Geopolítica de Francisco, revolucionaria y esperanzadora. Por Humberto Podetti (*)

La asociación de la política con la geografía tiene orígenes remotos. Las grandes civilizaciones americanas, como la inca, la maya o la azteca, tenían una visión que integraba la naturaleza –terrestre y celeste- con la organización social y política. Compartían también la estructura y funciones de la unidad geopolítica básica.

El ayllu inca o la milpa maya y azteca reunían, enlazadas por el trabajo comunitario y solidario, una determinada porción de la naturaleza y un grupo de personas o familias. Ideas semejantes tuvieron civilizaciones contemporáneas de otras partes del mundo. Pero el concepto de geopolítica que conocemos hoy fue formulado por primera vez por el geógrafo alemán Federico Ratzel, a fines del siglo XIX, asociando la forma política estado-nación, la geografía como continente o región y la economía como revolución industrial. Sostuvo que el siglo XX vería un sistema de poder mundial estructurado en torno de grandes estados industriales continentales o regionales.

Su visión del proceso de expansión territorial de Estados Unidos, primero a costa de territorios españoles y franceses –el Oregón hispánico de Alaska al sur y la Luisiana francesa- y luego a costa de México -a quien le quitó la mitad de su territorio-, se transformó en concepción geopolítica.

Simultáneamente con la irrupción de Estados Unidos, la astucia y el poder económico inglés y norteamericano frustraron el proyecto del movimiento independentista americano de constituir un gran estado continental industrial bioceánico, incluyendo a España y Portugal. Nuestros diputados lo propusieron en las Cortes de Cádiz de 1812 y de Porto de 1820, incorporando además la supresión de la esclavitud y el reconocimiento de la ciudadanía a indios, negros, mulatos, mestizos y blancos. Pero ambas Cortes constituyeron a España y Portugal como naciones europeas, pretendieron relegarnos a colonias de ambas metrópolis y sancionaron Constituciones esclavistas.

Siguieron el ejemplo de la Constitución norteamericana. Ya lo había hecho la Revolución francesa, manteniendo la esclavitud en Haití y en todas sus colonias alrededor del mundo, para que los frutos del trabajo esclavo pagaran los derechos del hombre y el ciudadano europeos.

Desde entonces, hubo dos grandes visiones de la geopolítica. La primera, dominante, con los pueblos ausentes. Por ignorantes y débiles no debían participar del poder y para representarlos o dirigirlos estaban las vanguardias esclarecidas o las aristocracias ilustradas. La segunda, la de los pueblos, sublevada, resistente, esperanzada. A la primera debemos las Constituciones que declaran la soberanía de los pueblos, pero establecen que sólo sus representantes sin mandato obligatorio pueden ejercerla. La segunda está encarnada en los grandes movimientos populares del siglo XX y de este siglo.

Recuperaron la geopolítica como visión integradora que considera al pueblo en pleno ejercicio de la soberanía, a la geografía como naturaleza con la que debemos trabajar armoniosamente y a la organización económica y social como realizadoras de la justicia, la solidaridad y la reciprocidad.

La ‘conciencia geopolítica’ de los pueblos puede advertirse en las grandes migraciones desde fines del siglo XX a nuestros días. Imposibilitados de vivir en sus patrias de origen por el sistema económico global, migran al centro del mundo. Un ejemplo es el regreso de miles de mexicanos a su ‘tierra natal’ al norte del Río Grande, desconociendo la frontera establecida por los EEUU luego de derrotar militarmente a México. Entre 1980 y 1990 iniciaron una marcha pacífica, silenciosa, constante, numerosa, que se mantiene de modo permanente. En 1980 eran el 6,5 % de la población norteamericana. Hoy son el 18,7 %.

El 52 % del crecimiento de la población norteamericana corresponde al aporte ‘hispano’. El otro 48 % se distribuye, en ese orden, entre asiáticos, afroamericanos y en un porcentaje reducido a blancos anglosajones.

En 2020 el castellano es la lengua materna más hablada en EEUU y en 2030 será la lengua más hablada, materna o no materna. Todos los esfuerzos desplegados por EEUU para impedirlo han resultado inútiles. En 2004 Samuel Huntignton publicó ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense, sobre el significado de esa marcha hacia el norte del pueblo mexicano, y de muchos otros latinoamericanos. Sus conclusiones fueron precisas: “La inmigración mexicana está provocando la reconquista –el destacado es de Huntington- de zonas que los estadounidenses habían arrebatado por la fuerza a México en los decenios de 1830 y 1840…La mexicanización está difuminando la frontera entre México y Estados Unidos y está introduciendo una cultura muy diferente… a la vez que avanza la inmigración procedente de otros países latinoamericanos, también lo hacen tanto la hispanización en todo Estados Unidos como las prácticas sociales, lingüísticas y económicas propias de una sociedad anglohispana”.

