Conflictos y reclamos ante una globalización injusta: la respuesta global que pide cambio.

El Mundo después del coronavirus. Por Mario Morant (*)

 

La crisis del globalismo

El paradigma de la globalización venía haciendo agua. Fuerte golpe había recibido en 2008, con la pandemia económica que en Argentina pasó casi desapercibida – especialmente – para los sectores más vulnerables.

Era la presencia en el gobierno de un régimen popular que priorizaba a esos sectores. Sin embargo, el problema no era de Argentina sino especialmente de los resultados de la aplicación de una política neoliberal que centraba en la libertad de mercado el crecimiento de la economía. El tema era mundial, los efectos involucrarían al resto del mundo y harían más cierto que nunca aquello de que, si no entendemos lo que pasa en el mundo, menos entendemos lo que pasa en cada uno de nuestros países.

Este debe ser, desde nuestra realidad situada, el punto de partida de un análisis serio de las actuales circunstancias. El capitalismo está en crisis por diversas circunstancias pero paradójicamente una de ellas, y de las más importantes, es su éxito en la producción de bienes de forma masiva y de creciente complejidad tecnológica. Este fenómeno produjo un abaratamiento de los bienes producidos de tal manera que empezó a afectar la rentabilidad de los productores, al punto que comenzaron a buscar maneras de incrementar sus ganancias por otros medios. Ello y otras razones económicas dieron lugar a un proceso de “deslocalizaciones” de las principales industrias del mundo desarrollado – especialmente los EEUU.

En efecto, trasladar la producción a países ávidos de radicación de capitales y generación de trabajo, que recibirían con gusto a aquellas industrias, al precio de sacrificar leyes laborales de protección al trabajo y merma en la recepción de impuestos por parte del Estado. Ese proceso fue permitido, y hasta alentado, por los EEUU en relación a sus empresas, con la idea de que siempre mantendrían el monopolio de la tecnología de producción de esos bienes, lo que no permitiría a otros países hacerse de ella.

Pero no fue así. Los primeros no fueron los chinos sino más bien los japoneses, pero inmediatamente China comenzó en gran escala a copiar y desarrollar tecnologías de producción de bienes y sus propias tecnologías, que superaron ampliamente la previsión americana. En ese punto, la globalización se vuelve en contra de las políticas neoliberales de los gobiernos de EEUU e Inglaterra.

Ellos habían sido los gestores de esa “Globalización” que traía aparejada una fenomenal expansión del capital financiero por todo el mundo. En efecto, el nivel de ganancias de las empresas deslocalizadas exentas de pagar altos impuestos y altos salarios comenzó a crecer. El problema era que había que colocar ese dinero en alguna parte para que se reprodujera, y el lugar más seguro donde eso sucede son los bancos.

Pero a su vez, los Bancos tienen que invertir en alguna parte para que la rueda siga girando. Aquí ameritaría una explicación más técnica a cargo de economistas y no es el objetivo de este artículo. Pero la deslocalización había producido en Europa – especialmente – la ruptura del Estado de Bienestar. Este Estado estaba asentado, desde la posguerra, en la idea de que había en las sociedades tres actores principales:

El Estado, los Empresarios y los Trabajadores.

Un Estado que canalizaba las inversiones, cobraba los impuestos y distribuía la riqueza de acuerdo a parámetros capitalistas – por cierto – pero desde allí. Una burguesía empresaria que ponía a funcionar el sistema productivo y generaba ganancias para esa burguesía y recaudación para el Estado. Y, finalmente, los Trabajadores, que se beneficiarían con la creación de puestos de trabajo y salarios. El esquema no dejaba de ser capitalista, aunque basado en la producción y el trabajo. La injusticia del sistema venia por otra parte, pero tampoco es el objetivo de este trabajo. Lo cierto es que ese esquema fue bastante exitoso mientras duró. Y esto fue hasta que comenzó la “globalización”. Allí, las deslocalizaciones afectaron a los tres componentes de esta trilogía del Estado de Bienestar. Primero a los trabajadores, en tanto y en cuanto los de los países industrializados fueron dejados de lado por las industrias que se deslocalizaron y debieron buscar labores menos remuneradas o pasar al desempleo.

Pero los trabajadores de los países “beneficiados” donde se establecieron las empresas también pues, a pesar de lograr trabajo, éste era mal remunerado y sin protección legal. Otro tema, que no hace de momento a la cuestión, era la fuga de capitales en algunos casos y/o la remisión ilimitada de ganancias al exterior, juntamente con la creación de sociedades OFF SHORE. Así las cosas, las empresas de menor envergadura en los países más industrializados cargaban el peso impositivo y encarecían sus productos sin aportar en demasía a la recaudación del Estado.

El Estado ya no oficiaba de regulador de la Economía y distribuía riqueza que ya no le llegaba. Se iba convirtiendo de a poco, y en algunos casos rápidamente, en un Estado mínimo, a gusto del paladar neoliberal. Comenzaba a imperar la idea del Libre Mercado y el Mercado Global. Esto no duró mucho, y un primer aviso se sucedió en el 2008, en donde la economía comenzó a explotar desde aquella “burbuja” financiera, en cuya base se encontraba la generación de dinero a través del dinero mismo, en ausencia de bienes que lo respaldaran. Fue aparentemente superada, pero no resuelta, y volvió a incubar una nueva crisis que estallaría – según los economistas – en el 2020. Ella traería aparejada una situación mundial de extrema recesión económica que afectaría el trabajo y la producción, con sus secuelas de miseria, inseguridad, etc.

Aparece el Coronavirus

En diciembre de 2019, aparece el coronavirus en la China. Dejamos de lado las suspicacias de quienes pensaron que era la mejor oportunidad para justificar una recesión mundial que se le podría imputar – ahora – a un fenómeno ajeno a la voluntad humana. Ni tampoco demos lugar a aquellos que señalaron como estratégicamente oportuno que la enfermedad se declarara en un lugar que constituía el corazón mismo de la producción de autos del más avanzado diseño tecnológico. La ciudad de Wuhan, la Chicago americana en China. No era menos cierto que, si este fenómeno quedara circunscrito al territorio del gran país asiático, surgiría claramente el triunfo de los EEUU en la guerra comercial.

El impacto de un suceso de esta dimensión reposicionaría a los EEUU como líder indiscutible en el orden mundial. No olvidemos que estamos en plena carrera hacia un Nuevo Orden Mundial que reemplace al existente, ya caduco y agotado, que alumbrara en la posguerra. Tampoco olvidemos que el Estado de Bienestar fue fruto de ese Orden Mundial. La Reacción de China. La República Popular China es – sin duda – la potencia tecnológica más desarrollada del mundo. Pero además, es la comunidad poblacional más disciplinada y con mayor conciencia comunitaria, heredada de una historia muy diferente a la occidental.

Es muy difícil para un habitante de Occidente entender los parámetros que rigen la vida individual y social de la población de China. Se trata de otra cultura, que no es posible interpretar ni juzgar desde nuestras habituales miradas de occidentales. No es solo otro régimen político; es otra forma de entender y de vivir. La reacción fue rápida y contundente, pero el virus – dominado en China – se expandió al mundo.

El primer efecto de la enfermedad en China, desde un punto de vista económico, fue el de producir un marcado desaceleramiento de la producción y el trabajo. Pero, una vez superada la enfermedad, tras tres meses, el país recupera paulatina y rápidamente su capacidad productiva.

La contracara de esta situación es que esta enfermedad, que algunos suponen era causada con la intención de postrar económica y comercialmente al gran país asiático, se convirtió en pandemia y se propagó por todos los países de Occidente también. La crisis se hace mundial y, si se quiere calificarla con mayor precisión, se hace Global.

El Coronavirus en el Mundo Capitalista

Los efectos en el mundo capitalista van a ser los que se esperaban acontecieran en la China – principalmente –.

La diferencia es notable cuanto más capitalista y neoliberal sean los gobiernos de Occidente. Un efecto esperado era que la crisis que iba a ser solo económica, que dejaría un tendal de desocupados y empresas quebradas y que acarrearía posiblemente protesta, saqueos y vandalismo por parte de las multitudes afectadas, en cambio, en la medida que apareció como una maldición natural, morigeró en gran parte las reacciones populares. Por otro lado, al extenderse el virus y constituirse en pandemia, el capitalismo sufrió consecuencias fuera del ámbito de la salud.

