No es una elección, luchamos por la vida en una guerra pandémica. Por Jorge Rachid

 Hay un viejo dicho campestre que dice: “el ladrón ve a todos de su condición” y es una medida de las circunstancias actuales, donde una oposición con posición parlamentaria fuerte, con ejecutivos en gobernaciones y municipios, se ha dedicado desde el inicio mismo de la Pandemia, a combatir cada una de las políticas sanitarias que se decidieron en función de proteger la vida de los argentinos. No sucedió esto en ningún país del mundo, sólo grupos extremistas filo nazis repitieron las consignas que acá se enarbolan desde la oposición.

Uno a uno sus argumentos opositores fueron cayendo: que el daño económico sería insuperable, denostando la vida como prioridad, y hoy se está creciendo a niveles superiores de la “normalidad” desastrosa del heredada; que el virus “no existía”; que la Pandemia era una excusa para limitar las libertades individuales; que las vacunas no servían; quemaron barbijos en Plaza de Mayo; promovieron convocatorias anti vacunas; dijeron que la Sputnik era una vacuna de descarte; empujaron a una presencialidad suicida con sus saldos de muerte y dolor social profundo; plantearon que las vacunas se hicieron vip y todas las cataratas de imputaciones falsas, promovidas por su aparato amplificador y socio mediático.

Sin dudas tuvimos que enfrentar la reconstrucción de un sistema sanitario arrasado, devastado por políticas de desprecio por lo público, epidemias de sarampión y dengue, producto de la desidia y corruptela con millones de vacunas vencidas, hospitales sin insumos, trabajadores de la salud maltratados salarial y emocionalmente, perseguidos y castigados por sus reclamos, reprimidos.

A esa primera batalla la enfrentamos reconstruyendo el sistema, ampliando camas y UTI, construyendo 12 hospitales móviles y terminando 4 que languidecían desde 2015 en un 90% de construcción. No hacen falta, decía la ex gobernadora, como también expresaba que los docentes no le torcerían el brazo del ajuste y por eso clausuró las paritarias.

Es duro tener que recorrer ese camino de recuerdos tristes en medio de una guerra, que supondría el concurso organizado de todo el pueblo argentino sin distinción, ante la invasión de un virus, invisible pero letal, de magnitud insospechada que ocasiona decenas de miles de muertos Sabíamos que al virus sólo se lo vence con ASPO y con DISPO, siendo la batalla final la de las vacunas, esa que al final brinda la inmunidad comunitaria.

Pero esa guerra interna, de “fuego amigo”, de ataque artero por la espalda en plena batalla, que no define sólo anti peronismo, son enemigos de la Patria y el Pueblo, al colocar de rehenes a 45 millones de argentinos. No tienen humanidad quienes proceden especulando con la muerte, son tan canallas como criminales, toman decisiones sabiendo que afectan al conjunto social al cual dicen pertenecer. Dudo de su pertenencia, ya que muchos “huyeron” del país a buscar paraísos fiscales que resguarden sus fondos bien o mal habidos. Solidaridad social cero, no gozan del aprecio de la población, se les ha perdido el respeto ante semejante actitud egoísta, que los lleva a vivir en un auto exilio, que sufrirán, más temprano que tarde, ante la falta de afectos sociales cercanos.

Es entonces cuando debemos analizar nuestros propios comportamientos ante esta situación compleja de guerra, siendo un error avocarse al análisis permanente de la agenda del enemigo, repitiendo como un mantra diariamente sus provocaciones, les hacemos de amplificador. Ellos son minoría política con voz mayoritaria en lo mediático, y quieren hacer creer al conjunto de los argentinos, que nosotros somos minoría.

llama proceso de colonización cultural, de ocupación del espacio simbólico de la conciencia colectiva del pueblo, que nosotros reforzamos repitiendo sus provocaciones, la mayoría de las cuales son producto de elaboraciones de grupos de ideas, que intentan apretar y silenciar nuestra agenda propositiva, mucho más rica en esperanzas y anhelos compartidos de salud y utopías. Entonces en esta guerra tenemos tres batallas por librar y las estamos dando pero a veces cuesta comunicarlas, ante tanto misil periodístico del enemigo.

La primera fue y sigue siendo la reconstrucción del sistema sanitario argentino y su propuesta hacia delante de la formulación de un nuevo plan nacional de salud que integre los subsistemas fragmentados solidarios.

La segunda batalla en pleno desarrollo la que ubica a la Pandemia como campo de una lucha con final ya previsible, en donde la conjunción vacunas, cuidados, y medidas de prevención y cuidado de la vida comunitaria, eviten la mayor cantidad de contagios posibles y de muertes, controlando la situación sanitaria.

La tercera es la que nos resultaba ajena e impredecible al sector salud, tener que asumir una batalla contra nuestros propios compatriotas, que se comportaron como quien irrumpe sucio a un quirófano, infectando al hospital o quien demuele la credibilidad en los médicos tratantes o deteriora diariamente las políticas públicas en salud.

Entonces no se trata de una grieta, porque la misma se compone de dos sectores iguales cuando rompe un témpano o se abre la tierra por una sequía, ambos lados son iguales; ¿acaso somos iguales quienes combatimos por la vida y quienes lo hacen consciente o no por la muerte?, es indudable que no es lo mismo, son dos modelos: uno solidario otro individualista, que son expresiones culturales contrapuestas del movimiento nacional y popular y del neoliberalismo.

Por último pensemos que la democracia está en crisis en el mundo, por éste tipo de comportamientos, que lejos de afianzar virtudes las destruye, en el posibilismo absurdo de sacrificar vidas por una elección, de poner en riesgo al país, con un pueblo afligido y denigrado a diario por la vocinglería mediática colonialista y cipaya, aliada y cómplice de los gestores de la sumisión y claudicación nacional.

Liberación o dependencia, Patria o Colonia siguen vigentes en los desafíos estratégicos del pueblo argentino por la construcción de un destino común de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política en la Patria Matria Grande.

JORGE RACHID PRIMERO LA PATRIA www.lapatriaestaprimero.org CABA, mayo de 2021

Cuando se cumplió un año de la pandemia, en marzo de este año José Amiune hizo un análisis pormenorizado del verdadero trasfondo de intereses en juego que está detrás del ruido de la vocinglería mediática que cubre y encubre, propio de las grandes cadenas de la desinformación y tergiversación al servicio del poder concentrado mediático financiero, que es el que comanda al complejo científico farmacológico empresario corporativo, que fabrica las vacunas que se convierten en una mercancía más en el capitalismo de rapiña. La publicamos aquí en homenaje al pensamiento crítico y a la lucha de ideas.

Vacunas y mercados. Por JOSÉ MIGUEL AMIUNE (*)

Los dogmas neoliberales y el poder de los laboratorios alientan la especulación y retardan la solución de la pandemia.

