ELECCIONES EN COLOMBIA. Gustavo Petro, el candidato de la Patria Grande.

Un acuerdo de paz sostenible, el desmantelamiento del narcotráfico, achicar la desigualdad, son algunos de los objetivos que se propone Gustavo Petro. De acceder a la presidencia está seguro de poder impulsar esos procesos. Estos temas y otros dan una idea cabal de la figura de Petro, en este reportaje del portal español Público durante su visita a España:

Fue guerrillero del M19 y años después, como uno de los senadores más críticos con el Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), puso al descubierto los vínculos de políticos conservadores con el paramilitarismo. Fue elegido alcalde de Bogotá en 2012, le destituyeron cuando intentó poner en marcha un proyecto de recogida de residuos y reciclaje, le boicotearon los poderosos empresarios que tenían el control del sector de las basuras en la capital, pero la justicia le dio la razón y le restituyeron sus derechos políticos en 2014. Ahora es el favorito para ganar las elecciones presidenciales de mayo próximo y podría liderar, con el Pacto Histórico, el primer gobierno progresista de la historia de Colombia. Gustavo Petro (Ciénaga de Oro, 1960) inició esta semana en España su campaña y lo hizo arropado por el exilio colombiano. En un acto multitudinario, en la sede madrileña del sindicato UGT, desfilaron madres de hijos asesinados, lideresas que han abandonado su país por amenazas, jóvenes que formaron la primera línea de lucha durante las protestas del pasado año en Cali (y que sabían que si seguían en su país iban a matarles), mujeres y hombres escapados de la pobreza y la persecución. Más de cinco millones de colombianos viven en el exterior, varios cientos llegaron a Madrid, muchos desde otras ciudades europeas y españolas, y una buena parte no pudo entrar al evento por las restricciones de aforo por la COVID, pero no les importó. Le recibieron en la calle al grito: "Petro presidente". Allí le acompañaron políticos de los tres partidos que forman el Gobierno de España (PSOE, Izquierda Unida y Unidas Podemos). Antes había sido recibido por el presidente Pedro Sánchez, la vicepresidenta Yolanda Díaz, Felipe González y empresarios y banqueros con inversiones e intereses en Colombia. Justo antes de partir a Bogotá, en una entrevista exclusiva con Público, Gustavo Petro afirmó que el proyecto uribista ha llegado a su fin, que ahora comienza la verdadera transición hacia la paz y la democracia en Colombia, y habló de sus prioridades: crisis climática, cambio de la matriz energética, de su ánimo para negociar con los grupos armados y de poner fin al narcotráfico; también lamentó las heridas de la guerra y anunció la transición hacia la democracia real.

Muchas zancadillas en un país donde siempre el poder ha estado en manos de conservadores y oligarquías. ¿Ha llegado el momento de que, por primera vez, la izquierda gobierne en Colombia?

Yo no divido la política entre derecha e izquierda, es difícil aplicar esos conceptos europeos en América Latina, la divido entre política de la vida y política de la muerte, y a Colombia la ha gobernado durante dos siglos, con muy breves interrupciones, una política de la muerte, una política de la exclusión social, por eso tenemos uno de los países más desiguales del mundo y una violencia casi perpetua. En esa medida, mi gobierno, al ganar las elecciones, sería el primero progresista de la historia republicana del país.

¿Y qué cambiará en Colombia?

Se disminuirá la desigualdad, habrá más justicia social y se construirá la paz. Si logramos una sociedad que permita derechos fundamentales, ese sería el verdadero acuerdo de paz, el pacto de la ciudadanía, no de los grupos armados. Un pacto no se puede establecer bajo la base de la exclusión, de la injusticia, un pacto se establece a través de la inclusión y la equidad.

¿Qué es el Pacto Histórico?

El Pacto Histórico es una coalición de fuerzas políticas y sociales, no solo de organizaciones que provienen de la izquierda, también liberales, de centro, de movimientos sociales, indígenas, feministas, ambientalistas. Si ganamos las elecciones, seremos también una forma de gobernar, vamos a gobernar a partir de la concertación y el diálogo, es la única manera de construir una paz grande de camino a unas reformas fundamentales, no para mantener un estatus quo. Un pacto que busque reformas en el terreno de la educación, la salud, los derechos en el terreno productivo.

¿Los acuerdos de paz con las FARC y el estallido social de 2021 han ayudado a unir a las fuerzas progresistas en Colombia?

Ha sido la crisis y el mal gobierno de (Iván) Duque lo que ha hundido completamente algo que era antes valorado: el proyecto uribista. Este proyecto es una especie de franquismo a la colombiana, pero con elementos nuevos como la ideología neoliberal que mantiene esa herencia violenta, excluyente y antidemocrática. Ese proyecto hoy está en mínimos históricos de aceptación popular y se plasma en las políticas contra la pandemia. Si miras a Estados Unidos, Europa o el Sudeste Asiático, afectados por el mismo virus, allí se estableció una política socialdemócrata que ha permitido que no aumente la pobreza y que el empleo se mantuviera en niveles en los que se pudiera actuar. En Colombia se aplicó el neoliberalismo, se profundizó el modelo de antes del virus y produjo un crecimiento rápido y sustancial del hambre y de la pobreza. Las estadísticas oficiales muestran saltos de 20 puntos en niveles de pobreza, el hambre se convirtió en algo cotidiano, de ahí el aumento de la delincuencia que es consecuencia del hambre. La élite política y económica de Colombia se equivocó, cuando aumentaba el hambre, el gobierno propuso una reforma tributaria que elevaba el impuesto a la comida y estalló la movilización social que terminó siendo confrontada con asesinatos por el aparato público armado. En vez de proceder a un diálogo, el gobierno de Duque mató a los jóvenes.

La izquierda siempre ha sido perseguida y aniquilada en Colombia. ¿Teme por su vida?

No voy a mentir, sí hay riesgos y son altos en la medida que nos acercamos al poder, a gobernar; no hay más que mirar los trinos (tuits) de Uribe mientras yo desarrollaba mi agenda en España para darse cuenta cómo ascendía la histeria y la sinrazón. Es el desespero y el miedo que tiene que ver con una especie de culpabilidad por parte de la elite colombiana porque es promotora de grandes procesos de corrupción y de la quiebra de los derechos humanos, hasta el punto que podemos hablar de genocidio. Les aterroriza la posibilidad de un gobierno transparente, luchan por todas las vías -en Colombia se llama combinar todas las formas de lucha- para impedirlo y eso eleva el riesgo. De hecho, la violencia está ascendiendo, el homicidio, la masacre, motivada por el narcotráfico, pero también por la propia violencia política y el discurso estatal del odio; y esos son indicadores de riesgo. Lo cierto es que el país ha sido incapaz de resolver la conflictividad propia de toda sociedad con instrumentos pacíficos y ha recurrido permanentemente a la guerra, esa historia nos acompaña desde hace siglos y es el momento de frenarlo. Yo le llamo cambiar de era, es pasar de una era de violencia a una era de paz.

El precio es alto, decenas de integrantes de Colombia Humana, guerrilleros desmovilizados y líderes comunitarios han sido asesinados en los últimos años. ¿Merece la pena?

Sí, siempre merece la pena porque Colombia necesita la paz. El Pacto Histórico ha transformado la enorme burbuja de dolor en una enorme burbuja de esperanza, y estamos ante la posibilidad de construir una sociedad en paz, justa y democrática en el corto plazo.

Lo primero es ganar el 13 de marzo las primarias del Pacto Histórico, su principal rival es Francia Márquez, una mujer afrodescendiente. ¿Si usted lo consigue, Márquez será candidata a vicepresidenta?

Hay varios aspirantes a ser candidatos presidenciales del Pacto Histórico, entre ellos, dos mujeres muy valiosas: una que viene de la afrodescendencia; otra es indígena. La ciudadanía escogerá la candidatura oficial del gran cambio en Colombia y todas las fuerzas participarán del gobierno si ganamos las elecciones. Es una nueva forma de hacer política.

¿Y Francia Márquez?

La candidatura que quede segunda tiene opción preferencial, el acuerdo es que la vicepresidencia no sea un cargo simbólico. Si es Francia Márquez se abre esa posición a un mundo completamente excluido en Colombia, el de las negritudes. Hoy quienes gobiernan son los herederos de los esclavistas. En Colombia una mujer tiene siete veces más posibilidades de morir si es pobre y negra, en el caso de los niños afrodescendientes menores de un año se dispara hasta diez veces. Esta es una de las estadísticas de la política de la muerte más tristes y deprimentes. Si Francia se convierte en fórmula presidencial, porque podría ser al revés [sonríe], será la encargada de una enorme lucha contra la exclusión en términos de mujer, racismo, regiones y pobreza.

Ha habido algunas disputas en la elaboración de las listas al Congreso para las legislativas del 13 de marzo. ¿Cómo evitar una ruptura de la izquierda por desacuerdos internos?

Ha sido un proceso difícil, complejísimo, porque la tradición en Colombia es hacer campañas individuales (listas abiertas). Logré, y espero no equivocarme, que las agrupaciones del Pacto Histórico acordaran una lista cerrada, donde el orden determina quién entra al Congreso, quisimos así intercalar los géneros, que la mitad de curules sean mujeres, en el voto abierto eso no es posible. Es una conquista histórica, por eso se volvió más complejo el proceso. Le agregamos la ‘cremallera’, además del género, decidimos que, cada cinco renglones, se incluyera en la lista un representante étnico para garantizar la diversidad. La bancada progresista será muy femenina y diversa. Obviamente quedaron heridas, individualidades que se sintieron excluidas, pero marcaremos un hito en la nueva política. 

Si llega a la Presidencia, ¿cómo va a sacar adelante el programa del Pacto Histórico, teniendo en cuenta que cuando fue alcalde de Bogotá le destituyeron sin razones jurídicas ni constitucionales?

Yo planteé el reciclaje, ¡algo tan subversivo! [ríe con ironía], y por eso me destituyeron; simplemente porque los grandes operadores eran unos empresarios privados poderosos que terminaban su contrato con la Alcaldía. Yo no les quité el contrato, simplemente terminaba; y había una orden de la Corte Constitucional de incluir en el sistema a miles de recicladores que andaban con sus hijos durante las madrugadas en las calles, sobreviviendo, recogiendo residuos que dejaba la gente, y había que incluirles en el modelo de aseo, darles una remuneración y potenciar el reciclaje. El resultado fue que 65.000 niños dejaron de trabajar y esos empresarios, que se creyeron tenían un derecho perpetuo, sabotearon el proceso y yo terminé destituido. Gracias a la justicia internacional, y a la nacional de diversas maneras, logré restablecer mis derechos políticos porque a la postre lo que querían era inhabilitarme para, precisamente, no poder competir en las elecciones, ni disputar el poder.

¿Esta experiencia le servirá si llega a la Presidencia?Hay antecedentes en países vecinos, el mejor ejemplo es Brasil con la destitución de Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula da Silva.

He hablado con Felipe González, aquí en Madrid, porque fue protagonista de un proceso en el que una sociedad pasa del fascismo a una democracia moderna, de cómo una fuerza policial y militar creada y criada en concepciones fascistas puede convertirse en una fuerza pública y aceptar el control civil. Esto es importante para Colombia, porque estamos en una transición democrática. Mi gobierno de cuatro años será de transiciones, de una economía extractivista basada en el petróleo y el carbón, hacia una economía productiva, agraria y agroindustrial. En el siglo XXI, esto significa una transición de la ignorancia al conocimiento, del autoritarismo a la democracia, desde la violencia a la paz, de una sociedad del machismo a una sociedad femenina. Pero harán falta varios gobiernos, con presidencias diferentes, parecido a lo que inició Chile. En cuatro años sí podremos hacer al menos la transición hacia la democracia, y no será fácil. Implica un gran cambio en el Congreso, si el ciudadano vota progresista a la Presidencia y corrupción al Congreso, lo de Brasil podría volver a ocurrir. También hay que modernizar la fuerza pública, ponerla en la escala del honor militar y policial que corresponde en el respeto a la ciudadanía y los derechos humanos.

La crisis climática es una de sus banderas políticas. ¿Cuál es su propuesta para atajar la explotación de recursos naturales y el uso de energías sucias?

Yo lo introduje en la Alcaldía de Bogotá cuando la expresión ‘cambio climático’ no se usaba en la prensa colombiana, aun sin comprender a fondo la discusión mundial que empezaba a librarse. Este es uno de los ejes ahora de Colombia Humana. Colombia depende desde hace 30 años de exportar carbón y petróleo, el otro sector de la exportación es la cocaína, y no son mundos separados, interactúan entre sí, se mueven como una gran masa de liquidez que hizo creer a la sociedad la ilusión de que se hizo rica. Esas burbujas han explotado y parte de la crisis actual tiene que ver con eso. No es sostenible que un país política, ética y económicamente se sustente sobre el petróleo, el carbón y la cocaína. La transición consiste en salir de ahí hacia una economía agraria, agroindustrial, democratizar la producción e iniciar el balbuceante proceso de industrialización.

Pero sin reforma agraria y con la oposición de los empresarios y latifundistas será difícil. ¿Ve posible un acuerdo con esos sectores?