Luego de la publicación del libro de Huntington, el Congreso de EEUU dispuso levantar un muro en la frontera con México. Como respuesta, el 1 de mayo de 2006 los ‘hispanos’ convocaron a un “día sin mexicanos”. Fue la movilización más grande de la historia de EEUU: se reunieron 5.000.000 de personas en plazas y calles de todas las ciudades norteamericanas.

La ‘geopolítica de los pueblos’ fue renovada por Alberto Methol Ferré, uno de los padres fundadores del proceso de reunificación latinoamericana. A partir de su estudio del proyecto de Perón, presentó una visión geopolítica de América, que sigue señalando el futuro. Intervino decisivamente como laico en las Conferencias Episcopales de Puebla, Santo Domingo y Aparecida. En Puebla, encuentro que cerró San Juan Pablo II, participó de la peregrinación al Santuario de Guadalupe, que marcaría indeleblemente el pontificado del papa polaco.

También Amelia Podetti, desde la cátedra y desde las páginas de Hechos e Ideas, contribuyó decididamente a la formulación de un pensamiento geopolítico latinoamericano, cuyo protagonista eran los pueblos, particularmente los de las periferias. El Papa Francisco acogió desde hace muchos años el pensamiento de Methol Ferré y de Amelia Podetti, con el de muchos otros pensadores latinoamericanos, como genuinos frutos del asombroso encuentro de la teología cristiana con las teologías de nuestras civilizaciones originarias, e impulsa desde entonces, la unidad de la Patria Grande: geografía y economía al servicio de la comunidad, organizada a partir de la solidaridad y la reciprocidad. La geopolítica contemporánea sigue informándonos cómo disponen los poderosos de la geografía –y también del espacio y el ciber-espacio-, de las personas y de los recursos naturales del mundo.

Pero nuestro tiempo ha recuperado definitivamente la geopolítica de los pueblos. Porque los pueblos de todas las naciones han hecho oír su voz al unísono por primera vez en la historia. Porque no solo migran hacia el centro del mundo e imponen lentamente su natalidad para teñir y transformar otros pueblos y culturas. También se pronuncian en concentraciones y movilizaciones, en las que reclaman la sujeción del mercado al poder político, la participación en las decisiones de toda naturaleza, el acceso a la propiedad, los bienes y el conocimiento, el trabajo digno, la tierra para cultivar.

Desde 2013 tienen un líder espiritual, que escucha su voz y la voz de la naturaleza, que comprende sus dolores e ilumina los caminos a seguir. Con él formularon las Propuestas de Acción Transformadora de los Movimientos Populares del mundo en diálogo con el papa Francisco en 2016. En ese proceso de encuentro y diálogo con las multitudes del mundo, de escucha de la voz de los pueblos, Francisco ha devuelto al tiempo su sentido, convirtiéndolo en procesos de transformación y de recuperación del espacio, convertido en madre tierra, y lugar de encuentro de todas las culturas.

(*) Presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Iglesia Argentina. Profesor de Cristianismo y pensamiento latinoamericano en la UNLanús, Coordinador del Diplomado en Laudato Si de la Universidad de Morón y el Obispado de Morón; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Hechos e Ideas; miembro de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina.

Tierra, techo y trabajo, la tríada de la justicia que promueve el Papa para construir un mundo mejor, concita adhesiones en todo el mundo.

Biden y el Nuevo Orden Mundial. Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

En dos meses de gobierno Joe Biden logró lo que sus cinco antecesores desde el final de la guerra fría no pudieron: comenzar a darle forma a un nuevo orden internacional. Ahora, está por verse si es el mejor y más recomendable para Estados Unidos. Desde la década del caos que siguió al fin de la Unión Soviética, pasando por el intento de imponer un sistema unipolar a partir del 11 de septiembre de 2001 que fracasó al estallar la crisis económica y financiera de 2008 hasta la resistencia posterior de quienes encabezados por China y Rusia -que por fin decidieron asumir un rol protagónico en defensa de la humanidad y a favor de la multipolaridad- el mundo no ha podido estructurar un definitivo sistema internacional. Sin embargo, las primeras acciones de Joe Biden han apuntado en esa dirección.