Muchos lectores recordarán la novela de John Le Carré publicada en 2001 y llevada al cine en 2005. Se llamó, en ambas versiones, El jardinero fiel. Es una historia desgarradora de investigaciones llevadas a cabo por un gran laboratorio, tomando como cobayos a niños nigerianos. Un diplomático inglés, que trata de esclarecer el brutal asesinato de su esposa, termina descubriendo la trama siniestra que encubre las pruebas de un medicamento que se experimenta con niños. Ello le da pie para des-encubrir los manejos de la industria farmacéutica, la falsa beneficencia, la maleficencia de sus procedimientos, la violación de derechos humanos y de la propia Declaración de Helsinki de 1964, formulada por las Naciones Unidas.

Como siempre, la realidad supera la ficción. La formidable denuncia de Le Carré es poco significativa comparada con la que habría que alentar hoy, contra la docena de laboratorios que monopolizan la producción y distribución de vacunas contra la COVID-19. Hace un año que el mundo está inmerso en una de las mayores crisis sanitarias, económicas y sociales que se hayan vivido jamás. A pesar de los gigantescos avances de la ciencia y la tecnología el virus no ha sido controlado, no solo en la periferia empobrecida del mundo sino también en los países y regiones de mayor desarrollo.

¿Cuál es la principal causa de esta impotencia para dominar la expansión y persistencia del virus? La escasez de vacunas para inmunizar al 60% de la población mundial y lograr la solución que se nombra con el vergonzoso término de «inmunidad de rebaño». El propósito de esta nota es compartir con ustedes, amigos lectores, algunas preguntas y reflexiones que me vengo formulando, condensadas en el interrogante fundamental: ¿en una situación de emergencia, solo comparable a una guerra?, ¿quién tiene la responsabilidad de garantizar la provisión de vacunas: el mercado o el Estado? Veamos.

¿Qué hemos estado debatiendo sobre la pandemia?

El nivel del debate sobre el tema tanto a nivel político, científico, económico o sanitario ha sido penoso y decepcionante.

Hemos asistido a un desfile dantesco de teorías conspirativas, desde atribuir todo a una maniobra de los chinos para recrear las condiciones de una nueva guerra fría, hasta sostener que la vacuna rusa Sputnik V producía el envenenamiento de los pacientes. Los foros políticos y mediáticos nos han entretenido con discusiones bizarras, a la que no fueron ajenos algunos líderes de grandes potencias nucleadas en el G-20. Los presidentes Donald Trump, Boris Johnson y Jair Bolsonaro, todos próceres del neoliberalismo, adoptaron políticas de desestimar la peligrosidad de la pandemia de coronavirus, sosteniendo que se trataba de una mera variedad de la gripe, que no ameritaba desacelerar la actividad económica de sus países.

Las consecuencias están a la vista: EE. UU. registra un número mayor de muertes por COVID-19 que las causadas por la Segunda Guerra Mundial; Inglaterra exhibe un descontrol alarmante de contagios y muertes, a la par que exporta su propia mutación del virus, y Brasil se debate entre la impotencia sanitaria de contener el virus y cómo atender a sus millones de contagiados, hasta el punto de tener que solicitar la asistencia de Venezuela para contar con tubos de oxígeno, a fin de auxiliar a los pacientes de la zona limítrofe de ambos países en la Amazonia. En los tres países, la profundidad de la crisis económica y el agravamiento de la situación social son proporcionales a la expansión de la pandemia.

En suma, hemos perdido un año debatiendo teorías conspirativas y falsas prioridades entre salud y economía. Nosotros, estimados lectores, hemos sido víctimas de esa miserable especulación, mientras sigue en riesgo la vida y la salud de millones de seres humanos. Ello configura un verdadero crimen de lesa humanidad, del que nadie se hará responsable.

¿Qué se ocultó en los foros dominantes que debatieron sobre la COVID-19?

Es importante que ustedes sepan que recién se empiezan a tratar temas que eran intocables hasta ahora. Hay un dato que no se aborda en los foros políticos y mediáticos, que es de una gran importancia y sin embargo se oculta. Se sabe ya cómo controlar, contener y, por lo tanto, como superar la pandemia. La ciencia sabe hoy como podría ir resolviéndose, y no me refiero solo a la ciencia virológica y epidemiológica y otras ciencias básicas de la salud pública, sino también a las aplicadas como las ciencias sociales y económicas.

Sabemos, por ejemplo, que no podrá haber recuperación económica sin antes contener la pandemia. Ignorar lo segundo para impulsar lo primero, como lo hizo la administración de Trump, ha llevado a un desastre sanitario, económico y social. No hay ningún país que lo haya conseguido. Los lectores se preguntarán: ¿si conocemos como controlar la pandemia y tenemos los recursos para hacerlo, por qué no se hace? Y otra pregunta que se deriva de la anterior es ¿por qué los medios no están informando sobre ello y los gobiernos actuando? La respuesta al último interrogante tiene que ver con la ideología y la cultura dominantes en Occidente.

El problema central reside en el dogma de la propiedad privada de los derechos intelectuales sobre las patentes, marcado este último por otro dogma que se refiere a las leyes del mercado, como el mejor sistema para la asignación de los recursos. Estos dos dogmas rigen los comportamientos de los establishment político-mediáticos de la mayoría de los grandes países de los dos lados del Atlántico Norte y han jugado un papel fundamental en obstaculizar el control de la pandemia.

¿Por qué escasean las vacunas?

Digámoslo crudamente: porque las grandes industrias farmacéuticas operan en condiciones monopólicas y tienen como objetivo el incremento y la maximización de sus ganancias. Este es un objetivo muy legítimo en las economías de mercado, pero puede entrar en conflicto con el bien común de la mayoría de la ciudadanía, cuando afectan la salud pública y las políticas sanitarias de los gobiernos. Por señalar algunos ejemplos, empresas como Pfizer, Moderna y AstraZeneca, tienen accionistas bien conocidos en el mundo del capital financiero internacional. Pfizer es una de las mayores empresas del mundo (la número 49), con un capital de 194 billones de dólares.

Entre sus accionistas predominan intereses financieros, incluyendo fondos especulativos como Black Rock y bancos internacionales. Moderna (estadounidense), establecida en 2010, tiene previsto alcanzar en 2021 un capital de 20 billones de dólares. AstraZeneca (británica), no es una de las que encabeza las ventas; sin embargo, sus resultados en 2020 dispararon sus ganancias un 159%, ingresando casi 22 billones de euros, un 9% más que el año anterior. Así, obtuvo ganancias equivalentes a 3,144 millones de dólares (2,592 millones de euros) un 159% superior al año anterior, como lo acaba de informar la Bolsa de Valores de Londres. Johnson & Johnson (estadounidense) ingresó 12 billones de dólares. Sus beneficios son enormes. Nunca se habían alcanzado semejantes tasas de rentabilidad.