El narcotráfico hizo de la tierra fértil -cerca de 20 millones de hectáreas- su caja de ahorro, se apropió de ella, la compró en efectivo o la tomó de forma violenta, de ahí el desalojo de cinco millones de campesinos y pequeños y medianos empresarios, de ahí la destrucción del mundo agrario, hundido en la violencia y donde han proliferado ejércitos privados del narcotráfico y paramilitares. El narcotráfico está ligado a la destrucción de la economía productiva tanto rural como urbana. Una ciudad como Medellín permitió a un Pablo Escobar porque se destruyó su industria textil. El narcotráfico creció en la medida que se profundizó el neoliberalismo con mucha ayuda de gobiernos extranjeros que no vieron esta evolución dañina. Hoy dependemos del petróleo, el carbón y la cocaína, y mi gobierno tiene que liberar a Colombia de ello. Dejaremos de firmar contratos de exploración petrolera desde el próximo 7 de agosto si ganamos las elecciones, eso nos da un margen de 12 años porque tenemos reservas para hacer la transición, para que la demanda interna de combustible sea reemplazada por energías limpias. En el corto plazo se puede sustituir petróleo, carbón y cocaína por turismo, tenemos la posibilidad de pasar de 4 a 15 millones de turistas al año, pero eso no se logra si no hay paz. Una serie de variables (acabar con la violencia, la paz, democratizar el país, aumentar la producción) permite las sinergias y eso es lo que nos va a permitir reducir el narcotráfico y desligarnos de una economía fósil.

Las fuerzas reaccionarias califican este discurso de castrochavista.

No tanto Castro, pero sí el proyecto de Chávez -parecido a proyectos del socialismo árabe- se sustentó en el petróleo. En cierta forma, el progresismo latinoamericano resultó afectado por el elevado precio de las reservas fósiles a causa de la demanda china desde la crisis de 2008. Un progresismo realmente sostenible y constructivo no puede afianzarse en los fósiles. Yo propongo lo contrario a lo que se hizo en Venezuela.

¿Cómo va a controlar a las bandas del narcotráfico, a la guerrilla del ELN, a las disidencias de las FARC?

Tengo un reto ambicioso y la realidad es que hay miles de hombres armados bajo diferentes agrupaciones todas ligadas al narcotráfico. Proponemos un desarme para lo que queda de la vieja insurgencia, un diálogo político rápido, y ahí incluyo al ELN (Ejército de Liberación Nacional) y a las disidencias de las FARC, que se forjaron porque Duque saboteó el acuerdo de paz, y ese acuerdo debe cumplirse. El ELN puede dejar las armas en el corto plazo en medio de un proceso de profundización democrática. Pero las agrupaciones más ligadas al narcotráfico son más complejas, ahí no hablamos de un diálogo político, ahí tenemos que hablar de un diálogo judicial. Quiero plantear una opción: el desmantelamiento pacifico del narcotráfico, pero no soy ingenuo, sé de lo que estamos hablando, es un negocio que mueve miles de millones de dólares, y hoy se quedan más en México que en Colombia porque los cárteles mexicanos dominan más el escenario. A Colombia entran unos 15.000 millones de dólares, hoy por hoy es el mayor producto de exportación dada la caída del precio del petróleo. Esto es lo que deja el uribismo en Colombia después de 20 años. La base por la cual el narcotráfico se mantiene y crece es porque tiene poder político, y eso es control sobre la población, sobre tres grandes masas: campesinos-productores de hoja de coca, consumidores en general urbanos, del mundo y de Colombia, y la economía popular que no tiene crédito, también muy urbana, y acude al crédito usurero que la mafia entrega para lavar dólares. Si le quitas esas masas de población, le quitas poder al narcotráfico. Y hay políticas específicas que pueden lograr la democratización del crédito, incluida la banca pública. De eso he hablado en Madrid, de tú a tú, con banqueros muy poderosos españoles que operan en Colombia. El objetivo es democratizar el crédito, regular el consumo de estupefacientes, que es una experiencia mundial exitosa y que quita al consumidor del contacto directo con la mafia, y la reforma agraria para que el campesino tenga opciones distintas al cultivo de coca. Así le quitamos poder al narcotráfico y se puede abrir una vía de desmantelamiento pacifico a través de un sometimiento colectivo a la justicia. No digo que inmediatamente, pero se podrían iniciar los procesos.

¿Colombia está preparada para vivir en paz?

Es un anhelo, no hay mujer que no quiera vivir en paz, que no quiera que sus hijos no sean materia prima de una guerra, que sus amores acaben muertos en una esquina. Si sumamos todos los casos, eso implica una sociedad que está preparada para la paz.

POR EL VOTO DE CHÉCHERE. Escribe Felipe Tascón Recio (*)

Hace mes y medio después de recorrer como parrillero en moto 250 km de trochas, una dura Paris-Dakar por el oriente de Colombia, mi maltratada humanidad fue acogida dos noches en la casa de Nicole, una bella e inteligente niña de 4 años, amada por su familia y feliz en su entorno, mama de un patico y ávida de conocimiento, pero con la escuela a más de 10 km, donde el maestro es pagado con convites campesinos porque nunca le llega el sueldo oficial.

Esa casa campesina también acogía desde septiembre a Chéchere, antes de referirme a él, bien vale un preámbulo. La casa de Nicole refleja la realidad social y geográfica de una tierra donde leves elevaciones separan las cuencas de los dos más importantes ríos del continente, donde la Orinoquia y la Amazonia compiten en cual pierde más rápido la selva frente al avance destructor del potrero que le brinda la economía ganadera a centenares de familias abandonadas en 190 años de gobiernos indolentes y engañadas por la falacia de un Acuerdo de Paz incumplido por los dos últimos gobiernos nacionales y por el gran capital, para quienes la población de la periferia no es ciudadanía, sino apenas súbditos coloniales y consumidores marginales, desechables en pleno siglo XXI.

La cocaína, siempre la prohibida cocaína aquí también es factor del problema. Hagamos historia reciente de su mercado. Las FARC hasta el 2017 tenían la capacidad armada y funcionaba como ente regulador de tres cuartos del cultivo nacional de coca, así, con el control de este 75% regulaba nacionalmente el precio de la Pasta Básica de Cocaína PBC, cuyo kilo oscilaba 10% por arriba o por abajo de $2´000.000 (666 USD al cambio del año) pagados en estricto contado. Esta cifra no enriquecía a las familias campesinas, pero les garantizaba una sobrevivencia digna, lo que facilitó que, en el oriente de Colombia, Jojoy y la guerrilla normaran el límite de la frontera agrícola penalizando la deforestación. Con la falsa dejación y real entrega de armas de mediados de 2017, el ente regulador perdió su rol y a la producción de la cocaína le llegó la libre competencia.

En el primer año los acopiadores pagaban la PBC a la mitad de los $2 millones antes fijados por las FARC y algo peor -copiando a los supermercados- establecieron pagos diferidos a 30 y 45 días. Estos chichipatos estaban acabando con la producción, tanto que el siguiente eslabón de la cadena, los capitalistas mexicanos de la cocaína reaccionaron y a finales de 2018 impusieron una regulación muy distinta a la de la guerrilla, una que promueve concentrar las siembras en las zonas más productivas y de más fácil exportación de la merca, al tiempo que desestimulan viejas áreas de cultivo donde estos indicadores son inversos.

Así mientras en los Andes occidentales el precio del kilo de PBC va de $3,5 a $4 millones (875 a 1.000 USD al cambio actual) por ejemplo en los cañones del Micay o el Garrapatas. En las cuencas orientales del Guayabero o el Yarí, el precio oscila en torno a los mismos $2 millones, que hoy solo equivalen a 500 dólares [1]. En fin, una regulación neoliberal, donde se desecha a las familias rurales con menor productividad. En todas estas zonas donde el precio de la PBC no alcanza para que las familias rurales sobrevivan dignamente, las actuales FARC -las que el gobierno titula Grupo Armado Organizado Residual GAOR o disidencias FARC- reaccionaron suspendiendo la prohibición de deforestar, y ahora permiten la tumba masiva de selva para abrir potreros, y su secuela un daño ambiental para la humanidad entera.

De acuerdo con la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible FCDS, solo en los municipios de Caguán y Chaira del Caquetá en 2019 la deforestación fue de 21.228 ha. para albergar 741.964 cabezas de ganado, mientras las cifras del 2020 suben a 25.669 ha. de potrero y 1.293.739 vacunos [2]. Además, en 2021 la deforestación ganó un aliado con el aumento de la arroba de queso de 50 a 200 mil pesos [3]. Ante esta realidad el desgobierno de Duque se inventó la operación Artemisa, una prohibición selectiva que persigue a los predios pequeños mientras convive con grandes extensiones de terratenientes que ostentan sus km cuadrados de potrero con cercos pintados para que ejército y policía los identifique y no los toque.

En septiembre 2021, Artemisa llegó al Diamante en el Caguán, los policiales no ejercieron como policía nacional sino como ejército de ocupación colonial, llegaron arrasando y quemándole todo a la población acusada de deforestar. Chéchere administraba el pequeño galpón que proveía de huevos la vereda, se salvó del incendio provocado con lo que llevaba puesto, y mientras la policía quemaba sus pocas pertenencias, la casa y las gallinas, a él lo detenían junto a un líder indígena y a otro campesino y los trasladaban en helicóptero al Guaviare. La comunidad reaccionó reteniendo a un técnico del ministerio del Ambiente. La noticia que trascendió fue el “secuestro” del funcionario, ningún medio masivo reseñó los abusos policiales previos al suceso, menos la incoherencia de Artemisa. Chéchere y sus dos compañeros fueron canjeados por el funcionario a quien las familias campesinas califican de “policía infiltrado”.

Mi compañero de techo por dos noches es un viejo campesino quindiano con medio siglo en el Caquetá, una colección infinita de historias en un pequeño y desvencijado cuerpo que originó su apodo. Las elecciones 2022 nos llevaron a hablar de política, y ahí contra toda previsión me encontré con un muro, por dos razones: En primer lugar, para Chéchere el gobierno es un inamovible, es siempre lo mismo, es su enemigo histórico no importa quien lo ejerza. Su desconfianza en la institucionalidad es una costra muy gruesa y difícil de quitar, mientras que el incumplimiento del Acuerdo de Paz solo vino a agregarle otra capa a esta costra. Dentro de una racionalidad forjada por medio siglo de resistencia rural, la posibilidad de que cualquiera que llegue al gobierno termine siendo otro represor es para él casi que una certeza. En segundo lugar, para él, todo freno a la deforestación va contra las familias rurales y siempre será represiva. Chéchere lleva 50 años alejándose del pavimento, su vida es un eterno desplazamiento, donde para sobrevivir la solución siempre está selva adentro, pero no para preservarla sino para abrirla y meter ganado.

Cuando le conté que Petro, en San José del Guaviare el 15 de noviembre de 2021, propuso un programa para retornar a la altillanura, al piedemonte o -en su caso- a su Quindío natal, Chéchere en su razón seguramente creyó que le hablaba locuras, porque para él los grandes terratenientes y el gobierno son la misma cosa, el mismo enemigo que siempre lo ha desplazado.

El pensamiento de Chéchere no es aislado, su racionalidad coincide con la de un gran número de población de la Orinoquia y la Amazonia, entonces la pregunta clave es ¿Cómo revertimos estas dos razones? Dado que un punto central del programa del futuro gobierno progresista es la preservación ambiental, y en especial lo que nos corresponde de la cuenca amazónica, es imprescindible que, a partir de agosto del 2022, la nueva institucionalidad recupere la confianza de Chéchere y la de toda su vecindad. La tarea de volver fértil la altillanura, invirtiendo en cal para corregir la acidez de la tierra es perfectamente viable con el concurso del Estado.

Para esto hay dos caminos:

1. La inversión pública para mejorar la fertilidad, que paguen con tierra los dueños de los latifundios.

2. El aumento y cobro efectivo de los impuestos a la propiedad rural, para que los terratenientes se vean obligados a volver productivos sus predios, o a venderlos al Estado. Estos caminos llevan a la generación de empleo y a la creación de un gran fondo de tierras, adonde se pueda devolver a la población -que hoy tumba selva- dentro de la frontera agrícola y así reducir o eliminar la presión sobre las selvas.

Al tiempo parte de la población rural tendrá que convertirse en policía ambiental comunitaria para garantizar el cierre de la frontera agrícola. Esto no es otra cosa que un Pacto por la Amazonía, un pacto del Estado con toda la población de la cuenca, que para funcionar tiene que surgir de la participación, el respeto y la confianza de esta población, de la familia de Nicole, de Chéchere y de toda su vecindad. Algo que nunca podrá ser impuesto por vía represiva. Y no podemos tener dudas, la salvación de la Amazonia, en Colombia pasa por un cambio político que debemos garantizar con el voto masivo por la propuesta progresista en las elecciones de este año que empieza.

PD/ Chéchere, tu voto es imprescindible para cambiar este país, para que las inversiones públicas en el campo colombiano beneficien a las familias campesinas y no a los latifundistas, para que Nicole pueda desarrollar todo su potencial en una escuela dotada y con un maestro que reciba un salario digno regularmente. Por favor -ciudadano César- no olvides registrar tu cédula.

El Acto Legislativo 02 de 2021 que creó las 16 Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, también te acercó uno de los sitios de votación, donde hasta el próximo 13 de enero puedes registrar la cédula, por favor hazlo, repito tu voto apreciado Chéchere se necesita, luego en marzo y en mayo por favor vota por el candidato de la circunscripción de víctimas, y por el Pacto Histórico para Cámara, Senado y Presidente.

[1] Datos recogidos en terreno.

[2] https://fcds.org.co/publicaciones/el-por-que-y-el-como-de-la-deforestacion-en-la-amazonia-colombiana/

[3] Datos recogidos en terreno.

(*) Académico colombiano. Economista, experto en proyectos de prevención de drogas, cohesión social y cooperación al desarrollo.