Ahora, se puso en crisis el mismo sistema que, al paradigma del Libre Mercado, lo vio naufragar ante el desafío de la enfermedad. Por el contrario, reapareció la importancia del Estado frente a la consigna del “Estado Mínimo”, la meritocracia y la libertad individual. En aquellos lugares en donde la filosofía del individualismo – principio básico de los regímenes liberales – pregonaba la necesidad de “menos Estado”, la enfermedad hizo estragos. Allí se vio claramente como sólo una acción colectiva basada en la Solidaridad era capaz de enfrentar con éxito la pandemia. Se trataba de un golpe al corazón del sistema.

El mundo hacia el Futuro

La búsqueda de un Nuevo Orden Mundial había sufrido un embate inesperado, que ponía en duda la posible estructuración de este Nuevo Orden en continuidad con el sistema capitalista. El Papa Francisco lo había dicho hasta el cansancio: “el problema es el sistema”, “nadie se salva solo”; la solución es el amor y no la competencia. Un Nuevo Mundo será obra de la voluntad humana, y nadie garantiza que no siga siendo la continuidad del que tenemos. Depende de nosotros mismos, de lo que hagamos y de lo que dejemos de hacer. El final está abierto.

Los Trabajadores y la Construcción del Nuevo Mundo

Los Trabajadores Organizados van a estar, lo quieran o no, en la primera línea de esta batalla. La primera razón es que, por naturaleza, son agrupaciones basadas en la solidaridad, es decir que, para ellas, es antinatural el individualismo y la competencia. No es casualidad que, en el mundo capitalista, se haya querido minimizar y hasta suprimir la vida sindical. De cualquier modo, se ha hecho lo imposible para reducir a su mínima expresión la incidencia de los sindicatos en la vida social.

La principal metodología en aquellos países en los que la tradición sindical era fuerte (verbigracia, nuestro país), fue ir asimilándolos al sistema, para que sus dirigentes pensaran más como liberales que como sindicalistas. En otros, y según las variantes políticas, desprestigiarlos, asociarlos o perseguirlos.

El sindicalismo mundial adopta esta tónica de asimilación en el año 2006, con la creación de la Confederación Sindical Internacional – CSI. Al decir de un viejo maestro del sindicalismo mundial: “Hasta ahora la economía y la política en el mundo capitalista la manejaban los ingleses y los americanos”; ahora, también manejan el sindicalismo. Los trabajadores se ven amenazados, en primer término, por esta embestida cultural que intenta introducir en sus mentes la legitimidad y la inevitabilidad del individualismo, como si esto fuera no sólo natural sino lo mejor para los trabajadores. De esto se trata la “batalla cultural”, y no sólo en el campo del trabajo.

 

En segundo término, pero de la mano de lo anterior, el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial especialmente, le muestran a los trabajadores la depreciación, hasta la casi inexistencia, del trabajo humano. La primera reacción – necesariamente – había sido de la Iglesia Católica, que sostenía explícitamente que el trabajo es “el instrumento de la dignidad humana”.

 

El desarrollo tecnológico en manos neoliberales sostenía – en cambio – todo lo contrario, es decir, lo que ellos mencionaban como “el desarrollo cualitativo de la ciencia”, que terminaría reemplazando al trabajo humano. Se trataba de sostener que, de alguna manera y muy pronto, la Inteligencia Artificial se haría cargo de la producción de la mayoría de los bienes y servicios. Sobre esa base se estructuraría el Nuevo Orden Mundial.

 

Ello generaría un distinto tipo de sociedad, totalmente diferente al que conocemos. El trabajo humano no tendría la importancia que parece tener ahora y quedaría como una referencia histórica superada por el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Ahora sería la Inteligencia Artificial el motor de la producción de Bienes y Servicios, reemplazando al Trabajo Humano. Claro está que, detrás de ella, estarían los pocos que controlarían a esta Inteligencia.

 

Los Trabajadores y una Nueva Sociedad

 

La Pandemia del coronavirus alteró el escenario al revitalizar el valor de la solidaridad humana, que ninguna Inteligencia Artificial puede reemplazar. La certidumbre popular acerca de la importancia de este valor, generada en la dura prueba de las acciones colectivas que exige la enfermedad para poder ser superada, termina por poner a la humanidad frente a una certeza cultural acerca del fracaso de los intentos por hacer triunfar las políticas del egoísmo individualista. La “batalla cultural” tiene un capítulo en el que los pueblos sienten y piensan que la solidaridad es lo más importante para su destino. La idea de que el hombre es un ser “social” por origen y destino, vence a la idea de la competencia darwinista.

 

Los Trabajadores y el Nuevo Orden Mundial

 

Un Nuevo Orden Mundial debe construirse sobre la base de esta clara evidencia de que la solidaridad es el instrumento de la construcción de estructuras, donde la justicia social sea el objetivo.

Los Trabajadores serán, en gran parte, los que debieran hacer su aporte a esa construcción. Esto les exigirá tomar conciencia de la importancia del trabajo en esa construcción y la necesidad de generar – a partir de sus mejores experiencias – los modelos productivos que hagan realidad la distribución de la riqueza. Pero la vida sindical tampoco va a ser la misma; primero, debe despojarse de los remanentes culturales que dejó en muchos de ellos el individualismo. Pero también deberá revisar sus propias estructuras, para ampliar y contener a todo tipo de trabajadores – no solo a aquellos que contenía tradicionalmente en la sociedades industriales capitalistas –, sino a los nuevos trabajadores que ya no son dependientes de empleadores tradicionales. Y, claro está, conteniendo también a aquellos que son resultado de la aplicación de nuevas formas de labor surgidas de los avances de la tecnología.

 

Pero fundamentalmente – sin abandonar los principios de la Unidad, la Solidaridad y la Justicia Social – un sindicalismo que se reestructure para adentro, buscando formas que lo hagan más eficiente – es decir, más protagonista y con mayores y mejores fundamentos. Y un sindicalismo de Proyecto y de Propuesta, sin dejar de lado el Rechazo y la Protesta. Los trabajadores tienen que determinar en que sociedad quieren vivir y participar activamente en su construcción. Los Trabajadores de la Educación

 

 

Como parte de los trabajadores, tienen que participar activamente en la batalla cultural por el triunfo de estas ideas. Deben ser parte de la Política Educativa, generar activamente los currículos escolares en concierto con la Comunidad de la Escuela. Y un deber que no podrán eludir, y que deberán asumir como objetivo sustancial, será trabajar por la Integración de nuestros Pueblos. De ese modo, la “batalla cultural” tendrá en primera línea a los Trabajadores de la Educación.

 

(*) Secretario de Formación en FLATEC (Federación Latinoamericana de trabajadores de la educación y la cultura).

Lucha global en las calles. ¿Un mundo que se derrumba?

UN NUEVO MUNDO ESTÁ NACIENDO, LA ARGENTINA ESTÁ REVIVIENDO. Por Jorge Rachid (*)

 

Es sabido que el mundo, en sus relaciones de poder, -dicen los analistas internacionales-cambia lentamente, a lo sumo dos veces en cada siglo (Meyssan).

En estos tiempos vertiginosos, los acontecimientos suceden en tal dimensión y velocidad que hacen difícil la comprensión de los mismos.

Una mirada congelada, ideológica y dogmática, nos puede llevar a confundir los hechos con nuestras propias necesidades y tendencias políticas, de alianzas y fortalezas, que no siempre responden con intereses comunes, a la hora de las definiciones, de los hechos concretos. A principio del siglo XX el Imperio Astro-húngaro y la Rusia zarista dominaban el escenario de las monarquías residuales europeas, frente a Inglaterra y Francia como signos de una supuesta modernidad que avanzaba.

Sólo 35 años después, terminada la Segunda Guerra Mundial, ya ese esquema se había derrumbado, eran Rusia y EEUU los emergentes de los nuevos tiempos. Sin embargo esa guerra fría comenzó a derrumbarse con Vietnam en el caso de EEUU y con Chechenia en Rusia, terminando la misma en la Caída del Muro en 1989. En menos de un siglo las relaciones de poder internacional, cayeron como castillo de naipes.

EEUU sintió el hegemonismo como su posibilidad de ser gendarme del mundo, lo cual lo llevó a nuevas derrotas al surgir el Mundo Multipolar, con nuevos actores dispuestos a disputarle el espacio internacional. Rusia, China, India, la UE, el BRICS y el UNASUR fueron desde los primeros años del siglo XXl, un campo de disputa de intereses, donde los aliados de EEUU, que desarrollaron guerras de baja intensidad en terceros países, con sus secuelas de destrucción de ciudades y naciones, millones de muertes, migraciones forzadas y ocupación militar, que originaron un nuevo mapa geopolítico.

