Romper los tabúes del neoliberalismo. Por Antonio Muñiz (*)

“El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza”   Rodolfo Walsh, Un oscuro día de justicia, 1973

 

¡La traición de la “intelligentzia”! Esa es la primera en el orden de las culpas. La primera que debemos evitar” (Jauretche, 2004)

 

 

Mucho se viene hablando y escribiendo en estos días sobre la crisis que asola la civilización. Una crisis económica, política y social, pero agravada en estos días por una pandemia global de difícil pronóstico. Hay intelectuales y políticos que expresan un pensamiento apocalíptico, otros más optimistas auguran una etapa de cambios positivos, una nueva era para la humanidad. Muchos de estos últimos hablan de una sociedad nueva, organizada en nuevas formas de producción y de relacionarse con el otro en sociedad y como tal de relacionarnos con el ecosistema global, sin abandonar la utopía de un “otro mundo posible”. Está claro que la historia no está escrita ni predeterminada. La escriben los hombres, día a día, ladrillo a ladrillo. La historia es arcilla maleable del hacer humano, la política es su herramienta.

El mundo atraviesa una etapa de profundos conflictos, el neoliberalismo como ideología dominante desde hace cuatro décadas ha sumido al mundo en continuas crisis. Su lógica de acumulación por desposesión ha hecho que los países periféricos sufran y subsidien las crisis globales inherentes al sistema, para permitir a los centrales y las grandes corporaciones concentradas que se apropien de los recursos de los países más débiles. Está claro que el neoliberalismo es una lógica política y económica de dominación imperial. Las crisis, reales o ficticias, obligan a los países periféricos a políticas de ajuste permanentes, saqueo de sus recursos, pérdida de soberanía y de calidad de vida de su población, todo en beneficio de las metrópolis imperiales.

Lo novedoso de esta etapa es que la crisis financiera, viene arrastrándose desde 2008. Esa crisis pegó de lleno en el seno del capitalismo global, poniendo en riesgo toda la estructura. Hoy la pandemia puede estar dándole el tiro de gracia al modelo neoliberal.

Pensarnos situados:

Es necesario pensar esta etapa desde nuestro “aquí y ahora”, pensarnos “situados”, como planteaba Kusch, en nuestra realidad argentina y suramericana. Citando a Jauretche “aparece el relato liberal de nuestro pasado, la falsificación de la historia, los medios de comunicación, la enseñanza enciclopedista y/o eurocéntrica, etc, que van conformando una colonización pedagógica”. “La mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro”. Jauretche siempre hablaba de dos Argentinas paralelas; "una, la de la realidad, que se elabora al margen de los estratos formales, y otra, la de las formas, que intenta condicionarla y contenerla en su natural expansión: la intelligentzia pertenece a ésta y siempre reacciona de la misma manera y en conjunto..."

Por "intelligentzia", Jauretche entendía esa intelectualidad corrompida, que a cargo del "aparato de colonización pedagógica", trabajaba para impedir la formación de una conciencia nacional. En su libro, Filo, Contrafilo y Punta, explica que la diferencia entre inteligencia e "intelligentzia" no tiene nada tiene que ver con ideas políticas, económicas o sociales, sino con comprometerse o no comprometerse con el país. Es decir, poco importa que quienes se integren a las filas de la "intelligentzia" sean de derecha, izquierda o centro; lo importante es que defiendan la subsistencia de la vieja estructura cultural e impidan que ocupen el escenario otra voces que pueden expresar el país real. En este sentido para poder interpretar las posibilidades políticas que nos permite la época, y para no quedar entrampados, como muchas veces ocurrió, en los paradigmas del pasado, sepultados bajo las ruinas del mundo que se derrumba: debemos pensar en una crítica al pensamiento neoliberal dominante.

Gracias a Dios el coronavirus puso patas para arriba todos los paradigmas que daban sustento del pensamiento neoliberal globalizador, ahora hay que someter a muchos de ellos a una mirada crítica. Debemos desmontar el aparato ideológico e instrumental del neoliberalismo que permitió y permite nuestra situación colonial, pero también sacarnos de encima muchos de los tabúes, creencias y hábitos que hemos adquirido durante la etapa. (Fernández Savater, 2018)

Economía y política. La falacia principal: "El Mercado”.