En realidad, el desarrollo de la parte más esencial en las vacunas más exitosas se ha hecho con fondos públicos, en instituciones públicas de los países ricos y muy en especial en EE. UU. y Alemania. Esto lo reconoce, nada menos, que el Presidente de la Federación Internacional de Empresas Farmacéuticas, el Sr. Thomas Cueni, en un artículo publicado en el New York Times el 10/12/20, titulado «The Risk in Suspending Vaccine Patent Rules», en el que afirma que «es cierto que sin los fondos públicos de agencias e instituciones públicas del gobierno federal estadounidense, como la U.S. Biomedical Advanced Research and Development Authority o del Ministerio Federal Alemán de Educación e Investigación, las compañías farmacéuticas globales no hubieran podido desarrollar las vacunas COVID-19 tan rápido».

El Señor Cueni podría haber añadido que ello ocurrió también con las grandes vacunas que se han venido produciendo desde hace muchos años. La industria farmacéutica, que sin este conocimiento básico no podría desarrollar las vacunas, utiliza dicho conocimiento para avanzar en su dimensión aplicada: la fabricación de las vacunas. Pero lo que el presidente de la Federación Internacional olvida mencionar es que, además de utilizar el conocimiento básico que los Estados han financiado, esos mismos Estados les ofrecen a las farmacéuticas una canonjía al garantizarles el monopolio de la producción, distribución y comercialización de los productos durante muchos años, que pueden llegar a veinte, lo que les asegura beneficios astronómicos, los más elevados del sector empresarial de cualquier país.

Ahí está el origen de la escasez de las vacunas. Es tan simple como esto: la propiedad intelectual, el copyright, garantizado por los Estados y las normas del comercio internacional y sus agentes son los que generan una escasez «artificial» de las vacunas, lo cual permite obtener beneficios astronómicos a costa de esa restricción, que permite fijar precios y cuotas, mientras la pandemia sigue sin resolverse y causa la enfermedad y muerte de millones de seres humanos.

¿Se justifica este estado de cosas? ¿Qué podría hacerse?

La justificación para mantener estos derechos de propiedad intelectual o copyright es que hay que compensar a las empresas privadas por el coste de haber desarrollado y producido tales vacunas, cuando en realidad gran parte de ese costo fue cubierto con fondos públicos, además de tener asegurada, de antemano, la colocación del producto.

Como ha propuesto Dan Baker, el economista que ha analizado con más detalle, rigor y sentido crítico, la industria farmacéutica internacional, los Estados que ya han financiado el conocimiento básico, debieran expandir, en casos como el de la COVID-19, su intervención para incluir, además del conocimiento básico, el aplicado, produciendo ellos mismos las vacunas, lo cual sería mucho más barato, puesto que no habría que incluir en los costos de producción las enormes ganancias empresariales. Otra alternativa sería suspender temporalmente los derechos de propiedad intelectual sobre estas vacunas, y ponerlos a disposición de todos los laboratorios del mundo que estén supervisados por los organismos nacionales de control de drogas y medicamentos y encuadrados en las directivas de la Organización Mundial de la Salud.

Esta última medida reconoce antecedentes en varios países centrales, beligerantes en la Segunda Guerra Mundial. Cuando el esfuerzo nacional se concentró en el equipamiento bélico, tanto la administración de Franklin Delano Roosevelt, como otros países europeos liberaron temporalmente las patentes para la construcción de armas a las empresas que operaban con similares materiales y tecnologías, para que pudieran dedicarse a la construcción de pertrechos de guerra. Así, una empresa fabricante de tractores se reconvirtió, mientras duró la guerra, en una armadora de tanques blindados. En circunstancias de emergencia para la salud y la vida de la población mundial, no se justifica anteponer los derechos de una docena de grandes empresas farmacéuticas, a la supervivencia de la humanidad.

¿Por qué no se hace?

La respuesta es simple, en términos de Michel Foucault, es el producto de la asimetría del poder entre ese conjunto de consorcios globales y la mayoría de los Estados nacionales. El enorme poder político, económico y mediático de dichas empresas opera y condiciona la situación en que el poder político puede tomar decisiones, tanto respecto de los derechos de propiedad intelectual, como sobre los mecanismos del mercado. Ambos son intocables, sobre todo en un contexto mundial donde predominan la ideología, los mitos y dogmas del neoliberalismo. Es más, su monopolización del mercado les permite fijar cuotas y precios diferenciales según los países, permite que exista un mercado negro y tráfico de vacunas que son compradas con fondos de la Unión Europea y son revendidas en África.

La desesperada demanda de los países por recibir un número adecuado de dosis se da en medio de una despreciable especulación sobre la venta y distribución de las vacunas, donde se ponen en juego cinco factores: la confiabilidad de las diferentes vacunas, los plazos de entrega, los precios, las condiciones de transporte y conservación y, por último, los prejuicios y las especulaciones políticas.

Este es un negocio de largo plazo. Hay empresas como Bayer que piensan entrar al mercado el año que viene y es porque las campañas de vacunación durarán varios años, hasta que alcancemos la inmunidad de rebaño. Israel que es el país que va a la cabeza en materia de vacunados, pagó a Pfizer el doble del precio original, que no es por cierto el más barato. Calcularon cuánto les costaba el tratamiento y atención de la pandemia y, sobre todo, cuál era el costo de mantener la economía semiparalizada por el confinamiento y no les tembló el pulso, firmaron y están vacunando a aceleradamente. Es decir, pagaron más para recibir la misma vacuna, pero en mayor cantidad y más rápido.

Es cierto que la COVID-19 atacó a los países ricos, pero llegado el momento la plata manda y el Sur será el último orejón del tarro de las vacunas. Se debería entender que la pandemia es global y para controlarla hay que vacunar en todo el mundo. Nadie se salva. La contracara de lo ocurrido en Israel es lo que pasó en Uganda. La monopolización del mercado ha creado situaciones que deberían denunciarse, como el elevadísimo precio que los laboratorios exigen a los países pobres, superior al precio que exigen a los países ricos.

un informe de UNICEF, la compañía Oxford-Astra Zeneca, que pide 3.5 dólares por vacuna a la UE y 4 dólares a EE. UU., exige 8.5 dólares a Uganda. Es más, a países en los que se llevó a cabo la fase experimental de las vacunas, como Brasil y Argentina, no se los tuvo en cuenta en el costo ni la distribución del producto. Ni que hablar del intento de Pfizer de imponer condiciones leoninas a Argentina, como asumir la responsabilidad por los daños de las vacunas que comprara y constituir garantías reales para asegurar el pago de los mismos. Mientras tanto, las farmacéuticas han seguido modificando los precios pactados inicialmente, a medida que la demanda internacional ha ido aumentando, según las inalterables leyes del mercado.

¿Estamos en una guerra contra un enemigo invisible?

es lo que dicen la mayoría de los gobernantes y tienen razón. Pero siguen conservando los dogmas liberales de la propiedad privada de las patentes y utilizando los mecanismos del mercado. Dogmas que, como vimos, fueron dejados de lado en el pasado cuando la guerra era real y por objetivos menos justificables que la salud y la vida del género humano. Si se liberaran las patentes se estimularía a todos los laboratorios del mundo a la producción masiva de las vacunas, en todos los países o en grupos regionales de países. a la fabricación de todo el material necesario para brindarle a las tropas poder ofensivo contra el enemigo. Hoy nuestro enemigo es el coronavirus, un enemigo invisible. ¿Por qué no hacer ahora lo mismo?