Esta situación política y militar, fue promovida y aprovechada por los sectores del financiamiento (fondos de inversión) para instalar una concentración de la riqueza jamás vista en la historia de la humanidad, bajo la impronta de un concepto neoliberal, amparado en “la globalización y la posmodernidad” que instalaba al Mercado como ordenador social, excluyendo y marginando a las mayorías populares de los países sometidos a su extorsión.

Este proceso se llama financiarización de la economía, donde el dinero produce dinero, no ya bienes, productos o servicios, destruyendo trabajo, industrias, economía, arrasando soberanías nacionales y sometiendo a los pueblos.

Es así como ante esta nueva impronta de sectores supranacionales, que imponen políticas a los países, surgen reacciones nacionalistas de diferentes signos ideológicos, que combaten estos tiempos de destrucción de soberanías nacionales, como por ejemplo los “chalecos amarillos” en donde masivamente la derecha de Le Pen y la izquierda sindical y estudiantil francesa, enfrentan desde hace meses, los ajustes previsionales y laborales. Colombia, Ecuador, Chile, México y Argentina son ejemplos de derrotas de los procesos neoliberales, en los dos últimos casos llegando al gobierno.

Era impensable observar a Putin y Trump tener miradas similares en cuanto a caracterizar la situación, junto a XI Jimping, pero los combates que se desarrollan tienen varios planos de análisis donde pugnan: los territoriales, caso Siria y los financieros caso Brexit. Sería largo de explicar cómo se articulan mecanismos de control con los atentados de falsa bandera en Europa o la creación del terrorismo Daesh, por parte de los servicios secretos, que intentan imponer nuevos escenarios en la guerra posicional, en pos de los recursos naturales, que denuncia Francisco como la Tercera Guerra Mundial.

Se preguntará usted a esta altura del análisis, porqué si Trump forma parte de enfrentar esa situación hacia la construcción de un nuevo orden, retirando tropas de Medio Oriente, más allá de amenazas y conflictos comerciales, producto de su proteccionismo, golpea a América Latina como lo está haciendo con un golpe militar en Bolivia, el apoyo a Bolsonaro, el respaldo a Lenin Moreno y el bloqueo a Cuba y Venezuela, siendo la respuesta sencilla: EEUU considera a nuestra región una provincia más, su “patio trasero” y así fue desde la Doctrina Monroe, en el siglo XlX en adelante en el proceso de colonización y fragmentación instrumentado desde el momento mismo de independencia, cuando robaron un tercio de México a sangre y fuego.

En este panorama la Argentina de hoy se levanta de sus ruinas, provocadas por este proceso descripto a nivel internacional y provocado por el macrismo en nuestro país, súbdito y lacayo de EEUU, que llevó al país a las puertas mismas de perder su soberanía política, su independencia económica y sometiendo al pueblo argentino a una catástrofe humanitaria, como no se había visto desde principios del siglo XX, en la Argentina de la década infame. De ese análisis surge que era posible esperar la reacción de los factores de poder, nacionales e internacionales, ante el resurgimiento del peronismo, denominado “populismo” por EEUU en forma peyorativa y colocado por la NSA, servicio secreto de ese país, al mismo nivel que el terrorismo y el narcotráfico, en cuanto al desarrollo de políticas estratégicas para derrotarlos.

A eso se le llama el diseño estratégico de EEUU para América Latina, lo cual supone que en el concepto imperial, una democracia que no adopte políticas de Mercado estricto, para EEUU deja de serlo y es pasible de ataques despiadados, brutales e inhumanos como el caso Venezuela y Cuba o Bolivia ahora, mostrando su peor rostro, que intentaron ocultar detrás de golpes de mercado o juicios políticos o persecuciones por supuestas corrupciones.

Nuevamente los militares y los alineamientos de países, por extorsión tipo Grupo de Lima y OEA, son instrumentos de presión de nuestros mismos latinoamericanos, sumisos, lacayos y colonizados al servicio del Imperio.

Por lo tanto nuestro gobierno está bajo ataque y dependerá de la capacidad de los argentinos de defenderlo, porque está en juego lo que conocemos como Patria y es el pueblo quien debe tutelar su Soberanía política, único depositario de la historia y gestor de los acontecimientos más importantes de la región, al crear un modelo social solidario de distribución de la riqueza con movilidad social permanente y defendiendo nuestros recursos naturales, como lo marcó Perón en su testamento político: Modelo Argentino para un Proyecto Nacional del 1° de mayo de 1974.

Desde esa visión la Patria vivirá y el pueblo será feliz.

(*) https://lapatriaestaprimero.org/

Guerra Comercial entre EEUU y China. Revolución de Colores en Hong Kong. Guerra de Monedas. Economía ficticia vs Economía real. Burbuja financiera. Endeudamiento sin fin. La Fed y los Globalistas se preparan para aprovechar la crisis e intentarán imponerse por encima de las naciones y sus ciudadanos.

NUEVO IMPERIO GLOBAL U OTRA CIVILIZACIÓN PLURIVERSAL PARA EL 2020. Por Wim Dierckxsens y Walter Formento *

Introducción

 

El proyecto multipolar en China logra sobrepasar las capacidades en Inteligencia Artificial (IA) de EEUU no solo en términos de tecnologías sino de comercio mundial de sus tecnologías. Esto sucede en el momento que Beijing logra lanzar la tecnología de complejidad y velocidad G5, el nuevo Umbral tecnológico hacia el Internet de las Cosas –IdC-, que significa que los objetos que hacen a la vida personal podrían ser monitoreados y comandados desde la conexión de la plataforma de comunicación móvil personal, a través de los dispositivos sensores que envían-y-reciben información acoplados a las “cosas” de las personas. Pero no es solo eso, es también el Big Data que permite localizar y hacer seguimiento a las personas en grandes grupos de conductas-valores…

Los actores financieros globalistas con sus políticas desde la Reserva Federal de EEUU (Fed) vienen construyendo el escenario de recesión y estallido de una crisis de recesión con depresión en la economía norteamericana. Manipulando un conjunto de variables que condicionan las decisiones de la Fed y solo haciendo en un 1% lo que Trump les propone, para siempre dejar asociado a Trump con los resultados negativos de la economía real y también con los éxitos de los negocios especulativos, ante la mirada preocupada del pueblo norteamericano porque siempre ganan las elites. Con la crisis en Hong Kong (HK), las fuerzas globalistas juegan a desestabilizar a dos puntas. Por un lado a Trump a quien hacen tambalear con las movidas desestabilizantes a través de la manipulación de la moneda china offshore en la city de HK. Y al gobierno nacional en Beijing a quien pretenden desestabilizar movilizando a los partidarios del “modo de vida británico” en HK, buscando construir un escándalo mediático mundial, como lograron hacer con la llamada Masacre de Tiananmen. En Estados Unidos la guerra de tasas de interés altas que los globalistas le aplican a Trump para que la economía no crezca y se debilite su legitimidad social en el Pueblo norteamericano no para. Una reducción de tasas llegó tarde y es mínina de modo que no mueve la economía real. El globalismo en EEUU tiene la principal arma, la Fed, y desde ahí boicotea todo intento de Trump por movilizar la economía real norteamericana. Para colmo, cuando la Fed baja ese mínimo 0,25% en la tasa de interés, lo hace cuando Japón y Europa también hacen más competitivas sus monedas y Beijing ya está en guerra de monedas. La Fed baja casi nada y muy tarde y todo aparece ante los norteamericanos como si Trump no fuera capaz de lograr nada de lo prometido. Pero también es cierto que el pueblo norteamericano ya sabe quiénes son los demócratas globalistas porque los sufrió desde 1994 hasta 2017. Entonces, cuando Trump parecía sin márgenes de juego saca de la manga el anuncio de la rebaja de los impuestos a los trabajadores en general. Movida que no solo impactaría en su capacidad de consumo sino también en su campaña electoral. Y si la Fed Globalista hiciera una movida en contra quedaría muy expuesta ante el gran público. Pero la economía real no crece desde la crisis financiera de 2008, 10 años ya, porque la emisión de dinero sin respaldo por la Fed en estos 10 años siempre fue a manos de las grandes corporaciones financieras que solo la usaron para recomprar sus acciones haciendo crecer el valor ficticio de sus empresas, es decir nunca más invirtieron en la economía real norteamericana porque la puja inter-imperial financiera no permite ver ganador a corto plazo. Aunque sí lo hicieron en las economías del tercer mundo, forzando crisis y comprando a precio de remate las empresas estratégicas públicas (servicios, gas, petróleo, telefonía, bancos, etc.) de los países periféricos que así pasaban a ser parte del pueblo globalista en el sur, o del sur global como les gusta denominarlo ahora. Pero Trump juega también a nivel internacional contra el Globalismo. Lo debilita en la Ucrania pos OTAN del gobierno ilegitimo y títere de Poroshenko.