 

La modernidad neoliberal ha escindido el terreno de la economía y la política, buscando convertir a la economía en una ciencia autónoma, con sus propias leyes y lógicas. Así con la primacía de la economía, lo político queda circunscripto a algunas esferas de lo estatal y el ciudadano ejerce su derecho político solo en el momento de votar.

En esta lógica todos los hombres están obligados a aceptar al Dios-mercado como único verdadero, a cumplir sus preceptos y a practicar su culto. Su doctrina son las ideas neo liberales y su credo, “la mano invisible”, La mano invisible tiene la capacidad de armonizar estos comportamientos individuales, que buscan siempre lo mejor para cada persona de manera egoista y convertirlos en un bien general para toda la comunidad. Para sintetizar queda la muy cuestionada conclusión: “El interés general deviene de la suma de los intereses particulares”. Así aquellos que osen violar las normas del mercado, serán ex comulgados y condenados por herejes, populistas, socialistas, etc. La “democracia” burguesa, liberal, representativa y occidental, institucionaliza esta situación. Pone lo social y sobre todo lo político bajo la órbita de la economía, sus “leyes naturales” y los dictámenes del mercado. Así a pesar de los graves problemas que nuestras sociedades soportan, la respuesta del sistema es la despolitización de la sociedad, la negación del conflicto social, el vacío de contenidos de muchos debates, un discurso light, sin mayores ideas ni profundidades. Los problemas se van a resolver en la economía, en “la gestión eficiente” de los Ceos. Lo más grave es que muchos sectores de “izquierda” y “progres” han ido comprando este discurso y lo toman como propio.

Para ver el bochorno de esto, la izquierda socialdemócrata europea que se convirtió en adalid y defensora del neoliberalismo, tirando por la borda más de 200 años de lucha populares. No es casual, como decíamos, que la modernidad despolitizó a la sociedad, circunscribiéndola a lo meramente electoral. Esta primacía de lo electoral desplaza al hombre, sujeto protagonista de la historia, a un mero rol de votante. Pero esta lógica electoralista desplaza también los debates de fondo en la sociedad: la educación, la salud, el acceso a la energía, la vivienda, el transporte, la seguridad popular, etc. Ya no “existe” el pueblo organizado, empoderado, peleando poder y legitimando liderazgos, construyendo poder.

 

 

 

 

El protagonismo pasa así de liderazgos populares a liderazgos mediáticos, a aparatos políticos, a organizaciones civiles, sociales y religiosas de dudosos fines y oscuros financiamientos. El político profesional reemplaza al dirigente y al militante, los armados puramente electorales reemplazan a los partidos políticos, con abundantes fondos para campaña publicitaria.

 

El debate es mal visto y lo reemplazan grupos de “opina todo”, que solo gritan, pelean, insultan, con una total falta de expresión de ideas. Esta nueva forma de “debate político” está regida por el rating, siendo imposible en ese formato un debate serio y profundo de los problemas. No es casual la despolitización de la sociedad, es la lógica de control político y social del neoliberalismo actual. El sistema intenta que no nos sintamos parte de una nación, de un pueblo, ni que pertenezcamos a una clase social, ni que sepamos que vivimos en un país colonizado, oprimido y empobrecido; anula todo pensamiento crítico, nos niega un pensamiento que nos coloque en una visión global, superadora de nuestro propio egocentrismo.

Es necesario superar la lógica neoliberal, expresada en algún momento por Margaret Thatcher: “no existe la sociedad, solo existen los individuos”; y por ende cualquier atisbo de privilegiar lo colectivo es claramente demonizado como un avance sobre la libertad individual.

En estas sociedades neoliberales las clases sociales se diluyen, se difuminan sus límites. Muchos conceptos quedan sin significado claro, como “patria” “colonia”, “imperialismo”, “pueblo”, “comunidad”, etc.; sin estos conceptos es complejo construir un pensamiento colectivo que pueda explicar la realidad y por ende construir nuevas alternativas sustentables. “En el Estado moderno capitalista los ciudadanos son hacinados en todo tipo de agrupamientos: se les clasifica, primeramente y ante todo como familias, pero también como votantes, contribuyentes, consumidores, inquilinos, padres, pacientes, asalariados, fumadores y abstemios, etc...” (Holloway 1994). Esta clasificación y agrupamiento tiene por objetivo parcializar las luchas populares y amoldarlas a las formas “encorsetadas” de la democracia burguesa.