Si se liberaran las patentes se estimularía a todos los laboratorios del mundo a la producción masiva de las vacunas, en todos los países o en grupos regionales de países. Así se podría vacunar rápidamente no solo a la población de los países ricos, sino de todo el mundo. La población mundial alcanzó, en diciembre de 2019, 7,700 millones de personas. Si hay que alcanzar el 60% de vacunados estamos hablando de 4,200 millones de personas. Seamos más moderados, 3,500 millones de personas, la mayoría con dos dosis, requieren la producción de 6,000 millones de dosis. ¿Cuándo alcanzarán esa cifra la decena de laboratorios dominantes?

Nadie sabe a qué precio se venden y se compran las vacunas, pero tomemos el precio más bajo, 10 dólares. Esto quiere decir que se gastarán 60,000 millones de dólares para la primera ronda. Si las vacunas inmunizan por un año, en 12 meses se volverá a repetir la misma historia. Todos sabemos que los laboratorios exigen y firman contratos por varios años. Es decir que, durante varios, años la humanidad gastará cifras siderales en vacunas, dinero que se retraerá del desarrollo de los pueblos. Y encima de esa enorme montaña de dinero estarán sentadas o cómodamente acostadas, unas decenas de empresas farmacéuticas.

¿Qué podemos hacer ustedes y yo queridos lectores?

Los invito a que lancemos un Manifiesto en favor de la salud y la vida de la humanidad sobre las siguientes bases: Recoger apoyos entre los juristas y el pueblo de nuestros países, para construir un conjunto de leyes penales que castiguen conductas que afectan los derechos básicos de los ciudadanos al cuidado de su salud y de su vida.

Contra esos crímenes debería actuar la Corte Penal Internacional surgida del Acuerdo de Roma de 1998, que interviene cuando las jurisdicciones nacionales permiten la impunidad frente a este tipo de crímenes. Actualmente la competencia de la Corte Penal Internacional está limitada a los delitos de genocidio, crímenes de guerra y agresión. Los delitos contra la salud y la vida de la humanidad debieran considerarse cómo crímenes de lesa humanidad y ser equiparados al genocidio.

Es notorio que, desde que se declaró la pandemia, se han superado los 150 millones de contagiados y 2.500.000 muertos. ¿Hasta cuándo seguirán creciendo esas cifras en medio de la especulación y la codicia de los que lucran con la pandemia? El texto del Estatuto aprobado en Roma establece la posibilidad de castigar «cualquier acto inhumano que cause intencionalmente grandes sufrimientos o atente gravemente contra la integridad física o la salud mental o física de las personas». Contempla la posibilidad de que el fiscal pueda iniciar de oficio una investigación acerca de hechos que podrían ser de competencia de la Corte, recabando información de los órganos de Naciones Unidas, las organizaciones intergubernamentales (UE) y de toda clase de organizaciones y personas. Esto desataría un debate en las naciones y en la ONU.

interesante conocer la posición y los argumentos de los países en el Consejo de Seguridad y, mejor aún, en la Asamblea de Naciones Unidas, teniendo en cuenta que esta no será —según los especialistas— la última pandemia. Convocar a una Conferencia Internacional, para dotarnos de instrumentos legales que permitan controlar los niveles escandalosos de especulación. El Papa Francisco lo ha postulado y deberíamos acompañar su llamado todos los hombres de buena voluntad y coraje civil. Cómo actuemos los seres humanos ante esta pandemia será clave para definir nuestra época.

O bien aceptamos, pasivamente, que solo la codicia ilimitada de las empresas que financian sus investigaciones con fondos públicos, pero acumulan sus ganancias para sus accionistas y directores es el camino; o aportamos ideas y estrategias para asegurar que la salud y la vida de la humanidad no se sometan a los monopolios amparados en el derecho de propiedad intelectual y los mecanismos del mercado, sino que se reconozcan como derechos humanos inalienables de todos los seres humanos que habitan este planeta.

(*) Doctor en ciencias jurídicas y sociales por la Universidad Nacional del Litoral, Argentina. Estudios de posgrado en las universidades de Harvard y Tufts. Máster en relaciones internacionales por The Fletcher School of Law and Diplomacy. Exembajador y Secretario de obras y servicios públicos de la República Argentina. Director Ejecutivo del Instituto de Estudios Brasileños en UNTREF. Miembro del Plan Fénix.

El estallido de la ilusión moderna

Coronavirus, filosofía y geopolítica. UNA MIRADA DISTINTA. Por José Miguel Amiune (*)

El debate sobre la Pandemia de Coronavirus (Covid19) se ha planteado, hasta hoy, entre infectólogos y economistas, entre partidarios de la Cuarentena y enemigos de ésta. Por esa vía se ha llegado a niveles de grosera simplificación, reduccionismo y dogma. Vamos a intentar una mirada distinta, menos "especializada" y más totalizadora, desde dos disciplinas que se caracterizan por tener visiones más abarcativas de los fenómenos de la naturaleza y la humanidad: la Filosofía y la Geopolítica.

TRES PREMISAS PARA ENTENDERNOS:

1) Nuestra tesis fundamental es que la devastación o desertificación de la naturaleza y la humanidad (en el sentido anunciado por Martín Heidegger, en 1935) había comenzado antes que apareciera el Covid19. Era una bomba de tiempo destinada a estallar. Lo único que faltaba era la chispa que encendiera la mecha. La llama que provocó el estallido fue el Covid19. Todo análisis que prescinda de la historicidad de ese fenómeno, su vinculación con el pensamiento postmoderno, la emergencia del neoliberalismo y la globalización, será una fragmentación, una mirada parcial y - consecuentemente - un reduccionismo.

2) Toda ideología se concibe y propone a sí misma como la solución para asegurar el progreso, la justicia y la paz del género humano. Así lo imaginaron: el fascismo, el nazismo y el comunismo que, finalmente, fracasaron. Sin embargo esto no fue el "Fin de la Historia". Tras el colapso de la URSS, apareció el neoliberalismo que es, en esencia, la etapa de concentración y hegemonía del capitalismo financiero a escala mundial.

El neoliberalismo o financiarización del capital, opera a través del mercado y la globalización, como un dispositivo de poder y dominación sobre toda la humanidad, como lo soñaron las otras ideologías. La gran pregunta que se formula es: ¿Qué se le puede vender a los miles de millones de seres humanos que habitan el planeta? Esa inmensa masa de seres humanos tienden a ser transformados en potenciales consumidores. Colonizados en su subjetividad por el pensamiento postmoderno, hasta convertirlos en máquinas deseantes, consumidores compulsivos de lo innecesario e individuos narcisistas. Descreen de los grandes relatos, de las tradiciones espirituales y niegan la posibilidad de trascendencia. Por eso los modernos ideólogos del capitalismo hablan de un "Choque de Civilizaciones". El enfrentamiento de Occidente que sólo confía en la Ciencia, la Técnica y el Mercado (sus únicos dioses), versus el Oriente que todavía sostiene algunas formas ideológicas, cultiva sus tradiciones espirituales o, simplemente, cree en Dios, la Trascendencia y lo Sagrado.