Las grotescas declaraciones del senil presidente estadounidense contra China y Rusia, en particular contra sus presidentes, son muestra clara de esa intención. Lo curioso es que ello no ocurre por una política cónsona, pensada y diseñada al respecto, sino por lo que podría denominarse una “No política”, es decir la incapacidad de “leer” lo que está ocurriendo en el planeta, ante lo cual, el único instrumento que les queda es el de la soberbia y la prepotencia, además de la fuerza y una grandilocuencia que navega en portaviones pero camina con pies de algodón. La reunión de Alto Nivel entre China y Estados Unidos realizada hace poco en Alaska, podría considerarse el acta de defunción de la diplomacia.

Estados Unidos violentó todos los protocolos previamente establecidos. En primer lugar, queriendo dar una muestra clara de superioridad y asedio a su contraparte, poco antes de comenzar las deliberaciones, anunció sanciones contra altos dirigentes de la Asamblea Nacional de China por la aprobación de una ley que regula las elecciones internas de Hong Kong. Luego, ya en el lugar de los debates, el secretario de Estado Anthony Blinken habló 16 minutos en vez de los 2 que se habían acordado con anterioridad como preámbulo y saludo a la contraparte. Todo esto, a pesar del reclamo del canciller chino Wang Yi que le señalaba el reloj al estadounidense como forma de hacerle saber el incumplimiento de las normas acordadas.

El máximo representante de China en el cónclave Yang Jiechi se vio impelido a abandonar el protocolar saludo de 2 minutos que había preparado, para intervenir por los mismos 16 que había usado Blinken, viéndose obligado a refutar con dureza la furibunda diatriba anti china del secretario de Estado, desmontando una por una las falsas acusaciones que se manifestaron a partir de la visión unilateral de Washington sobre el mundo y en particular sobre China.

A continuación, de acuerdo al orden del debate, la prensa debía salir del recinto, pero una vez más, de forma unilateral, Blinken le ordenó que permaneciera en el lugar para que fuera escuchada la segunda parte de su perorata sobre temas que no estaban agendados, al final de lo cual, la delegación de Estados Unidos le dijo a la prensa que ya podía salir. China se negó a ello y los representantes de los medios de comunicación pudieron escuchar el discurso equilibrado y sosegado, pero extremadamente duro con que los representantes chinos respondieron al atribulado Blinken quien esperaba verlos amedrentados ante la verborreica andanada altanera y arrogante a la que habían sido sometidos.

Comenzaron los gestos nerviosos del novel secretario de Estado, la expresión corporal delataba incredulidad, sorpresa e inseguridad, comenzaron las llamadas a los asesores quienes a través de papelitos aportaban insumos para que el novato delegado de Washington tuviera alguna capacidad de respuesta ante los experimentados diplomáticos chinos.

Estados Unidos trató de debatir sobre temas no contemplados en la agenda que decían tener relación con terceros países y regiones, en particular el Asia Pacífico y la península de Corea, pero los chinos les dijeron que habían venido para discutir temas bilaterales y a encarar la responsabilidad que las dos potencias tenían en la salvaguarda de la paz en el planeta, la lucha contra la pandemia y el cambio climático. Este último punto fue el único sobre el que llegaron a un mínimo acuerdo. No hubo declaración final ni rueda de prensa conjunta, tampoco fecha para un próximo encuentro.

Los chinos meditaban en silencio pensando que Jiechi significa “tigre bueno”. El Consejero de Estado y máxima autoridad del Partido Comunista en materia de política exterior Yang Jiechi había sido un buen tigre en defensa de los intereses de su país y su pueblo, aunque después del encuentro, las relaciones bilaterales quedaron en el punto más bajo de la historia con todas las consecuencias que ello tiene.

Otro tanto protagonizó Biden en una entrevista de televisión al certificar que el presidente ruso era un “asesino”, en un acto sin precedentes en las relaciones internacionales, lo cual obligó a Rusia a llamar a consultas a su embajador en Washington a fin de evitar el “deterioro irreversible” de las relaciones bilaterales. La situación ha llevado a que el canciller ruso Serguei Lavrov al referirse a los hechos, afirmara que: “En gran medida [Estados Unidos] ha olvidado cómo se realiza la diplomacia clásica. La diplomacia implica la relación entre las personas, es la capacidad de escuchar a otros, tomar en consideración su punto de vista, encontrar un equilibrio de intereses”, todo lo cual pareciera que está siendo dejado de lado, en una intencionalidad de abonar al conflicto y a la fuerza como instrumentos que beneficien al Complejo Militar Industrial, única manera de sostener la maltrecha economía de Estados Unidos.

