FEMINISMO POPULAR: ENTRE EL MOVIMIENTO Y LA INSTITUCIONALIDAD. Por Estela Díaz (*)

Contexto nacional y regional

Los procesos sociales y políticos tienen tiempos de avances y otros de repliegue. En América Latina el siglo XXI se inicia con gobiernos de signo popular, progresista; pero Honduras y Paraguay inauguran tiempos de los llamados “golpes blandos”, con sus consecuentes retrocesos institucionales. Luego se les sumaron Brasil y Bolivia, cada vez más violentos, incluso, con la presencia de las fuerzas armadas en las calles como fue el caso de Bolivia. En otros, como Argentina o Uruguay, las derrotas fueron dadas por recambios en elecciones. Pero a diferencia de lo ocurrido durante los 80 y los 90, en esta oportunidad la posibilidad de recuperación de sendas populares es más rápida: en nuestro país con el triunfo electoral de Frente de Todos en el año 2019 y en Bolivia con la presidencia de Arce en 2020. La diferencia también es que no volvemos a foja cero.

El acumulado en avance de derechos y el fortalecimiento de los feminismos, en los tiempos de gobiernos populares, fue robusteciendo la capacidad de movilización y la conciencia política para seguir, como en Argentina, dando peleas por ampliar derechos incluso durante el gobierno neoliberal, cuando el conjunto de las políticas iba en retroceso. A partir de las enormes movilizaciones que se inician en el 2015 se instaura lo que algunas teóricas llaman una ‘cuarta ola feminista’. Esto puede debatirse, como toda periodización y denominación, pero es útil para analizar el proceso que se inaugura a partir de las masivas movilizaciones de las mujeres y el feminismo, en América Latina especialmente, pero en todo el mundo también. Se abre un tiempo con algunos rasgos distintivos: se produce una vuelta fuerte a la internacionalización del movimiento, es decir, se articulan nuestras luchas, nuestras demandas, incluso las consignas. Es una oleada que viene desde el Sur, con una fuerte demanda antineoliberal y decolonial y con niveles muy altos de movilización masiva. Uno de los ejemplos de la internacionalización de consignas y símbolos se da en las movilizaciones por el derecho al aborto. Las imágenes de las movilizaciones en Paraguay o Chile podrían ser las fotos de cualquiera de las movilizaciones por el derecho al aborto que hubo en Argentina.

Para nuestro país, la ley uruguaya fue un impulso muy significativo en la conquista de derechos, incluso con las objeciones que podamos hacerle; también nos ayudó el cambio normativo en la Ciudad de México. En ese sentido, no tenemos dudas de que la conquista del aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina está impactando favorablemente en los procesos de los otros países de la región. Luego de la pandemia el mundo es más desigual, más injusto, con más niveles de concentración de poder, también en los países desarrollados. La vida es peor para las mujeres y las diversidades sexuales en el mundo entero.

En este contexto, las movilizaciones masivas feministas a escala global se levantan como una fuerte voz antiliberal; contexto que profundiza los desafíos que el movimiento popular tiene a la hora de gobernar y seguir organizándose.

De las calles a la institucionalidad gubernamental

Cuando el Frente de Todos, Todas y Todes gana las elecciones en 2019 se crean el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación y el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires[1]. Esta decisión coloca por primera vez en los principales lugares de gobierno el mecanismo para las políticas de género y diversidad. Decisiones políticas que podemos leer en la historia de los gobiernos peronistas —nacionales y populares— que erigieron en los planos de la institucionalidad estatal las demandas de amplios colectivos sociales.

Puede verificarse en el primer gobierno peronista (1945-1955), con los derechos del trabajo, la ancianidad, la niñez, y especialmente con los derechos civiles y políticos de las mujeres; en el período kirchnerista (2003-2015), donde la agenda de derechos humanos se vuelve política de Estado, pero además se avanza con el matrimonio igualitario, la identidad de género, en el marco de un crecimiento sostenido del empleo registrado y políticas universales de derechos económicos, sociales, culturales.

En la provincia de Buenos Aires tenemos enormes desafíos. Es la más grande del país, con 17 millones de habitantes, 135 municipios, con una diversidad geográfica y humana que va desde parajes, poblaciones rurales, isleñas, hasta las ciudades más grandes de la Argentina. ¿Qué nos encontramos nosotras al llegar a la gestión? Que hasta en las localidades más pequeñas, de cinco mil habitantes, por ejemplo, se constituyeron colectivas feministas. Algunos dirigentes políticos varones de esas localidades lo reconocen: lo único que pasó de novedad, en términos políticos, durante las últimas décadas en esos pueblos es el feminismo y la organización de las mujeres.

Para quienes nos toca tener la responsabilidad de gestión, esto es una enorme fortaleza. También es un gran desafío, porque las expectativas son muy altas y la complejidad de los fenómenos a abordar es enorme. Estamos enfrentando políticas públicas cargadas de desigualdades y problemas muy estructurales. Para conformar nuestra superestructura ministerial no tuvimos dudas que nuestro gabinete se debía nutrir de la militancia. Son compañeras y compañeros que vienen de las calles, del activismo. Al momento de la creación del Ministerio no tuvimos, ni hoy sostenemos, una concepción tecnócrata. Los principales saberes que necesitamos en la gestión pública se han construido en las luchas, en la resistencia, en la formación de las compañeras en el activismo y de manera autodidacta. Algunas pasando por la academia, otras no, considerando también a una academia que muchas veces se resiste a incorporar la perspectiva feminista. Lo fundamental que necesitamos para gestionar en clave de género y construir el Ministerio lo traemos de poner el cuerpo en cada uno de los temas, que ahora nos demanda respuestas desde la gestión pública.

Desde el inicio también tuvimos conciencia de que las demandas y reclamos, así como las tensiones por visiones diversas, no se iban a demorar mucho. La luna de miel es corta cuando tenés que responder con políticas públicas; es más corta para las mujeres, y no solamente por parte de quienes siempre fueron contradictores de estas políticas. Con un problema adicional que es la necesidad de construir institucionalidad que se consolide en los principales planos de gobierno. Frente al primer femicidio con impacto mediático, surge rápida la pregunta: ¿para qué hay un ministerio? Algo que jamás ocurre frente a hechos que tienen como responsabilidad otros ámbitos de gobierno, como por ejemplo frente a robos, a problemas de salud de la población, o al endeudamiento del país. Las trampas del patriarcado se diseminan en acciones explícitas, pero también en otras más sutiles, y siempre tenemos que estar pagando derechos de recién llegadas. Esto duplica el desafío, que lo vuelve institucional, pero a la vez instituyente.

Sabemos que en el feminismo ha habido tensiones entre visiones más autonomistas y otras más institucionales. Con cierto escepticismo surge la pregunta: ¿hasta dónde se puede construir un Estado feminista? Reconocemos que el Estado sigue siendo una organización patriarcal y, sin embargo, nos deja hendijas, espacios para habitar. No es poco. ¿Qué aparece entonces en esta tensión? Es interesante observar, al menos en el estadio en el que estamos en Argentina de construcción de los primeros ministerios, que hay una agenda bastante transversal entre el resto de los organismos de gobierno.