Reflexiones desde el Perú. Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

En mi primer viaje al exterior desde el inicio de la pandemia y el cierre de los aeropuertos en marzo del año pasado, visité Perú a fin de hacer investigaciones en terreno para un próximo libro que tengo proyectado. Aproveché mi estadía para presentar la edición peruana de mi obra “China en el siglo XXI. El despertar de un gigante” que quedó suspendida en 2020 cuando se interrumpieron los desplazamientos internacionales.

Volver a los aviones y aeropuertos fue una aventura en un escenario en el que una vez más la humanidad construyó una nueva “Torre de Babel” burocrática para que unas vacunas sirvan y otras no y para que cada país establezca sus propias normas, sus propios requisitos y sus propios documentos de viaje en materia de salud, que se suman a los de inmigración y aduana a fin de que la posibilidad de que los seres humanos de distintas civilizaciones, regiones y países se encuentren, compartan y convivan, sea más difícil. En lo que se ha dado en llamar “nueva normalidad”, ahora existe un novedoso infierno en que hacerse la prueba PCR al menos 72 horas antes de viajar es una odisea que hace que hasta el último minuto no se sepa si se podrá abordar el avión o no. Mientras ello ocurre, millones de migrantes indocumentados atraviesan fronteras huyendo de las guerras, las crisis económicas y la pobreza que el capitalismo ha generado sin contemplación por la vida humana. Estos migrantes ilegales, en condiciones muy difíciles se desplazan sin estar vacunados, sin hacerse pruebas PCR y sin tener que llenar los maléficos documentos que hacen felices a burócratas y corruptos que en tiempos de comunicaciones ultra modernas y tecnologías súper avanzados podrían hacer las cosas más fáciles.

Cuando la CELAC se ponga en funcionamiento pleno, debería apuntar a unificar los documentos y los requisitos de viaje para los ciudadanos de países de la región al menos en asuntos de salud, ya que la idiotez política de la derecha latinoamericana y caribeña impide acelerar el funcionamiento de mecanismos de integración que nos den voz y presencia en el escenario internacional.

En la primera etapa de mi viaje visité la ciudad de Huamanga, capital del departamento de Ayacucho y la Pampa de la Quinua, sitio específico donde las fuerzas patriotas formada por peruanos, argentinos, chilenos, colombianos y venezolanos bajo el mando del General Antonio José de Sucre protagonizaron el golpe decisivo al poder español en América. Durante el recorrido del Santuario y el monumento que recuerda la batalla, me acerqué a dos guías, humildes trabajadores de evidente origen indígena a quienes consulté sobre algunos aspectos de la batalla, sabedor que la tradición oral de los pueblos suele guardar secretos que muchas veces no son conocidos por los escritores y académicos de conocimiento enciclopédico. Una vez más, se confirmó tal hipótesis y tuve acceso a importantes informaciones que tendré que confirmar y que espero plasmar en el libro que escribiré al efecto. Al escuchar el tono de mi voz, Juan José y Gregorio me preguntaron por mi origen. Al decirles que era venezolano, las sorprendentes preguntas inmediatas fueron: ¿Cómo está el presidente Maduro? y ¿Cómo está Venezuela?. Después de agradecer su preocupación por la salud del presidente, mi respuesta fue explicativa de la situación del país, sin omitir detalles respecto de las sanciones unilaterales y el bloqueo a que está sometido por Estados Unidos y Europa, además de manifestar la convicción de que saldremos adelante por la inveterable decisión de nuestro pueblo de vencer las adversidades y dar continuidad al proceso que ha comenzado a desarrollar desde 1999 por decisión propia. Les dije que antes de venir ahí, algunos de los hombres que participaron en esa batalla, entre ellos Antonio José de Sucre y Jacinto Lara y cientos de venezolanos nos habían dado patria y libertad y que en Ayacucho se había sellado una hermandad entre peruanos y venezolanos que ninguna oligarquía iba a poder romper. Su respuesta fue simple: “Eso lo sabemos” para a continuación afirmar con plena convicción: “A nuestro presidente Pedro Castillo le quieren hacer lo mismo que al presidente Maduro”. De seguido, mis nuevos amigos me hicieron una extendida y preclara explicación de la situación política del Perú desde su perspectiva de hombres humildes, hijos de campesinos excluidos, marginados y humillados por siglos. Exponentes de una natural inteligencia, me ilustraron con sencillas palabras que dan cuenta de las reales contradicciones de clase y de raza que todavía corroen la sociedad peruana como si aún viviéramos en el siglo XVIII. Tras escuchar tan brillante alocución, le consulté en tono jocoso a la colega ayacuchana que me acompañaba si ella sabía si alguna vez en la vida, los Juan José y los Gregorio habían sido encuestados o si se les había consultado su parecer sobre los destinos del país.

Dos días después, ya en la Lima virreinal abrumado por la propaganda destructiva de los medios de comunicación contra el gobierno, pude comprender el insondable abismo existente entre la capital y ese Perú profundo que eligió a Castillo. En el súmmum de la desesperación y la histeria una camioneta recorría la avenida José Pardo del distrito de Miraflores llamando abiertamente a derrocar a Castillo por ser comunista. La Lima de comienzos del siglo XIX no ha cambiado mucho. El talante traidor de su oligarquía se mantiene incólume desde los tiempos en que San Martín y Bolívar comprendieron que en esta ciudad recaía -por su riqueza, autoridad y por el sentimiento realista de sus clases altas- la estabilidad del poder español en América del Sur. En aquel momento, los Torre Tagle y los Riva Agüero sembraron una estirpe que hizo de la traición la forma cómo las élites hacen la política en el país de los incas.

Doscientos años después y desde 1990 hasta la actualidad, cinco presidentes electos y dos designados han traicionado a los ciudadanos desde el Palacio de gobierno de Pizarro, (nótese que aún hoy lleva el nombre del conquistador y asesino que diezmó a los pueblos originarios) realizando acciones y tomando decisiones distintas a las que prometieron en sus campañas. Hoy, la complejidad de la situación deriva del impacto de que por primera vez un representante de ese Perú profundo llegara a copar la escena política. Un maestro rural de familia campesina, uno entre los tantos millones que jamás habían sido escuchados, de esos que no existen para la edulcorada clase alta limeña que respira aires coloniales y virreinales, la misma que hubiera deseado que jamás San Martín y Bolívar condujeran las tropas que expulsaron a los españoles de América, se enfrenta a toda la brutalidad de ese elevado clasismo y racismo que aún existe. Hubieran preferido reeditar la dictadura fujimorista, con su lastre de violaciones de derechos humanos, su apego al terrorismo de Estado para enfrentar el terrorismo de Sendero Luminoso y los altos niveles de corrupción que tienen a su lideresa a punto de volver a la cárcel junto a su padre. Esa clase política que no le importa que el Perú sea gobernado por una criminal delincuente antes que dar la oportunidad a Castillo, ante la derrota, ha concentrado todo el fuego de su estulticia y su voluntad de burlar las leyes si no son usadas en su favor, para impedir que el presidente pueda ejercer sus funciones con mínimas condiciones de gobernabilidad. Apuestan a eso: al caos, la anarquía, la ingobernabilidad a fin de que las fuerzas armadas intervengan a su favor para llegar al poder a través de la violencia cuando no han podido hacerlo en el marco de las leyes.

Otros factores lamentables coadyuvan a crear esa situación de incertidumbre y angustia que se respira en cada rincón del país: la desunión de la izquierda y los sectores democráticos y progresistas, la inmovilización de las fuerzas sociales que apoyan a Castillo, la impericia de funcionarios de gobierno para realizar una actividad que nunca antes hicieron y la corrupción que siempre ronda como un fantasma entre los empleados públicos de carrera que piensan más en el peculio personal que en servir al pueblo.

Es de esperar que las fuerzas políticas que apoyan al presidente Castillo concurran al acercamiento necesario para sostenerlo en el poder y que el pueblo indígena y campesino, el de las zonas marginales de las grandes ciudades, los trabajadores y estudiantes eleven sus niveles de organización y de unidad para que en el caso de que la derecha fujimorista y sus adláteres planteen la batalla en otro escenario, sean capaces de defender al presidente Castillo con la misma unidad, fuerza y conciencia que les permitió llevarlo al gobierno.

Twitter:@sergioro0701

LA GIRA ANTICHINA DE SULLIVAN POR BRASILIA Y LA CASA ROSADA. Por Lido Iacomini (*)

La gira fue breve, pero la tela que dejó a cortar es larga. J.J.Sullivan arribó a Latinoamérica en una coyuntura crucial, sacudida por un viraje desde un neoliberalismo omnipresente hacia un escenario diversificado, donde la disputa geopolítica internacional hace crujir las estructuras de las antiguas y anquilosadas dependencias.

América Latina, con el eje estructurador de Amlo-Alberto Fernández marcha hacia una nueva reconfiguración institucional, superadora de la OEA almagrista y de relativo (o actualizado) retorno a la CELAC y UNASUR.

Los EEUU en la era BIDEN parecieran tener dos objetivos estratégicos: en lo global frenar la influencia China en la región y segundo impedir que Brasil se integre en tándem con Argentina y Méjico porque semejante triángulo de dimensión aglutinante (con indudable arrastre sobre los 32 países de la CELAC) plasmarían la realidad de la multipolaridad por muchos tan mentada y deseada. El problema para Biden es que un Bolsonaro en declive es un sapo indeseable para los demócratas norteamericanos y la alternativa Lula, en este marco de creciente radicalización, es un riesgo poco controlable. Otro sapo no fácilmente digerible.

Por ahora y a la espera de una tercera vía, los EEU tratan de asegurarse el control de los militares y ofrecieron a Braga Netto (su Ministro e Defensa) convertir a Brasil en Socio Global en el marco de la OTAN, sin dudas una aspiración grandilocuente para mariscales de viejo cuño, compensatoria de una Copa América o sucedáneas.

El mentado freno a China, de fortísima presencia en el intercambio comercial y creciente inversor financiero en la región, es la moneda de cambio que exige Washington. Brasil, potencia sojera que se expande al costo de destruir la principal reserva ambiental del continente, compite con Argentina pero también con EEUU, por el mercado chino. La agenda ambientalista, despreciada por Trump y revalorizada a la llegada de Biden ante la gravedad alcanzada por el desastre climático y el rediseño de las políticas de alianzas norteamericanas, sirve también para encubrir otras contradicciones. Parafraseando el refrán, es difícil que el chancho chino vuele. Los formidables intereses del extractivismo agrario y minero son un ancla fuerte para los vaivenes políticos de la superestructura política, mientras el Amazonas llora.

Al tiempo que la poderosa comitiva encabezada por Sullivan intenta poner la valla tecnológica en el 5G, Jair Bolsonaro se empeña en retroceder del voto electrónico al papel, en una búsqueda de aval para una intentona golpista. Suena a chantaje: o los demócratas de Biden aceptan la prolongación artificial de la vida del oscuro capitán vía fraude o autogolpe o vuelve Lula. El rudo metalúrgico no muestra las uñas sino su experiencia política sagaz y amplía sus alianzas, dónde Fernando Henrique Cardozo cumple un papel fundamental. Democracia o fascismo por delante y por detrás una poderosa alianza subcontinental con proyecciones geopolíticas aggiornadas en la era de la disputa hegemónica de la postpandemia.

El arribo a Buenos Aires enfrentó a los brigadistas de Biden a dilemas distintos pero no menores. Sullivan-González, con la presunta llave de la faltriquera del FMI y en las vísperas, en las que se dice que nadie muere, se medían con los aspirantes a constructores de una fina diplomacia vaticana que encabezada por Felipe Solá no ocultaba los perfiles de Argüello, Beliz y Sergio Massa. Quizás sin mostrarse tanto, la figura, más papal que vaticana, de Eduardo Valdés. Objetivo poco oculto: reemplazar a Brasil como socio latinoamericano privilegiado.

Como telón de fondo, el viaje de Alberto Fernández al encuentro de una nueva camada de dirigentes latinoamericanos y del perfil en forja de la institucionalidad que se viene. Asumió Castillo y feneció el Grupo de Lima. Parece poco casual que una figura de relieve como el ex canciller Jorge Taiana haya sido nombrado por el Presidente como nuevo Ministro de Defensa. Hace pocos días hizo declaraciones fulminantes sobre Luis Almagro y la OEA. Si nos atenemos a que su jura en el cargo se realizó apenas horas después de la partida de la delegación norteamericana suena a reafirmación de una conducta autónoma frente a una presión externa muy pesada y contradictoria con nuestras necesidades. Hasta ahora los magros resultados que Guzmán trae de las últimas rondas conducen al estancamiento que las vagas promesas de la nueva administración norteamericana no destrabarán.

Para conseguir que Argentina sea el aliado privilegiado en la región, una necesidad norteamericana que el Brasil de Bolsonaro por ahora no está en condiciones de cumplir, Biden tendría que entregar más y exigir menos, en los términos más fenicios de la negociación. Ya que mencionamos a Taiana, mientras EEUU ofrece material chatarra para reequipar a nuestra fuerza aérea, Rusia y China los últimos diseños de su ingeniería de avanzada. Sin hablar de sus presiones para incursionar en la áreas de nuestro mar territorial y de la ocupación de Malvinas por la OTAN.

Ofendidos por nuestros avances con ARSAT exigen que rechacemos el 5G chino y toda la línea tecnológica contemplada en la alianza estratégica afianzada en los últimos años, incluida la era macrista. No alcanza con la donación, importante sí, de las vacunas que les sobraron y a punto de vencer. Ni con algunos créditos tecnológicos compensatorios de nuestro abandono de la tecnología china. La piedra de toque es la deuda fraudulenta e impagable que los antecesores de Biden acordaron en el FMI con el macrismo en retirada.

