huida de Bolívar a Jamaica, donde escribió su famosa Carta, de plena vigencia de Patria Grande, antes de ir a Haití, primera revolución latinoamericana protagonizada por los esclavos que llegaron al poder con el General Petión y que ayudó a volver al Libertador a su Patria, que lo hizo por los Llanos junto a los caudillos, en vez de los “gentiles” y “decentes” de Caracas que lo abandonaron. Nunca perdonaron en la historia universal a Haití el haber protagonizado la única rebelión esclavista en el mundo, que llegó al poder.

Esa frase del ayer que, resignificada hoy, devela las necesidades emergentes de procesos complejos que, siendo derrotas coyunturales, pueden transformarse en triunfos estratégicos si somos capaces de repensarnos como fuerzas nacionales y populares, se da en un nuevo marco internacional actual pospandémico, con inserción multipolar y en tiempos de un avance de los movimientos populares en América latina.

Es entonces cuando la planificación estratégica propia, por fuera de la agenda del enemigo, nos permitirá recuperar Soberanía política en la decisión, en el camino de desarmar estructuralmente el Estado de Dependencia colonizadora que sufrimos, hacia un Estado al servicio de los intereses nacionales y de las mayorías populares, en especial las excluidas por la prepotencia neoliberal vigente de cinco décadas dominantes.

En nuestro territorio, pero también en nuestra región, se desarrollan batallas por disputas de espacios de control por parte de potencias con intereses financieros y hegemónicos, intentando preservar en esa pugna, regiones de influencias y control político, en una nueva guerra fría que ha declarado EEUU. El mundo ha girado al Oriente terminando con la influencia de cinco siglos de visión y cultura colonizadora euroatlántica, desde que alguien dijo Tierra y otros, los nativos dijeron Barco, en un mismo tiempo en que comenzó con una etapa que los colonizadores llamaron “descubrimiento” y los millones de seres humanos que dijeron Barco, quienes la sufrieron como invasión colonizadora y esclavista.

Esa influencia totalizadora europea, tanto cultural como política e institucional, comienza a languidecer, junto a la de EEUU, potencia hegemónica desde hace 80 años. Las recetas recomendadas por la llamada “ortodoxia” liberal son aquellas destinadas a fortalecer los procesos de control político e institucional, que el Imperio despliega sobre la región en un manotazo de ahogado, de un EEUU derrotado en el resto de los frentes internacionales, desde la guerra de las monedas, hasta la pérdida de los mares desde el de China al Índico, pasando por el Mediterráneo, el estrecho de Ormuz, Malaca y los nuevos pasos interoceánicos en construcción como en Nicaragua con China. Esa contraofensiva se ve frustrada con las pérdidas en democracia por decisión de los Pueblos de Perú, Bolivia, Argentina, Honduras y ahora Chile, junto a la resistencia de Venezuela, Nicaragua y Cuba, que sufren y resisten Bloqueos, sanciones y amenazas del opresor sobre los Pueblos a los que intenta someter.

Este breve repaso internacional tiene como objeto marcar las diferencias entre América Latina y el resto del mundo, en cuanto a las pugnas de poder que se desarrollan hoy en diferentes andariveles de intereses contrapuestos, en una Tercera Guerra Mundial en cuotas como anunciara Francisco, que va desde mercados financieros buitres a recursos naturales apropiados, desde el agua dulce a las materias primas de alimentos, en una política extractivista sin final en un mundo de recursos finito, de un capitalismo voraz, brutal e inhumano, como observamos hoy en el tema de las vacunas con 1,2 miles de millones de personas sin acceso y diez países que se apropian del 78,8% de las mismas dejando vencer millones de ellas.

En nuestro país en plena Pandemia en desarrollo y con un proceso poselectoral que demostró un retroceso significativo en los niveles de aceptación tanto del Gobierno como de los dirigentes actuales del movimiento nacional y popular, liderado por el peronismo y que ha provocado una discusión que necesariamente incluye desde autocrítica metodológica y estratégica que es la que debería darle marco a la construcción de la esperanza que nos llevó a ganar las elecciones en el 19. Es el andarivel por recorrer, abandonando la agenda del enemigo y de hacer referencia al pasado de la oposición como elementos centrales de la lucha política, haciendo eje en aquellos aspectos estratégicos que nos proponemos llevar adelante. Develar al espacio, qué vamos como país, qué sueños acariciamos, qué planteamos en el ámbito internacional, cómo distribuimos la riqueza, del mismo modo que afianzar soberanía política con Identidad y Memoria que es ni más ni menos que reconstruir el patriotismo.