Parafraseando a Jauretche, nos hacen pelear, como a los perros del matadero, por las achuras, mientras ellos se llevan a carne y el cuero de la vaca. Y a su vez el sistema construye un “otro”, un enemigo, la contracara de la “gente buena y decente”. Son los choriplaneros, los piqueteros, los pobres, los pibes chorros, el extranjero, y todo lo que queda afuera del sistema. Éste se alimenta del odio, por eso cultiva la “grieta” permanente en la sociedad.

Porque además de asentarse sobre el odio, el sistema se nutre del miedo al otro. En el mismo proceso electoral se trata a la población como una masa indiferenciada de "votantes", y "se les define aritméticamente y no como miembros de clases o comunidades. ….. la institución del sufragio secreto es la expresión suprema de la naturaleza privada de la opinión política. Mediante el voto individual se (pretende) canalizar el conflicto social en un acto individual, una elección privada entre alternativas no siempre diferenciadas”. (Hicks) El hombre deja de ser un ciudadano total con obligaciones y derechos, para pasar a ser un “ciudadano” solo cuando deposita el voto.

Más claro y más crudo, como siempre, Duran Barba expresaba el pensamiento del neoliberalismo, “El hombre común es un “chico de 9 años, que no ha llegado al pensamiento abstracto, solo le llegan por las emociones”. Así los actos políticos son actividades de jardín de infantes, con globos y baile. Esta forma de ver la política hace renunciar a toda pretensión de transformar o modificar algo de la realidad. Todo esto lleva a una frustración de los sectores populares, ya que no tienen respuestas a sus necesidades. Comienza así un sentimiento antidemocrático y hacia las políticas y los políticos, a su vez abonado por los medios de comunicación y sus opinadores rentados con mensajes constantes denostando la política. Esta pérdida de expectativas sobre la democracia y en la política lleva a la búsqueda de alternativas, lamentablemente la historia muestra que muchas veces las salidas a las crisis son opciones de derecha, autoritarias, xenófobas y fascistoides.

El caso Brasil es más que evidente, la crisis del PT y el fracaso de su progresismo lavado, sobre todo en la etapa de Dilma, la crisis de todo el sistema partidocrático brasileño, la corrupción en todos los estamentos del Estado, la cooptación del poder judicial como herramienta de control político, permitió el triunfo de un candidato caricaturesco, pero políticamente peligroso y con él, el resurgimiento del viejo partido militar, responsable de la larga dictadura militar (1964/1985)

En Argentina, salvo los 12 años de gobiernos populares (2003/15) donde la política tomó cierta primacía, a partir de 2016 se volvió rápidamente a privilegiar la economía, quedando el estado, ajustado e ineficiente, como un único camino para la política y lo electoral como el único espacio de lucha.

El triunfo en diciembre de 2019 de una amplia coalición popular con base en el peronismo y encabezado por Alberto Fernández abrió otra etapa, con intenciones de superar los estrechos límites políticos del neoliberalismo, con el agravante que debe enfrentar de entrada una crisis económica muy grave y la renegociación de la deuda externa, en condiciones que ya eran de default, ambas heredadas de la pésima gestión macrista.

En una etapa convulsionada como esta los movimientos populares deben articular la política de otra forma, es necesario retomar la política como eje central, profundizar la relación directa con los sectores populares y sus organizaciones para poder llevar adelante la política en todos los ámbitos y momentos. Sin descuidar lo electoral por supuesto, pero entendiendo la política como una acción permanente. Será necesario construir mucha fortaleza política, generar nuevos liderazgos, y esto solo se puede lograr articulando con las organizaciones populares (sindicatos, cámaras empresarias, organizaciones de base, sociales, clubes, agrupaciones estudiantiles, y toda expresión de la comunidad organizada), la lucha política debe ser claramente una lucha por el poder y para ello hay que abandonar ciertos infantilismos izquierdosos de subestimar la lucha por tomar los resortes del estado. Así como la siempre presente opción de los gobiernos populares por sumar y dejar en las estructuras del estado a cuadros de la derecha neoliberal, que reconvertidos en “cuadros técnicos”, se convierten en “quinta columnas”, que terminan ´por hacer fracasar los procesos populares.