La brigada norteamericana terminó su gira. Como una Armada Brancaleone de una potencia en decadencia deja los dilemas sin resolver: en Brasil, para mantener a dicho país como socio principal en la región debe respaldar al fantoche Bolsonaro en el poder, abominando de la democracia de manera descarada. En tanto en Argentina pareciera buscar la derrota del proyecto nacional popular encabezado por Alberto y Cristina en las elecciones sino del 21, las del 23, obturando la negociación con el FMI para impedir la reconstrucción económica.

La obsesión que hoy domina la política norteamericana y que establece un nexo de continuidad entre los republicanos de Donald Trump y los demócratas de Joe Biden se llama República Popular China. La limitación que impide el éxito de sus presiones radica por un lado en que los asiáticos se han convertido en un motor fundamental de la economía mundial. Incluso traccionando la economía capitalista occidental, empantanada por el desastre producido por el neoliberalismo y su protuberancia, la financiarización. Ofrece mercado demandante y enorme, asociación con menores condicionantes mientras no es observable su apoyo a los generadores de desigualdades y disturbios como sucedió y sucede a nuestra vista en todos los países de la región.

Se ha creado ya un entramado de relaciones de todo tipo con China en la región y las exigencias norteamericanas de corte, con lo que llaman la peligrosa potencia oriental en nombre de su seguridad, chocan con la realidad.

(*) Participación popular.

Análisis de Fernando Buen Abad sobre la propuesta de López Obrador

Unidad regional, nuevos escenarios, la difícil convivencia con el gigante de al lado.

En el camino de la Unidad, en este espacio de encuentro vemos a nuestro presidente retomar los lazos que señalan en su política exterior el eje constitutivo de pertenencia a la región como prioridad en política exterior. Es desde Nuestramérica hacia el mundo. Punto de partida para la recuperación de los espacios arrasados por el neoliberalismo en nuestros países. Oscar Laborde, Eduardo Valdés, son nombres clave en esta iniciativa del Grupo Hermandad en el Parlasur, constituido para consolidar la integración.

El Presidente de Estados Unidos James Monroe, con su "América para los americanos" estableció la idea de supremacía y control sobre América Latina vigente hasta hoy.

ESTADOS UNIDOS: SU INTERVENCIÓN EN LAS ELECCIONES LATINOAMERICANAS. Por Stella Calloni (*)

En su plan de controlar colonialmente a América Latina, EEUU interviene abiertamente en las elecciones de la región mediante la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo Secretario General Luis Almagro, que estuvo a la cabeza del golpe en Bolivia contra Evo manipulando los resultados de los comicios de octubre de 2019, también actuó en los comicios de Ecuador, como lo hizo en Perú y México. Todo el abanico de organismos de inteligencia encubiertos, Fundaciones y ONG, que los gobiernos estadounidenses han sembrado en nuestra región, tiene a su cargo las tareas de infiltración de diversos sectores, la recepción y el reparto de dinero para la cooptación y compra de políticos de centro y derecha-incluyendo a algunos mal llamados izquierdistas- construyendo alianzas, bajo asesoramiento de la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo) o la Fundación Nacional para la Democracia (NED en sus siglas en inglés) que entre otras misiones trabaja para impedir la llegada de gobiernos populares que no están dispuestos a aceptar la sumisión colonial del imperio y para desestabilizar países mediante el manejo político de esas coaliciones. Además, en algunos países con fuertes comunidades indígenas se infiltran o tratan de hacerlo, como lo hicieron en Bolivia o Ecuador, tratando de crear sus propios candidatos indígenas, para dividir y ganar adeptos.

En todos los golpes de cualquier característica que se han producido en América Latina en lo que va del siglo, ambas entidades han tenido una participación clave, como se ha demostrado después del golpe de abril de 2002 en Venezuela, que duró poco más de 48 horas, derrotado por el pueblo en las calles y las nacientes fuerzas armadas patrióticas. Las investigaciones demostraron documentadamente, adónde fueron a parar los millones de dólares llegados desde EE.UU.

También se demostró en Bolivia en el intento de golpe de Estado de 2008, en ambos casos con documentación que reveló hacia qué partidos y movimientos, empresas, periódicos y periodistas se derivaban los fondos que llegaban por vía de la USAID o de la NED. En estos momentos estamos asistiendo a la injerencia de Estados Unidos en las elecciones de Perú y México, en momentos en que medios de Estados Unidos revelaron hacia qué grupos y fundaciones fue enviado el dinero destinado al golpe de Estado contra el gobierno sandinista de Nicaragua, en 2018, algo que ya se conocía por revelaciones de funcionarios estadounidenses, pero que nunca aparece como información en los medios hegemónicos. El hecho es que el manejo de los medios masivos de comunicación, la infiltración de las estructuras judiciales- y dentro de esto una cantidad de Consejos Nacionales Electorales- otras instituciones y las fuerzas de seguridad y los ejércitos, son parte del esquema de la guerra contrainsurgente que tiene su jefatura en el Comando Sur y el Pentágono estadounidense y se aplica con diversas características en todos los países de Nuestra América.

La falta de seguimiento de los planes de Estados Unidos hacia nuestra región, debilita a las dirigencias políticas en este período histórico, especialmente después de que el ex presidente Donald Trump advirtiera el 26 de septiembre de 2018 en un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas que “aquí en el hemisferio occidental, estamos comprometidos a mantener nuestra independencia de la intrusión de potencias extranjeras expansionistas», recordando que «ha sido la política formal de nuestro país desde el presidente Monroe que rechacemos la interferencia de naciones extranjeras en este hemisferio y en nuestros propios asuntos», agregó. De esta manera se daba por resucitada la doctrina presentada por el presidente James Monroe en 1823 contra el colonialismo europeo en nuestra región que se resume en aquella inolvidable frase “América para los Americanos” es decir América del Sur para los norteamericanos, estableciendo que ese amplio territorio desde el Río Bravo hasta el extremo sur del continente debía quedar bajo su dominio y que no se permitiría la competencia de ninguna otra potencia.

Ni siquiera esta advertencia, que en su momento a fines del gobierno del demócrata Barack Obama, el secretario de Estado de Estado John Kerry también había mencionado como el regreso de la Doctrina Monroe sobre el “patio trasero” (nuestra patria grande), logró que se reaccionara en nuestros países. Menos aun cuando se trazó el “eje del mal” (Cuba, Venezuela, Nicaragua) países bajo bloqueos, amenazas, intentos de golpes e invasiones, que según el cínico argumento de Washington “amenazan” la seguridad norteamericana. Inadmisible a estas alturas del siglo XXI y menos aún después que la pandemia de Covid 19 dejara caer todas las máscaras de un capitalismo salvaje en decadencia. Sea lo que sea, ante lo que se vivió en la región desde principios del siglo XXI cuando, como producto de la gran rebelión antineoliberal de los pueblos de América Latina, surgieron gobiernos que convergieron en la creación de instituciones de integración, produciendo en principio el rescate del Mercado Común del Sur (Mercosur) que pasó de ser sólo una cuestión aduanera a un proyecto político, económico, cultural superador. Desde allí se avanzó hacia la Unión de Naciones Suramericana (UNASUR) y por otra parte la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA) poniendo el objetivo en la lucha contra la pobreza y la dramática exclusión social para tratar de crear mecanismos que enfrentaran las asimetrías existentes en la región. Desde allí el camino estaba abierto para constituir la Comunidad de Naciones Latinoamericanas y Caribeñas (CELAC) que en noviembre de 2011 se conformó en Caracas, Venezuela, como unidad aún en la diversidad. Era demasiado para la potencia imperial y sus planes de avanzar en una especie de gobernanza global hacia todo el mundo, frustrados por la aparición de potencias como China, la Federación Rusa y todo un movimiento emergente en otros países, que acabó con la unilateralidad y dio un giro de 180 grados, al sueño “americano” de poner el mundo a sus pies. Se trató de avanzar rápidamente en el proyecto geoestratégico de recolonizar a América latina, regresando a los golpes de Estado en el siglo XXI, dentro de su proyecto de controlar colonialmente a la región, mediante las fortalecidas tácticas contrainsurgentes con la revolución de las nuevas tecnologías. En realidad la imposición de los golpistas mediante elecciones estrictamente vigiladas, para impedir el regreso de los gobiernos populares, como los casos en Honduras, Paraguay, Brasil, utilizando diversas estrategias y tácticas contrainsurgentes, provocó con el paso del tiempo y las evidentes violaciones a los derechos humanos y los derechos de los pueblos, alzamientos populares en diversos países de la región, de una magnitud incontrolable. Para los gobiernos de EE.UU era urgente volver con todo, tratando de apagar los fuegos y de poner definitivamente bajo su control los procesos electorales, mientras avanzan militarmente y desatado las guerras económicas y mediáticas que ya en varios frentes resultan impotentes para controlar la región. Desde su creación en 1948 en Bogotá, Colombia, coincidiendo con el asesinato del líder popular colombiano Jorge Eliécer Gaitán, ejecutado por la CIA estadounidense, la Organización de Estados Americanos (OEA) fue considerada como un “ministerio de colonias” y jugó ese papel en distintos períodos de la historia del continente. Ahora ya actúa sin ningún disfraz. Su Secretario General Luis Almagro enviado como detonante -como se vio encabezando el golpe contra el gobierno de Bolivia en 2019 – puso en evidencia que los gobiernos de Estados Unidos, ante la inocultable decadencia imperial, apresuraron el avance sobre una América Latina que “necesitan” controlar en forma urgente, ante el nuevo escenario mundial. Controlar las elecciones llevó a la OEA a rodearse de “observadores electorales” buscados entre los partidos y alianzas derechistas, que en todo el continente hoy dependen de los dineros y la asesoría de las Fundaciones como la NED.

La NED fue creada durante el gobierno ultraconservador de Ronald Reagan en 1983, para encubrir a la CIA y otros organismos de inteligencia y evitar que los dineros y las órdenes circularan directamente desde las embajadas y agentes de inteligencia, que quedaron expuestos con el debate en el congreso estadounidense en 1975 por la participación de la “agencia” en el brutal golpe contra el presidente Salvador Allende en Chile. Desde la alianza partidaria creada en Nicaragua después de una guerra terrorista aplicada contra el Frente Sandinista de Liberación (FSLN), que liberó a ese país el 19 de julio de 1979 comenzando un proceso revolucionario, Washington se dedicó a armar coaliciones similares, como la que conformó en Panamá la Cruzada Civilista, de cuya existencia se valió el entonces presidente George Bush padre para desestabilizar al gobierno e invadir a ese pequeño país centroamericano, el 20 de diciembre de 1989. Mataron a miles de personas y destruyeron un país de poco más de dos millones de habitantes. Vale decir que los “invasores” despegaron sus aviones desde el Comando Sur que dividía en dos partes a Panamá y cuyo papel en la región entendimos los latinoamericanos en las cámaras de torturas de nuestros países sometidos a dictaduras brutales en los años 70-80 y en los crímenes de lesa humanidad, entre ellos las desapariciones forzadas. Todos estos episodios parecen muy lejanos, pero es imposible ignorarlos porque cada uno de estos elementos fue utilizado para su proyecto recolonizador de nuestra región en este siglo XXI.

Hoy estamos viviendo bajo una guerra contrainsurgente que toma las características que define el pentágono de acuerdo a la realidad de nuestros países, ahora bajo una severa crisis y el caos que significa la pandemia del Covid 19 cuyas consecuencias ya debemos analizar exhaustivamente si queremos adelantarnos a los acontecimientos que no pueden encontrarnos en la indefensión política.

 

(*) Periodista y escritora. Autora de Operación Cóndor: pacto criminal. Evo en la mira: CIA y DEA en Bolivia. Mujeres de fuego: historias de amor, arte y militancia, entre otros libros.

UN DESPERTAR. Por primera vez en su historia, el pueblo de Chile eligió a quienes van a redactar su Constitución. POR JORGE ELIZONDO (*)

Las elecciones de convencionales constituyentes, alcaldes y gobernadores del 16 y 17 de mayo de 2021 concluyen con una dura derrota de la derecha, la segunda derrota del pinochetismo y sus continuadores.

En 1988, Augusto Pinochet convoca un plebiscito a fin de que el pueblo se pronuncie sobre su continuidad en el poder hasta 1997. La respuesta negativa de más del 54% de los chilenos determina la convocatoria a elecciones de Presidente y legisladores para el año siguiente. Las bases de la superestructura política e ideológica del Estado habían quedado establecidas en la Constitución Política de 1980. Los sucesivos gobiernos de la Concertación, integrada por la Democracia Cristiana y el Partido Socialista (Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, etc.) no modificaron el régimen neoliberal creado por Pinochet luego del golpe de Estado contra Salvador Allende. La dictadura genocida convirtió a Chile en un laboratorio de Milton Friedman y sus discípulos chilenos: los Chicago Boys. El Premio Nobel Friedman visitó el país y se refirió con entusiasmo al “milagro de Chile”. Siguiendo al pie de la letra el dogma neoliberal, la dictadura liberó los precios y las normas protectorias sobre el trabajo, los subsidios al consumo popular, el gasto público en materia social. Se suprimieron los controles estatales, se desnacionalizaron empresas y se llevó a cabo una contrarreforma agraria, devolviendo a los terratenientes las tierras expropiadas y entregadas a los campesinos durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973).