Muchos de los otros ministerios han incorporado o planean incorporar políticas y/o acciones en clave de género: desde los presupuestos, a los temas de vivienda, salud, como los más clásicos que se ligan con la agenda de género. A su vez, atravesamos el desafío de cómo se sigue fortaleciendo el movimiento. Estamos en un tiempo que nos posibilita reducir la distancia entre los cambios legales- formales y las transformaciones concretas en las prácticas institucionales y políticas. Para que esto se logre, no alcanza sólo con la voluntad de un gobierno. Es necesario que el movimiento y las organizaciones se sigan fortaleciendo, porque los avances conviven siempre con las amenazas. La pandemia desmovilizó al mundo entero y también a nuestro movimiento. Saber hoy en qué punto estamos es difícil porque nos tuvimos que replegar. Vivimos una situación de excepcionalidad enorme.

El desafío del feminismo hoy es poder acompañar el debate de la post pandemia, que además nos atravesó especialmente a las mujeres. Fue un año y medio tremendo para la sociedad. Hay afectación emocional y mucha incertidumbre con respecto al futuro. En Argentina, a la fecha, murieron más de 115 mil personas. Se extremó el sistema de salud para garantizar camas, respiradores; fuimos de los primeros países en conseguir vacunas, hoy tenemos vacunación masiva, incluso completando el calendario a los niños, niñas, niñes de 3 a 11 años, tenemos ya tercera y cuarta dosis, cualquier turista se puede vacunar libre en Argentina, sin embargo, alcanzamos más de 115.000 mil muertes. Se compara este tiempo con una posguerra.

En los tiempos de reconstrucción, va a ser muy importante el papel de los feminismos y las organizaciones populares, porque se vuelve necesario procesar colectivamente lo que nos pasó. Los traumas pueden silenciarse y seguir para adelante. Sabemos que esa no es la mejor opción. Aprendimos con los feminismos que lo personal es político. En tiempos como éste la reflexión compartida, que dé lugar a ponerle voz al impacto emocional que vivimos, será central para los tiempos de la reconstrucción.

Lo que viene: una agenda feminista frente a la desigualdad

En 2015 en Argentina se perdió un gobierno popular por elecciones y ganó una alianza liberal de derecha; sin embargo, el movimiento feminista siguió creciendo y articuló dos cuestiones de modo muy potente: se mantuvo una alianza transversal por el derecho al aborto legal, que incluía expresiones de la derecha gobernante, a la vez que el conjunto del movimiento creció en un claro sentido antineoliberal, resistiendo a las políticas del macrismo, con incidencia en la derrota electoral de Juntos por el Cambio en el año 2019. La juventud que se movilizó en 2018 por el debate en el Congreso sobre el aborto, conocida como la marea verde, trascendió como proceso social la cuestión convocante de la despenalización y legalización del aborto. Hubo una conciencia de autonomía de esas juventudes, que fueron las que se movilizaron masivamente, que los colocó en el espacio de lo público, multitudinario y colectivo, como motor de la definición del propio proyecto de vida. La llegada del Frente de Todxs al gobierno cumplió con la demanda social, no sólo al incorporar en los principales rangos de gestión las políticas de género, sino también promoviendo el debate del aborto legal y garantizando su sanción.

Hoy, en la provincia de Buenos Aires crece todos los días la atención del sistema de salud, pero también en el rediseño de consejerías integrales en salud y derechos sexuales y reproductivos, que se plantean convocar a las colectivas organizadas en todo el territorio bonaerense, para ser parte del acceso a derechos. Además, se incorporan otros temas como la gestión menstrual, el acceso a métodos anticonceptivos, la ILE/IVE[2], la Ley de los Mil Días, el parto respetado, las crianzas despatriarcalizadas, con ternura. Desde el equipo de gobierno del Ministerio tenemos presente un desafío y dilema central en la gestión, que es lograr la articulación gobierno-Estado-organizaciones, a la vez que nos planteamos que es el tiempo para colocar en el centro las problemáticas de la desigualdad económica y social: el trabajo, los cuidados, la tierra, la vivienda, como agenda urgente.

Estamos creciendo a tasas más altas que las presupuestadas para el presente año, pero con niveles de desigualdad mayores. Está claro que el desafío del crecimiento es con distribución de riqueza. Con salarios y jubilaciones que le ganen a la inflación. Pero esta vez necesitamos que este debate no sea volviendo a borrar las desigualdades de género, porque la pandemia, la neoliberal del macrismo y luego la de COVID, nos dejó más atrás, con pérdida incluso de participación laboral para las mujeres. Como gestión, y como movimiento, tenemos que poder robustecer esta agenda con inteligencia, con articulación y capacidad movilizadora. Las utopías positivas del inicio de la pandemia ya quedaron definitivamente atrás. El mundo está más desigual y convivimos con mucha inestabilidad en democracias que se vuelven más frágiles frente a la enorme concentración de poder.

En América Latina estamos otra vez en un tiempo donde lo que se pone en cuestión es la defensa de las democracias y, por lo tanto, de nuestra paz. Una paz que sólo se logra con inclusión, con justicia, con derechos conquistados. Tenemos que aprovechar la potencia de un movimiento, como el movimiento feminista que tanto nos ha enseñado. Y cuando estamos en el gobierno, como nuestro caso ahora, tenemos que ganar tiempo y consolidar institucionalmente la perspectiva de género. Queremos dejar políticas y programas que trasciendan nuestras circunstancias, es decir, nuestro paso por la gestión. Nuestra obsesión es cómo construir una gestión con la potencia necesaria para trascender la temporalidad de un mandato de cuatro años.

Este feminismo nuestro, del Sur, que supo ganar masividad y movilización, con efectividad política, tiene que saber profundizar en la agenda de la desigualdad económica y social, en los problemas de las deudas externas e internas, como una agenda fundamental para pensar el futuro que nos merecemos. Ahí es donde los feminismos con la creatividad histórica deben seguir construyendo y articulando respuestas y propuestas.

 

[1] De las 24 jurisdicciones del país solo tres tienen rango ministerial (Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe). En el resto son secretarias de Estado que no llegan al rango de ministerio. [2] ILE: Protocolo para el acceso a la interrupción legal del embarazo. IVE. Protocolo para el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo (Ley 27610).

 

(*) Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires. Militante social, sindical y feminista, fue Secretaria de Género a nivel nacional de la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina). Miembro del Consejo Directivo del Fondo de Mujeres del Sur; de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito y la Comisión de Mujeres y géneros del Instituto Patria.

Mujeres feministas, piqueteras: una genealogía. Por Marie Guzzo (*)

En estas líneas, nos proponemos rescatar el protagonismo de las mujeres desde un acercamiento a los cruces intergeneracionales que van desde las Madres de Plaza de Mayo hasta los feminismos de nuestros días.

Cuando concebimos a la historia como proceso de lucha, no estamos expresando solamente una manera de interpretarla, estamos permitiendo también que nos interpele. Al vivir y protagonizar la ebullición de un acontecimiento que se convierte en hito, comprendemos entonces que las condiciones del mismo venían, en realidad, haciendo su cocción a fuego lento con anterioridad para luego desencadenar con fuerza en un tiempo y un espacio determinados. Es por eso, que referirnos hoy a nuestro protagonismo como mujeres, luego de haber surfeado la cresta de la cuarta ola feminista que aunó de manera transversal a diferentes generaciones, no sería una originalidad.