Si algo declina en el mundo es lo que llamamos "Occidente". Esa visión del "Pensamiento Único", que comienza en el Siglo XVII, con la entronización de la Razón, se continúa en el Siglo XVIII con el Iluminismo, en el Siglo XIX con el Positivismo y naufraga en el Siglo XX con el Cientificismo, dos guerras sin precedente y el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki. El siglo XXI trata de ser convertido en el Siglo de la Transhumanidad, donde los hombres devendrán en dioses, como afirma el historiador israelí Yuval Noah Harari, uno de los autores más leídos de este siglo.

3) En la dialéctica del mundo contemporáneo, la globalización ha sido la condición de posibilidad de que se produjera "La primera Pandemia en la Historia de la Humanidad". El COVID19 se manifiesta en un punto del planeta y, en término de semanas, se expande a los cinco continentes. Con la misma velocidad que, en el marco de la globalización, circulan personas, bienes, servicios y, fundamentalmente, las redes y flujos de capitales móviles que constituyen el instrumento de financiarización capitalista. Estos capitales móviles son, ahora, el gran sujeto de la historia.

CONCLUSIONES:

1) La pandemia nos obliga a pensar en términos de "Humanidad". A diferencia de las dos grandes guerras, este es un fenómeno planetario que no está localizado y amenaza a todo el género humano. No podemos ser neutrales. No sabemos cómo reaccionar porque estamos ante un fenómeno nuevo. Desconocemos adónde vamos porque vivimos en una era de total incertidumbre. Nada garantiza que en la postpandemia terminemos más egoístas, ávidos de poder y mezquinos o que giremos hacia una perspectiva más espiritual y solidaria. La mera vacuna no nos sacará de nuestra miseria espiritual. Hace falta una transmutación que termine con lo que Heidegger llamaba "el olvido del Ser", dejar de ser esclavos de los entes (las cosas materiales) y volvernos hacia lo Sagrado.

2) Estamos en un crepúsculo como decía Spengler en la "Decadencia de Occidente". Necesitamos el "nuevo pensar", que proponía Heidegger, abrirnos a la comprensión, sin conjeturas ni predicciones, una apertura al Asombro, al Misterio, a lo Sagrado. Si la única salvación es la vacuna, volveremos a la normalidad de un mundo que apesta. Necesitamos un pensamiento más radical sobre el sentido del hombre sobre la tierra. Un salto a lo Trascendente, en una era dominada por la tecnología.

3) El gran poeta Hölderlin decía: "Cuando crece el peligro, también crece lo que salva". Pero la salvación supone un cambio radical en nuestra consciencia, debemos abandonar la superstición de que el cambio es imposible, la globalización imparable, el control de los Big Data sobre la humanidad inexorable, y la hegemonía del capital financiero nuestro destino final. Nosotros creemos que hay salida, que podemos evitar el efecto desintegrador del individualismo neoliberal sobre las relaciones personales, familiares, sociales, nacionales y regionales. Se trata de un gran asalto a nuestra identidad y nuestras raíces, bajo la colonización de nuestra subjetividad, que rebaja al ciudadano a la mera condición de consumidor, impersonal y pasivo, de todo lo que el mercado ofrece e induce a consumir.

4) Necesitamos un pensamiento fuerte, no un pensamiento débil como el de la postmodernidad. Un pensamiento que rescate la espiritualidad de las tres religiones del Libro, del hinduismo, del budismo, de Confucio, del Sintoísmo, del Taoísmo. Que rescate de la Filosofía sus más altas expresiones, sobre este dilema contemporáneo, como la obra de Heidegger, de Guenon, de Carl G.Jung, Julius Ébola y otros nombres ilustres que anticiparon la tragedia que estamos atravesando.

5) Existe otro camino y es fácil encontrarlo. Sus bases están contenidas en la Encíclica del Papa Francisco, "Laudato sí", que desarrolla una ética del cuidado de la Tierra como nuestra casa común. Denuncia cómo la ciencia y la tecnología, manejadas por la voracidad ciega de optimizar ganancias, están destruyendo no sólo nuestra casa sino a nosotros mismos. Un pensamiento similar que viene de Eurasia relaciona Geopolítica y Existencialismo, en la obra de Alexander Dugin, o de Europa a través de Alain de Benoit. Estos pensadores refutan el pensamiento "Único y determinista de Occidente". Afirman que no es lo mismo destruir para construir algo nuevo, que la devastación o la desertización, cuando la tierra y la humanidad ya no podrán renovarse. Nada humano puede crecer si no se arraiga en la tierra.

6) La religión del hombre de la postmodernidad es la religión del libre mercado y el monoteísmo del consumo. Sus santuarios son las Bolsas de Valores y su única noción de Paraíso, los paraísos fiscales. Esto constituye el "idiotismo". La palabra idiota alude al que sólo se conecta consigo mismo, una suerte de narcisismo que tiende al placer inmediato y a vivir en un puro presente. Sin raíces y sin frutos. Para esta gente decir que uno cree en lo trascendente, en lo sagrado o es religioso, equivale a una declaración de demencia.

Heidegger dice que: La única fatalidad que le queda al mundo es optar por hundirse o perecer. Cuando uno pierde la idea de su origen, sólo perece como acto existencial. Si uno no tiene raíces, ni siquiera muere, se hunde, porque se nos ha exilado de la vida. Si un pensamiento no es provocativo no nos mueve a despertar, en una humanidad que vive anestesiada. Sin identidades y con una educación como la actual, de pura orientación técnica y con rápidas salidas laborales, que inventó a los especialistas y los expertos, es decir, que nos educa como seres fragmentados, incapaces de ver la totalidad, de tener una cosmovisión de la naturaleza y el hombre, estamos condenados al idiotismo, como estulticia del espíritu. El "idiotismo" es la fascinación por la "multiplicidad" del consumo y caer en el hipnotismo colectivo que nos priva de lo "UNO", en otras palabras, nos lleva "al olvido del SER".

7) En suma, la Pandemia no trajo la crisis en que vive el hombre contemporáneo, sólo intensificó lo que ya existía. El dilema y la lucha entre lo que Blake llamaba el hombre prolífico (el que se entrega) y el hombre devorador (el ávido, egoísta y mezquino). Ambos libran una lucha entre dos tendencias del corazón humano. Una lucha entre la luz y la oscuridad. La verdadera sabiduría está basada en el UNO, pero en el mundo material hay siempre una lucha entre dos fuerzas opuestas.