Se realizó una reaccionaria reforma laboral que concluyó con la redacción de un nuevo Código del Trabajo. Como experimento social, el régimen de Pinochet se anticipó en varios años a la contrarrevolución conservadora de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, imponiendo el dogma de la desregulación económica, la idea del “Estado mínimo”, la eliminación de los controles estatales sobre la economía, reducción de los aranceles y libre ingreso y egreso de inversiones. Quienes no comulgaban con las tesis neoliberales –eliminación del sector público empresarial y equilibrio presupuestario más allá de los ciclos económicos– fueron sistemáticamente marginados de los ámbitos académicos, consultorías, medios de comunicación dominantes y organismos internacionales. Obviamente que no se tuvieron en cuenta las opiniones de sindicatos y demás organizaciones sociales y se impuso la idea de que sus demandas eran incompatibles con la racionalidad económica y el propio interés del país. Las consecuencias de la aplicación del dogma neoliberal fueron el crecimiento de la desigualdad y la exclusión social. La actual sociedad chilena, generada por la dictadura de Pinochet y profundizada por sus continuadores “democráticos”, demuestra claramente que el neoliberalismo no es sólo una ideología económica y que para su aplicación requiere del autoritarismo y la represión, lo que lo hace incompatible con el sistema democrático.

Pinochet y sus cómplices en Chile, la dictadura cívico-militar en nuestro país y las demás dictaduras en América Latina, en cumplimiento del Plan Cóndor diseñado por el imperialismo norteamericano, fueron los precursores del neoliberalismo. Uno de sus continuadores, el gobierno narco-oligárquico colombiano de Iván Duque, desata una violenta represión sobre trabajadores, campesinos, estudiantes y pueblos originarios, causando numerosos muertos, heridos y desaparecidos. La acción criminal de las fuerzas del Estado y las milicias irregulares, que incluye el exterminio sistemático de líderes sociales, dirigentes sindicales, abogados laboralistas y defensores de derechos humanos, confirma la decisión del narco-estado colombiano de no cumplir con los acuerdos de paz firmados con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en La Habana. Durante casi medio siglo Chile fue el “ejemplo” de una economía sólida para la derecha latinoamericana y sus voceros políticos y mediáticos; por supuesto soslayando u ocultando que se funda en la concentración de la riqueza y en los más altos niveles de desigualdad social.

Una de las muestras de la magnitud del retroceso social y político generado por el pinochetismo y sus continuadores de la extrema derecha y la Concertación se advierte en el sistema privado de pensiones. En mayo de 1981 se estableció un sistema privado de jubilaciones y pensiones a cargo de las Administradoras de Fondos y Pensiones (similar al sistema de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y pensiones –AFJP– implantado por el menemismo y eliminado durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner) basado en la capitalización individual, destinado a los trabajadores, ya que los uniformados mantuvieron su sistema de reparto. Otro de los rasgos que caracterizan a Chile a partir de la dictadura de Pinochet es la pérdida de fuerza de los sindicatos; que se constituyen generalmente por establecimiento y no por actividad. Es cierto que el sindicalismo se vio afectado en América Latina por las políticas y prácticas neoliberales, la apertura de los mercados, las privatizaciones, las desregulaciones y la flexibilidad laboral. Pero la experiencia chilena ha tenido consecuencias mucho más graves.

Durante los primeros años de la dictadura, luego del asesinato o la detención de miles de militantes sindicales y de los principales dirigentes de la Central Única de Trabajadores (CUT), se dispuso el control de las actividades sindicales y una dura represión a sus líderes y organizaciones, la suspensión de las elecciones de sus autoridades, la prohibición de la negociación colectiva y de la huelga. Esta etapa comprende desde 1973 hasta 1978; a partir de entonces y hasta 1989 se inicia un período caracterizado por reformas orientadas a la desregulación laboral. Podría pensarse que los gobiernos de la Concertación (Lagos, Eduardo Frei Montalva, Bachelet) promovieron la sindicalización y un mayor peso político de las organizaciones de los trabajadores chilenos.

Nada de esto ha ocurrido: “De esta forma, el retorno a la democracia en Chile desde el año 1990 no ha generado el robustecimiento esperado en el sindicalismo debido a que los nuevos gobiernos ‘democráticos’ adoptaron y profundizaron el modelo económico neoliberal, lo que no ha permitido el resurgimiento del movimiento sindical con los consiguientes beneficios tanto para los trabajadores como para la sociedad en su conjunto”.[1]

Las movilizaciones populares del 2019

A partir de octubre de 2019, miles de estudiantes llevaron adelante jornadas de lucha, en el curso de las cuales se fue elevando el nivel de participación popular y escalando las exigencias: desde el llamado a no pagar el aumento del subte y el salto por encima de los molinetes en Santiago hasta la exigencia de un cambio del régimen económico y una nueva Constitución.

El gobierno de Sebastián Piñera responde con una violenta represión desatada por los carabineros. Más de 12.000 heridos ingresan a las guardias de los hospitales, muchos de ellos heridos de bala. Los carabineros tiran al rostro de los manifestantes, lo que provoca cientos de víctimas de lesiones oculares graves. La Plaza Italia, rebautizada como Plaza de la Dignidad, se convierte en el centro de la lucha. A las reivindicaciones de una verdadera democracia y el fin de la Constitución pinochetista, los manifestantes incorporan la consigna “Fuera Piñera”.

El 25 de octubre, cerca de dos millones de personas toman las calles de Santiago, en una de las mayores movilizaciones de la historia de Chile. El 12 de noviembre, la CUT organiza y convoca a una huelga general, que alcanza una gran adhesión. El gobierno se ve forzado a plantear lo que llama un “acuerdo para la paz social y una nueva Constitución”, que es firmado por una mayoría de legisladores.

Se convoca a elecciones a fin de que el pueblo decida si una nueva Constitución debe reemplazar a la de 1980. En el referéndum de octubre de 2020 vota cerca de la mitad de los ciudadanos y ciudadanas. La inmensa mayoría (78%) se inclina por el cambio de la Constitución a través de una asamblea constituyente soberana electa en su totalidad, sin admitir la idea gubernamental de una convención mixta, con la mitad compuesta por legisladores.

La debacle electoral de la derecha

Las elecciones del 16 y 17 de mayo –en las que votan el 43% de los chilenos– arrojan el peor de los resultados imaginables para el gobierno de Piñera. De los 155 constituyentes electos, la coalición de los partidos de derecha obtiene sólo 37 escaños (23,9% de los votos).

La derecha había impuesto la condición de los dos tercios de los convencionales para el quorum y para los cambios del contenido constitucional, dando por descontado que llegaría al menos al tercio de los escaños. Los resultados electorales no le otorgaron el poder de bloqueo soñado. Los independientes realizan una gran elección: obtienen 65 escaños. La coalición de izquierda Apruebo Dignidad, alianza entre el Frente Amplio y Partido Comunista de Chile, obtiene 28 escaños, convirtiéndose en la primera fuerza de la oposición en la Constituyente, superando a la Concertación (Partido Socialista y Democracia Cristiana) que llega a 25. De los 17 escaños de los pueblos originarios se destaca la participación de mapuches y aimaras. Tanto la derecha heredera de Pinochet como los partidos que integraran los gobiernos post-pinochetistas de la Concertación (demócratas cristianos y socialistas) son los grandes derrotados en estos comicios.

Las elecciones a alcaldes y gobernadores muestran el avance de las fuerzas de izquierda e independientes nacidas de las luchas estudiantiles universitarias y secundarias, y del movimiento feminista, cuyo notable crecimiento se refleja en la proporción de mujeres electas como constituyentes y alcaldes. La economista y miembro del Partido Comunista de Chile, Irací Hassler, arrebata a la derecha nada menos que la alcaldía de Santiago. Elías Jadue, también del Partido Comunista, obtiene su reelección como alcalde del municipio capitalino de Recoleta, con el 65% de los votos. Candidatas y candidatos del Frente Amplio de izquierda, surgido de las luchas estudiantiles universitarias, han ganado los municipios de Maipú, Ñuñoa y Viña del Mar, que tradicionalmente se habían inclinado por los candidatos de la derecha. En Valparaíso la victoria de la izquierda comprende tanto la alcaldía como la gobernación.

Objetivos de la Constituyente

Es la primera vez en su historia que el pueblo de Chile tiene la posibilidad de elegir a quienes van a redactar una nueva Constitución. Las anteriores, incluyendo la actual, fueron pergeñadas por representantes del poder oligárquico.

Respecto al funcionamiento y posibilidades de arribar a una nueva Constitución que refleje la voluntad transformadora de los sectores populares, dejando atrás casi medio siglo de neoliberalismo, existen algunas dudas. Se ha dicho que una comisión técnica preparatoria podría delimitar los temas a tratar por la Asamblea Constituyente. La Asamblea Constituyente es poder constituyente originario; en consecuencia no puede existir autoridad alguna por encima de la misma, y por lo tanto ninguna comisión técnica podría imponer condiciones que limiten el tratamiento de los temas. Las clases dominantes siempre han tratado de poner trabas o condiciones a las asambleas constituyentes para que estas no puedan declararse soberanas y crear las nuevas bases de una sociedad democrática, justa e igualitaria. Ya lo vivimos los argentinos con el “Pacto de Olivos” de Menem-Alfonsín, y el “paquete” que se impuso a los constituyentes de 1994, con los resultados ya conocidos.

Es evidente que en Chile no se ha realizado una revolución ni se ha producido siquiera un cambio de gobierno, que sólo ha sufrido una dura derrota electoral, de manera que el aparato del Estado sigue en las mismas manos. En consecuencia, no pueden descartarse las maniobras tendientes a condicionar o limitar el funcionamiento de la Convención, que durará de nueve a doce meses.

El Tribunal Constitucional es uno de los ejes posibles de las maniobras tendientes a limitar el poder de la Convención Constituyente. Dicho Tribunal se ha extralimitado de sus poderes, revirtiendo normas sancionadas por el Congreso Nacional. En agosto de 2005 hubo un acuerdo político entre la derecha y la Concertación socialista-demócrata cristiana, por el cual la primera aceptaba eliminar los senadores vitalicios –creados por Pinochet– a cambio del fortalecimiento de los poderes del Tribunal Constitucional. El acuerdo terminó favoreciendo a la derecha. Este Tribunal cuestionó la validez de normas dictadas por el Congreso, incluyendo aquellas dictadas para el propio funcionamiento del Tribunal, llegando a atribuirse la facultad de declarar inaplicable un tratado internacional a los casos particulares [2]. En síntesis, como ocurre con nuestra Corte Suprema, se trata de un poder no democrático que pretende colocarse por encima de los demás, amenazando la propia existencia de la democracia. Resulta evidente que habrá una mayoría, integrada por los sectores de izquierda e independientes, que estará en condiciones de redactar una nueva carta constitucional que constituya un programa de profundas transformaciones económicas, sociales y políticas.

Entre los puntos a incluir seguramente estarán la renacionalización de las empresas públicas privatizadas por el pinochetismo y sus continuadores; la reforma del Banco Central a fin de ponerlo al servicio del desarrollo nacional, dejando atrás su “independencia”, dogma impuesto por el Consenso de Washington y por el neoliberalismo para garantizar su dependencia del capital financiero; una profunda reforma tributaria basada en la progresividad del sistema impositivo; el control del comercio exterior; la reforma agraria iniciada durante el gobierno de la Unidad Popular e interrumpida por la dictadura pinochetista; la nacionalización del sistema jubilatorio; el reconocimiento de la educación gratuita en todos los niveles de la enseñanza, y el reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los pueblos originarios y el derecho de sus comunidades a la posesión y propiedad colectiva de sus tierras. Habrá propuestas para crear un nuevo Poder Judicial, desde la primera instancia hasta los tribunales superiores, liberado del elitismo oligárquico y antidemocrático que siempre tuvo.

En estos tiempos, en que la pandemia del Covid-19 pone al descubierto la irracionalidad e inhumanidad del sistema capitalista en nuestro país y en todo el mundo, la victoria de las fuerzas populares en Chile abre una esperanza no sólo para el pueblo chileno sino para todos los países de América Latina, fundamentalmente para aquellos que –como el nuestro– no han modificado las constituciones liberales o neoliberales del pasado.

En estas difíciles condiciones signadas por la pandemia del Covid-19, la dura tarea que debe afrontar el gobierno nacional para combatirla y los obstáculos permanentes del poder económico –hoy nuevamente los elementos antisociales nucleados en la “Mesa de Enlace”– nos parece necesario promover en nuestro país el debate de una reforma constitucional, votada por una Asamblea Constituyente libre y soberana, no condicionada por pactos previos, que entre otros objetivos reconozca el derecho a la planificación estatal de la economía, la función social de la propiedad y la democratización del Poder Judicial.

[1] González Candia, Julio César, “El movimiento sindical chileno. Tensiones y obstáculos para su fortalecimiento”, p. 115, en Trabajo y Sociedad, N° 20, 2013. [2] Claudio Fuentes, “Un pequeño monstruo llamado Tribunal Constitucional”, 4/4/2018,

(*) Profesor titular Derecho Laboral en Facultad de Ciencias Económicas y Estadística, Universidad Nacional de Rosario. Vice-presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas de Rosario.

Generación Sin Miedo Por Felipe Tascón Recio (*)

Quiero referirme a dos elementos: primero las características sanguinarias del régimen que reprime, y segundo las de la juventud popular que emerge como sujeto político.

La academia y prensa que nos acompaña desde el exterior deben preguntarse ¿por qué la represión del régimen colombiano es tan sanguinaria? A la adicción tradicional por la sangre que tiene la aristocracia elegida que nos ha gobernado la mayoría de los últimos 190 años, se suman desde finales del siglo pasado, los mecanismos normales de relacionamiento de los capitales de la cocaína, de los mal llamados cárteles. Considero que la hegemonía del poder en Colombia la comparten tres clases sociales, quienes personifican al capital financiero (nacional e internacional), al latifundio y al capital narcotraficante.