La irrupción en la escena pública, desnaturalizando lo social y convencidas de que aquellos roles asignados eran susceptibles de ser transformados mediante la acción del feminismo callejero, encuentra el origen de su impulso algunos años atrás. Si miramos en retrospectiva, descubrimos que las hijas del 2001 somos la concatenación de la chispa que encendieron las mujeres piqueteras. Desde su insurgencia, construyeron la entretrama que las preparó (aún no lo sabían) para ser parte de la primera línea en las jornadas de insurrección del 19 y 20 de diciembre, fechas que marcarían un punto de inflexión en sus vidas. La respuesta colectiva y organizada que desprendieron como contraofensiva a las políticas de hambre del neoliberalismo, se tornaría central para atravesar el momento de crisis y el saldo que la misma dejaría en el país.

De manera similar ocurre cuando intentamos entender la potencialidad con que el movimiento de mujeres piqueteras se autoorganizó de forma comunitaria frente a la lógica imperante de fragmentación de los lazos sociales. Hurgando hacia atrás, hallamos que las pioneras que han tenido un papel fundamental en promover la creación de espacios en donde se debatiera y cuestionara al interior de sus organizaciones de desocupados la implicancia del patriarcado y el capitalismo, habían participado de la cita masiva que nos espera una vez al año y de la cual ninguna vuelve igual: el Encuentro Nacional de Mujeres (que conquistamos nombrar, luego de muchos debates y problematizaciones dadas en su interior, Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias).

No podemos obviar este hecho, porque marca una bisagra en la manera de relacionarnos. De ver, pensar y habitar el mundo. Pero el Encuentro significa aún más: es el lugar en donde a través de sus talleres politizamos el dolor y el enojo personal y colectivo que nos atraviesa en la cotidianeidad, es en donde tomamos conciencia del valor de nuestro trabajo reproductivo y sobre todo, donde trazamos la agenda de lucha de un año entero, hasta encontrarnos nuevamente. No es difícil, entonces, pensar en la transformación que vivieron mujeres que integraban de manera mayoritaria los movimientos piqueteros al participar del ENM, ni su ímpetu por proponer discusiones necesarias que sirvieran para fortalecer a sus organizaciones.

En esta genealogía recapituladora sobre el protagonismo de las mujeres, llegamos a aquel pequeño grupo que devino en movimiento social y político, iluminando cual faro todo horizonte de lucha de las y los argentinos desde la postdictadura hasta nuestros días: las Madres de Plaza de Mayo. Confinadas completamente a la esfera privada de la vida social, dieron un giro radical en medio del terrorismo de Estado ocupando, con la presencia de sus cuerpos, la plaza del pueblo cada tarde de jueves. Entrelazadas del brazo, tornaron ese espacio un símbolo y un megáfono para gritar todo tipo de injusticia hacia los sectores populares. Si en la actualidad podemos hablar de un movimiento feminista que a través de sus conquistas se ha convertido en puntapié para que avancen en sus luchas países de Latinoamérica y el mundo, contagiando radicalidad y masividad, es porque hemos aprendido del legado de las Madres y Abuelas, que nos heredaron un importante cúmulo de luchas y, al mismo tiempo, caminan a nuestro lado mostrándonos que «resistir es combatir».

De movimiento de mujeres a movimiento feminista

Cumplidos los veinte años del 19 y 20 de diciembre del 2001, se torna de vital importancia recuperar y reflexionar sobre el papel que cumplieron las mujeres de organizaciones territoriales, cuyo protagonismo aumentaba a la par de la conflictividad social. Verónica Gago hace alusión al “gesto fundante” que impusieron, esbozando que “se hicieron cargo de producir espacios de reproducción colectivos, saltaron masivamente del confinamiento doméstico desacoplado del régimen salarial y sobre esa trama se montó luego la economía popular que contribuyó a corroer la legitimidad política del neoliberalismo”.

Ese protagonismo femenino que marcó con fuerza el ciclo que se abría a partir del estallido, no se reconocía explícitamente feminista. Pero en lo concreto, habían logrado instalar dentro de sus organizaciones la categoría “antipatriarcal” y, las luchas que libraron contra el neoliberalismo fueron también luchas por la reproducción social. Las asambleas de mujeres al interior de sus espacios constituyeron una herramienta crucial que les permitió la posibilidad de intuirse feministas hasta llegar a identificarse, unos años después, de manera plena con aquel término.

Recuperando ese hilo intergeneracional, la expresión popular dentro del movimiento feminista toma la experiencia precursora de las mujeres piqueteras de visibilizar y volver comunitaria la reproducción social y avanza un paso más, politizándolo desde sus prácticas y dejando entrever que no es en la circulación de la mercancía donde se produce valor, sino que existe, cual subsuelo, una esfera oculta de la producción social. Eso que aparece secreto, que es fuente de vida y generación de riqueza del capital, es lo que produce la mercancía más valiosa: la fuerza de trabajo. Se amplía así, a partir del primer paro feminista, la noción de trabajo, analizándolo no únicamente desde la división sexual y racial del mismo, sino también ligado a la categoría de valor.

Sin dudas, podemos coincidir que en la actualidad el sector político más dinámico y con potencia de transformación social que es la economía popular, está integrado y encabezado predominantemente por mujeres que establecen un puente entre los aprendizajes que dejaron aquellas rebeliones del 2001, iniciadas desde la periferia hacia el centro y los albores de las oportunidades que emergen de esta nueva transgresión.

 

(*) Por Marie Guzzo, integrante del Instituto Generosa Frattasi

Día Internacional de No Violencia Contra las Mujeres (Red Informativa)

 

25 de noviembre. La fecha recuerda a a las hermanas activistas dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, quienes fueron brutalmente asesinadas en 1960 por orden del dictador Rafael Trujillo.

El jueves 25 se conmemoraron los 40 años del Día Internacional de No Violencia Contra las Mujeres, fecha en homenaje a las hermanas activistas de República Dominicana, Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, quienes fueron brutalmente asesinadas en 1960 por orden del dictador dominicano Rafael Trujillo (1930-1961), y además se celebran los 30 años de la campaña 16 días de activismo contra la violencia de género. Si bien la celebración del 25N fue oficializada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) el 17 de diciembre de 1999, lo cierto es que la lucha por erradicar la violencia de género tiene larga data.

Las hermanas Mirabal nacieron en Ojo de Agua, un pequeño poblado de la provincia de Salcedo, en el norte del país, y pertenecían a una familia acomodada.

En 1949 la familia fue invitada a una recepción en honor al dictador Trujillo, quien rápidamente se sintió atraído por la belleza de Minerva y comenzó a cortejarla sin éxito. Ella, sin embargo, le exigía que termine el acoso judicial contra su amigo intimo Pericles Franco, uno de los fundadores del Partido Socialista Popular. Minerva, Patria y María Teresa fueron encarceladas, violadas y torturadas en varias ocasiones; su padre, Enrique, también fue apresado y liberado varias veces hasta que se enfermó y murió a finales de 1953. El asesinato de las tres hermanas ocurrió en medio de un descontento social que crecía a pasos agigantados.

El 25 de noviembre de 1960, el cuerpo de Minerva apareció destrozado en el fondo de un barranco, en el interior de un jeep junto con sus dos hermanas, Patria y María Teresa, y el conductor del auto, Rufino de la Cruz. Pasaron los años, pero las Mirabal quedaron cristalizadas en la memoria colectiva de activistas feministas que 21 años después, en 1981, llevaron a cabo el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Bogotá, Colombia, y decidieron que cada 25 de noviembre se celebre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Dos años antes, en 1979, la Organización de Naciones Unidas (ONU) había conseguido la aprobación de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Cedaw) y en 1999, la Asamblea General reconoció el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Este jueves también se cumplieron 30 años de la campaña 16 días de activismo contra la violencia de género, lanzada originalmente por activistas que participaron en la inauguración del Women’s Global Leadership Institute en 1991 y, cada año, continúa bajo la coordinación del Center for Women’s Global Leadership.