No es menor la reflexión sobre la Patria Matria Grande en reconstrucción, que es el espacio necesario que nos da músculo para poder resistir a los enemigos de adentro y de afuera, como bloque continental, como marcara Perón en Modelo Argentino para un proyecto nacional, 60 días antes de morir: “los estados nación serán incapaces de detener al imperialismo por si solos, siendo necesario prever que el mundo se encamina a una lucha entre bloques continentales o países continentales, en donde el imperialismo vendrá por los alimentos, el agua dulce y los recursos naturales fósiles y minerales, con nosotros o sin nosotros y dependerá de la capacidad de los argentinos defenderlos”. 1° de mayo 1974.

Desde esa óptica es necesario reflexionar sobre los acontecimientos actuales 45 años después, ya que desde el golpe cívico militar de 1976 la vigencia dominante fue la cultura neoliberal y la cooptación del Estado por parte de los grupos de intereses concentrados, en especial los financieros en las últimas décadas, impactando profundamente en la cultura de la conciencia colectiva del pueblo a partir de la imposición de la muerte en su primera etapa con los miles de desaparecidos, muertos y encarcelados, en un crimen de Lesa Humanidad como fue catalogado a nivel nacional e internacional al ser un genocidio, hasta la apropiación de los resortes básicos de Soberanía del país a través del endeudamiento, que continúa hasta hoy en el nuevo formato colonizador del siglo XXI, en una ofensiva de los organismos internacionales de crédito que han pasado a la etapa de las políticas locales injerencistas que cuando fracasan llevan al Bloqueo de los países, fórmula medieval de guerra por hambre.

Entonces la frase de Simón Rodríguez cobra vitalidad, encuentra un cauce de reflexión y de acción en la necesaria determinación política de recuperar autoridad nacional frente al vasallaje impuesto, a la apropiación del Estado por parte de los grupos concentrados de poder económico, mediático e institucional que han estructurado un sistema institucional de acuerdo a sus intereses particulares, al servicio del opresor, dominador, colonizador que pretende manejar desde nuestra economía hasta nuestra inserción internacional, desde nuestra política interna hasta la Justicia cooptada por estos grupos locales, que fungen de empleados del poder internacional, vulgarmente llamados lacayos o cipayos.

Esa determinación soberana de autoridad, sólo puede surgir del apoyo de un Pueblo movilizado por un sueño de Patria recuperada y para que suceda debe darse en el marco de la Comunidad Organizada, excursión filosófica del primer peronismo que dio las bases de Identidad y de Memoria necesarias para nuestra “caprichosa” resistencia de 70 años de vigencia como Pensamiento nacional, apropiado por las mayorías populares cuando se siente representado en esa construcción que los contiene, pero se dispersa cuando surgen debilidades ideológicas y doctrinarias que terminan acoplando con lo “políticamente correcto”.

El Peronismo y su expresión máxima como movimiento nacional y popular sólo admite el camino de la Liberación nacional y Social, terminología que el enemigo intenta borrar de nuestras memorias colectivas, pero que sigue vigente como sueño compartido de una comunidad más justa, libre y soberana, que exprese un pueblo feliz y una Patria Grande. Su concreción depende de nosotros en cuanto Pueblo, de nuestra fortaleza en recuperar los sueños compartidos como lo hicieron nuestros Padres Fundadores: San Martín, Bolívar y Artigas que nunca dudaron en integrar al conjunto de las comunidades a la lucha, desde liberar a los esclavos a convocar a los pueblos originarios, en especial araucanos mapuches y guaraníticos, junto a los negros libertos, los zambos, los mulatos y los criollos que dieron sus vidas por la Patria, mientras “los decentes” especulaban sobre quien ganaría la guerra para preservar sus negocios.

Esa imagen se repite hoy cuando existen sectores que lejos de apostar por la Patria y por el Pueblo, prefieren rendirse a los cantos de sirenas, sin hacer como Ulises que se ató al palo mayor de su barco Odiseo para evitar ser seducido por ellas. Esos sectores, que conspiran contra los intereses del Pueblo argentino y la Patria, nunca aceptarán un consenso que no tenga que ver con sus interés primario y por eso son capaces de combatir incluso las políticas sanitarias de cuidado de la salud de los argentinos, como lo hicieron durante dos años. Ante ello o inventamos con arrojo, valentía, inteligencia y habilidad o nos derrotan.

JORGE RACHID PRIMERO LA PATRIA www.lapatriestaprimero.org CABA, 21 de diciembre de 2021

 

BIBLIOTECA

Indalecio Lievanó Aguirre: Bolívar, Ediciones de Presidencia Colombia.

Pacho O’Donnell: El grito sagrado Editorial Sudamericana

Juan Perón: La hora de los Pueblos

El doble cumpleaños de la Argentina y el uso político de la historia. Por José Miguel Amiune (*)

Dos episodios fundacionales dominados por una visión escolar y una mirada simplista.