En este sentido, Washington parece haber optado por la confrontación, fortaleciendo la alianza Quad con Australia, Japón e India. Incluso permitiéndose amenazar a China. Kurt Campbell, coordinador del Consejo de Seguridad Nacional para el Indo-Pacífico del gobierno estadounidense señaló que: "Hemos dejado claro que Estados Unidos no está preparado para mejorar las relaciones [con China] en un contexto bilateral al mismo tiempo que un aliado [Australia] cercano y querido está siendo sometido a una forma de coerción económica” agregando que le han hecho saber al gobierno chino que Estados Unidos "no dejará sola a Australia en el campo de batalla", en referencia a la aparente guerra comercial que Beijing mantiene con Canberra, por la decisión de ésta de inmiscuirse en los asuntos internos de China, como forma de expresar sumisión a Estados Unidos.

De la misma manera, Japón, habitualmente cauto en los asuntos de su vecino asiático, sacó la voz envalentonado por el apoyo recibido de Estados Unidos, adscribiendo al fervor anti chino que ha escalado en los últimos años.

En una amenazante declaración conjunta tras la visita de los secretarios de Estado Anthony Blinken y de Defensa Lloyd Austin, Estados Unidos y Japón desafiaron el martes 16 de marzo a China afirmando que cualquier intento de "coerción" y "desestabilización" de la región sería respondido. En una declaración conjunta con sus homólogos japoneses, Toshimitsu Motegi y Nobuo Kishi, Blinken y Austin advirtieron que "el comportamiento de China, cuando es incompatible con el orden internacional existente, presenta desafíos políticos, económicos, militares y tecnológicos". En este marco, Estados Unidos también se ha abocado a fortalecer la “Alianza de los Cinco Ojos” organización de inteligencia supranacional secreta formada junto a Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda a fin de intercambiar información sensible contra China que recopilan y comparten. Pareciera que la opción por el multilateralismo que exponen Biden y Blinken se orienta en esta dirección. En respuesta, el canciller ruso Serguei Lavrov realizó una visita a Beijing, los días 22 y 23 de marzo.

Durante su estadía en China, Lavrov afirmó que los dos países harían todo lo necesario para mantener las relaciones bilaterales “a resguardo de amenazas por partes de naciones inamistosas”. Su anfitrión, el canciller chino Wang Yi aseveró que la coordinación estratégica integral entre los dos países “no se debilitará ni contraerá, sino que se fortalecerá y expandirá”.

Como expresión de ello, se pusieron de acuerdo para desarrollar la cooperación estratégica en temas políticos y para luchar conjuntamente contra el Covid19, así como para impulsar de forma conjunta el desarrollo económico y social, manteniendo la comunicación y la coordinación estratégica oportuna porque ella “no es solo importante para China y Rusia, sino también benéfica para el mundo”. Ambos países se propusieron propugnar "un orden mundial multipolar más justo, democrático y racional". ¿Y qué pasa con Europa? La verdad, cada vez juega menos en el escenario global.

Está fuera de esta ecuación, actuando como caja de resonancia de Washington y debatiéndose entre su subordinación irracional a Estados Unidos y la necesidad de ser consecuente con sus intereses, abriéndose a la cooperación con China y Rusia. Así lo atestiguan las fuertes presiones que están recibiendo por darle continuidad al gasoducto Nord Stream 2 que le proveerá gas a mitad de precio del que le vende Estados Unidos. La inaudita “defensa” del gobierno de Merkel se manifestó afirmando que su gobierno no puede hacer nada porque ese es un proyecto privado. Por otro lado, también está en juego el recientemente firmado acuerdo comercial China-UE ampliamente beneficioso para ambas partes, sobre todo después que China desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial de la Unión Europea.

En estos casos no se sabe si triunfará el pragmatismo o el miedo que las élites europeas sienten hacia Washington. Acostumbrados a su prepotencia colonial, imploran cobardemente cuando tras la aplicación de sanciones en cumplimiento de órdenes de Washington, reciben respuestas de países como Rusia, Venezuela y China que no se dejan avasallar exponiendo a Bruselas al ridículo de manifestar su incomprensión por las réplicas recibidas.

Así, el planeta va tomando un cariz diferente en el que los bandos que pugnan por el unilateralismo o la multipolaridad comienzan a ubicarse, en el gran tablero del ajedrez mundial, en un enfrentamiento en que Estados Unidos está optando por su intento de bipolarizar. Lo preocupante es que en este caso, las opciones son la paz o la guerra.