Durante la campaña que se extenderá hasta el 10 de diciembre, la ONU invita a los gobiernos, la sociedad civil, las organizaciones de mujeres, las y los jóvenes, el sector privado, los medios de comunicación y todo el sistema de las Naciones Unidas “a unir fuerzas para afrontar la problemática mundial”.

Las hermanas Mirabal siguen siendo un símbolo en la actualidad. Al momento de sus asesinatos, América Latina asistía a un proceso de levantamientos populares contra las dictaduras de la región que impulsaron también la creación de un movimiento en República Dominicana. En ese contexto, un año antes de los homicidios, en 1959 se creó la Agrupación 14 de junio, que fue presidida por Tavares, esposo de Minerva, y donde las hermanas Mirabal eran conocidas como Las Mariposas. Todos los integrantes de la organización fueron detenidos y más de un centenar fue torturado y perdió la vida. Entre ellos figuraban varios miembros de las familias más reconocidas de la isla, lo que aumentó la presión social ante el régimen de Trujillo.

Quienes recuperaban su libertad, sin embargo, eran sometidos a vigilancia gubernamental y acoso policíaco. Ese 25 de noviembre de 1960, las tres hermanas regresaban de ver a sus esposos que estaban encarcelados cuando fueron interceptadas por miembros de la policía secreta, ahorcadas y apaleadas. El objetivo de la fuerza era que, una vez lanzadas dentro del auto por un precipicio, los asesinatos fueran interpretados como un accidente. 

En ese momento, las tres hermanas tenían entre 25 y 36 años, cinco hijos en total y contaban con una década de activismo político. Una cuarta hermana, Bélgica Adela “Dedé” Mirabal, quien murió en 2017, tenía un papel menos activo en la disidencia y logró salvarse. “Fue tan horroroso el crimen que la gente empezó a sentirse total y completamente insegura, aun los allegados al régimen”, recordó Luisa De Peña Díaz, directora del Museo Memorial de la Resistencia Dominicana (MMRD), citada por la cadena de noticias BBC. Al año siguiente, en marzo de 1961, Trujillo fue asesinado, y los sicarios de Las Mariposas condenados a 30 años de cárcel, pero huyeron del país con la ayuda de grupos militares. El último de los asesinos confesos Cruz Velorio falleció a principios de abril último tras vivir décadas oculto.

De acuerdo a la ONU, actualmente solo dos de cada tres países prohibieron la violencia de género, mientras que en 37 estados todavía no se juzga a los violadores si están casados o si se casan posteriormente con la víctima. Además, en otros 49 estados todavía no existe legislación que proteja a las mujeres de la violencia doméstica.

La cloaca misógina de la política. Por Mariana Carbajal (*)

Nada más machirulo que pretender descalificar a mujeres con alta exposición pública al vincularlas a una fake news con eje en su sexualidad. En los últimos días se difundieron varios nombres de mujeres que fueron a la Quinta de Olivos, por distintas razones durante el 2020, cuando regía el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio. A todas ellas se las vinculó con visitas “sexuales”.

Florencia Peña, una de las más hostigadas en los últimos días en Twitter, contó que le había pedido una audiencia al presidente Alberto Fernández para expresarle su preocupación por la situación por la que atravesaban actores y actrices, sin trabajo, durante la pandemia. Incluso, mostró los intercambios de mensajes de WhatsApp con el mandatario donde le planteaba el tema.

En el programa de TN “Solo una vuelta más”, que conduce Diego Sehinkman, el diputado del PRO Fernando Iglesias habló de “escándalo sexual”. Y se encargó de replicar ese concepto en su cuenta de Twitter. Una cosa es disentir y confrontar opiniones, con argumentos. Otra, atacar con agresiones verbales, con comentarios mal intencionados, con basura.

Uno tira la piedra, rompe el vidrio y por ese agujero, otros y otras, aprovechan para descargar su enojo o su odio, sobre el blanco de turno. El anonimato favorece esa artillería pesada. Así se arma una bola de nieve putrefacta. El ejército de trolls hace su trabajo sucio.

Un escándalo, en todo caso, son las visitas que ocultó la gestión de Macri de jueces y fiscales a Olivos y la Casa Rosada, que investiga la justicia.

“¿Por qué conmigo? Si estuvieron tantos hombres importantes pidiendo lo mismo. Tantos productores importantes, tantos hombres importantes ¿Tengo que salir a aclarar que no soy el gato del Presidente? ¿Yo tengo hoy que salir a aclarar en mi programa que no soy la petera del presidente? Fui a una reunión a las 11.30 con permiso, con protocolos”, dijo Flor Peña este lunes en su programa de Telefé. Si la crítica o el enojo es porque en ese momento la orden del Gobierno era no salir de casa que se discuta eso. Pero, por qué solo trascendieron nombres de mujeres, cuando también hubo varones con citas en Olivos.

¿Cuántos varones tuvieron que salir a dar explicaciones sobre los motivos de sus visitas a la Residencia presidencial en medio del ASPO? ¿A cuántos se los expuso de la misma manera? ¿Por qué solo en relación a visitas que hicieron mujeres, cualquiera haya sido el motivo? No se puede decir cualquier cosa. El diputado Iglesias debería recibir el repudio de todo el arco político, de sus compañeras de bancada, de la ex gobernadora María Eugenia Vidal, en cuya lista Iglesias va en el cuarto lugar en las próximas PASO pero sobre todo de los legisladores varones: rompan el pacto de caballeros y cuestionen también ustedes los comentarios misóginos.

El ataque a Flor Peña, claro, es contra ella –a ella le duele, la afecta emocionalmente-- pero tiene como destinatario a Alberto Fernández, el objetivo es socavar la imagen presidencial en año electoral. Cuando escasean los argumentos para el debate político, se quiere imponer como conversación esta cloaca misógina.

Es un clásico: a las mujeres se las busca descalificar o humillar inventándoles amantes o exhibiendo en público su vida sexual ¿Qué tal un pacto entre las fuerzas políticas para que la campaña por las PASO se transite con más altura, con propuestas, con ideas políticas y sin violencia política de género? ¿Es muy ingenuo pedirlo?

 

(*) Columnista de Página 12, medio en el que se puede encontrar este escrito y otros en un resumen semanal sobre género vasto e impecable, con posibilidad de recibirlo como newsletter, asociándose al medio.

El día internacional de la mujer tiene en cada pueblo su historia, arraigo y particularidad, en tanto sus luchas se desarrollaron en todos los ámbitos y latitudes. Así se lograron las conquistas, a pura inteligencia, voluntad y vocación por liberarse. Los pueblos seguimos aprendiendo de esa siembra impregnada con valientes sangres y sudores femeninos. Tal como se refleja en esta nota sobre la epopeya de las primeras mujeres ingresadas a la política de la mano de Eva Perón.

EL DERECHO A VOTAR Y SER VOTADAS. Por Mara Espasande (*)

El 25 de abril de 1952 fue un día histórico para la República Argentina: por primera vez, seis mujeres asumieron como Senadoras de la Nación. Juana Larrauri de Abrami (Entre Ríos), Hilda Nélida Castañeira de Vaccaro (Santa Fe), María Rosa Calviño de Gómez (ciudad de Buenos Aires), Ilda Leonor Pineda de Molins (provincia de Buenos Aires), Elena Di Girolamo (Corrientes) y Elvira Rodríguez Leonardi de Rosales (Provincia de Córdoba) prestaron juramento en el recinto históricamente ocupado por varones. Tres de ellas maestras, una cantante de tango y dos trabajadoras del círculo cercano a Eva Duarte de Perón asumieron el compromiso legislativo teniendo que superar los prejuicios sociales, pero, también, sus propias inseguridades.