El nuevo presidente Zelenski entra con fuertes vínculos con Francia y Alemania y buen diálogo con Rusia. Por lo tanto permite prever una distensión militar y la posibilidad de avance en las relaciones de la UE con Rusia, China y la India. Trump confirma en que reducirá la ´cooperación técnica´ militar en diez áreas geográficas diferentes. Por un lado, reduce el gasto de defensa en el exterior debilitando a la OTAN-Globalista. Argumentando querer estar seguro de que en la asistencia militar al extranjero se priorizan los intereses de EEUU y que los países beneficiados paguen una contraparte justa. Un golpe duro para la estrategia Globalista, su brazo militar la OTAN y su presencia en Europa. Del mismo modo actuó y resolvió la situación en la Península de Corea en la llamada guerra Corea del Sur y Corea del Norte. Además libera para uso interno en Estados Unidos un presupuesto que es grande, lo que le permitiría bajar los impuestos ante la amenaza de la recesión anunciada para Estados Unidos por las fuerzas globalistas y en momentos en que se aproximan las elecciones presidenciales de noviembre de 2020.

La Guerra Comercial entre EEUU y China

Según recientes cifras del segundo trimestre de 2019, Samsung de Corea del Sur y Huawei de China son número uno y dos en el mercado mundial de teléfonos inteligentes (smartphones) y que estas empresas avanzan sin cesar en el mercado de Asia y Europa. La empresa china embarcó 58.7 millones de teléfonos inteligentes en ese cuatrimestre lo que representaba un ascenso de 8.3% comparado con la cifra del año anterior. Apple en cambio, solo embarcó 33.8 millones, un descenso de 18.2% comparado con el año anterior. Huawei no solo sobrepasó a Apple, sino que la firma embarcó un 75% más de teléfonos inteligentes que Apple.

En otras palabras Huawei dejó atrás a Apple. Esta tendencia del reemplazo de Apple por Huawei va a continuar con la introducción de la tecnología de comunicación G5. De esto se prevé no solo una caída lenta de Apple en el “mercado” mundial sino, y mucho más importante, el fin de la primacía norteamericana en el tema clave del dominio de las tecnologías de la Inteligencia Artificial.

La Nueva Formación Social alrededor de la Nueva Ruta de Seda parece estar desplazando a las grandes corporaciones tecnológicas del Occidente Anglosajón en cada vez más áreas. Este hecho no solo ha irritado a la administración Trump, sino que constituye también un serio revés para el capital financiero globalista en su batalla por tener bajo su control el terreno de las tecnologías estratégicas sobre Inteligencia Artificial, como ya hemos señalado en el artículo de julio de 2019. No es de extrañar por lo tanto, que observemos que las sanciones contra China en general y Huawei en particular sean avaladas por ambos partidos en el Congreso de EEUU. Tal vez el único punto en que coincidan plenamente ambas fracciones del estado profundo norteamericano. Los objetivos detrás de ello, sin embargo, son muy distintos. Trump podrá creer que EEUU saldrá beneficiado en la guerra comercial contra China, en realidad contra las transnacionales globales que producen en China (Hong Kong y Shanghái) y exportan a EEUU, y en el corto plazo podría ser así.

Las fuerzas globalistas están maniobrando para provocar una crisis bursátil y el colapso financiero en EEUU. Lo anuncian a través de sus grandes medios de comunicación y la promueven, entre otras instituciones, a través de la política que implementa la Reserva Federal (Fed). La Fed ha pospuesto la baja de la tasa de interés solicitada con gran insistencia por la administración Trump, pero finalmente solo la bajó en apenas un cuarto por ciento (0,25%) y no garantizó nuevas rebajas para el futuro inmediato.

La crítica de Trump a la Fed se ha hecho más dura, pero las fuerzas globalistas ahí presentes (incluyendo al Banco de Basilea, el Banco Central de los Bancos Centrales) son grandes y poderosas. La Fed ya no se refiere al estado de “salud” de la economía norteamericana (con sus tradicionales estadísticas sobre la inflación y el empleo) sino a la del mundo en su totalidad. Esto lo hacen con la intención de imponer, en el sentir y ver del ciudadano medio norteamericano, que Trump es el principal y único responsable del impacto negativo que está teniendo la guerra comercial con China sobre la economía estadounidense.

En un claro intento de que la “gran factura política electoral” por la hipotética crisis y recesión en EEUU le llegue directamente al presidente Trump, y en tal caso que la pague con una derrota en las próximas elecciones de 2020. Una recesión a escala mundial, como anuncian los grandes medios con bombos y platillos, daría ventaja a las fuerzas globalistas para avanzar con su proyecto de Estado Global sin fronteras ni ciudadanos, es decir, por encima de todas las naciones e incluso por encima de EEUU, tema que hemos abordado en nuestro libro de 2018 (El capitalismo en su declive…).

La pregunta que nos hacemos ahora, es si las fuerzas globalistas podrán imponer su voluntad a la Nueva Formación Social multipolar que tiene a China y Rusia a la cabeza. En un escenario de nueva crisis mundial, son más bien los países de la Nueva Ruta de Seda los que podrían presentar sus logros y capacidades como alternativa económica. En este contexto es que hay que comprender cómo y para qué los intereses globalistas buscan desestabilizar a China, mediante la imposición de una movida del tipo “revolución de colores” en Hong Kong[1], lugar clave controlado por los actores Globalistas a partir de controlar la City Financiera, para desestabilizar al gobierno nacional de China.

 

La Revolución de Colores en Hong Kong

 

Desde que se concretó el establecimiento de la soberanía de la República Popular China sobre ‎Hong Kong, ese territorio constituye –junto a Macao– una de las dos Regiones Administrativas ‎Especiales existentes en el gigante asiático.

En virtud de los acuerdos de 1997, el Gobierno Nacional en Pekín institucionalizo en ‎Hong Kong una democracia al estilo occidental anglosajón, que nunca existió bajo la dominación británica de más de 150 años (1841-1997). Fue ‎bajo la nueva soberanía nacional china que la población de Hong Kong eligió su parlamento por primera vez. ‎ La nueva ley de extradición que el Gobierno Nacional de China había decidido aplicar en Hong Kong estaba dirigida a los banqueros que “abusan de la manipulación de la moneda china ´offshore´” y no tenía relación alguna con el tema de “violación de los derechos humanos” a la que hacen referencia y desde la cual construyen visiones las plataformas de comunicación globales (CNN por ej.). A partir de la propuesta de ley surgen las manifestaciones que desembocan en un intento de “nueva revolución de colores” con actores políticos y económicos externos. El Reino Unido y Estados Unidos han trabajado duro en “estimular” el endurecimiento de las ‎manifestaciones en Hong Kong.

En la coyuntura política en Hong Kong, a la que estamos haciendo referencia, se podría responsabilizar en primer lugar al Estado Profundo de Gran Bretaña, a la estructura de poder permanente británica. La City de Londres y la oligarquía británica tienen raíces profundas de más de 150 años en Hong Kong, así como las tiene también en la Inteligencia Estadounidense y sus instrumentos para operaciones especiales en el exterior. En las recientes manifestaciones “populares” se ha visto al Movimiento por la Independencia de ‎Hong Kong como la formación política más implicada. Portando y agitando la antigua bandera colonial del territorio. Es el mismo fenómeno que ya ha sido observado en Libia –donde el Consejo Nacional de Transición ‎adoptó la bandera del rey Idris– y en Siria –donde el llamado «Ejército Sirio Libre» adoptó la ‎bandera del mandato colonial francés. ‎Todo lo cual podría permitirnos asociar los hechos a un comando estratégico único con capacidad de desarrollar operaciones de alcance global. 

A medida que crecen las protestas, los mercados se tambalean y el gobierno nacional en Beijing se preocupa porque la anunciada apuesta a largo plazo contra la vinculación del Hong Kong Dólar (HKD) con el dólar estadounidense se hace cada vez más plausible y próxima. En la medida que Hong Kong (el mayor centro financiero de China continental) se torne cada vez más inestable, se volverá más pertinente la imposición de la estabilidad social a través del gobierno nacional del presidente Xi Jimping. Aunque Beijing no suele ser cortoplacista en sus proyectos, en este contexto, Nikkei Asian Review informa que Beijing ha desarrollado un plan que desplazará a Hong Kong del centro de la escena por completo.

