Una reflexión acerca de La Masculinidad. Por Luisina Picariello (*)

 Hace unos días circulaba en las redes un texto acompañado de una imagen. En la imagen se podía observar el tradicional castillo de película de Disney, pero con una particularidad, en esta ocasión, quien estaba en la torre del castillo no era la clásica princesa, privada de su libertad, inmóvil y esperando a su salvador sino que, quien estaba en esa situación era el príncipe. Y la persona que estaba afuera del castillo, espada en mano y con actitud protectora, era la princesa, que miraba a los ojos a ese príncipe impotente y le decía:

"Mi amado Hombre: Te libero del cuento donde siempre tienes que ser el príncipe, el valiente o el rescatador, y por supuesto, el príncipe encantador. Te libero del cuento donde buscas, rescatas, y amas a una princesa. ¡Qué tal que a quien amas es a la bruja, al dragón, a la campesina, a la que se rescata sola, a la que no vive en el castillo, a la que no es la más bella más que para tus ojos! Te libero del cuento donde tienes que ser de un color: el azul. Qué absurda manera de encasillarte habiendo un mundo de colores, sabores y oportunidades para ti. Vístete del color que quieras rojo, amarillo, negro, arcoíris ¡El que tú quieras! Te libero del cuento donde siempre eres fuerte, el más valiente, el más guapo y el que por supuesto ya posee un castillo. El que tiene tesoros y riquezas, o por lo menos alguna herencia. ¡A ti también te han dañado y te han impuesto estereotipos de valentía, posesión y fortaleza! Te libero del cuento donde jamás se te permite llorar, donde la confusión, el caos y la derrota no existe, donde te has dado cuenta que tu papá no es un Rey. ¿Qué tal si no quieres ser el héroe? (...) Te libero del cuento y te cuento que: Nosotras ya aprendimos a rescatarnos solas. No todas somos princesas frágiles, ya no estamos dormidas ni atrapadas en nuestro cuento. Amamos al hombre que ríe, juega, es inteligente, sarcástico, sensible, a veces miedoso y llorón. Nosotras ya salimos del cuento y te esperamos en este lado, en la vida real donde tú puedes ser TÚ, y yo puedo ser YO. Sin tanto cuento."

¿Alguna vez se han puesto a pensar por qué siempre los varones tienen que ser los protectores, los rescatadores, los proveedores, los que siempre, y sin ninguna falla en la performance, tienen que tener deseo sexual? (con una mujer, claro… o mejor dicho, con muchas mujeres, acá no se trata de relación sexo afectiva, acá se trata de conquista y de consumo del cuerpo femenino, no importa quién sea esa persona, lo que importa es lograr la relación sexual).

Durante los últimos años, las mujeres hemos iniciado una transformación política, tanto al interior del movimiento, como en los distintos sectores de la sociedad que tenían (y tienen) estructuras machistas, patriarcales y reproductoras de desigualdades.

Nos hemos hecho preguntas, nos hemos enojado y hemos actuado, perdimos el miedo. Tal vez, también pueda ser el momento para los varones, de empezar a preguntarse algunas cuestiones, de empezar a darse cuenta que el machismo nos afecta a todas y todos por igual, de maneras diferentes, pero con la misma intensidad.

Alguna vez se han puesto a pensar ¿qué generan esos mandatos de potencia económica, potencia física, potencia sexual, etc.? ¿Qué sucede cuando eso no se logra?, y, créanme, en un sistema capitalista desigual, es muy probable que poca gente logre todo lo que se nos impone. Alguna vez se han preguntado ¿por qué las cifras de muertes violentas por accidentes en jóvenes se completan con una gran mayoría de varones? ¿Qué sucede cuando el hombre pierde el empleo? Eso que se suele romantizar como la mujer que se adapta a las situaciones más adversas, como la pérdida del ingreso familiar, lo que invisibiliza es que el varón generalmente se deprime, se siente “un inútil”, como si su única función fuese la de ser proveedor.

No nacemos sabiendo cómo ser nenas/mujeres o nenes/varones, hay un extenso (e intenso) proceso de socialización que, desde que nacemos, incluso antes, nos enseña cómo debemos actuar de acuerdo al sexo que nos asignan al nacer, es decir, si nacemos con pene somos varones, y tenemos que usar el color celeste, y tenemos que aprender a no llorar (como nenas o como maricones), a ser fuertes, a defendernos, a tener dinero (para invitar a la mujer, siempre).

Y si tenemos vagina, somos nenas y, por ende, tenemos que comportarnos como tales (no vamos a entrar en detalle en este punto porque nos llevaría horas de lectura y reflexión). Ese proceso de socialización ha confundido muchas veces el hecho de ser varón con ejercer la violencia (o padecerla, pero como machos).

¿Por qué se analiza el asesinato de Fernando Báez Sosa con el problema de la masculinidad hegemónica? ¿Cómo se socializa a los más masculinos de todos los deportistas? (hablamos de los rugbiers) Rituales de iniciación, donde lo que se pone en juego es soportar golpizas, humillaciones, hasta violaciones… violencia y más violencia. Cuando esas mismas personas salen a la calle tienen que probar su masculinidad como sea (porque otro punto interesante es que la masculinidad o el título de “ser hombres” nunca se gana de manera definitiva, siempre está a prueba, y es tan frágil al punto de ser cuestionada por usar una camisa rosa o escuchar determinada canción… o no querer matar a golpes entre muchos a un chico de tu edad solo e indefenso).

La violencia viene de la mano del modelo de masculinidad hegemónica, no hace falta ir al caso más extremo como el que mencionamos, para darnos cuenta de esto. Tal como mencionamos más arriba, las muertes por accidentes violentos son protagonizadas por varones, y esto se completa con la afirmación de que las cifras de muertes violentas de mujeres son producidas en su mayoría por varones.

Es momento de hacernos preguntas, las mujeres ya comenzamos, esperamos de nuestros compañeros varones lo mismo. En primer lugar, preguntarnos cómo nos afectan como varones los mandatos de masculinidad, pero sobre todo, y más urgente, más allá de lo que me afecta a mí como varón, cómo afecto yo a mi entorno con mis acciones (inconscientes muchas). La pregunta que queda en el aire es ¿Si todxs somos víctimas, quién es responsable?

 

(*) Politóloga UNR.

Autora del texto citado: Susy Landa Autoría del dibujo descrito: Cornspiration