El espacio público había sido vedado a las mujeres y la norma general era la dedicación a las tareas de cuidado en el hogar, algunas profesiones vinculadas a las “cualidades femeninas” -tales como la docencia- o como trabajadoras fabriles, aunque con menos derechos que los varones. Pero estas activistas asumieron el compromiso legislativo conscientes de la hora histórica que protagonizaban. Habían llegado allí, luego de años de arduo trabajo. Todas ellas habían comenzado su militancia junto a Eva Perón para lograr la sanción de la Ley 13.010, promulgada el 23 de septiembre de 1947, por la cual las mujeres podían votar y –también- ser votadas.

Sin dudas, el accionar de Eva Perón y las militantes que la acompañaban fue fundamental para lograr esta conquista. Pero, también, existieron otros factores que permitieron alcanzar este derecho. Por un lado, el contexto mundial y regional generaba condiciones favorables: en 1938, la Octava Conferencia de los Estados Americanos se había pronunciado a favor del voto de la mujer en el marco de la Declaración en favor de los Derechos de la Mujer. Muchos países latinoamericanos tales como Ecuador, Brasil, Uruguay, Cuba y El Salvador, ya habían sancionado el voto –ahora sí- universal. Por otro lado, la larga lucha del movimiento sufragista en la Argentina -que databa de finales del siglo XIX- había promovido, entre 1911 y 1947, la presentación de 11 proyectos ante el poder legislativo con apoyo, en particular, del Partido Socialista. Pero, lo que permitió hacer efectivo el cumplimiento de este derecho fue la llegada al gobierno de un dirigente político que, desde que asumió su primer cargo en la público se planteó como objetivo alcanzar esta conquista.

El 26 de julio de 1945, meses antes de ser detenido, Juan Domingo Perón participó en un acto de la Cámara de Diputados y se declaró a favor de otorgarle el voto a la mujer. Allí afirmó: “…empeño mi palabra como vicepresidente, como ministro y como secretario de Trabajo y Previsión, en el sentido de trabajar incansablemente por llevar adelante esta hermosa iniciativa” (Navarro, 2011: 187). La misma posición expresó en su primer discurso como Presidente en el Congreso de la Nación, en julio de 1946. De esta manera, el movimiento feminista alineado con la Unión Democrática perdió protagonismo y la sanción de la esperada Ley se produjo bajo el impulso de los diputados y los senadores peronistas, en el marco de una movilización en los alrededores del Congreso de miles de mujeres que sostenían en sus manos los retratos de Evita y de Perón. Fue allí, cuando los conductores del movimiento nacional comenzaron a delinear las estrategias políticas para organizar a las mujeres peronistas, decidiendo que la herramienta más adecuada era la creación de un partido político propio. En 1949 –en aquel acto histórico realizado en el Teatro Cervantes, el 26 de julio- se fundó, finalmente, el Partido Peronista Femenino (PPF) donde Evita designó 23 “delegadas censistas” –entre las que se encontraban quienes serían primeras seis senadoras- recibiendo la misión de recorrer el país.

En el encuentro fundacional, Evita explicó los fundamentos de la creación de este nuevo partido político independiente del partido peronista integrado por los hombres. Allí, sostuvo que las mujeres eran “doblemente víctimas en todas las injusticias” (Navarro, 2011: 215) haciendo referencia al sacrificio en el hogar y a la prepotencia patronal sufrida en las fábricas donde, además, obtenían una remuneración menor a la de los varones. Desde esta concepción, el peronismo definió la justicia social y el avance de los derechos de las mujeres como dos caras de la misma moneda, dos conquistas totalmente imbricadas. Pero, ¿por qué crear un Partido autónomo e independiente? Frente a este interrogante, Eva Perón explicaba: “…para que las mujeres no se masculinicen en su afán político. Así como los obreros solo pudieron salvarse por sí mismos (…) también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres” (Bellota, 2019: 192).

Según su visión, había prácticas propias de la forma de hacer política de los varones que debían ser combatidas: “todo se arregla entre tabas y empanadas”, sostenía, y consideraba que sería sumamente complicado que las mujeres sin experiencia política previa comenzaran sus primeros pasos en ese marco: debían construir su propio instrumento político. Para eso, las mujeres censistas elaboraron una verdadera red a lo largo y ancho del territorio nacional donde cada unidad básica funcionaban no solo “como centros políticos del peronismo” sino también –en palabras de Eva- “como foco de cultura y acción útil para los argentinos” (Bellota, 2019: 192.). Tal como describe Araceli Bellota, allí se dictaban talleres de peluquería, costura, corte y confección, dactilografía, pero también apoyo escolar, alfabetización, danzas folclóricas, asesoramientos jurídicos y servicios ginecológicos. Además, ocupaban un lugar central los cursos de doctrina peronista y la capacitación para participar en el acto electoral.

Adoptando este perfil, el PPF logró convocar a amplios sectores de la población femenina de los sectores populares pudiendo superar las resistencias sociales propias de la época. Los testimonios de las censistas y de quienes se sumaron a trabajar en las unidades básicas destacan que fue central la realización de tareas de ayuda social –en articulación constante con la Fundación Eva Perón- y los lazos afectivos creados entre ellas, además de la conducción y acompañamiento permanente de la ‘abanderada de los humildes’. La articulación de su rol doméstico con el espacio público permitió que, lentamente, se fueran generando condiciones para asumir la plena participación política.

La reacción de la oposición no se hizo esperar: históricas militantes feministas del Partido Socialista –entre las que se encontraba Alicia Moreau- se declararon en contra de la iniciativa afirmando que “un partido político femenino estaba destinado al fracaso” y que era una “peligrosa desviación de la democracia”. Su antiperonismo, no les permitió advertir la fuerza del nuevo instrumento político que convocaría a millones de mujeres del pueblo a acercarse a la tarea política. Así, resultado del movimiento nacional que había nacido el 17 de octubre de 1945, en las elecciones de 1951 las mujeres ocuparon un tercio de los lugares en las listas peronistas, en todas las categorías.

Además de las seis senadoras nacionales, 80 mujeres llegaron a las legislaturas provinciales y más de una veintena a la Cámara Baja de la Nación. Pero, ¿qué pasó con el resto de las fuerzas políticas? El Partido Demócrata y la Unión Cívica Radical no presentaron candidatas mujeres. Sí lo hicieron –pero en número muy inferior- el Partido Socialista, Partido Comunista, Demócrata Progresista y Partido Concentración Obrera. Sin embargo, ninguna resultó electa: las primeras legisladoras nacionales pertenecieron todas al movimiento peronista. Una vez asumido el mandato, en el Senado de la Nación presidieron distintas comisiones y promovieron la sanción de leyes fundamentales para la conquista de derechos de las mujeres.