La operación del poder es mafiosa, con características diversas de gobierno y represión a las del resto de América Latina, una dinámica muy particular y violenta de relacionamiento social, y de exclusión de la población. Aquí se puede decir que desde los años 50 o 60 del siglo XX, no ha parado la guerra civil no declarada. Pero el conflicto siempre estuvo circunscrito a las áreas rurales, mientras el grueso de la población urbana lo conocía a través de las cadenas de televisión, que igual que en otras latitudes funcionan como caja de resonancia del poder hegemónico.

En el siglo XXI, esta alianza finanzas-feudo-narco, podríamos decir que se fue tomando tanta confianza que exageró, creyó que se podía dar el lujo de hacer trizas el Acuerdo de Paz de La Habana, y sobre todo creyó que la capacidad de aguante de la población era infinita. En paralelo a la guerra rural, la condición de vida urbana se fue deteriorando de manera tal que tristemente podemos afirmar que consolidó una generación sin proyectos de vida, una generación sin expectativas de trabajo o de estudio, que al levantarse en las mañanas no sabe qué va a hacer en el día. Tanto se tensó la vida cotidiana, que el letrero que mejor resume la protesta también es resumen desde las ciencias sociales: “nos quitaron tanto, que hasta nos quitaron el miedo”.

Ha emergido una generación cuya disyuntiva es escoger entre arriesgar la vida en la guerra asimétrica contra los fusiles del escuadrón antidisturbios, o regresar “en paz” a sus barrios a comer mierda.

ahí la importancia del trabajo de quienes hoy nos acompañan, en estas tres semanas de paro han tejido en las barricadas una resistencia organizada, Arcoíris, Karen, María y Oscar resistiendo han sido parte de los pilares en la recuperación del sentido de pertenencia de esta generación, ayudando en la construcción incipiente de un proyecto de vida para estos comuneros del siglo XXI, lo que en sumatoria es un nuevo proyecto de país. Nada es fácil, volvamos al inicio, el estallido social ha conseguido poner contra las cuerdas a un régimen asesino y a su capo.

La estrategia “legal” del gobierno es prolongar el hostigamiento a las barricadas (por ejemplo, anoche torturaron y asesinaron en el almacén Éxito del barrio Calipso de Cali), y dilatar at infinitum cualquier negociación seria. Esto se complementa con lo que podemos llamar la estrategia “ilegal”, que es la labor para desordenar la resistencia organizada. ¿Esto cómo opera?, penetrando las barricadas -algunas veces de forma amigable y en otras violenta y amenazante- con las “oficinas” como se conoce a las bandas locales de microtráfico y delincuencia.

A la población latinoamericana y global que nos escucha y acompaña, no dudo en decirles que están ustedes ante el sujeto político que tiene en jaque al neoliberalismo, al feudo y al narcotráfico.

Pero no pensemos con el deseo, todavía no es jaque mate, estamos en una coyuntura que Gramsci hubiera definido como “equilibrio catastrófico”, es decir donde el régimen con su estrategia de asedio, dilación e infiltración aún puede revertir su caída y a mediano plazo, cual gatopardo fabricar una salida donde “todo cambie para que todo siga igual”.

El año que tenemos delante es electoral, primero la consulta interpartidista de noviembre, luego las parlamentarias y presidenciales entre marzo y mayo del 2022. No especulo al considerar que el poder constituido busca crear un candidato con maquillaje antisistema, que con discurso mentiroso se alinee con el paro, para neutralizar al candidato opositor progresista Gustavo Petro, quien en todas las encuestas gana en primera vuelta. La tarea es que la juventud popular se reconozca como sujeto político, con capacidad al lado del apoyo popular y del acumulado de lucha de generaciones anteriores, para derrotar la alianza de corruptos y asesinos, y entre todas y todos se geste sentido de pertenencia con una Colombia de oportunidades para toda su población.

Gradualmente ir consolidando avances políticos, sociales y económicos, que nos permitan un cambio real, incluyente y participativo en las próximas elecciones. Y algo muy importante, esta juventud popular, este sujeto político debe reconocerse a sí mismo con capacidad de entrar con voz propia a participar en la convergencia progresista en construcción para las elecciones de 2022, la Unión de Resistencias de Cali, el Valle y Colombia no necesita intermediarios de los partidos de izquierda, voceros suyos deben llegar al congreso.

Vale citar a alguien que les va a sonar raro que se cite en este contexto, el abuelo de Paloma Valencia, el presidente Guillermo León hace 6 décadas dijo “más vale un centímetro de ministro que un kilómetro de ley”: en el próximo gobierno tiene que haber juventud barrial en los ministerios.

Hasta aquí todo parece perfecto, lo complicado será sobrevivir a las balas y el hambre en los 15 meses que le restan a este régimen. La resistencia organizada de la mano de la solidaridad internacional debe obligar al gobierno a parar el genocidio.

(*) Analista político e investigador académico en economía de la coca para cocaína. @felipetascon57 / 21mayo2021-intervención en el conversatorio Colombia Arde 

¿Ha nacido un nuevo sujeto político en Colombia?

Chile: Elecciones de Convención Constitucional, Municipales y Regionales. Irrumpe el pueblo Constituyente nuevamente. Por Esteban Silva (*)

La tendencia general de la votación fue claramente hacia la izquierda y movimientos sociales y populares antineoliberales en la elección de las y los integrantes para la Convención Constitucional. A pesar de todas las dificultades y los marcos institucionales restrictivos previos, la votación popular mayoritaria se inclinó por las listas políticas y sociales que representan la transformación antineoliberal para escribir la nueva Constitución. Los más emblemáticos candidatos de la DC y de la ex Concertación no fueron tampoco electos.

La derecha sufrió una poderosa derrota y su lista a la Convención Constitucional no obtuvo el tercio que requerían para bloquear a la mayoría popular y opositora en la Convención Constitucional para la elaboración de la nueva Constitución.

La derecha oficialista se desfondó también en las candidaturas a municipales, perdiendo los principales municipios del país como el de la capital de Santiago, que pasa a ser encabezada por primera vez en la historia de Chile por una alcaldesa comunista como Irací Hassler. Lo mismo ocurrió con alguna de las principales gobernaciones regionales, destacándose la elección como gobernador de Valparaíso de Rodrigo Mundaca, destacado luchador social por los derechos del agua candidato independiente por el Frente Amplio.

La derecha de la coalición oficialista Chile Vamos quedó fuera de la disputa por la gobernación de la Región Metropolitana y la segunda vuelta será entre dos tipos de oposición, la de Claudio Orrego de la democracia cristiana y sus socios de la ex Concertación y Karina Oliva, del Frente Amplio apoyada por el PC, fuerzas de izquierda y movimientos sociales.

Con su completo comportamiento errático, represor y minoritario, el gobierno de Sebastián Piñera terminó de enterrar toda posibilidad de recomposición del "partido transversal del orden" y de los grupos de la derecha empresarial, para impedir o bloquear estratégicamente la movilización social del pueblo trabajador y su confluencia político y social para terminar con el modelo neoliberal y con su actual institucionalidad.

La nueva situación abre nuevos caminos para seguir avanzando hacia la transformación social, económica e institucional de Chile y ello contribuye a posibilitar un rearme popular y ciudadano de la movilización y la organización de Asambleas Populares Constituyentes desde los territorios; lo que permite darle continuidad también en lo electoral y en lo institucional a la demandas y propuestas del pueblo expresadas por la rebelión popular conocida como el estallido social a partir del 18 de octubre del 2019.

Ha quedado claramente demostrado que un proceso constituyente sin movilización social es letra muerta. Resultados muy importantes, que sin lugar a dudas tienen y tendrán repercusión y proyección relevante hacia las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre.

Al respecto, quien sale fortalecido de este proceso eleccionario es el alcalde Daniel Jadue, quien resultó reelecto alcalde de la comuna popular de Recoleta con más del 64% de los votos y quien es el candidato presidencial del Partido Comunista y se perfila ahora con mayor proyección como candidato a la presidencia de la República con un amplio y creciente apoyo de amplios sectores de la izquierda socialista y de los movimientos sociales y populares.

(*) Sociólogo chileno.

De las barricadas a las grandes movilizaciones

Colombia: ¿hacia dónde va esto? Por Felipe Tascón Recio (*)

Por decirlo de forma elegante, el paro nacional es bicéfalo: una cabeza es el Comité del Paro, la jerarquía sindical organizada que lo convocó cuando supo leer el descontento acumulado y lo madura que venía la protesta; la otra es la lucha callejera, la juventud popular en las primeras líneas, que soporta las barricadas con apoyo de la retaguardia barrial en el país, con particular fuerza en Cali y el Valle del Cauca, en la cual empieza a darse una incipiente organización.

Esta diversidad le da la fuerza al paro, pero al tiempo puede ser bumerán contra sus metas. Para avanzar, se necesitan estas dos cabezas coordinadas y respetándose. Para lograr sinergia se requiere una lectura común del momento histórico que estamos viviendo, no se trata de la negociación tradicional de un pliego laboral, tampoco es la revolución anticapitalista. En las calles inició una protesta pacífica del pueblo cansado de un régimen que lo esquilma con impuestos, reforma a la salud, laboral y pensional, etcétera. Pero esto tumba al régimen uribista.

¿Qué particularidad da pie a la violencia exponencial con que responde el régimen? La hegemonía política en Colombia es la alianza entre tres clases sociales: 1. Los empresarios financieros nacionales y foráneos; 2. Los grandes terratenientes filo-feudales, y 3. Los empresarios de la cocaína. El poder es de una alianza triple entre feudo, narcotráfico y neoliberalismo, y este combo sólo sabe gobernar con guerra. En 15 días la población urbana ha conocido lo cotidiano del campo.

La alianza del poder usa, primero, la represión con paracos [paramilitares], soldados y policías, sólo que ahora las masacres no son rurales, sino que las ejecuta en el pavimento; segundo, la guerra económica, que en el campo se traduce en retención de remesas, en lo urbano incluye despidos de marchantes y sobre todo el bloqueo a la entrada de alimentos, medicina y gasolina, y a la recogida de basuras; busca enfrentar pueblo contra el pueblo, para deslegitimar la protesta social; y tercero, la herramienta ideológica, mentiras y rumores a granel en los medios y a través de sus bodegas informáticas; así en este país feliz no hay hambre, por ende la causa tiene que ser externa, los culpables son todo el catálogo de chicos malos de Colombia y el planeta.

Focalizar la represión en la Guardia Indígena no es sólo racismo, los nasa (N.E.: grupo indígena) en estos días fueron claves en el principio de organización de las barricadas. Mientras, generalizar contra Ciudad Jardín es errado y peligroso, es cierto, ahí hay traquetos [traficantes], pero la mayoría de la comuna 22 es clase media alta profesional en medicina, derecho, ingeniería, cátedra universitaria, etcétera, son gente también afectada por el paquete uribista y deben ser nuestros aliados.

Uribe se está cayendo y sus zarpazos siempre serán asesinos. Ayer, cuando el régimen barrió Sameco, una señora nos dijo que todo sería en vano, le contesté que era hora de mover la estrategia ¿de qué sirve la juventud popular muerta?, ¿acaso la meta es que sus nombres remplacen a Belalcázar? No, a la juventud de esta pelea, el futuro la necesita para construir el nuevo país desde 2022, por eso las barricadas deben dar paso a manifestaciones masivas, el régimen nunca tendrá paracos suficientes para masacrar millones protestando. En paralelo, una negociación cuya meta es una sola: derrumbar los cimientos económicos del régimen.

En guerra, Uribe y su régimen conservan el poder; en paz, ganamos nosotros, el pueblo.

 

(*) Economista, experto en proyectos de prevención de drogas, cohesión social y cooperación al desarrollo. Publicado en Cuarto de hora y La Hora de México.

Arde América Latina al profundizarse la crisis provocada por el orden injusto de la desigualdad social acrecentada por los ajustes permanentes de las economías que estrangulan siempre a los que menos tienen. Los pueblos dicen basta globalizando las protestas. La respuesta del sistema financiarista especulativo que destruye trabajo, es REPRESIÓN Y MÁS REPRESIÓN.

MILITEMOS LA PATRIA GRANDE ES UN ESPACIO DE PARTICIPACIÓN POLÍTICA NACIDO POR INICIATIVA E INSPIRACIÓN DE PEDRO PÁEZ PÉREZ: ECONOMISTA ECUATORIANO, PENSADOR Y MILITANTE DE LA CAUSA COMÚN LATINOAMERICANA. TRANSFORMAR SE SUMÓ A UNA SERIE DE ORGANIZACIONES ARGENTINAS QUE SE UNIERON A OTRAS DE LA REGIÓN PARA HACER UN APORTE COMPROMETIDO CON LA CONSTRUCCIÓN DE LA PATRIA GRANDE, EN ESTE TIEMPO CRÍTICO DE INJERENCIA IMPERIAL PARA APOYAR EL PROCESO ELECTORAL Y LA CANDIDATURA DE ANDRÉS ARAUZ.