El gobierno chino planea con este objetivo “transformar” a la ciudad de Shenzhen, con 13 millones de habitantes, en el centro tecnológico del sudeste que une el continente con Hong Kong, que cuenta con 7 millones de habitantes. Shenzen será ‘el nuevo Hong Kong’ afirman. Muchas de las propuestas fueron descritas en un documento publicado por el Consejo de Estado de China. China busca atraer con estas decisiones a las transnacionales de todo el mundo hacia el centro tecnológico de Shenzhen, una medida que esencialmente le quitaría a Hong Kong su “razón de ser”: un imán para las inversiones.

En el plan tanto Hong Kong y Macao serán fusionados administrativamente con la ciudad de Shenzhen y Guangzhou para formar la Gran Bahía. La Región servirá como “área de demostración” para el socialismo chino. Esto incluirá una infraestructura de atención médica superior, junto con un sistema educativo de clase mundial. Otro beneficio (que podría alinear a las empresas extranjeras e estadounidenses en particular): el estado respaldará el rápido desarrollo del 5G en Shenzen y la nueva región. Todo se convertiría en un “modelo nacional de desarrollo de alta calidad” para el año 2035 y en una “cosmópolis superior” para todo el mundo a mediados del siglo XXI. Las propuestas se presentan al mismo tiempo que las Fuerzas Armadas chinas entrenan en Shenzhen aunque a una clara distancia de las protestas, que llevan ya meses en Hong Kong –HK-. Lo anterior sugiere que Beijing implementa tanto la presión económica como la amenaza de la fuerza armada en el territorio de las “movilizaciones”. Si Beijing sigue firme con el proyecto, esto podría crear grandes problemas para el actual Hong Kong y su autoridad monetaria. Esto se observa claramente cuando los inversores ya están amenazando con una fuga de capitales mayor.

Es importante dar precisiones del declive económico de HK en paralelo al ascenso del resto de China. HK ha pasado de representar el 27% del Producto Interno Bruto de China en el momento de anexión, en 1997, a un escaso 3% en la actualidad. Podríamos decir que la movida, que los intereses globalistas realizaron desde HK a través de la moneda offshore, tenía por objetivo cooperar en fortalecer la movida de la Reserva Federal –Fed- para desestabilizar a EEUU y particularmente al presidente Trump, y sus opciones electorales en 2020. De modo que la Fed y HK fueron parte de una misma jugada para fortalecer el estallido de la crisis en EEUU y de la recesión, lo cual sepultaría las aspiraciones de reelección presidencial de Trump y asegurarían con ello el regreso de los Globalistas y el “establishment de poder financiero” del partido demócrata al gobierno en EEUU.

Pero al mismo tiempo es una movida para desestabilizar al gobierno de XI Jimping, al hacer la movida para fortalecer a la City Financiera de HK tratando de generar un “nuevo Tiananmen en HK”, lo cual no solo deslegitimaría internacionalmente a Xi Jimping sino que alentaría a todos los intereses contrarios al gobierno nacional y a su estrategia de nueva ruta de la seda multipolar. Pero las acciones políticas del Gobierno Nacional Chino desde Beijing, debilitando a la city financiera de HK, y sus intereses globalistas, refuerza directamente la democracia y la estrategia multipolar de Beijing pero indirectamente también fortalece la situación de Trump, toda vez que debilita la estrategia globalista en la City de HK y de Nueva York. Lo cual podría facilitar que las presiones que Trump viene ejerciendo sobre la Fed tengan resultado positivo.

La Guerra de Monedas

Por todo lo anterior, se hace necesario entender la llamada ´guerra de monedas´. Observamos que Trump quiere bajar el precio del dólar para revitalizar la economía real y le “molesta” que la Reserva federal de EEUU (Fed) no contribuya en esta batalla contra Europa, Japón y China. La Fed, a partir de una fuerte presión del presidente Trump, bajó hacia finales de julio de 2019 las tasas de interés en un cuarto por ciento (0,25%) diciendo, sin embargo, que se trataría de un simple ajuste a mitad de año y no el comienzo de otro período de expansión monetaria –EQ-.

Con esto la Fed admitió abiertamente que EEUU estaba en recesión, situación en el mes de agosto que reafirman las fuerzas globalistas en el Banco de Basilea, la City de Londres y de Nueva York, así como los grandes medios y la revista The Economist en primera línea. Situación que estaban buscando crear con la mira puesta en las elecciones de 2020 y así asegurar la derrota de Trump. Una encuesta de Morning Consult revela que el 28% de la población responsabilizarían exclusivamente a Trump si una crisis económica (provocada o no) se produjera en plena campaña electoral en EEUU. Esta cifra sería tan solo de un 6% entre los Republicanos, porcentaje que ascendería a 50% entre los Demócratas.

En el momento que los grandes medios de comunicación anuncien que una recesión es inminente, el 60% de los entrevistados (en otro sondeo) considera que el impeachment (abrir el proceso de destitución) al presidente Trump es una mala idea. Es la opinión de la casi totalidad de los Republicanos (92%). Los Demócratas (pro-globalistas), en cambio, verían tal impeachment en un 72% con buenos ojos y solo un 28% estaría en contra de esa idea. Lo anterior deja bien en claro cuán polarizada está la situación política en la población norteamericana. Una baja contundente en las tasas de interés ayudaría a evitar la crisis inmediata o a posponerla al menos por un tiempo que es el primer objetivo de Trump.

Es obvio que Trump enfureció al evaluar que la Fed no considera la opción de la expansión monetaria –EQ-, es decir la opción de imprimir dinero sin respaldo y a pura deuda con tasas negativas de interés para potenciar el consumo interno (lo cual si realizo durante el gobierno demócrata globalista Obama aunque a puro beneficio de las corporaciones financieras). Trump considera, que la Fed bajado la Tasa de Interes demasiado tarde –julio 2019- y demasiado poco, 0,25%. Con tasas de interés más bajas el dólar hubiese bajado de precio y si lo hubiera hecho antes habría consolidado la movida a favor del consumo. Pero en vez de depreciarse el dólar, al demorarse en el tiempo la moneda más bien apreció, ya que ahora la situación internacional es tal que Europa y Japón continúan bajando sus tasas de interés, que ya estaban negativas, y las bajan cada vez más incluso por debajo de las tasas de EEUU. Por otro lado, también el Yuan de China se devaluó frente al dólar como parte de la guerra de monedas que implemente Beijing frente a la guerra comercial de Trump. El resultado fue un flujo de capitales moviéndose hacia Estados Unidos en busca de mayores rendimientos financieros, haciendo subir la cotización del dólar frente a las otras monedas ´menos fuertes´ (Euro, Libra Esterlina y el Yen).

Por lo tanto, más que bajar y lograr fortalecer el mercado interno norteamericano, la competitividad y exportación de sus productos, está sucediendo lo contrario. El Tesoro de EEUU podría haber comprado euros y yenes con sus dólares, fortaleciendo esas monedas y haciendo bajar así el precio del dólar. Pero al estar la UE y Japón en recesión era de esperar que tomaran represalias en el sentido contrario. Con un dólar más caro, fuerte y una guerra comercial que va de mal en peor, observamos durante los primeros seis meses de 2019 que las exportaciones de Estados Unidos a China cayeron en un 18% comparado con el mismo período del año 2018. Además, las importaciones desde China cayeron en un 12%. El comercio se redujo entonces para ambos países, pero el déficit comercial persiste. Estados Unidos parece entonces estar perdiendo en esta guerra comercial y los “consumidores” norteamericanos son los principales perdedores.

Una guerra comercial en tiempos de pérdida de crecimiento económico es motivo para que estalle la crisis y el colapso financiero, más que para una recuperación económica. Parece bastante difícil, entonces, que la administración Trump logre posponer la crisis-recesión que se avecina hasta después de las elecciones. En el transcurso de unas semanas Trump parece transformarse de ganador en perdedor en la puja contra la Fed y los Globalistas. La crisis parece inevitable y los globalistas podrían ver la oportunidad para imponer en esta coyuntura también un nuevo sistema monetario internacional por encima de las naciones y sus ciudadanos, e incluso por encima de EEUU como país.