De su actuación legislativa resultó la aprobación del divorcio vincular (Ley 14.394) en 1954, la reforma de la ley de culto que propició la separación de la Iglesia del Estado, el Régimen de Trabajo para el personal de Casas de Familia; también, impulsaron las leyes de Abastecimiento y Abaratamiento de artículos de primera necesidad, la Ley de Propiedad Intelectual, entre otras. Cuando Perón fue derrocado por el infame golpe cívico militar de 1955, las senadoras peronistas –junto a las mujeres diputadas- fueron encarceladas y confinadas a la cárcel de mujeres de San Telmo ubicada en la calle Humberto Primo donde permanecieron por más de dos años.

Luego, se sumaron a la resistencia peronista y continuaron su lucha junto al pueblo para lograr el regreso de Perón que, finalmente, se concretaría en 1973. Los recorridos vitales de estas representantes encarnan un quiebre fundamental –y a menudo silenciado- en la historia política argentina. En ese sentido resulta crucial sacarlas del anonimato, conocer sus historias. Adentrémonos, entonces, en las vidas de algunas de las mujeres que protagonizaron aquellos años de avances populares.

Juana Larrauri de Abrami

Nacida en el barrio de Floresta, Buenos Aires, sus dos pasiones fueron el tango y la política. Debutó en 1931 como cantora en LR3 Radio Nacional y cinco años después presentó su primer disco donde se encontraban interpretados los tangos “Castigo” y “Sueño fue”. Decidió interrumpir su carrera artística cuando comenzó a militar junto a Eva Perón.

El mismo año en que fue elegida Senadora, en 1951, su voz interpretó “Evita Capitana”, tema del Partido Peronista Femenino. Como Senadora fue designada Presidenta de la Comisión de Defensa Nacional y más tarde, Presidenta de la Comisión que debía ocuparse de la realización del Monumento a Evita, aprobado por la Ley 14.124, días antes de la muerte de Evita. En su intervención en el debate parlamentario por esta última Ley expresó: …los derechos de la ancianidad, derechos cívicos de la mujer, etcétera, no son más que pequeños eslabones del collar de sublimes realidades si se la compara con la obra espiritual y moral que Eva Perón levantó en nuestras almas (…) No habrá palabras para decir todo lo que ha luchado por su pueblo. No habrá palabras para decir todo lo que nos ha dado. Eva Perón ha dejado jirones de su salud en la Secretaría del Trabajo y Previsión, luchando para los obreros, para sus queridos 'descamisados'. Eva Perón ha dejado parte de su vida, trabajando noches y días por su pueblo y por su Patria. (…) Eva Perón ha sido y es el ángel tutelar de nuestro querido presidente. Cuando el clamor de la Nación entera le rogaba a Eva Perón se dignara aceptar la vicepresidencia de la República, ella, con magnífico gesto, declinó el expreso deseo de un pueblo que creía cubrirla de honores. Pero no, señor presidente ¡Los honores renunciaron a ella! Los argentinos no tuvimos el alto honor de que Eva Perón fuera nuestra vicepresidenta. (…) Eva Perón es el honor de los honores. Yo no acepto, señor presidente que a Eva Perón se la compare con ninguna mujer, con ninguna heroína de ningún tiempo, porque a muchas de ellas, por no decir a todas, eminentes escritores tuvieron que magnificar su historia; en cambio, no hay ni habrá escritor, por inteligente que sea, que pueda trazar fielmente la historia de las realidades de Eva Perón (1).

Fue perseguida y encarcelada. El 17 de mayo de 1956 se solicitó ampliar su prisión preventiva por “traición y asociación ilícita”, orden dictada por Luis Botet; el 12 de marzo de 1957 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo civil, comercial y penal especial y lo contencioso administrativo, confirma la prisión preventiva a “jerarcas del peronismo” por orden de Enrique Ramos Mejía y Hernán Juárez Peñalva.

protagonista de la Resistencia. En 1970 integró el Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista presidido por Juan D. Perón y María Estela Martínez de Perón, en carácter de secretaria. La composición sufrió cambios en 1971 pero Juana permaneció como representante de la Rama Femenina. Allí, se enfrentó con Jorge Paladino, delegado personal de Perón. En reconocimiento a su trayectoria y lucha, integró la delegación que acompañó a Perón en su regreso a la Argentina en 1972 (2).

Hilda Nélida Castañeira de Vaccaro

Rosarina de nacimiento se recibió de maestra normal, cargo que ejerció en Escuela n° 526 de la localidad de Saladillo en la provincia de Santa Fe. Desde allí, solicitó ante diversos organismos que se atendiera las necesidades de dichos estudiantes, mostrando su carácter solidario desde temprana edad. En 1947 comenzó a militar dentro del peronismo y en 1949, en el Congreso realizado en el Teatro Nacional Cervantes entre el 26 de julio y el 31 de julio, fue designada como delegada censista para la provincia de Salta.

Desde el Partido Peronista Femenino luchó por la sanción de la Ley 13.010 que le permitió, en 1951, ser elegida Senadora Nacional por su provincia natal. En la Cámara Alta fue la primera mujer en hacer uso de la palabra. Allí presidió la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, la de Trabajo y Previsión Social e integró la comisión de Obras públicas; también integró la Comisión especial de estudio para la elaboración del Segundo Plan Quinquenal.

En 1952 formó parte de la Comisión que se ocupara del Monumento de Eva Perón. Entre los proyectos de Ley presentados por ella se destacaron: la declaración para la colocación de una placa “Por la independencia económica” en la Casa de Tucumán; la propuesta de otorgar los títulos de Libertador de la República y de Jefa Espiritual de la Nación a Juan D. Perón y Eva Perón, respectivamente; la propuesta de utilizar como libro escolar “La razón de mi vida”; y cambiar la nominación de la avenida 9 de julio por la de “Eva Perón”. Se sumó a las filas de la Resistencia Peronista y en 1972 fue designada secretaria política de la Rama Femenina del Partido.

En 1973 resulta electa como Concejal de la Ciudad de Buenos Aires, cargo del que es depuesta el 24 de marzo de 1976. En 1995 integró el Círculo de Ex Legisladores de la Nación Argentina en el rol de secretaria de la mujer.

María Rosa Calviño de Gómez

Era profesora de la escuela secundaria N° 26 de la Capital Federal. Delegada censista a cargo de la primera unidad básica del Partido Peronista femenino en Buenos Aires, inaugurado el 27 de enero de 1950 en el barrio de viviendas obreras Presidente Perón. En el mismo año, fue creada la Organización de consumidores de la cual fue presidenta de la comisión directiva. Desde este cargo, trabajó junto a las unidades básicas del Partido Peronista Femenino en las campañas de respeto de los precios máximos oficiales. En agosto de 1951 fue nombrada censista para la provincia de Córdoba en reemplazo de la Dra. Elsa Chamorro. Allí, coordinó las tareas de la campaña electoral en más de las 400 unidades básicas de la provincia. Fue elegida Senadora Nacional por la Capital Federal en 1951.

Ocupó el cargo de Secretaria del Consejo de Administración de la Fundación Eva Perón presidido por Juan Perón; José Espejo (Secretario General de la CGT, vicepresidente 1°); Ingeniero Manuel Dupeyrón (Ministro de Obras Públicas, vicepresidente2°). El Consejo se ocupaba de coordinar las licitaciones, compras e inversiones; también, administrar las donaciones, garantizar el funcionamiento interno de la Fundación, organizar los torneos deportivos y vincularse con el Estado nacional.