En la historia de los gobiernos populares y sobre todo en los gobiernos peronistas sobran los ejemplos de esta práctica nefasta. Los movimientos populares deben ir por el estado, arrebatárselo a los sectores oligárquicos. Tomar el Estado para transformarlo.

Se requiere construir un estado fuerte y organizado, que pueda llevar adelante el proceso de reindustrialización acelerada, como estado empresario, pero también como regulador de la economía, como estado que lleve adelante y conduzca el desarrollo económico y social. No se trata de volver al viejo estado burocrático, sino de un estado ágil y eficiente, pero fuerte, para enfrentar y poner límites a los grandes intereses económicos.

Hay que refundar el estado bobo, neoliberal, por un nuevo Estado Desarrollador. Hay que animarse a decir lo “políticamente incorrecto”, aquellos que se calla, expresar la voz de los sectores que están afuera del sistema, aquellos que nadie quiere expresar, construir una voz colectiva desde lo nacional y popular, aunque este discurso espante algunos votos “progres”. Por ejemplo es claro en la política actual que no es viable pensarla sin considerar el conflicto como inherente a la misma. En todo caso podrá discutirse como se resuelve el conflicto pero no negarlo.

El neoliberalismo con su lógica de apropiación por desposesión, solo puede generar procesos de violencia para llevar adelante su saqueo y por ende va a generar resistencia y lucha de los sectores populares. El conflicto es inherente a cualquier sociedad humana, es la esencia que da origen a lo político y a la política, pero el colonialismo y su versión actual el neoliberalismo lleva el conflicto al límite.

El objetivo de sociedad más justa, de igualdad e inclusión, lleva aparejada una lucha, casi nunca pacifica, por la apropiación de los excedentes que esa economía produce para volcarla en el bien común. Es necesario la construcción de fuertes consensos sociales y políticos que de sustento a estas políticas de redistribución del ingreso y pongan límites a los grandes grupos económicos que se sienten dueños de esa porción de la riqueza y a su vez permitan desmontar todo el “aparato legal del coloniaje”, que permite y avala “legalmente” y “culturalmente” el coloniaje y el saqueo.

En el caso argentino existe una larga tradición de participación ciudadana, a partir de consejos económicos sociales, donde los actores discuten y debaten las acciones gubernamentales en cuanto a salarios, precios, condiciones de trabajo, etc. Es conveniente en esta etapa profundizar la apuesta hacia un gran consejo de la comunidad donde se puedan fijar y consensuar los grandes objetivos nacionales y planificar las acciones tácticas. Igualmente se requiere una fuerte presencia del estado como dador de premios y castigos, como ejecutor de las acciones planificadas. A su vez hay que recuperar el rol del estado empresario en las áreas estratégicas de la economía y en los servicios públicos.

Toda apelación a una burguesía nacional que ate sus intereses a los de una Argentina desarrollada e inclusiva está condenada al fracaso y la frustración. El gran empresariado argentino es una burguesía fallida, saqueadora, que ha atado sus intereses con los intereses del imperio y sus socios locales, la oligarquía. También otra falacia es apostar a “una lluvia de inversiones extranjeras”: estas no existen y menos en el mundo post pandemia. Las inversiones que podrían venir tienen solo una lógica especulativa, de rápidos negocios y fuga o ir a financiar actividades extractivistas de saqueo de nuestros recursos.

En ambos casos solo sirven para perpetuar la dominación, la primarización de nuestra economía y la pobreza generalizada. También debemos resignificar el concepto de democracia. La democracia formal no da respuestas a las necesidades de la población. Esta falencia lleva al descredito de la misma, abriendo el camino a expresiones de derecha fascistoide. Los movimientos populares debemos apropiarnos de la democracia, pero profundizarla hacia formas de democracia directa y social.