Es en este contexto que, el jefe del Banco de Inglaterra —Banco Central del Reino Unido—, Mark Carney manifestó, el 23 de agosto de 2019 (según el canal estadounidense CNBC) ante sus colegas de bancos centrales, que la dependencia mundial con el dólar estadounidense como moneda de reserva es demasiado arriesgada y propone por ello una nueva moneda digital (como la Libra lanzada por Facebook[2]), para reemplazar al dólar estadounidense. Esto significaría el fin de la hegemonía norteamericana basada en el Sistema financiero anclado en el dólar como moneda internacional de reserva.

En una jugada económica que todo el mundo comprendería, excepto los grandes medios, el presidente Donald Trump planteó el 23 de agosto de 2019 que considera reducir los impuestos para dar un impulso a la economía. No solo piensa reducir el impuesto sobre las ganancias del capital que, sin lugar a dudas volvería a dar un impulso a la bolsa de valores a través de la recompra de sus acciones por las grandes corporaciones, sino también piensa bajar los impuestos de los trabajadores lo cual daría no solo un impulso al consumo sino sobre todo un gran impulso de apoyo a su campaña electoral. Esta guerra no ha terminado y la campaña electoral se acerca cada día un poco más.

Economía ficticia vs Economía real

Una baja en la tasa de interés prácticamente no estimula la economía real, como ya hemos descripto en anteriores trabajos nuestros. Desde la crisis de 2007/08 se introdujo una política de bajar las tasas de interés, hasta la fecha que Trump fue electo presidente de EEUU. La medida ha servido a las grandes corporaciones que, con ese crédito barato, han podido recomprar sus propias acciones. El resultado ha sido solo un ascenso “ficticio” del precio de sus acciones en la bolsa de valores.

Trátase de la acumulación de ´capital ficticio´, es decir, dinero sin respaldo, que en manos del capital privado parece ´real´, ya que puede comprar a cambio riqueza real mientras en el mercado de valores no se pierda la confianza de poder cambiarlas a dicho precio. A nivel del capital de la sociedad en su conjunto es capital ficticio, ya que no tiene respaldo alguno en el capital real (terrenos, edificios, equipos, maquinaria, etc.) que las corporaciones incorporaron con ese dinero emitido.

El precio de mercado de los consorcios, expresado a través de las acciones en la bolsa de valores, está muy por encima del capital realmente invertido en dichas empresas. Ese plusvalor sin respaldo es capital ficticio que en momentos de crisis se esfuma al caer el valor nominal en la bolsa de valores, que se reajustará al precio de mercado del capital total invertido en edificios, maquinaria, etc. La recuperación económica a partir de la crisis de 2007/08, en el decenio 2008-2018 ha sido por tanto ficticia, una ilusión basada en la expansión monetaria masiva a partir de la impresión de dinero sin respaldo actual ni futuro.

Para decirlo más claro, el dinero emitido sin respaldo no se invirtió en la economía real sino en la recompra de sus propias acciones. Por ello es que el precio de las acciones se dispararon hacia arriba de modo ficticio, aunque la economía real no avanzó, pero sí lo hizo la “burbuja” financiera.

La desconexión entre la economía real y el mercado bursátil nunca ha sido tan grande como en la actualidad. Mientras el Standard & Poor's, en la bolsa de Nueva York a finales de julio de 2019 ha alcanzado records históricos, la economía real muestra una situación de contracción o crisis. La economía de EEUU en apariencias parece estar bien, lo cual contrasta cuando en el segundo trimestre de 2019 observamos un crecimiento negativo del 2.2% en la producción industrial de EEUU respecto al mismo período en 2018, lo cual nos muestra la falta de inversión en la economía real. A mitad del año 2019, el producto industrial bruto de EEUU fue el peor registrado en 118 meses, o sea en casi 10 años. La situación en Europa es peor aún que la de Estados Unidos. Toda una manifestación de 10 años de crisis económica financiera global o de guerra financiera observada por los resultados en la destrucción de la economía real global.

Ante nuestros ojos está una gran depresión económica a escala mundial, por más que los políticos afirmen lo contrario. La falta de inversiones en la economía real se observa en una baja en la tasa de ganancia, baja que para las grandes corporaciones financieras son ampliamente compensadas por ganancias obtenidas en la bolsa de valores (financiera). La distancia cada vez mayor entre el crecimiento de las burbujas de activos a costas de una contracción simultánea en la economía real, lo cual es causa de la recesión que tarde o temprano estallará. Según Bloomberg, Reuters (Globalistas) y también el Wall Street Journal (Continentalista), los analistas estiman que hay un 40% de probabilidades de que EEUU entre en recesión antes que concluya 2019, mientras un 51% la ve para el 2020, en otras palabras muy probablemente durante la campaña electoral en Estados Unidos.

Lo anterior significa que los análisis no están exentos de un fuerte color político. No es casual que a partir de agosto de 2019, los grandes medios anuncien con bombos y platillos que estamos ante una gran recesión en EEUU.

En los EEUU las grandes corporaciones han vendido acciones por un monto medio de 600 millones de dólares por día durante el mes de agosto, como si fuera ya a explotar “la madre de todas las burbujas” y como si pudiesen ver llegar el desastre financiero en el horizonte. O más bien, será que son las corporaciones globalistas las que al vender sus propias acciones tienen como finalidad provocar el estallido de la gran crisis durante la campaña electoral en EEUU, para evitar así la reelección de Donald Trump como presidente. Todo para poder, luego, avanzar en lograr un cambio estructural en el sistema monetario a nivel mundial (´Great Reset´). Nosotros consideramos que esta última apreciación es la que más se aproxima a la realidad.

 

Una economía por endeudamiento sin fin

 

El primero de agosto de 2019, el sitio de análisis Zero Hedge levantó la bandera de alerta roja, para el endeudamiento sin fin y en particular para la economía estadounidense. Señalaron que el límite absoluto de endeudamiento posible para EEUU llegaría en el año 2024, cuando el país se encuentre en la situación donde, la deuda nueva creada se ocupará exclusivamente para cancelar el pago de los servicios de la deuda, es decir, para el pago exclusivo de intereses a la deuda total. De ahí viene también la presión actual sobre los bancos centrales para que apliquen tasas negativas de interés. Una baja de las tasas de interés a terreno negativo, tiende a reducir la deuda en el tiempo y permitiría que la bolsa de valores pudiera seguir en alza por algún tiempo más. Eso es lo que precisamente la Reserva Federal (Fed) está bloqueando. Intenta bloquear dicha posibilidad para que Trump no tenga el mínimo escenario positivo para ganar en las elecciones de 2020.

Los mercados financieros (palabra utilizada para no decir que son las fuerzas globalistas) emitieron el 15 de agosto una señal de alerta sobre las perspectivas económicas para Reino Unido y Estados Unidos. Se trata del indicador que en la jerga financiera se conoce como “curva de yield invertida” o “curva de rendimientos invertida”. Esta señal de advertencia proviene del mercado de bonos, donde gobiernos y empresas piden dinero prestado a través de la venta de bonos. Un factor que afecta el rendimiento que desean los inversores es el tiempo que deben esperar para el pago final. Por lo general, una espera más larga significa un mayor rendimiento como recompensa por “atar” su dinero por más tiempo, ya que implica un mayor riesgo de que una inflación no esperada erosione lo obtenido por sus intereses.

Lo que es inusual es que el rendimiento de los bonos del gobierno de Reino Unido (gilts, como se les conoce) y de Estados Unidos, con dos años de vencimiento fuera superior al rendimiento de los bonos a 10 años. Según los economistas de la Reserva Federal de EEUU (globalistas), los períodos con una tendencia de rendimiento invertida son seguidos por desaceleraciones económicas y casi siempre por una recesión. Conforme la curva se invierta, la recesión se manifestará o se hará visible porque tiende a hacer ascender el precio del oro. Lo interesante en este momento, es resaltar que el precio del oro en el pasado reciente fue suprimido por los grandes bancos globalistas para mantener el alza en la bolsa de valores y evitar su colapso. Pero ahora, que quieren la recesión y la “caída” de Trump, han dejado subir el precio de los metales preciosos.

Si la recesión no es un hecho concreto y manifiesto antes de junio de 2020, el impacto en la población podría llegar a ser insuficiente para que antes de las elecciones de noviembre se logre cambiar la tendencia del voto que actualmente favorece a Trump. Para posponer la recesión, prácticamente inevitable, la Casa Blanca hace su movida también contra los globalistas, está preparando una rebaja en los impuestos sobre los ingresos que sería lanzada en el momento que la crisis esté a punto de estallar, a fin de impactar positivamente en la capacidad de compra y de pago de gran parte de la población precisamente en momentos en que han de definir su voto.