Un camino lleno de incertidumbres. Por Antonio Muñiz (*)

 

Apuntes para los tiempos post covid 19 .

“Cuando un mundo se desmorona y ese reciente pasado comienza a desvanecerse, otro se vislumbra en la ciudad abrumada” El origen de la tristeza. Pablo Ramos

La pandemia del coronavirus ha puesto al mundo de cabezas. Un mundo que ya sufría una crisis sistémica, ahora ésta se vio agudizada por la presencia del virus corona. Todos los paradigmas que sustentaban la sociedad global han entrado en crisis o por lo menos están siendo cuestionados. En la historia hay múltiples ejemplos de sociedades golpeadas por crisis sanitarias o bélicas que no volvieron a ser las mismas.

Estas crisis provocan sin lugar a dudas cambios profundos, a veces visibles, otros, muchas veces, corren como ríos subterráneos esperando salir a la superficie, como geiseres repentinos. Siempre son como hitos que marcan un cambio de épocas, a veces son cambios positivos, otros parecen marcar retrocesos históricos. Pero de eso pareciera estar hecha la historia humana, no es un proceso lineal hacia el progreso, como se creyó durante casi todo el siglo XIX y gran parte del XX, sino de marchas y contramarchas, de grandes saltos hacia adelante, así como profundos retrocesos.

Esto es así, porque al no haber un determinismo histórico, la historia es solo construcción humana colectiva. Esto nos obliga a pensar y analizar el mundo que viene, como será la sociedad futura, ir sacando conclusiones y estrategias en clave política y económica, en especial nuestra América del Sur.

El fracaso de la actual gobernanza global El fracaso evidente de los organismos internacionales y regionales, que marcaron la gobernanza global post segunda guerra mundial: FMI, BM, OMC, NU, o la misma OMS y a nivel regional la OEA. Todas ellas muestran una incapacidad para aportar ayuda y respuestas ante la situación imperante. En general fueron organizaciones que, más allá de sus fundamentos teóricos, fueron instrumentos de dominación imperial del sistema global neo liberal.

El mundo del que formaban parte y eran “gendarmes” está en ruinas. Es por ello que es necesario construir un nuevo orden mundial, mediante instituciones más abiertas, representativas, racionales, que puedan dar respuestas a los graves problemas en base al interés global, y no de los centros de poder imperial.

En cuanto a Latinoamérica, con una OEA cada vez más desdibujada, sometida a los intereses de EEUU, es necesario volver a la experiencia de la UNASUR, con su capacidad de articular políticamente entre los países de la región para enfrentar las situaciones de emergencia.

Crisis final del neoliberalismo

Si algo queda en claro es que el neoliberalismo, como proyecto político imperial muestra hoy todo su fracaso. Es indudable que la crisis ya es una cuestión sistémica, donde el modelo muestra su inviabilidad histórica y su nula capacidad para generar proyectos de integración e inclusión social y económica. El neoliberalismo, como racionalidad, muestra que está asentada sobre falacias y sofismas. El individualismo, el egoísmo, el “sálvese quien pueda” no funcionan.

Es mentira la supremacía de lo individual sobre el interés colectivo. La cooperación es más racional que la competencia. El mercado no existe como asignador de recursos, no puede autorregularse, no existe la mano invisible que genera el equilibrio virtuoso; y tampoco se cumple el mito de que los agentes privados logran sus beneficios por asumir más riesgos. En realidad todo el andamiaje “teórico” quedó expuesto y cuestionado a partir de sus pésimos resultados. Cuarenta años de globalización neoliberal solo pueden mostrar desastres en todos los ámbitos.

El fin del imperio yanki

EEUU no solo pasa por una grave crisis política y económica, sino que además viene arrastrando desde hace años una profunda crisis social y humanitaria. Esto es el resultado del modelo neo liberal a ultranza que rige a EEUU, sobre todo a partir de la revolución conservadora de Ronald Reagan y continuada, con matices, por los siguientes gobiernos.

Las revueltas populares que se producen en casi todas las ciudades del país, contra el racismo y la violencia extrema de la policía sobre las minorías negras y latinas, esconden otros datos muy preocupantes. El 44% (140 millones de personas) del pueblo vive en la pobreza y la desigualdad, de ellos 41 millones viven por debajo de la línea de subsistencia. A su vez la violencia y la droga se enseñorean en las calles.