Argentina debe ser, sino el único, uno de los pocos países que celebra una doble fecha fundacional: el 25 de Mayo de 1810 y el 9 de Julio de 1816. Existen significativas diferencias entre ambos acontecimientos respecto de la formación del Estado Nacional. A la primera le llama “Revolución” y a la segunda “Independencia”.

A comienzos del Siglo XIX, el águila napoleónica dominaba todo el cielo de Europa. En su lucha gigantesca contra Inglaterra, Bonaparte se vio obligado a invadir España. Todo el edificio dinástico de los Borbones se derrumbó. La Corte se rindió a la voluntad de Bonaparte. Fernando VII, el heredero del trono se arrodilló ante el invasor, que impuso a su hermano José, más conocido como “Pepe Botella”, como nuevo Rey de España. El levantamiento que estos hechos produjeron en toda la América Hispánica no fue sino la prolongación en el Nuevo Mundo de la conmoción de la vieja España.

En el Río de la Plata no hubo una revolución y mucho menos contra España. Fue un movimiento esencialmente porteño, hegemonizado por la élite política, militar, comercial y religiosa de la Provincia-Metrópoli quien, luego de expulsar al Virrey Sobremonte, podía subrogarse en su función, para disponer a su antojo de la dirección de la política económica, con las poderosas palancas que eran el puerto y la aduana de Buenos Aires.

La Primera Junta, que asumió la soberanía popular en nombre del rey prisionero, instaló la dependencia interior de todas las provincias ante Buenos Aires, pero no anuló la dependencia exterior de España. De hecho, entre 1810 y 1816 hubo numerosos intentos de replantear la conexión de la metrópoli con el universo colonial sobre nuevas bases, que suponían la lealtad a la monarquía. En ese contexto primó la idea de una mayor autonomía antes que la Independencia de la corona española.

La disolución de los lazos de dominio

La diferencia fundamental con el Congreso de Tucumán, reside en que el 9 de julio de 1816 los representantes de Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Chichas, Charcas, La Rioja, Jujuy, Salta, San Juan, Mizque, Mendoza, Tucumán y Santiago del Estero expresaron en el Acta de la Independencia la “…voluntad unánime de estas provincias de romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de cualquier otra potencia extranjera”.

Esta es la grandeza del Congreso de Tucumán: la disolución de los lazos de dominio no ya respecto de un determinado monarca, sino de cualquier potencia extranjera.

La unidad política que se consagraba como Nación nacía de la decisión de las provincias de convertirse en las Provincias Unidas de Sudamérica, dejando de lado toda mención a lo rioplatense como lo planteaba Buenos Aires originalmente. Este es el gran legado del Congreso de Tucumán. Al no lograr un acuerdo sobre la forma de gobierno, el Congreso se trasladó a Buenos Aires. Esto obedecía al propósito de los ganaderos bonaerenses y de la burguesía comercial porteña de tener una influencia decisiva en sus resoluciones.

Se trataba de marcar con su sello el espíritu y la letra de la futura Constitución. De allí salió la Constitución unitaria de 1819, que fue el factor desencadenante de la crisis del año '20.

La política centralista de los porteños y la posesión de las rentas en manos de Buenos Aires habían convertido la primera década, después de 1810, en el prólogo de la guerra civil.

Festejos

En el trayecto entre Tucumán y Buenos Aires, se extravió el original del Acta de la Independencia y el proyecto de la Patria Grande Sudamericana, para consagrar la patria chica en una constitución que le otorgada a los Directores Supremos, radicados en Buenos Aires, una suma de poderes todavía mayores que los que detentaban los virreyes imperiales. Sin embargo, festejamos los dos episodios fundacionales de la Argentina con una visión escolar y una mirada simplista, sin reparar en las significativas diferencias entre ambos respecto de la formación del Estado Nacional. Estas diferencias se han expresado también en la magnitud de los fastos con que los celebramos.

Mientras el 25 de Mayo tuvo en 1910 y en 2010, en su Centenario y Bicentenario, celebraciones dionisíacas que convocaron a mandatarios extranjeros, personalidades intelectuales y muchedumbres exultantes de patriótico entusiasmo, el 9 de Julio no gozó de la misma suerte. Apenas asumió su mandato Bernardino Rivadavia suprimió los festejos y el feriado del 9 de julio. Quien los reinstauró fue Juan Manuel de Rosas. Cuando se cumplieron 50 años de la reunión del Congreso de Tucumán en 1866 se estaba librando la Guerra de la Triple Alianza con el Paraguay, por lo que las autoridades nacionales suprimieron los festejos.