Última reunión previa a la elección del 11 de abril

Reunión semanal del colectivo Militemos la Patria Grande

EL GOLPISMO ES LA FORMA EN QUE LAS OLIGARQUÍAS ACCEDEN AL GOBIERNO CUANDO NO PUEDEN HACERLO POR LOS VOTOS. FORMAN PARTE DE SU ESTRATEGIA LA MENTIRA Y LA DESINFORMACIÓN, EL ASEDIO DESGASTANTE MEDIÁTICO A TRAVÉS DE LA DIFAMACIÓN Y LA DESCALIFICACIÓN DE TODA ACCIÓN DE GOBIERNO QUE SE HAGA A FAVOR DE LOS QUE MENOS TIENEN. PERO NO HAY QUE PENSAR QUE TIENEN ALGÚN REPARO EN USAR LA FUERZA DE LAS ARMAS, LOS ATENTADOS, LA DESESTABILIZACIÓN POR EL CAOS.

El GOLPÍSMO no ha sido abandonado por las oligarquías en América Latina en sintonía con los intereses imperiales que activan todo el tiempo desde sus fundaciones, medios de comunicación y toda su red de influencia. Algunos referentes políticos y partidos van adelante con esa ofensiva más o menos disimulada bajo disfraz democrático. "Todos contra el progresismo", o populismos, o gobiernos populares, parece la consigna que los une en toda la región. La respuesta tiene que ser regional.

ALERTA NUEVO GOLPISMO EN AMÉRICA LATINA

ELECCIONES EN ECUADOR: hacia la segunda vuelta.

Participamos con Pedro Páez Pérez en esta actividad de puesta a punto de la situación en Ecuador, análisis y planificación de tareas solidarias para defender el proceso democrático en curso, rumbo a restablecer la voluntad popular trampeada por el neoliberalismo.

Ecuador y la oportunidad de recuperar Unasur. Por Mariano Nascone (*)

 Ecuador vuelve a ser el centro de todas las miradas de la Patria Grande. Aquel país que supo ser la Capital Suramericana con la Sede de UNASUR, hoy reabre las esperanzas de recuperar el camino del desarrollo, la inclusión social y la integración regional alcanzados durante 10 años, entre el período 2007 – 2017.

Estos no son sólo anhelos de una sociedad que reconoce las mejoras en sus condiciones de vida durante los gobiernos de Rafael Correa, sino que son parte del presente y el futuro que representa la fuerza de un candidato joven como Andrés Arauz. Basta con ver su Plan de Gobierno (wikiplan) que propone “retomar la integración regional, particularmente la UNASUR y CELAC, para un ejercicio pleno de los derechos humanos en la región”, a la vez de “consolidar y profundizar la ciudadanía suramericana”.

La Ciudadanía Suramericana significa una visión estratégica donde las y los ciudadanos tengan derechos por el simple hecho de ser ciudadanos/as de algunos de los doce Estados Miembros del bloque. Busca dar un nuevo sentido a la integración, posicionando la movilidad de personas como uno de los objetivos centrales, algo que la globalización no favoreció, sino que obstaculizó. Si se añaden estos objetivos a las agendas de integración para la cooperación económica, y en temas como infraestructura, defensa, seguridad, entre otras, serán claves para el desarrollo porque lo regional no reemplaza lo nacional, sino que lo fortalece.

Debemos reconocer que no hay posibilidad alguna para nuestros países de superar los efectos de la crisis actual- que fuera visibilizada y profundizada por el COVID 19- si no nos integramos. En este sentido hay una agenda positiva en UNASUR, así como una Sede, estatutos e instituciones que tenemos que recuperar de inmediato. No es cuestión de crear nuevos organismos de integración sino de poner a funcionar lo existente en un formato que represente a todas y todos.

En términos concretos significa, entre otras cosas, retomar proyectos como la compra y producción conjunta de medicamentos, hoy esencial en tiempos de pandemia; promover la movilidad académica (reconocimiento de Títulos); científica; tecnológica; productiva; socio-laboral (reconocimiento de aportes de los trabajadores); de asistencia consular, entre tantos otros. Uno de los efectos de la pandemia, es haber demostrado la necesidad de la integración más allá de las ideologías. Los ejemplos de cooperación logística entre Argentina y Bolivia para la provisión de vacunas, entre Argentina y Méjico para la producción de vacunas, o entre Venezuela y Brasil en materia de insumos hospitalarios, son algunos de los ejemplos.

Adicionalmente, en el plano multilateral la necesidad se centra en contar con una estrategia geopolítica para posicionarnos como bloque en un mundo cada vez más multipolar que representa una oportunidad para nuestros países. Los gobiernos progresistas deben tomar la iniciativa de levantar con fuerza la bandera de la integración y emprender liderazgos capaces de negociar, persuadir y consensuar los acuerdos necesarios con todos los países de la región. Precisamos continuar reparando las deudas históricas de nuestros pueblos que garanticen modelos de desarrollo económicos, sociales, ambientales con la gente adentro.

Seguramente Ecuador volverá a ponerse de pie como ya sucedió con Méjico, Argentina y Bolivia, lo que será fundamental para poner la Patria Grande de pie. Sin dudas la victoria de Andrés Arauz será también de toda la Patria Grande para alcanzar este objetivo que no sólo anhelamos, sino que demandan nuestros pueblos.

(*) Ex Director de UNASUR (2015 – 2018) y ex jefe de Departamento del Mercosur (2011 – 2015).

ECUADOR POR EL TRABAJO Y LA PRODUCCIÓN CON CIENCIA Y TECNOLOGÍA AL SERVICIO DEL DESARROLLO HUMANO

Ecuador por la vuelta de la democracia popular. Elecciones 7 de febrero 2021. Andrés Arauz Presidente.

Recuperación de la salud pública, Renegociación de la deuda, Relanzamiento de la economía con igualdad y redistribución de la riqueza.Reconstrucción del tejido social. Ciencia y tecnología, más educación, Internet como Derecho Humano básico. Son algunas de las propuestas.

Diseñar un continentalismo solidario: "Nadie se salva solo".

El presidente Alberto Fernández asumió la presidencia pro tempore del Mercosur, afirmando que "la incorporación de Bolivia como estado parte será un enorme logro en este objetivo, un verdadero hito en este proceso de integración regional que debemos seguir profundizando".

"Es hora de superar la globalización de la indiferencia y construir la universalización de la solidaridad y esa tarea comienza por nuestra nave insignia: el Mercosur, con matices y diversidad" aseguró remarcando la nece sidad de " más y mejor Mercosur". Y expresó su deseo de que el bloque se convierta en "la nave insignia del desarrollo sustentable, la innovación tecnológica y la inclusión social".

Ante la presencia de sus pares de Uruguay; de Paraguay, Mario Abdo Benítez, de Brasil, Jair Bolsonaro; de Bolivia, Luis Arce; y de Chile, Sebastián Piñera, el Presidente llamó a diseñar "acciones que contribuyan a una recuperación económica" de la región.

"Me hago cargo en un momento difícil pero con mucho entusiasmo. En memoria del querido Tabaré Vázquez asumo la función que me asignan con todo el compromiso y el amor que siento por este continente. Sueño de un Mercosur distinto, convertido en nave insignia del desarrollo sustentable, la innovación tecnológica y la inclusión social".

"Superar esta pandemia -aseguró- supone que construyamos un continentalismo solidario, entendiendo -como suele decir el Papa Francisco- que en ningún lugar del mundo, tampoco en América Latina, nadie se salva solo".

Gran parte de las dificultades que enfrentamos en Nuestramérica, como ya lo advirtiera José Martí, nos vienen de la injerencia imperial de USA que van desde la colonización cultural hasta la amenaza militar siempre presente. Desde causas falsas por corrupción a las destituciones, los golpes blandos con o sin participaciones policiales o de fuerzas armadas, law-fare, hasta las proscripciones encubiertas o amañadas, como la que afectó a Ecuador hace poco, cuando a dos meses de elecciones no estaba despejado el camino legal. No obstante los pueblos ya han puesto de manifiesto su decisión inquebrantable de ir por su emancipación definitiva de todo tutelaje extranjero. El triunfo contundente en Bolivia, el claro golpe al neoliberalismo chileno planteado por las movilizaciones populares que culmina en la reforma de la constitución; por toda nuestra región se fortalecen las organizaciones del pueblo que impulsan y ejercen una democracia cada vez más participativa con contenido social. En medio de esta coyuntura el pueblo ecuatoriano se prepara para derrotar al bloque oligárquico y sus aliados externos, el próximo 7 de febrero. Desde estas páginas expresamos la voluntad de organizar los apoyos de nuestra gente. Celebramos la visita de Andrés Arauz Galarza, candidato a presidente y los apoyos recibidos.

Dos puños aunados para consolidar un poder en construcción; el de un bloque regional que exprese y organice la voluntad popular independentista de la Patria Grande.

Lazos de amistad fraterna. El camino de la unidad en el destino común de América Latina desarrollada, desde la riqueza enorme de su pluraridad de voces y culturas.

Alberto Fernández volvió a poner a la Argentina en el mapa geopolítico de los grandes afectos de la Patria Grande. Que es lo mismo que decir en los interes de los pueblos. El antiimperialismo del hermano pueblo de Bolivia se ha afianzado virtuosamente en un ciclo que lleva como matriz la plurinacionalidad, la puesta en su lugar de todos los componentes étnicos que habían estado sometidos desde la colonia sin solución de continuidad, bajo un racismo que no ha desaparecido pero se tendrá que subordinar mientras se replantea su pensamiento anti democrático y anti humano. La extraordinaria epopeya del regreso no solo al gobierno en menos de un año, sino a una instalación victoriosa en el seno de la región, a la que le aporta su fuerza incontenible, arraigada en la cultura milenaria de sus ancestros.

Discurso de asunción del nuevo presidente Luis Arce. "Nuestro objetivo es el Vivir Bien para todas y todos los bolivianos". América territorio de paz. Un mundo sin muros. Mundo multipolar. Unasur para todos con las diferencias de gobiernos e ideas. Sin miedo, sin racismos. Autodeterminación, no alineamiento. "Lucho", una nueva esperanza en marcha en Bolivia. Una Bolivia mejor es posible. "Honor y gloria al pueblo boliviano"

Despedida fraterna, después de un año de asilo solidario al compañero de la Patria Grande Evo, Alberto cierra ese abrazo simbólico con carácter salvífico: Evo y su vice García Linera corrían peligro de muerte. La dictadura sangrienta de fachada democrática se cobró vidas en Bolivia amparada por OEA-Usa.

"Tendremos otra vez Unasur para enfrentar a la OEA " Multitudinaria recepción a Evo y Alvaro en territorio cocalero, luego de kilométrica marcha a partir del fin del exilio en Argentina, llega el discurso de Evo. Para aclarar los tantos: En el mundo la disputa es por los recursos naturales, el golpe en Bolivia fue de cuño norteamericano y por el litio. Esas son las líneas de actualización política que comparte Evo con su pueblo. Volvió para decir que la nacionalización de los recursos es lo que hizo posible dar vuelta la historia de la Bolivia pobre, "de ser la última economía en la región, pasamos a tener varios países pidiéndonos dinero". Es el logro del pueblo que ahora retoma la senda de la independencia definitiva. Para que eso ocurra en la región, no duda que ha de ganar el candidato del pueblo en Ecuador, y así se podrá recuperar la Unasur para defenestrar el rol golpista de la OEA, pata imperialista de falso ropaje democrático. Tales las bases que sostienen el proyecto central de la Unidad de pueblo y gobierno, la unidad de los dirigentes en apoyo al proyecto de recuperar a Bolivia con Lucho Arce Presidente y David Choquehuanca Vicepresidente. Tarea impuesta, la de reconstrucción, a partir del año de destrucción golpista que fue muy exitoso en la generación de daños y en detener por un tiempo el decidido avance de la revolución del Estado Plurinacional. La consigna es clara: “Tenemos una larga lucha todavía, sólo quiero pedirles unidad, sin marginarnos, fundadores, ex dirigentes, ex autoridades, dando prioridad a las nuevas generaciones. Unidad por la patria, unidad por nuestro proceso de cambio. Esa es nuestra responsabilidad”. AQUÍ Y ALLÁ UNIDAD ES LA BANDERA DE LOS PUEBLOS QUE QUIEREN SER LIBRES DEL YUGO IMPERIAL.

Multitudinaria fue la caravana por territorio boliviano y el acto en su tierra cocalera, Chimore. Evo pone su liderazgo al servicio de la unidad y la gobernabilidad.

Discurso del vicepresidente electo David Choquehuanca, derramó su discurso centrado en la matriz multicultural de los pueblos bolivianos y que es su prédica de siempre, en una cruzada descolonizadora pedagógica que rescata Tiwanaku, la tradición, el Pachakuti de los pueblos originarios, la CULTURA DE LA VIDA de Abya Yala. Pacha Mama y Pacha Kama. La complementariedad de opuestos.

Revolución de ideas y equilibrios.

Conmocionante, inquietante panorama trazado en esta entrevista de Julio Fernández Baraibar a Leonel Brizola, concejal brasileño. Sorprende la gravedad de la situación, a pesar de conocerse los tortuosos criterios políticos del presidente de Brasil.

Rumores de golpe y de auto golpe. Parece el Brasil de hoy un campo de experimentación de políticas neoliberales de variada intensidad violenta, contra los pueblos.

Las movilizaciones en Chile generaron el gran espacio público callejero al que bautizaron Plaza de la dignidad. Semejante movimiento popular ha conmovido las estructuras de la dependencia y la desigualdad inmoral que genera el imperio arrasador del Dios Dinero impuesto a sangre y fuego en dictadura y consolidado por la Democracia Domesticada. Pero, como decía Juan Perón en La Hora de los Pueblos, llega el momento del hartazgo ante el perpetuo sacrificio. El pueblo dice basta y siembra en los niñ@s y jóvenes la semilla de un futuro DIGNO.