Para optimizar su funcionamiento se creó una Secretaría General que estuvo a cargo de María Rosa Calviño, pero la secretaría tuvo una corta duración (agosto de 1952 a enero de 1953). En ocasión del intento de Golpe de Estado del 18 de septiembre de 1951, se destacó con su discurso cuando afirmó: ...solo bastó que alguien dijera que Perón necesitaba la presencia de su pueblo, para que el maravilloso pueblo argentino, ese auténtico pueblo descamisado que lo integran los trabajadores, hombres, mujeres y hasta niños y ancianos, se lanzaran a la calle, para juntarnos codo con codo en las plazas públicas de todas las ciudades y así unidos esperar órdenes para accionar y demostrar al mundo que en la Nueva Argentina se hace lo que el pueblo quiere y no lo que los “vende patria” o los traidores desean. Es por eso, que el movimiento sedicioso encabezado por un grupo de malos soldados y peores militares fracasó, y porque la acción de los buenos que son los más y los mejores, a Dios gracias, supo imponerse decididamente [...] solo la doctrina justicialista salvará al mundo de los horrores de las luchas intestinas [...] para el justicialismo la libertad como la prosperidad, el capital, la economía, la cultura y todo lo que es un bien del hombre, no es solamente un bien individual, sino que es también un bien social. El mundo capitalista y su teoría capitalista, había llegado a la explotación del hombre por el hombre y así el pueblo trabajador estaba al servicio de la economía y la economía servía solamente al capital. [...] ...en las fábricas, en los talleres, en las actividades todas del músculo, el único rey y señor era el dueño del capital oro, que insaciable en su ambición, solo pensaba en aumentar sus caudales, olvidando que el capital trabajo es producido por el esfuerzo inteligente y desgastador de seres humanos que sienten y piensan, que tienen legítimas aspiraciones y que necesitan de un mínimo de dignidad y bienestar para lograr los fines eternos para los que todos fuimos creados. Perón elaboró una nueva concepción justicialista y estableció que el capital debe estar al servicio de la economía y la economía servir de modo tal al pueblo que asegure al que trabaja un ingreso medio de jornal superior al costo de vida (3).

Fue detenida por la Revolución Libertadora y, como en el caso de Larrauri de Abrami, el 17 de mayo de 1956 el juez Luis Botet solicitó ampliar su prisión preventiva por “traición y asociación ilícita”; el 12 de marzo de 1957 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo civil, comercial y penal especial y lo contencioso administrativo, confirmó la prisión preventiva a “jerarcas del peronismo”. El 8 de marzo de 1984, junto a otras ex legisladoras, recibió una medalla recordatoria por parte de la Honorable Cámara de Senadores por su labor.

Ilda Leonor Pineda de Molins

Nació en 1909. Comenzó su militancia política en el peronismo y participó de la fundación del Partido Peronista Femenino. Luchó por la sanción de la Ley 13.010 mediante la cual pudo ser elegida en 1951 como Senadora Nacional por la Provincia de Buenos Aires. En la Cámara Alta ocupó el cargo de Vicepresidente segunda y luego, Vicepresidente primera. Depuesta por el Golpe de Estado cívico militar de 1955, participó en la resistencia peronista, siendo nombrada en 1963 por Perón como representante de la rama femenina dentro de la comisión interventora del Movimiento Justicialista.

Elena Di Girolamo

Nacida en Mercedes, Corrientes. Hija del jefe de estación de aquella ciudad, se mudó a Buenos Aires donde comenzó a trabajar junto a Eva Perón. Tras bregar por la sanción de la Ley 13.010, en 1951 fue elegida como Senadora Nacional por la Provincia de Corrientes donde la participación de las mujeres en la elección fue muy alta: de un padrón de 138.700 votó el 77,49 % (frente a un 77,16 % del padrón masculino). En la Cámara Alta integró las comisiones de Obras Públicas y de Legislación General y Asuntos técnicos; fue miembro de la Comisión bicameral especial de viviendas.

Elvira Rodríguez Leonardi de Rosales

Se desempeñaba como maestra normal nacional y formaba parte de la Unión Cívica Radical cuando nació el peronismo. Adhirió al nuevo movimiento y se integró al Partido Peronista Femenino. Aprobada la Ley 13.010, fue elegida Senadora Nacional en 1951. Integró la comisión de Asuntos Constitucionales y ocupó el cargo de secretaria de la comisión de Presupuesto y Hacienda. Cuando se presentó para debatir la ley de divorcio vincular renunció a su banca porque cuestionó dicha iniciativa por su filiación al catolicismo. Fue entonces expulsada del PPF. En su reemplazo asumió José Miguel Urrutia.

María del Carmen Castro de Aguer

Maestra, escritora, militante peronista. Fue senadora nacional por la provincia del Chaco –por aquel entonces Presidente Perón- y ocupó la presidencia del bloque peronista en 1953.

Nacida en Itacaruaré, Misiones, en 1917, se recibió de maestra normal en la Escuela Normal Nacional de Maestras “Juan Pujol” de Corrientes. Ejerció la docencia en Villa Ángela, Puerto Tirol y en Resistencia, Chaco. Delegada censista del Partido Peronista femenino recorrió cada rincón del Chaco organizando social y políticamente a las mujeres peronistas. En las primeras elecciones realizadas en la Provincia Presidente Perón, antiguo territorio nacional del Chaco, en 1953, resultó electa senadora nacional. Fue la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta del bloque peronista en la cámara alta; además, presidió la Comisión de Educación y representó al Parlamento argentino en las 37° Conferencia Interparlamentaria de Viena y en la Conferencia para Padres realizada en Londres en 1954. Fue depuesta por el Golpe de Estado cívico-militar de 1955.

En 1994 fue elegida como convencional constituyente por la provincia de Buenos Aires donde trabajó en un proyecto de Educación que fue incorporado en la nueva Constitución Nacional. Publicó a lo largo de su vida 16 obras. Integró la Sociedad Argentina de Escritores y el Sindicato Nacional de Escritores Españoles. Obtuvo varios premios y reconocimientos por su obra literaria. En 1997 publicó su último poemario Eternidad y gloria donde evocaba a Eva Perón. Por otro lado, se destacó por su militancia en el campo cultural: integró la mesa directiva del Club del 45 donde confluían peronistas de la primera hora que buscaban conservar la doctrina del movimiento, integró también el Círculo de Ex Legisladores de la Nación.

Homenajes tardíos e historias pendientes

El primer homenaje a estas mujeres llegó el 8 de marzo de 1984. Recibieron una medalla recordatoria por parte de la Honorable Cámara de Senadores en reconocimiento a su labor. Algunas de ellas integraron y participaron activamente del Círculo de Ex Legisladores y continuaron su militancia política. Sin embargo, sus historias aún son desconocidas no solo para la ciudadanía en general sino también dentro de la producción historiográfica. Es por esto que, con este artículo, esperamos haber rescatado algunas de las acciones de estas mujeres que abrieron camino en la política nacional, como invitación a seguir estudiando la lucha por la igualdad política y, también, por la justicia social.

(*) Licenciada en Historia (UNLu) y Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa). Directora del CEIL "Manuel Ugarte" (UNLa).

Lecturas sugeridas

• Barry, C.; Ramacciotti, K.; Valobra, A. (ed). (2008). La Fundación Eva Perón y las mujeres: entre la provocación y la inclusión. Buenos Aires: Editorial Biblios. • Barry, C. (comp.). (2011). Sufragio Femenino. Prácticas y debates políticos, religiosos y culturales en Argentina y en América. Buenos Aires: EDUNTREF. • Bellota, A. (2019). El peronismo será feminista o no será nada. Aportes para la construcción de un feminismo nacional y popular. Buenos Aires: Galerna. • Navarro. M. (2011). Evita. Buenos Aires: Edhasa.