No debemos darnos por vencidos ante las fuerzas de la oscuridad que instalaron el relato de que la tecnología y la globalización unidas por el neoliberalismo son invencibles. El coronavirus está mostrando su fragilidad y la del sistema financiero que los instrumenta. Hagamos como el hombre prolífico. Seamos, hegelianamente, dialécticos. Sepamos que el neoliberalismo es una negación y la COVID19 es la negación de la negación. Tomemos consciencia que siempre está presente la salvación que, como toda síntesis creadora, surge de la NADA de ambas negaciones. Volvamos hacia nuestro interior y busquemos el sentido de la vida en lo trascendente, en el encuentro con Dios o el Ser.

(*) Abogado, Doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales y Master en Relaciones Internacionales. Universidad Nacional del Litoral: Harvard University y Tufts University. Director Ejecutivo del Instituto de Estudios Brasileños en UNTREF; Miembro del Plan Fenix Universidad de Buenos Aires , 2009 – 2013

Liderazgo político y opinión pública. Por Marina Acosta (*)

 

La pandemia producida por COVID-19 demostró que la gestión de gobierno se ha visto dificultada por la convergencia de dos fenómenos complejos. Por un lado, la crisis global emergió en el contexto del uso extendido de las tecnologías de la comunicación social y, consecuentemente, con la imposibilidad de controlar la circulación de flujos masivos de información.

Por otro lado, con la posverdad, con predominio de la emocionalidad, los datos empíricos se han vuelto irrelevantes y aparecen las denominadas verdades alternativas. Por otra parte, cuando se desatan grandes crisis, la ciudadanía espera y exige mucho más de los gobiernos.

La opinión pública se transforma, entonces, en un tribunal que juzga y evalúa a dirigentes políticos, acciones de gobierno y decisiones. Un falso axioma sostiene que, en las crisis, los liderazgos políticos, puestos a prueba, se fortalecen. Basta mirar a países vecinos como Brasil, Ecuador y Chile para confirmar que las generalizaciones no sirven. Si no hay un líder que conduzca el proceso, difícilmente los liderazgos se vean beneficiados.

El presidente Alberto Fernández ha logrado que su gestión de la pandemia sea reconocida de manera positiva por la ciudadanía argentina. Desde el 20 de marzo, cuando el presidente decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, tanto las mediciones sobre su imagen como la aprobación de su gobierno se han mantenido siempre en niveles altos y estables.

Las razones del acompañamiento de la opinión pública se deben a un conjunto de factores interrelacionados: a) el poderoso paquete de medidas sanitarias, sociales y económicas implementadas; b) su timing político que lo ha llevado a adelantarse a futuros escenarios; c) su responsabilidad en la toma de decisiones, siguiendo el consejo del comité de expertos científicos; d) su capacidad para concertar con los sectores de la oposición; y e) su comunicación altamente empática con las argentinas y los argentinos.

El liderazgo político de Alberto Fernández como conductor de la crisis es indiscutible y se apoya en evidencias empíricas. Los últimos datos indican, por caso, que ocho de cada diez argentinos valoran la política sanitaria llevada adelante por su gestión. Otros tantos están de acuerdo especialmente con la cuarentena obligatoria y en desacuerdo con las pretensiones de las corporaciones empresarias que pugnan por una apertura acelerada.

Las preocupaciones de tipo sanitarias se imponen por sobre las preocupaciones económicas y revelan una clara sintonía con lo expresado por el presidente desde el inicio de la situación excepcional. El Jefe de Estado ha sido capaz de activar un efecto que suele aparecer en episodios críticos pero que –una vez más– no todos los líderes pueden lograr: el rally round the flag, unirse alrededor de una bandera o causa.

La efectiva comunicación gubernamental, desdoblada política y técnicamente, ha conseguido construir un frame –encuadre– que nos recuerda que de las crisis no se sale con comportamientos individualistas.

La historia demuestra que, cuando cada uno actúa por su cuenta, el fracaso colectivo está a la vuelta de la esquina. Las grandes crisis apelan a la ética cívica y a la responsabilidad social: de la conducta de cada uno –dicen que decía Alejandro Magno– depende el destino de todos. Como hacía mucho tiempo, palabras como solidaridad, cooperación y Estado volvieron a instalarse en el discurso político.

Si algo bueno dejará esta crisis, sin duda será que volvimos a confiar en el rol del Estado como instancia fundamental de articulación de las relaciones sociales y económicas. Lejos de ser enemigo del individuo, tal como pretenden mostrarlo las visiones neoliberales, el Estado no sólo es el garante para la consecución de los derechos de ciudadanos y ciudadanas, sino también es el único responsable del bien común.

La gestión del gobierno nacional también ha demostrado que las respuestas a la crisis producida por la pandemia sólo pueden darse desde la política. Sólo la política puede definir la compleja relación entre el Estado, el mercado y la sociedad civil.

Las crisis suelen desestabilizar a los actores políticos. Sin embargo, el liderazgo político de Alberto Fernández se ha enaltecido. Maquiavelo decía que es virtuoso el príncipe que es capaz de actuar cuando la fortuna está de su lado, pero también el que es capaz de generar las condiciones para que esa fortuna lo acompañe.

 

(*) Doctora en Ciencias Sociales y directora de Comunicación de Analogías.

La lucha de los científicos por la vacuna no consiste solo en hallarla. También hay acuerdos para que esté disponible libre de patente.

LA GUERRA SANITARIA PANDÉMICA FORTALECE LA SOLIDARIDAD SOCIAL. Por Jorge Rachid

Los pueblos se fortalecen en sus momentos críticos, cuando deben afrontar en conjunto desafíos que hacen a su supervivencia. Pueden ser cataclismos naturales, como inundaciones, terremotos, huracanes, como así también procesos pandémicos o epidémicos que afectan, ya en forma direccionada, la salud del conjunto de la población.

En esos instantes de confrontación contra un enemigo común, en este caso un virus, que no deja de sorprender con una vitalidad que impacta, siendo motivo de estudio en su comportamiento, en su capacidad de adaptación a climas y geografías diversas en el mundo. Es igual a otros virus de su familia coronavirus en seis cepas que conocíamos, como también de otras enfermedades respiratorias, como la misma influenza, llamada comúnmente gripe, pero a diferencia de estas ARS, que desarrollan su siembra por meses otoñales e invernales, el virus que estamos enfrentando, impacta como un misil, provocando el colapso sanitario, como ocurrió en la mayoría de los países del mundo.

Esta batalla en pleno desarrollo, es tomada por sectores que hacen de la Cuarentena -que es el único remedio de control pandémico que conocemos-, un frente a derrotar por motivos políticos. A pesar de que no existe cura alguna, más allá de paliativos que son presentados como panaceas a la hora de difundirlos, en muchos casos con objetivos de lucro.

Es que en las redes, al calor del anonimato, circula basura informativa, que no sólo intenta desviar la atención de acontecimientos políticos que hoy sacuden la conciencia democrática del pueblo argentino, como los caso de espionaje espúreo del gobierno macrista, o los de evasión y fuga, robo liso y llano, de miles de millones de dólares que salen a la luz de las cloacas ocultas por los medios hegemónicos, sino que además, intentan derrotar las medidas sanitarias del gobierno nacional y popular.