Crédito y Población

El endeudamiento a tasas relativamente bajas de interés permite un aumento de ingresos y consumo a crédito (tarjetas de crédito, casas con hipoteca, carros a pagos, préstamos para los estudios, etc.) fenómeno que creció notoriamente en EEUU y las naciones ricas en general. El crédito significa un ingreso para los “sujetos de crédito” y promueve la desigualdad de ingresos entre países y dentro del mismo país, brecha que no ha dejado de profundizarse.

El mundo actual está caracterizado por desigualdades sin precedentes históricos. Entre 1980 y 2014 los más ricos que lo tienen ya todo, el 0.001% de los estadounidenses, vieron aumentar sus ingresos en un 600% mientras que estos ingresos no aumentaron en nada para el 50% de la población de menores ingresos del país, fueron muy magros para el 40% de clase media y fueron incluso negativos para el 20% más pobre (ver gráfico). Sin lugar a dudas esta situación es una bomba de tiempo que podría explotar en una gran recesión.

En un Atlas, el Banco Mundial divide los países en grupos según su Producto Interno Bruto (PIB). Los países con una renta per cápita superior a los $4000 dólares (países ricos) representan en conjunto el 90% del Ingreso Global, del Ahorro Global y del Acceso Mundial al Crédito. Esos países cada vez más ricos consumen además el 90% de la Energía Global y son responsables por el 90% de la Exportaciones y del Crédito recibido. Durante casi medio siglo la población menor a los 15 años de edad en dichas naciones ricas (con un nivel de consumo alto) ha disminuido en 100 millones de personas, una baja relativa del 12%. Por ello en estos países ricos, la capacidad de reemplazo de la población adulta por las nuevas generaciones jóvenes que entrarían al mercado de trabajo ya no está garantizada para sostener el mercado de trabajo y esto es así aun incluyendo la inmigración neta. Sin una capacidad de reemplazo de generaciones adultas por otras más jóvenes tampoco está garantizado el poder mantener la capacidad de consumo y ya no solo la fuerza de trabajo.

Este dato contrasta con el fuerte ascenso de la población de menos de 15 años, como fuerza de trabajo potencial, en naciones con un nivel de consumo bajo. Su población joven aumentó en 570 millones de personas, un aumento relativo de 190%, o sea casi se duplico. Podría pensarse que en la era de la globalización la solución se encuentra entonces en el mayor consumo de los países pobres sin que abandonen el neoliberalismo. Muchos países denominados pobres cuentan con un bono demográfico, es decir, su estructura demográfica más que garantiza el reemplazo generacional en el mercado laboral que, sin embargo, no tiene mayor capacidad de absorción-inclusión.

La migración Sur-Norte sería la lógica respuesta histórica, pero se ve frenada sin embargo por la xenofobia y el nacionalismo fomentado por los grandes medios globalistas y por la acción de sus fuerzas mercenarias coordinadas por la OTAN, como ya hemos visto en nuestros artículos. Esto es así porque los intereses globalistas tienen sus inversiones realizadas en el ahora llamado “sur global”, los que antes del año 1999 eran llamados países periféricos o pobres por los organismos internacionales globalistas. Para poder revertir la baja en la tasa de ganancia, la migración del capital hacia los países emergentes, de mano de obra barata y abundante, fue y es una tendencia bien marcada en la estrategia globalista.

Ahora bien, en promedio cada persona joven en las naciones ricas tiene un nivel de consumo per cápita 15 veces mayor que sus iguales en las naciones pobres. En otras palabras, para poder compensar la pérdida de consumo de las nuevas y disminuidas generaciones en los países ricos, se necesitarían 15 personas jóvenes en las naciones más pobres por cada uno en los países ricos, 5,7 a uno. En lugar de apuntar a estimular la migración Sur-Norte, el capital global busca asegurarse la mejor capacidad de reemplazo migrando él mismo sus capacidades del Norte a Sur. Del Norte multinacional-continental al Sur-Global, los sectores económico-sociales incluidos en el Globalismo en los países del Sur. Y del Sur Global al desarrollo del Norte-Global, el desarrollo de sectores Globalistas en cada país Norte, los ahora ex países centrales.

Es un hecho que la población en general en los países ricos es calificada en promedio como mejor sujeto de crédito y, por tanto, tiene mayor capacidad de gasto que la población en los países pobres, donde grandes mayorías ni suelen ser calificadas siquiera como sujeto de crédito. Mediante la baja de las tasas de interés, la economía globalizada busca compensar el nivel de consumo perdido por la falta de reemplazo demográfico en los países ricos. El crédito es el instrumento de la economía de mercado para aumentar la demanda de productos y servicios, sin dejar de mencionar que los grandes consorcios se benefician mucho más de las bajas tasas de interés que los mismos consumidores. En 2019, la deuda per cápita que pesa sobre las generaciones futuras en las naciones ricas alcanzó los $334 mil dólares.

Si las tasas de interés continúan a la baja, la situación futura sería aún más dramática y las generaciones jóvenes en los países ricos están enfrentadas a una deuda virtualmente imposible de pagar (Hamilton, 27 de agosto de 2019). Con tasas de interés prácticamente negativas, los fondos de pensiones (Jubilados y Pensionados) se encuentran en crisis. Al provocar una recesión, la incapacidad de pago de las deudas privadas atravesará entonces a todas las generaciones llevando no solo a una crisis económica y social sino también a una política, con un sujeto colectivo dividido y en potencial confrontación en EEUU. No por nada se habla de una guerra civil en proceso entre globalistas (demócratas) y anti-globalistas (Republicanos).

Es muy claro de qué modo el Globalismo unipolar ha ido desarrollando un nuevo mundo a su imagen y semejanza en todos y cada país. Un mundo Globalista unipolar (estado profundo de poder en el Partido Demócrata) que no ha logrado aun terminar de subordinar y desarticular al viejo continentalismo norteamericano unipolar (Estado profundo de poder en el Partido Republicano). En el desarrollo del Sur Global, el Globalismo unipolar financiero ha potenciado las condiciones estructurales para el desarrollo de un nueva formación económica social emergente que se caracteriza por necesitar articular un sistema Multipolar en la construcción del nuevo sujeto histórico, compuesto éste con actores económico, político y estratégicos del Sur-Global y también, más tarde, por los del norte global. Pero por fuera del Globalismo unipolar y enfrentado a éste, y articulado y cohesionado a partir de reconocerse en la necesidad de sumar a y desde cada pueblo, nación, etnia, religión, etc.

Como Pluriversalismo de mundos económicos, políticos, culturales, estratégicos heterogéneos y diversos que articula y arma desde ningún centro y siempre desde múltiples, desde las capacidades diferentes y heterogéneas de cada cual, delineando una figura tal vez poliédrica. Porque no era suficiente el multipolarismo sino se construía partiendo desde cada parte, desde cada nación-pueblo-cultura-etc.

Nunca imponiendo una visión-proyecto desde una parte que hiciera de centro. Por ello no era suficiente el ser solo multipolar, también debía ser pluriversal, partiendo de reconocer cada mundo de estos otros. Esos mundos-otros que parten de la economía real, de la producción de bienes reales, no de flujos de dineros ficticios, emitidos sin respaldo y conformando burbujas financieras asfixiantes.

¿Habrá otro imperio o estamos ante un cambio civilizatorio?

La legitimidad de un Sistema-Capitalismo que sirve cada vez más exclusivamente a una élite global, por medios que son cada vez más corruptos, pende ya solo de un hilo; una vez que termine este veranito ficticio de prosperidad terminará también la legitimidad del sistema. Mientras la ciudadanía aún crea en los cuentos económicos de la ´prosperidad´ que generaría el sistema, mediante mentiras divulgadas por la clase política y las plataformas de comunicación será aun posible sostener cierta legitimidad. Sin embargo, una vez que la brecha entre la propaganda y la realidad económica y social se ensanche, y que los propios medios globalistas comiencen a propagar la realidad de la gran recesión, las cosas podrían cambiar bruscamente en medio de la gran depresión que se avecina. Si la crisis se dará en forma simultánea en muchos países, como todo hace prever desde 2013, el sistema monetario perderá su credibilidad y legitimidad, y las élites bancarias y políticas correrán el riesgo real de una bancarrota política también.