Cuando se cumplió el Centenario, en 1916, se libraba la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El Atlántico estaba cerrado a la navegación, lo que provocó una fuerte caída del comercio exterior, al tiempo que impedía la llegada de invitados internacionales. El presidente Victorino de la Plaza ni siquiera asistió a los actos en Tucumán, donde envió en su representación a Saavedra Lamas. Algunos mal pensados lo vinculan con la rivalidad entre salteños y tucumanos. De la Plaza era salteño.

Para el Sesquicentenario en 1966, el presidente Illia y su gobierno preparaban una gran celebración con la presencia de jefes de estado y de gobierno de muchos países y una gran fiesta popular. El 28 de junio de ese año, el general Juan Carlos Onganía encabezó un golpe militar que derrocó al presidente Illia, disolvió el Congreso y se hizo cargo de la Presidencia de facto. Por supuesto, ningún invitado estuvo presente el 9 de julio cuya única celebración fue un desfile militar por la Avenida del Libertador.

Angustia

Así se llega al Bicentenario en 2016. Sin la presencia de ningún Jefe de Estado o de gobierno de ningún país invitado, con la excepción del devaluado rey emérito de España Juan Carlos I y sin invitar a ningún expresidente de la Argentina, el presidente Mauricio Macri pronunció un discurso lamentable en el acto central de Tucumán. Dirigiéndose a Juan Carlos I afirmó que “claramente, quienes declararon la independencia debían sentir angustia, querido rey, de separarse de España” (sic). Luego, sin inmutarse, defendió medidas de su Gobierno como las subas de las tarifas de agua, gas y electricidad y criticó a los gremios que solicitaban la reducción de la jornada laboral.

Durante el Te Deum se leyó un mensaje del Papa Francisco. La misiva reivindicó el concepto de la Patria Grande de San Martín y Bolívar, advirtió que ”la Patria no se vende” e incluyó una referencia a la profecía de Joel que refiere al juicio a las naciones "que perjudicaron y prostituyeron al Pueblo de Dios, que bien podría compararse con el concepto de Patria”. Finalmente se procedió a un desfile cívico-militar, donde hubo manifestaciones de repudio al presidente Macri y a la presencia del ex monarca español. En el desfile por la calle Mate de Luna marcharon militares acusados de delitos de lesa humanidad con un cartel que afirmaba que habían combatido en el “Operativo Independencia” en Tucumán, donde se creó el primer campo de concentración del país, la Escuelita de Famaillá. Quince comunidades diaguitas que habían sido invitadas a desfilar rechazaron la invitación por la presencia de Juan Carlos I, así como los excombatientes de Malvinas se negaron a desfilar junto a represores. En suma, un infortunado festejo que dejó agotado al presidente Macri.

Al regresar a Buenos Aires decidió dormir una reparadora siesta. Por la tarde el acto central se celebraba en el Campo de Polo en Buenos Aires con la presencia del Jefe de Gobierno de la Ciudad y el Cuerpo Diplomático. Era un desfile de bandas musicales de varios países. Cuando el embajador de Estados Unidos advirtió la ausencia de Mauricio Macri le hizo saber a Rodríguez Larreta su molestia y los esfuerzos que había hecho para traer al desfile la Banda de Música de la Academia de West Point. Un rápido llamado interrumpió la siesta de Macri, quien se hizo presente cuando culminaba el acto.

Pregunta

Todo lo expuesto hasta aquí intenta responder la pregunta ¿Es legítimo usar los hechos históricos para fundamentar los principios y acciones de los movimientos o partidos políticos? La respuesta es sí. Porque como dice Marc Bloch: “La historia es la política del pasado y la política es la historia del presente”. Política e Historia son inseparables. Lo que no es legítimo es negar la historia o hacer política omitiendo la historia. Se sabe que hay una línea Mayo-Caseros que enfatiza las formas institucionales y otra más nacional y popular que se referencia con la Independencia política, económica y social del país.

El 9 de julio de 1816 es una fecha negada por muchos. Que en su Bicentenario el papel moneda excluyera a los próceres de la Independencia para sustituirlos por grotescas figuras de animales o que no haya merecido ni la emisión de un sello postal conmemorativo, son hechos que trataron de deshistorizar a los argentinos. Es imposible conciliar la Declaración de la Independencia al tiempo que se contrae una deuda, que somete el país al tutelaje de los acreedores por muchos años. Por eso se festeja con desgano o se niega la Historia.

un consuelo: en Tucumán, al pie del Monumento al Bicentenario, se enterró una urna, al estilo de una cápsula del tiempo, en la que se encuentra un libro firmado por miles de tucumanos. Se prevé desenterrarlo para los festejos del Tricentenario de la Independencia. Esperemos que antes de esa fecha se desarrolle nuestra conciencia histórica y no permitamos, nunca más, la negación de nuestro pasado.

(*) Miembro de la Cátedra Libre Plan Fénix. Exsecretario de Estado y exembajador de la República Argentina.