No tienen pudor en su capacidad de sembrar el odio acumulado y no es la primera vez. En 1955 cuando la revolución fusiladora derrocó al gobierno democrático de Perón, se avocó a la destrucción de todos los elementos de la Fundación Eva Perón, entre ellos los respiradores. Al año siguiente la epidemia de parálisis infantil, encontró al país sin instrumentos de recuperación de niños que murieron por miles, por la enfermedad y falta de atención.

Hoy atacan igual, apelando a la ignorancia de grandes capas de población y agitando fantasmas ideológicos que no existen. Es que la protección de los intereses que saquearon al país, no tiene límites. Han declarado la guerra al gobierno por el peor lugar: el que pone de rehén a nuestro pueblo, atacando la protección de la salud de millones de argentinos. Esta batalla está en pleno desarrollo, impulsada por medios y seudo periodistas, que plantean que la Cuarentena no sirvió para nada después de 100 días.

Veamos este dato: 19 de marzo de 2020 Argentina/dos muertos por COVID 19 y 30 enfermos importados con nexo epidemiológico, es decir que podíamos seguir el itinerario del contagio; Brasil misma fecha: cinco muertos y 60 enfermos de las mismas características. Hoy Brasil 50 mil muertos y un millón de enfermos, Argentina mil muertos y 40 mil infectados. Ignorantes, perversos o criminales quienes ventilan la necesidad de acabar la Cuarentena.

Es más, los que lo plantean desde el punto de vista de la economía, el déficit fiscal, la inflación, la macro economía, mienten u ocultan los datos macro de otros países que abrieron y no abrieron la economía; en todos, absolutamente en todos el PBI bajó a niveles más fuertes que la Argentina de hoy que tiene -6, mientras Alemania, EEUU y otros tienen índices superiores. Así que la Cuarentena no es, siendo responsables en gran parte: los desastres del neoliberalismo que gobernó nuestro país.

El virus tiene algunas características, que lo hacen más invasivo, como por ejemplo que cursa asintomático y contagia, sin saber aún si produce inmunidad posterior. Es decir estamos ante una enfermedad que estamos estudiando, produciendo insumos para su detección en la investigación científica, que coloca a nuestro país en el 9° lugar en el mundo, ampliando camas críticas en casi un 40%, camas de aislamiento por miles, fabricación en pleno de respiradores. Y todavía estos militantes del odio siguen diciendo que “no se hizo nada”.

Si algo dejará la Pandemia son conceptos muy claros a futuro: en primer lugar que ha sido recuperado el Estado como ordenador social y de políticas públicas fuertes con ampliación de derechos, frente a un Mercado brutal e inhumano que intentó desde el neoliberalismo, usarlo a conveniencia de sus fines financieros. Otro tema es, cómo estos acontecimientos fortalecieron la solidaridad social de los pueblos.

Los investigadores científicos abrieron sus estudios a la comunidad internacional, por lo cual la vacuna que va a salir será para la Humanidad, sin patentes voraces, de acceso universal como la Sabin Oral.

Entonces los argentinos que luchamos por la vida, que perseguimos sueños y utopías, esperanzas compartidas de Justicia Social, en un pueblo feliz y una Patria grande, no debemos entrar en los juegos perversos, ni provocaciones de los odiadores seriales, que pretenden impedir la consolidación de la Comunidad Organizada, porque esa circunstancia consolidada, derrota definitivamente al neoliberalismo salvaje.

JORGE RACHID PRIMERO LA PATRIA

www.lapatriaestaprimero.org

CABA, 24 de junio de 2020

La pandemia que trastocó todo parámetro. El último adiós a los mayores, que no pudo ser. Jerez de la frontera 24 de Abril 2020

Jorge Rachid más claro que nunca

Frente a los odiadores seriales, los profetas que quieren que todo salga mal, la crisis del coronavirus, ha puesto blanco sobre negro el rol del estado. Único garante del bienestar social, de la justicia distributiva, la reasignación de recursos, la protección de la salud y de la vida.

LA COMPLICIDAD DE LA “GRIETA” EN LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS. Por Hugo Boetti (*)

No hay duda que el tema de la pandemia del coronavirus, desde el momento que se manifestaron los devastadores efectos sobre las distintas dimensiones de la sociedad, hizo que se derramen ríos de tinta y cataratas de palabras en los distintos medios de comunicación. Hoy, parados en el centro de la dura realidad que nos nutren esos medios, podemos observar cuales son los resultados de las estrategias generadas por los distintos países. Ellas nos muestran, cruda y trágicamente, los objetivos y prioridades que se plantearon respecto a la pandemia.

Las imágenes y los fríos datos demuestran incuestionablemente el grado de acierto o error de dichas estrategias. Creo que allí encontraremos el marco exacto para valuar con precisión las medidas que se están implementando en nuestro país. La historia nos muestra que, en situaciones límite de crisis, en las sociedades aparecen aspectos luminosos contemporáneamente con los más oscuros.

Nuestro país no es una excepción, y no está exento de esta realidad subyacente en todas las sociedades. Los innumerables hechos de solidaridad y entregas individuales y colectivas que se manifestaron masiva y mayoritariamente, fueron acompañados por otros rastreros y miserables. Días atras fuimos testigos de estos últimos: despidos en grandes empresas y cadenas multinacionales, aumentos injustificados de precios, acaparamiento de productos sanitarios y alimenticios, sobreprecios en compras realizadas por funcionarios públicos, etc.

Lo preocupante es que en estos momentos de endeblez social, estas acciones, correctamente definidas por el presidente de “miserables”, adquieren tal volumen centrífugo y multidireccional que lesionan hondamente el ya delicado tejido de la sociedad. De todos modos, esta realidad no fue impedimento para que las viejas espadas del Macrismo cobijados históricamente por los medios de comunicación, hicieran su aparición aventando todo su arsenal confrontativo.

Este hecho demuestra que más allá de las ocasionales declamaciones vertidas en el marco del oportunismo de cada circunstancia (campañas electorales o verbalizaciones periodísticas, etc.) lo real y lo concreto, es que aquella afirmación hecha con espíritu de promesa por el ex presidente Macri, “que venía a terminar con la “grieta” para unir definitivamente a los argentinos” son, a la luz de lo realizado en su gestión y en esta coyuntura por los sectores más afines a su política, un manojo de mentiras y despropósitos, que solo da validez a la sabia afirmación de los dichos populares cuando nos afirman que, “A las palabras se las lleva el viento” y “La verdad son los hechos y no las palabras”.

Para darle merito al contenido de los dichos populares, lo que describiré a continuación son fundamentalmente acciones concretas y verificables de la gestión del presidente Macri y la gobernadora Vidal y como éstos son entendibles desde la “grieta”. Allí se verá, que más allá de las promesas incumplidas, el vacío que generaron sus hechos, dimensiona a la luz del duro momentos que hoy nos toca vivir, el nivel de insensibilidad y cinismo de sus acciones, por las terribles consecuencias que de ellas devienen. Me refiero a lo que prolijamente fue silenciado por los consabidos medios que cobijaron las políticas del ex gobierno.