En EEUU muere 1 persona cada 15 minutos por armas de fuego. En 2019 murieron 39.052 personas por disparos. El FBI estimó 1.206.836 de crímenes violentos ocurridos en todo el país durante 2018, incluidos asesinatos, violaciones, robos y asaltos con agravantes. Según datos oficiales, 630.000 personas murieron por sobredosis de estupefacientes en todo el país entre 1999 y 2016. En 2017 fallecieron 72.000 por esta causa, es decir, en promedio 200 personas por día. La esperanza de vida en Estados Unidos está retrocediendo cada vez más con respecto a otros países industrializados.

El país avanza lentamente hacia un desastre: su clase media se está extinguiendo silenciosamente. Los cambios brutales en el mercado laboral estadounidense fueron la causa de esta crisis. Si anteriormente los empleados sin educación superior podían tener una vida digna, ahora se enfrentan a dificultades cada vez mayores. Los salarios de la parte más pobre de la población estadounidense, ajustados a la inflación, no han subido en medio siglo.

Entre 1979 y 2017, los hombres blancos de este estrato social incluso perdieron el 13% de su poder adquisitivo, según los investigadores. Trump fue la respuesta de esos sectores medios a esta situación, el repudio a las viejas guardias demócratas y republicanas que gobernaron EEUU en los últimos cuarenta años. Así como Obama apareció en su momento como alternativa superadora, que rompiera con el pasado y decepcionó todas las expectativas puesta en él , Trump, solo pudo mostrar la estupidez congénita de la clase dirigente yanqui, llevándola al paroxismo y al ridículo. Y si esto fuera poco la privatización total del sistema de salud, que dejó afuera a millones de norteamericanos e inmigrantes asentados hace décadas en el país.

El Covid 19 y la falta de políticas de protección sanitaria han generado hasta hoy 4.000.000 de casos, con más de 150.000 fallecidos. Siendo las proyecciones futuras muy alarmantes en cuanto a vidas humanas. A su vez como consecuencia de la pandemia se proyectan más de cuarenta millones de desocupados.

Lo que muestra el daño que está haciendo la pandemia sobre la economía, y a su vez muestra la estupidez de su presidente de sostener la economía sobre la salud. La grave crisis económica, energética, militar y humanitaria que atraviesa EEUU anuncia la inminente pérdida de su hegemonía, en manos de China. Esta pérdida los lleva a retroceder y atrincherarse detrás de sus fronteras, y he aquí un riesgo para nuestro continente, replegarse sobre lo que ellos consideran su “patio trasero”, Latinoamérica. Todo con un discurso pueril, agresivo y xenófobo contra el resto del mundo. Nada más peligroso que un tigre herido y acorralado, el fracaso los muestra cada vez más torpes, pero también más peligrosos.

 

El surgimiento de China

 

Tras las reformas en la República Popular de China iniciadas a fines del siglo XX, hacia comienzos del siglo XXI el país oriental se ha ido consolidando como una gran potencia global. China se presenta como un poder desafiante ante potencias como Estados Unidos, Europa o Japón y un actor relevante para el “sur global”. China es hoy un actor central en el escenario internacional actual. En casi todos los frentes. Si bien fue el lugar de origen del virus, su rápida y eficiente capacidad para enfrentarlo y disminuir sus efectos de expansión, así como los daños sobre la vida y la salud de su población, hacen que salga fortalecida a nivel global.

El proceso de desarrollo chino es explosivo según queda visto y se ha acelerado de modo realmente vertiginoso, confirmando el muy rápido ascenso en materia comercial, económica y política. Este desarrollo vertiginoso se basa en una planificación económica muy centralizada por parte del Estado, empresas privadas muy eficientes y una inversión importante en educación, ciencia y tecnología.

Como dato indicativo China fue en 2019 el país más innovador, ya registró cerca de 60000 nuevas patentes desplazando a EEUU a un segundo lugar. En ese marco China viene ganando la guerra por el desarrollo de las nuevas tecnologías 4y 5G. Al mismo tiempo ha lanzado una audaz estrategia de relacionarse con el mundo. Una estrategia, conocida como “la ruta de la seda”, esta iniciativa consiste en el establecimiento de dos rutas combinadas, una de infraestructuras terrestres y otra marítima, que mejorarían las conexiones chinas tanto en el continente asiático como hacia el exterior, dando a China más influencia económica y política a nivel mundial.

China esta invirtiendo grandes sumas de dinero en infraestructura caminera, ferroviaria, portuaria, obras públicas, etc, en países del sur, incentivando el comercio en busca de materias primas para sus industrias, pero también mercados para su producción. Para el desarrollo de la ruta marítima, el Gobierno chino está llevando a cabo grandes inversiones en el sudeste asiático, el océano Índico, el este de África y algunos puntos de Europa.