Notas:

1. Fuente: Congreso Nacional, Diario de la Cámara de Senadores. Buenos Aires: Imprenta del Congreso de la Nación, 1953, p. 211.

2. Resulta llamativo que en diversas fuentes se afirma que Juana Larrauri fue dos veces senadora de la nación indicando que su segundo mandato transcurrió entre 1973 y 1976 (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Juanita_Larrauri). Según el libro de matrícula del Senado de la Nación esto no fue así. Elegida en 1951, asumió el 25 de abril de 1952 cesando su mandato luego de 3 años (por la Reforma constitucional de 1949), elegida nuevamente en 1955 pero a poco de asumir fue depuesta por el golpe de estado.

3. Diario Córdoba, 17 de octubre de 1951 citado en: Patricia Roggio, Mujeres peronistas, de los Centros Femeninos a las Unidades Básicas. Córdoba. 1945-1951 Disponible en: https://cehsegreti.org.ar/historia-social-5/mesas%20ponencias/MESA%204/ROGGIO_4.pdf

Una reflexión acerca de La Masculinidad. Por Luisina Picariello (*)

 Hace unos días circulaba en las redes un texto acompañado de una imagen. En la imagen se podía observar el tradicional castillo de película de Disney, pero con una particularidad, en esta ocasión, quien estaba en la torre del castillo no era la clásica princesa, privada de su libertad, inmóvil y esperando a su salvador sino que, quien estaba en esa situación era el príncipe. Y la persona que estaba afuera del castillo, espada en mano y con actitud protectora, era la princesa, que miraba a los ojos a ese príncipe impotente y le decía:

"Mi amado Hombre: Te libero del cuento donde siempre tienes que ser el príncipe, el valiente o el rescatador, y por supuesto, el príncipe encantador. Te libero del cuento donde buscas, rescatas, y amas a una princesa. ¡Qué tal que a quien amas es a la bruja, al dragón, a la campesina, a la que se rescata sola, a la que no vive en el castillo, a la que no es la más bella más que para tus ojos! Te libero del cuento donde tienes que ser de un color: el azul. Qué absurda manera de encasillarte habiendo un mundo de colores, sabores y oportunidades para ti. Vístete del color que quieras rojo, amarillo, negro, arcoíris ¡El que tú quieras! Te libero del cuento donde siempre eres fuerte, el más valiente, el más guapo y el que por supuesto ya posee un castillo. El que tiene tesoros y riquezas, o por lo menos alguna herencia. ¡A ti también te han dañado y te han impuesto estereotipos de valentía, posesión y fortaleza! Te libero del cuento donde jamás se te permite llorar, donde la confusión, el caos y la derrota no existe, donde te has dado cuenta que tu papá no es un Rey. ¿Qué tal si no quieres ser el héroe? (...) Te libero del cuento y te cuento que: Nosotras ya aprendimos a rescatarnos solas. No todas somos princesas frágiles, ya no estamos dormidas ni atrapadas en nuestro cuento. Amamos al hombre que ríe, juega, es inteligente, sarcástico, sensible, a veces miedoso y llorón. Nosotras ya salimos del cuento y te esperamos en este lado, en la vida real donde tú puedes ser TÚ, y yo puedo ser YO. Sin tanto cuento."

¿Alguna vez se han puesto a pensar por qué siempre los varones tienen que ser los protectores, los rescatadores, los proveedores, los que siempre, y sin ninguna falla en la performance, tienen que tener deseo sexual? (con una mujer, claro… o mejor dicho, con muchas mujeres, acá no se trata de relación sexo afectiva, acá se trata de conquista y de consumo del cuerpo femenino, no importa quién sea esa persona, lo que importa es lograr la relación sexual).

Durante los últimos años, las mujeres hemos iniciado una transformación política, tanto al interior del movimiento, como en los distintos sectores de la sociedad que tenían (y tienen) estructuras machistas, patriarcales y reproductoras de desigualdades.

Nos hemos hecho preguntas, nos hemos enojado y hemos actuado, perdimos el miedo. Tal vez, también pueda ser el momento para los varones, de empezar a preguntarse algunas cuestiones, de empezar a darse cuenta que el machismo nos afecta a todas y todos por igual, de maneras diferentes, pero con la misma intensidad.

Alguna vez se han puesto a pensar ¿qué generan esos mandatos de potencia económica, potencia física, potencia sexual, etc.? ¿Qué sucede cuando eso no se logra?, y, créanme, en un sistema capitalista desigual, es muy probable que poca gente logre todo lo que se nos impone. Alguna vez se han preguntado ¿por qué las cifras de muertes violentas por accidentes en jóvenes se completan con una gran mayoría de varones? ¿Qué sucede cuando el hombre pierde el empleo? Eso que se suele romantizar como la mujer que se adapta a las situaciones más adversas, como la pérdida del ingreso familiar, lo que invisibiliza es que el varón generalmente se deprime, se siente “un inútil”, como si su única función fuese la de ser proveedor.

No nacemos sabiendo cómo ser nenas/mujeres o nenes/varones, hay un extenso (e intenso) proceso de socialización que, desde que nacemos, incluso antes, nos enseña cómo debemos actuar de acuerdo al sexo que nos asignan al nacer, es decir, si nacemos con pene somos varones, y tenemos que usar el color celeste, y tenemos que aprender a no llorar (como nenas o como maricones), a ser fuertes, a defendernos, a tener dinero (para invitar a la mujer, siempre).

Y si tenemos vagina, somos nenas y, por ende, tenemos que comportarnos como tales (no vamos a entrar en detalle en este punto porque nos llevaría horas de lectura y reflexión). Ese proceso de socialización ha confundido muchas veces el hecho de ser varón con ejercer la violencia (o padecerla, pero como machos).

¿Por qué se analiza el asesinato de Fernando Báez Sosa con el problema de la masculinidad hegemónica? ¿Cómo se socializa a los más masculinos de todos los deportistas? (hablamos de los rugbiers) Rituales de iniciación, donde lo que se pone en juego es soportar golpizas, humillaciones, hasta violaciones… violencia y más violencia. Cuando esas mismas personas salen a la calle tienen que probar su masculinidad como sea (porque otro punto interesante es que la masculinidad o el título de “ser hombres” nunca se gana de manera definitiva, siempre está a prueba, y es tan frágil al punto de ser cuestionada por usar una camisa rosa o escuchar determinada canción… o no querer matar a golpes entre muchos a un chico de tu edad solo e indefenso).

La violencia viene de la mano del modelo de masculinidad hegemónica, no hace falta ir al caso más extremo como el que mencionamos, para darnos cuenta de esto. Tal como mencionamos más arriba, las muertes por accidentes violentos son protagonizadas por varones, y esto se completa con la afirmación de que las cifras de muertes violentas de mujeres son producidas en su mayoría por varones.

Es momento de hacernos preguntas, las mujeres ya comenzamos, esperamos de nuestros compañeros varones lo mismo. En primer lugar, preguntarnos cómo nos afectan como varones los mandatos de masculinidad, pero sobre todo, y más urgente, más allá de lo que me afecta a mí como varón, cómo afecto yo a mi entorno con mis acciones (inconscientes muchas). La pregunta que queda en el aire es ¿Si todxs somos víctimas, quién es responsable?

 

(*) Politóloga UNR.

Autora del texto citado: Susy Landa Autoría del dibujo descrito: Cornspiration