Los hechos son que de la asunción a la presidencia por Mauricio Macri y de la gobernadora María E. Vidal se paralizaron o suspendieron todas las obras y actividades de nueve (9) Hospitales y los que iban a ser cuatro (4) organismos destinados a expandir el Plan Nacional de Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia, “Nucleovida”, realizados con el aporte de de las empresas estatales INVAP (Investigaciones Aplicadas) y la CNEA, (Comisión Nacional de Energía Atómica) para ponerlos en funcionamiento a partir de tecnología avanzada ya adquirida. Esos emprendimientos se encontraban a comienzo de 2016, con un avance de obra significativo, que en la mayoría de los casos se acercaba al 90% y con sus equipamientos adquiridos. Los mismos son: el “HOSPITAL DEL BICENTENARIO” de Esteban Echeverría. “HOSPITAL DEL BICENTENARIO” de Ituzaingó. “HOSPITAL DEL BICENTENARIO” de Paraná. Entre Ríos. “HOSPITAL DEL BICENTENARIO de Gualeguaychú, Entre Ríos. HOSPITAL DEL BICENTENARIO, Garín, Escobar. HOSPITAL MATERNO INFANTIL “RENE FAVALORO” de Rafael Castillo, La Matanza. HOPITAL MATERNO INFANTIL “Néstor Kirchner” de Gregorio de Laferrere, La Matanza. HOSPITAL DE CUENCA ALTA de Cañuelas. HOSPITAL INTERZONAL DE NIÑOS “EVA PERÓN” de Catamarca. (Incorporación de 3.350 m2) Plan Nacional de CENTROS de MEDICINA NUCLEAR y RADIOTERAPIAS, “NUCLEOVIDA”, comenzaron a construir Centros de 3.500 a 4.500 m2 en La pampa, Formosa, Santiago del Estero y Rio Gallegos. Algunas de estas obras, luego de años de abandono, fueron asumidas por intendentes o gobernadores, en la mayoría de los casos por presiones de la ciudadanía.

La justificación, en este caso, llegó de la boca de la Gobernadora Vidal, que en un nuevo sincericidio, como cuando impúdicamente criticó la construcción de Universidades en el conurbano por considerarlo un gasto superfluo “porque todos sabemos que los pobres no van a la universidad”-dijo aquella vez. En este caso también mostró su pensamiento profundo cuando afirmó en Radio Nacional: “No voy a abrir hospitales nuevos, ni cortar cintas, porque eso es una estafa a la gente. La salud no es un edificio. Construir un edificio es algo simple. Lo que vale la pena es poner equipamiento de última generación, que haya insumos, enfermeras y médicos. O seguridad”. Lo real y lo concreto es que Macri y Vidal no hicieron ninguna de las dos cosas, ni construyeron ni terminaron las obras ya comenzadas. Todo esto mientras no dejaba de crecer la emergencia en los hospitales públicos y se consolidaba el avance de los servicios de salud privados.

Lo real y lo concreto fue, que la desidia y el abandono producto de esa política impidió que se realizaran, solo en la provincia de Buenos Aires, más de 33.700 internaciones, 15.300 partos, 89.730 cirugías y más de 1.870.000 consultas externas en los años que no estuvieron en actividad. A los datos ya aportados respecto del desguace al que se sometió a la sanidad pública, se suma el desmantelamiento del “PROGRAMA REMEDIAR”, el cierre del “PROGRAMA QUNITAS”. que tuvo consecuencias verificables sobre la mortalidad infantil. El recorte del CALENDARIO DE VACUNAS ANUALES, a las PENSIONES POR DISCAPACIDAD, al número de REMEDIOS A LOS JUBILADOS. Doce (12) millones de VACUNAS se vencieron en la aduana al no retirarlas por falta de recursos.

El HOSPITAL POSADAS sufrió recortes presupuestario y de profesional, (200 despidos). Se desfinanció el INSTITUTO MALBRAN, hoy herramienta fundamental en la lucha contra la pandemia del Coronavirus, por señalar lo más destacado, sin perjuicio de otros casos. Lo terrible es que esta historia no es nueva y tiene en “la grieta” el elemento central de este drama. Hace décadas, durante los primeros gobiernos del peronismo, Ramón Carrillo, a cargo del área de salud y la Fundación Eva Perón construyeron 4.229 establecimientos sanitarios en todo el país, incluyendo 200 hospitales que ampliaron la capacidad hospitalaria en 130.180 camas. Un largo proceso de alternancias, que comienza en 1955 con el derrocamiento de Perón, entre gobiernos cívico-militares y gobiernos democráticos de marcado signo Liberal-Conservador, hizo que el Estado Nacional delegara parte de la gestión sanitaria, propiciando el crecimiento de la medicina privada en detrimento de la pública. Solo fue en los 12 años de la gestión de Néstor y Cristina Kirchner que se revirtió esa tendencia invirtiendo 648 millones de pesos en equipamiento sanitario y 3.533 millones de pesos en infraestructura. Como vemos no es nueva esta práctica. La idea de eliminar, destruir, paralizar.

La idea de que no quede nada, para que no se recuerde nada, ni lo que fue ni lo que se hizo. Tenemos 18 largos años grabados en la memoria. Lo mismo se repitió en Santa Cruz. No solo paralizaron las obras de dos represas capitales para el desarrollo de la zona, sino que en su afán demoledor, completaron su obra quitándole su nombre original, Néstor Kirchner. Pero nosotros los Campanenses no estamos exentos de esos excesos. La paralización de la Termoeléctrica Belgrano II, suspendida a pesar de tener todas las instancias administrativas y financieras concluidas, es un claro ejemplo.

Es imposible dimensionar lo que significa hoy, en esta emergencia, la ausencia de todos esos recursos. Resulta muy difícil encontrar argumentos valederos que justifiquen tamaño despropósito. Estas deplorables acciones solo son entendibles en el marco de una profunda actitud reaccionaria, que día a día y año a año, desde hace décadas, vienen profundizando recurrentemente una “grieta”, cuya dimensión ensombrece el futuro de los argentinos.

Hace pocos días, ante la emergencia del Coronavirus, se retomaron, contra reloj, las obras de 2 hospitales de La Matanza, que como ya señalé estaban al 90 % de su construcción. Respecto a este tema el gobernador Kicillof anunció que se van a poner en funcionamiento los hospitales que se iniciaron antes de 2015 y que no se continuaron en los distritos de Cañuelas, La Matanza, Escobar, Ituzaingó y Esteban Echeverría. Esta vez “la grieta” no logró sus objetivos.

(*) Licenciado y doctor en Arte.  Director de la Escuela de Arte de Campana Ricardo Carpani.

Hospital de Garín empezó a construirse en 2011. A mediados de 2016 la obra quedó detenida.