Las rutas terrestres conectan China con puertos de esas regiones, así como con otros países asiáticos y Europa a través de Asia Central. Una de ellas es la ruta ferroviaria entre la ciudad china de Yiwu y Madrid, de más de 13.000 kilómetros, la más larga del mundo. Dentro de la BRI (Iniciativa de la Franja y de la Ruta), China ha financiado también la construcción de gasoductos y oleoductos en Rusia o Kazajistán. Además, el proyecto todavía está en fase de desarrollo, aunque ya ha logrado un gran despliegue de infraestructuras.

También China está ganando influencia en Latinoamérica, a pesar de la oposición de los intereses yanquis en la región con, por ejemplo, la construcción en Argentina de dos grandes represas en Santa Cruz y el ferrocarril Belgrano Norte que conectaría con una red ferroviaria que uniría los puertos del Pacifico a través de Perú, Bolivia, Brasil, hasta San Pablo, ya en el Atlántico. Todo hace prever que en la próxima década China podrá desplazar a EEUU en su hegemonía mundial. Por lo menos estamos en una etapa de fuerte confrontación comercial y económica entre las dos potencias, de difícil pronóstico, aunque la opción China paga unos pesos más en las apuestas.

 

Europa

 

La UE viene atravesando una serie de crisis desde hace más de un década. Hoy esta crisis pone en juego su existencia misma.La lógica tecnocrática impuesta por la burocracia de Bruselas funciona como un corset que ata el desarrollo de la UE. La ideología neoliberal y los intereses de la banca alemana, el verdadero poder central, están conduciendo a la UE a una parálisis y a una incapacidad para dar respuestas a las demandas sociales. Se fue desmantelando, por ejemplo, el estado de bienestar en casi todos los países, siendo el sistema de salud el más devastado, viéndose hoy el resultado con su incapacidad para dar respuesta a la pandemia. El neoliberalismo de su dirigencia ha condenado a Europa a una crisis económica sistémica de más de una década.

Esta parálisis ha provocado la salida de Inglaterra de la comunidad asestando un golpe duro; las políticas de ajuste brutal impuestas sobre Grecia, y en menor medida España e Italia, muestran la misma lógica de saqueo hacia los pueblos más débiles. Está claro que no es casual que Italia y España sean los países más golpeados por la pandemia del Covid19.

La Unión Europea muestra hoy su incapacidad para coordinar y armonizar políticas para enfrentar problemas comunes: el estancamiento económico, la pandemia, la ola inmigratoria, los conflictos sociales de sus minorías muchas veces expresados en actos de violencia callejera. Es indudable que la Comunidad Europea, si no rompe la lógica economicista neoliberal que la rige, está condenada a una pérdida de protagonismo y decadencia, hasta su posible desintegración.

La salida para Europa es una reconversión de sus objetivos fundacionales, pasar de ser un mercado común a una sociedad de naciones, construyendo un proyecto común que privilegie una unidad política y social en beneficio de los pueblos y no de los intereses de la banca.

También una mirada hacia el este, hacia la Federación Rusa y su región, puede dar a la vieja Europa otros aires y otros objetivos. Firmar el certificado de defunción de Europa es prematuro, es un continente que siempre se ha caracterizado por una gran capacidad de resiliencia.

 

Latinoamérica en su laberinto

El fin de ciclo de los llamados gobiernos progresistas y la consolidación de un nuevo conservadurismo en la región, marcan la etapa. Salvo Argentina con el triunfo del FTD, con la fórmula Fernández – Fernández y una orientación peronista, y Venezuela, que aun jaqueada y acosada por el imperialismo yanqui, resiste, el resto de los países llevan adelante políticas alineadas con el consenso de Washington. Sin embargo en los últimos meses se han producido violentas revueltas populares en protesta por la situación económica actual, la falta de perspectivas de futuro para amplios sectores de población, en especial los jóvenes, que les marca el neoliberalismo: Chile, Ecuador, Colombia, Perú, Brasil, etc.

Es indudable que la crisis del neoliberalismo en América, ya es una cuestión sistémica, donde el modelo muestra su inviabilidad histórica y su nula capacidad para generar proyectos de integración e inclusión social y económica.

Puede verse con claridad cómo el modelo de acumulación por desposesión funciona con total impunidad y los daños que sobre el tejido social, económico o ambiental provoca. Esta lógica de saqueo se expresa en violentas acciones de despojo sobre los pueblos de Latinoamérica, lo que genera nuevos y variados escenarios de resistencia y lucha en casi todos los países.