Las fuerzas financieras globalistas tienen proyectado instaurar un sistema monetario mundial manejado por ningún Estado-Nación de país central, sino por un Estado Global sin reconocimiento de fronteras ni ciudadanos, ni naciones ni pueblos, ni etnias ni diversidad socio cultural. Un Estado-Global ahistórico y sin humanidad. Ese Estado en proyección, con la OTAN como su brazo militar, ha mostrado ser incapaz de subyugar naciones medianas como Siria y Turquía, ni hablar que sí podrán con China, India y Rusia.

Han subestimado mucho a Rusia. Rusia es un país que depende de los ingresos del petróleo y gas como lo divulgan los medios. En 2013 la producción de petróleo y gas era solo de 12% del PIB y en 2019 apenas un 10%. Las exportaciones de productos que no sean gas ni petróleo crecieron en un 250%. Las importaciones en porcentaje del PIB del país por lejos son más bajas que las de cualquier otro país del G7. Rusia es el tercer país en rango con una balanza comercial positiva. Hoy en día, la economía de Rusia es la más autosuficiente y diversificada del mundo. Rusia hoy por hoy es una gran potencia en el plano agrícola, industrial, militar y geopolítica (Jon Hellevig 31 de agosto de 2019). Rusia por lejos es el país menos endeudado del mundo tanto en lo público como en lo privado. Es el país que menos impacto recibe de sanciones impuestas por EEUU y sobrevivirá con creces una gran depresión al igual que ya lo hizo en los años treinta del siglo XX.

Con Rusia, China, y el Oriente en general, se vislumbra ya una alternativa económica que emerge como más sólida e inclusiva que la salida globalista que se propone. Serán particularmente las grandes economías de “Occidente” las que recibirán el impacto mayor de la gran recesión que está generando el Globalismo en Estados Unidos y, también, el mayor cuestionamiento a la banca y a su clase política. Así como se dieron revueltas y luchas políticas en los años posteriores a la crisis financiera de 1929/30 en Occidente reivindicando otro sistema político (el socialista en su tiempo), así también podremos esperar las luchas sociales y políticas en Occidente posteriores a 2007/8 reivindicando un mundo multipolar. Occidente ha intentado aislar a Rusia y China de Europa con su intervención en Ucrania y Siria. Vimos también en trabajos anteriores nuestros, como la OTAN y sus ejércitos de mercenarios (ISIS) sufrieron una derrota en Siria así como en la intervención “sucia” en Ucrania que no logró doblegar ni subordinar al este Ucraniano.

Ha ‎resultado casi siempre, en todas partes que los terroristas, a menudo islamistas, están en vinculados con la OTAN. Según la literatura interna de la Alianza Atlántica, ‎los servicios secretos de la OTAN se hallan bajo las órdenes conjuntas del MI6 británico y de la ‎CIA estadounidense. ‎‎El caso más reciente lo tenemos hoy con la revolución de color en Hong Kong, que ya desarrollamos en la primera parte de este trabajo. Hoy en día ya se acepta, no solo que se usa el “terrorismo de falsa bandera” patrocinado por el Estado, sino que es la estrategia más utilizada por la OTAN.

Denunciar que estos actos de terrorismo son de falsa bandera generalmente se considera como teoría conspirativa por los grandes medios globalistas con el objetivo de para restarle legitimidad y asi evitar tener que confrontar y demostrar las afirmaciones. No es el momento de documentarlo pero resaltemos un caso en torno a Ucrania con un enfoque geopolítico. El 25 de mayo de 2018 los medios globalistas BBC y Reuters anunciaron que Rusia era “responsable” por el derribo en Ucrania del avión MH17 de Malasia Airlines cuando volaba el 17 de julio de 2014 desde Ámsterdam con 298 personas a bordo. Todos los pasajeros y la tripulación entera fallecieron.

A partir de una nueva investigación basada, entre otras cosas, en la información de las cajas negras del avión derribado en poder del gobierno de Malasia, quedó claro que el derribo del MH 17 es una operación de falsa bandera planificada por las agencias de inteligencia occidentales para bloquear la ayuda rusa a las áreas de Ucrania (Luhanks y Donetks), que han continuado resistiendo después de lo que ahora podemos llamar una “ocupación militar” realizada por la OTAN. El ataque de falsa bandera tenía el objetivo de justificar la ´ayuda´ militar de la OTAN a la “región separatista” y así evitar que la Unión Europea, sobre todo Alemania, continuaran con su “acercamiento” hacia el Este (Rusia), tomando distancia hacia el Oeste (EEUU). Ucrania ha estado en la raíz del deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. En Agosto de 2019, Trump anunció que Rusia sería invitada a la próxima reunión del G7 en EEUU.

En septiembre tiene lugar una reunión de Trump con el recientemente electo presidente de Ucrania (Volodímir Zelenski). Trump ya lo anunció y notificó al Congreso que considera cortar 250 millones de dólares en asistencia militar a la OTAN en Ucrania, asistencia militar que fortalecía la posición enfrentada a Rusia del anterior presidente Poroshenko (pro-OTAN). Convirtiendo a Ucrania en un país tapón para obstaculizar todo acercamiento de Alemania y la UE con Rusia. Además, Trump anunció que reducirá la ´cooperación técnica´ en 4 mil millones de dólares en diez áreas geográficas diferentes.

Trump proyecta por un lado reducir el gasto de defensa en el exterior, que pesa mucho en su presupuesto, y por otro bajar los impuestos ante la amenaza de la recesión anunciada para Estados Unidos por las fuerzas globalistas. El presidente argumenta querer estar seguro que en la asistencia militar al extranjero se priorizan los intereses de EEUU y que los países beneficiados paguen una contraparte justa, un golpe duro para la estrategia Globalista, su brazo militar la OTAN y su presencia en Europa. Es un ataque frontal a las fuerzas globalistas. Nada que Trump ya no haya hecho, por ejemplo en la solución en la Península de Corea de las hipótesis de guerra inter coreanas que agudizaba la tensión de Estados Unidos con la China de Beijing.

Retomando, Trump está en guerra abierta con la Reserva Federal (históricamente el bastión de las fuerzas globalistas desde 1906 y aún bajo su influencia). Vimos que la Fed ha estado muy “renuente” para bajar las tasas de interés que el presidente Trump pidió enérgicamente. La Fed prácticamente no ha bajado las tasas de interés en 2019, bloqueando así la política para estimular la ampliación de la masa de dinero en manos de la población norteamericana mediante crédito barato (tasas de interés bajas) lo cual dinamizaría el consumo y el mercado interno. Lo que sin embargo sí hizo la Fed, en las dos últimas semanas de agosto, es comprar bonos de la Tesorería por un monto total de 14 mil millones de dólares ampliando de esta forma la masa de dinero en el mercado. Claro que esta acción tiende a beneficiar a las corporaciones que, desde hace diez años, con esos dólares recompran sus propias acciones y así el crédito financia capital ficticio, burbuja financiera y parálisis en la economía real y el mercado interno norteamericano.

Desde octubre de 2014, la Fed no había recurrido a esta modalidad de expansión monetaria –EQ- e inmediatamente reaccionaron las acciones en la bolsa de valores en Nueva York que (Standard&Poor 500) subió en la última semana un 2.79%, aunque perdió 2.88% en el mes de agosto. La ganancia neta en lo que va del año 2019 ha sido de 16.75%. Lo que elige la Fed es seguir el camino de la estrategia globalista contra Trump, que se manifiesta en dinero disponible para las corporaciones financieras, así estas recompran sus acciones y suben de modo ficticio sus cotizaciones, bloqueando todo impulso a poner en movimiento la economía real.

Todo esto, ante la mirada del gran público, aparece como si Trump hubiera elegido beneficiar la especulación financiera y no fortalecer la capacidad de consumo de los norteamericanos y la economía real. Una gran maniobra la del Globalismo que da vuelta la jugada de Trump y lo deja ante el pueblo norteamericano como cómplice de las corporaciones.

* Investigadores del Observatorio Internacional de la Crisis.

Notas

[1] En 1989, las estructuras transnacionales del poder angloamericano impusieron una operación de “Revolución Colores” sobre la nación China, en la llamada “Masacre de la Plaza de Tiananmen”. Thierry Meyssan, Los Británicos y la ´revolución de color´ en Hong Kong, Red Voltaire, 11 de agosto de 2019.

[2] Redes sociales y economía. Así funcionaría libra, la criptomoneda de Facebook. https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/funcionaria-libra-criptomoneda-facebook_0_fjDm4Yq2sQ.html

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