Niñas y niños chilenos, con total claridad hablan de la conciencia madurada de un pueblo dispuesto a cambiarlo todo.

Aquí, allá y en todas partes

América Latina busca su destino. Por Lido Iacomini

Ya a fines de Octubre comenzó a evidenciarse en el sur del continente una crisis política y social con facetas diversas según las peculiaridades nacionales. Ecuador, Chile, Perú, Bolivia y finalmente Colombia.

Estallidos de convulsiones sociales, crisis en los sistemas institucionales, crisis de representación política, derrumbes económicos; diferentes en cada caso, pero con un grado de simultaneidad imposible de desconocer e indispensable de analizar. ¿Qué está sucediendo? ¿Cuáles son los factores comunes que están operando sobre nuestros países?

Un factor externo común es el marco de la globalización neoliberal de cuño norteamericano. La disparidad de condiciones está determinada por una llegada (cuando llegaron) tardía, al desarrollo capitalista. Los países de la región no se caracterizan por un capitalismo tardío sino por una llegada tardía al capitalismo. El papel preponderante de los EEUU en la región (que no casualmente habían llegado primeros) creó una verdadera carrera de obstáculos a su despegue, principalmente industrial.

Nuestros países, empujados a ser proveedores de materias primas con escaso valor agregado y a menudo sin diversificación, es decir monoproductores, corrieron ésta carrera con claras desventajas. Argentina es quién mejor zafó en cierta medida, gracias a sus momentos históricos nacional populares y, aun con incipiencia, pudo desarrollar industria automotriz, aeronáutica, naviera, atómica y hasta espacial. En América latina la democracia representativa es su escalón político más alto y su límite. Es que hay un punto de fricción que evidencia la incompatibilidad entre los magros resultados económico del neoliberalismo y las aspiraciones democráticas y de ampliación de derechos de los pueblos.

Es justo decir que el proyecto neoliberal ha fracasado económicamente y que mantener sus premisas y necesidades, como la reducción salarial y la flexibilizacion laboral, requiere más control social y represión. Pero los pueblos no toleran ese rumbo. Las premisas institucionales de la democracia burguesa no le bastaron al neoliberalismo para darle continuidad al proceso de acumulación. Degradando la vida parlamentaria vaciaron el sistema de representación, judicializaron la política al extremo del lawfare, dinamitando uno de los pilares del demoliberalismo.

Este modelo neoliberal, que es el modelo capitalista realmente existente (liderado por los norteamericanos) y caracterizado por una producción mundializada y una financiarizacion desbocada, no encuentra alternativa modélica para su autosuperacion. Vale mencionar que el sistema capitalista ha atravesado diversas y sucesivas crisis, al punto que algunos analistas sostienen que la crisis es consubstancial al capitalismo e inundaron de pesimismo a los luchadores anticapitalistas. Pero vale decir que ésta crisis constituye una transición, hasta el momento, hacia un no lugar, al que algunos teóricos denominan por falta de algo mejor, el postneoliberalismo. Una palabra incapaz de mística y que no logra reemplazar la ahora arcaica palabra socialismo.

Yo suelo decir que en realidad hay dos transiciones: una transición política signada por la crisis de hegemonía del sistema capitalista realmente existente que se superpone y entrelaza con otro momento límite de la humanidad, el de una crisis civilizatoria donde el avance científico técnico está arribando a un momento que pone en cuestión todas las formas de vida que hemos conocido hasta el momento, pone en crisis la ocupación del hombre en el trabajo y su relación con la máquina, con las formas de la explotación y el uso del tiempo libre y el dominio de la naturaleza. Al momento que el uso indiscriminado de la misma cuestiona la continuidad de la vida en el planeta.

El neoliberalismo demostró que ya no puede ser motor de la historia, pero el vigor de los pueblos como el chileno, el boliviano y todos los pueblos latinoamericanos que se agolpan hoy en los pasillos de sus luchas nacionales, sí son un motor apto y nos traen las semillas que la labor teórica contribuirá a hacer florecer para embellecer el destino de ésta humanidad hastiada de injusticia, desigualdad y fascismos. De capitalismo, bah...

En toda América latina se levanta a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación.

Entrevista a Evo, de Rafael Correa: "la OEA ahora se tiene que llamar De Norteamérica"

Dos grandes líderes, dos presidentes curtidos en las arremetidas golpistas, dialogan sobre las formas de la resistencia, la organización popular, el papel de los organismos internacionales y el lawfare.

OFENSIVA SOBRE AMÉRICA LATINA: EL ATAQUE A EVO MORALES ES UNA ARREMETIDA DE EEUU SOBRE AMÉRICA LATINA LIBRE Y SOBERANA. Por: Jorge Rachid

Nunca más claro ni específico, han perdido las formas y hasta el pudor, atacar al pueblo boliviano que ha ejercido su mandato constitucional de votar, en donde sólo se discutía si la diferencia era de 9,5 o el 10% sobre el candidato opositor, abrió las puertas de la violencia a los grupos organizados por el Departamento de Estado, para llevar a Bolivia a un baño de sangre. Evo Morales, aymara y Presidente electo constitucionalmente, en su sabiduría ha procedido a intentar evitarlo llamando a nuevas elecciones, para intentar descomprimir la situación. Entre la sangre y el tiempo, eligió esto último, al estilo ghandiano, para preservar lo que queda de margen de maniobra para la paz en el país hermano.

Tiene historia de violencia racial Bolivia, también de la reacción violenta del pueblo ante los avasallamientos de una oligarquía que siempre quiso seguir con “la mita y la encomienda”, sobre los pueblos originarios. Un Presidente fue linchado, Villarroel en 1946 fue colgado de un farol frente al Palacio del Quemado, sede del ejecutivo boliviano. Esa multitud enardecida por el saqueo, era compuesta por estudiantes, obreros y mineros, profesionales y pueblos originarios, cansados del maltrato oligarca. Hoy es esa oligarquía la que quiere retomar el poder a como dé, con violencia si las elecciones no funcionan, con un presidente designado como en Venezuela o escindiendo el Oriente rico del Alto pobre. Esa maniobra en marcha ha incluido asesinatos, incendios de viviendas y actos de terrorismo contra las autoridades constitucionales, que se han privado de reprimir. Esa maniobra incluye, ahora, la rebelión de la Policía cooptada por el enemigo, quemando casas de funcionarios, secuestrando familias, ante la pasividad de los efectivos. Ningún diario de la región relata los hechos como son, la OEA conducida por el ex Tupamaro vergonzante y el Grupo de Lima, creado por EEUU para derrocar al gobierno constitucional de Venezuela, apoyan el golpe. El Grupo de Puebla reunido en Buenos Aires, en su proyección de recrear el UNASUR deconstruido por el neoliberalismo regional, apoya a Evo Morales y las autoridades constitucionales.

Nuevamente EEUU pretende someter a la región a la balcanización y la fragmentación, ante el avance de los pueblos por su Emancipación y Liberación Nacional como Patria Grande. Pueden estar llevando adelante un proceso sangriento, como lo hicieron siempre en la historia: en siglo XX Argentina, Chile, Panamá, Santo Domingo, Colombia, Guyana, Haití en forma abierta y empleando otros procedimientos supuestamente institucionales, suprimiendo Parlamentos o manipulando juicios políticos destituyentes. Es similar al siglo XlX, dividir esta potencia de 450 millones de latinoamericanos de la Patria Grande, que el viaje de Alberto Fernández a México ha redoblado en la intención de reconstruir, con el gigante atado a la frontera sur de EEUU, quien lo somete y condiciona con el NAFTA. La balcanización latinoamericana es el éxito de EEUU y las oligarquías locales, cipayas y entreguistas, sumisas y colonizadas, la Unidad Latinoamericana es la victoria de los Pueblos.

Bolivia resistirá siempre, Evo Morales ya es un Líder trascendente en la historia de los pueblos de la región y del mundo. Un indígena gobernando sacó a su pueblo de la exclusión social, de la indigencia y el desamparo, del analfabetismo recuperando la dignidad, creando un Modelo Biocéntrico de sociedad protegiendo a los seres humanos y la naturaleza. Hacer esto mismo le costó a Lula su prisión y persecución por los sembradores del odio racial, que propicia el Imperio.

Como Perón en 1955, Evo intentó evitar el baño de sangre con su renuncia y salida del poder. Como entonces la persecución y la muerte acechan al futuro boliviano. El Imperio no se rendirá en su intención de alambrar la región, aislarla del resto del mundo, en donde sus derrotas son constantes. Demostrando que la democracia no es su intención, sino la dominación y la colonización continental. Los pueblos no lo permitirán, “más temprano que tarde, se abrirán las alamedas….”, palabras de Salvador Allende ante el golpe de 1973 y así lo demuestran hoy Chile y Ecuador con violencia popular y la Argentina con el voto del pueblo. Por esas certezas Evo Morales y García Linera, como Perón, volverán y serán millones, porque la memoria de los pueblos no muere nunca, ni puede ser matada.

PRIMERO LA PATRIA

Después del golpe

Julio Fernández Baraibar: enorme carga poética en esta semblanza política sobre nuestra historia Grande.

Lula enseñanzas de vida, de lucha política y de gobierno

Liberación Fiesta popular

La decadencia de la restauración neoliberal en América Latina. Por Emir Sader (*)

(08/10/2019// Alai) El retorno eufórico de la derecha a los gobiernos latinoamericanos ha producido la derrota espectacular de Mauricio Macri, el estado de excepción de Lenin Moreno en Ecuador para intentar contener la ira popular en contra de su paquete neoliberal, la proyección de Bolsonaro como el más ridículo, caricaturesco y grotesco jefe de Estado del mundo. Esos eran los personajes que iban a recuperar las economías de nuestros países en la línea de sanear las finanzas públicas, recuperar el prestigio internacional de nuestros países, terminar con la corrupción, superar a gobiernos populistas y hacer nuestros países llegar a la estabilidad, el desarrollo y el bienestar social. Han pasado pocos años, quizá meses, para que los heroicos personajes de la restauración neoliberal sean personajes ridículos: Macri, Lenin Moreno, Bolsonaro. ¿Quién da algo por ellos? ¿Quién cree que Macri va a revertir las elecciones argentinas? ¿Quién cree que Moreno va a logar salir indemne de la crisis ecuatoriana actual? ¿Quién cree que Bolsonaro es el futuro de Brasil? La derecha ha tomado el gobierno de países que se habían recuperado, permitiendo que volvieran a crecer, que disminuya la desigualdad, países que tenían buenas relaciones de cooperación con sus vecinos, que lograron estabilidad política, convivencia pacífica y democrática entre las fuerzas políticas, sociales y culturales, que posibilitaron que el Estado sea respetado por sus políticas de gobernar para todos y garantizar los derechos de todos. Basta mirar cuál es la situación de países como Argentina, Brasil, Ecuador, entregados a la recesión, al desempleo, a la miseria, a la pérdida de apoyo y de legitimidad de sus gobiernos, a pocos años de que los presidentes de derecha volvieran al gobierno, para darnos cuenta de los esfuerzos, legales e ilegales, que la derecha ha hecho para frenar los gobiernos de izquierda y volver a la presidencia de esos países. Solo basta ver lo que era el Ecuador de Rafael Correa y en lo que se convertido en manos de alguien elegido en base al éxito del gobierno de Correa, que traicionó a los que lo eligieron e hizo lo que la derecha planteaba y arrojó al país al borde del caos, con ¡ocupación militar de las calles de Ecuador! Lo que era el Brasil de Lula, país respetado en escala mundial, con un presidente que dejó su mandato con el 80% de referencias negativas en los medios, pero con el 87% de apoyo de la población. Brasil crecía y distribuía renta, saliendo del mapa del hambre. Y ahora está en manos de un presidente al que nadie respeta, que está conduciendo el país a la miseria y a la violencia desenfrenada. Miremos cómo Néstor y Cristina rescataron a Argentina de la peor crisis de su historia, el país volvió a desarrollarse y a generar empleos. Su país logró superar el endeudamiento con el FMI y volvió a ser respetado en el mundo. Vale compararlo con el país que Macri no tiene vergüenza en entregar a las fuerzas democráticas que vuelven, un país que cumple tres años de estanflación, con el pueblo sumido en la miseria y el hambre. Pero hay una lógica en la locura que la derecha hace en esos países y quiere hacer en otros. Su rol es, antes de todo, buscar quitar legitimidad y apoyo popular a los liderazgos populares más importantes que esos países han tenido. Esos líderes han sido transformados en los principales enemigos de las oligarquías locales y de la política norteamericana, porque con sus políticas han conquistado la confianza de sus pueblos y el prestigio internacional, con políticas que privilegian los procesos de integración regional y no los tratados de libre comercio con los EEUU. En segundo lugar, sustituir políticas económicas que han privilegiado el desarrollo del mercado interno de consumo de masas, por las políticas de ajuste fiscal, que promueven los intereses del capital financiero. Retoman el modelo neoliberal, vigente en el capitalismo mundial, a pesar de que ha llevado a las grandes potencias a una profunda y prolongada recesión. Apostar por el modelo antineoliberal es un ejemplo de política económica alternativa, que prueba que no hay un solo camino, como el consenso de Washington y el pensamiento único tratan de imponer. La derecha latinoamericana ha retomado los gobiernos de países como Argentina, Brasil, Ecuador, y ha demostrado que no han aprendido nada de su fracaso anterior y del éxito de los gobiernos progresistas. Fracasan de nuevo, fracasan mejor, fracasan más, son y serán derrotadas de nuevo.

(*) Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

https://www.alainet.org/es/articulo/202564