La primarización de la economía y la desindustrialización, la desocupación, la precarización laboral y la pérdida salarial, la apropiación ilegal de la tierra y el desplazamiento de poblaciones enteras, la lógica extractivista de los recursos naturales con una fuerte agresión al medio ambiente. La expulsión de mano de obra de obra hacia la periferia de las grandes ciudades, fenómeno de vieja data, genera grandes cinturones de pobreza alrededor de las grandes ciudades latinoamericanas, con la consecuente producción de pobreza estructural, falta de viviendas, escuelas, hospitales, aguas servidas, basurales a cielo abierto, contaminación, violencia urbana e individual, delito, etc.

Así Latinoamérica se convirtió en el continente más desigual, con una minoría de grandes fortunas, una clase media en extinción desde hace décadas, e ingentes mayorías empobrecidas, en situación de pobreza e indigencia. La pandemia puso de manifiesto y agudizó todos los problemas que ya estaban. Ningún país saldrá indemne de esta situación. Aunque todo parece indicar que a algunos países les pegará mucho más que a otros de acuerdo a como pudo o quiso enfrentar la emergencia. En el caso de Brasil o Chile, que minimizaron las consecuencias sanitarias y privilegiaron la actividad económica, el resultado fue una crisis sanitaria con miles de muertos y una caída de la actividad económica también muy alta. Brasil, a pesar de la lógica economicista, presenta una caída del 15 % en su actividad, una caída terrorífica. Lo mismo pasa en Chile y Perú, donde el sistema sanitario está saturándose aceleramente y la actividad económica también está disminuyendo.

¿Hacia un nuevo consenso global? Un camino lleno de incertidumbres.

Está claro que estamos ante un desorden económico y político global. Según muchos autores ante una crisis civilizatoria que pone en riesgo nuestra presencia como especie.

El mundo construido bajo el Consenso de Washington está en ruinas. Por ende lo que está en debate es la elaboración de un consenso Post covid19, que siente las bases de un nuevo sistema global. Es clave en las nuevas premisas la preservación de la vida y la salud de toda la población, políticas de preservación del medio ambiente, sistemas productivos sustentables, que tengan claro que los recursos naturales son finitos, una primacía de la economía real en desmedro de la lógica financiera, o sea una economía más regulada, sobre todo los flujos financieros y los paraísos fiscales, una vuelta al estado nación, activo y presente, que garantice el equilibrio y los recursos.

En este nuevo marco global vamos hacia una multilateralismo, dejando atrás el mundo unipolar de las últimas décadas. Como lo preanuncioó Perón, "el mundo marcha hacia un continentalismo. Es decir la constitución de bloques de países, éstos han de unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin pequeños imperialismos locales". (JDP, Modelo argentino para el Proyecto Nacional, 1974).

Si bien la realidad geo política es dinámica, hoy podemos vislumbrar a grandes rasgos, EEUU y los países de América del Norte y tal vez algunos centroamericanos, China y los países del Asia Pacífico, India y su región, Europa, La Federación Rusa, La Unión Africana y por supuesto la Unasur. Siguiendo el pensamiento de JDP, que marca un camino ante la incertidumbre, el continentalismo es un paso previo a una universalización. “Difícil y sutil tarea es ésta para los hombres del futuro: lograr una integración que no consista en una nueva manifestación enmascarada de imperialismo; (sino) compatibilizar el universalismo con la indispensable preservación de la identidad de los pueblos”.

Para Latinoamérica la única salida a la gran crisis y ante el mundo que se vislumbra es la unidad de los pueblos. “En el caso de nuestro continente la salida es la unidad sudamericana. Debemos actuar unidos para estructurar a Latinoamérica dentro del concepto de comunidad organizada, y es preciso contribuir al proceso con toda la visión, perseverancia y tesón que hagan falta”. JDP “Tenemos que asumir el principio básico de que «Latinoamérica es de los latinoamericanos»”. “Estamos en la aurora de un nuevo renacimiento, pero seríamos muy ingenuos si confiáramos en que tal renacimiento resultará un producto espontáneo de la historia del mundo. Esta unidad sólo puede surgir de los pueblos mismos antes que de decisiones arbitrarias. La experiencia histórica así lo enseña". JDP

Estamos una vez más frente a un nuevo dilema civilizatorio con significativas consecuencias geopolíticas en el mundo y, por supuesto, para América Latina. Como latinoamericanos, atesoramos una historia tras de nosotros: el futuro no nos perdonaría el haberla traicionado.

 

(*) Presidente del PJ de Luján