Ampliar los límites de la democracia participativa hacia los sectores populares, empoderar a esos sectores, hacerlos sujetos de derechos y obligaciones ciudadanas y artífices de su destino es el paso obligado hacia sociedades más integradas. La tares es ardua y compleja, pero es ahora. Hay que ir desmotando la vieja Argentina que muere y sembrar las semillas de una nueva estructura política, social, legal y económica que dé forma y sustentabilidad a la Nación Argentina que queremos.

(*) Presidente del PJ de Luján

LA IGNORANCIA DE LAS ÉLITES por Jorge Rachid.

Los procesos de crisis, ponen en evidencia los comportamientos sociales más profundos, aquellos que hacen a la mirada construida por el relato dominante durante siglos, que privilegia la visión histórica pequeña, construida por los europeos, siempre referencial y sobre personajes, presentándose como incubadora del mundo y la otra historia, la grande, que relata los acontecimientos humanos desde los pueblos.

Esta reflexión en tiempos de Pandemia, me remite a Rodolfo Kusch, ya que planteaba que “una piedra tallada nos habla de la historia de la humanidad y la espada de Napoleón, nos fija en el personaje”. Es la diferencia, nos dice el filósofo, entre el “estar” de los pueblos al “ser”, de los referentes individuales de la historia.

Sin dudas que San Martín constituye una referencia esencial de nuestra construcción de identidad, pero su gesta es sobre la base, nunca contada, de los miles de hombres y mujeres, negros, criollos mulatos mapuches y tehuelches, que construyeron esa historia que protagonizaron juntos, a su mando. Esa negación llega hasta Perón y las masas que forjaron su liderazgo, no sólo ocultadas, sino denigradas y vilipendiadas, por las élites manipuladas por el mitrismo militante, en su relato de la historia pequeña, que subsiste hasta nuestros días y se prolonga en el diario La Nación, denominado a sí mismo, como Tribuna de Doctrina, desde donde hace más de un siglo ataca, toda manifestación nacional y popular.

Es que las élites son esa mezcla rara de oligarquía, cuando adquiere poder y de clase aspiracional, cuando no lo tiene. Pretende ser de alcurnia, se refleja en ella, como forma de escapar al temor reverencial a la muerte y a la pobreza. El primer temor inconsciente, el segundo que la moviliza y le hace ser funcional a cualquier maniobra, destinada a desalojar la gran historia, que es de los pueblos, de la cual pretende alejarse.

Cuando la Cuarentena que salva miles de vidas se transforma en una construcción colectiva, las élites sienten ese miedo que las paraliza, que es ni más ni menos, que la posibilidad de un comportamiento social similar al del conjunto social, al cual deberían pertenecer, pero se niegan. Es que la cultura del “ser”, afincada en un individualismo que todo lo destruye, en camino de un egoísmo militante, les impide integrarse a la gran historia, siendo manipulados por los dueños del poder, cultores y difusores permanentes de la pequeña historia, que desnudó con certeza filosófica Rodolfo Kusch y definió después Fermín Chávez con la Epistemología de la Periferia, centrando el pensamiento soberano e identidad del pueblo, ajeno a cualquier colonización de “otros centros”.

Es fácil, dice el filósofo “escribir la historia desde Buenos Aires, difícil de imaginar desde Jujuy y el Altiplano”. Esa historia que Mitre oculta, es la historia del pueblo protagonizando epopeyas, en el mejor de los casos minimizadas, como esa inconmensurable gesta del Éxodo Jujeño, puesta en cabeza merecida de Belgrano, pero que es producto del sacrificio de los jujeños, que quemaron sus ranchos y dejaron sus pertenencias, para construir la Patria, mientras las élites se escondían de los fusilamientos de nuestro héroe nacional, a quienes planteaban, que les daba lo mismo vivir, con los españoles o en libertad patriótica.

Hoy muchos sectores de la colonización, que la “pedagogía de la periferia” construyó en nuestro país, siguen lamentando no haber sido ocupados por los ingleses en las invasiones de 1806 y 1807, en esa idolatría cipaya de la adoración de la “civilización”, que viene de afuera, frente a la “barbarie” de criollos, negros, originarios e inmigrantes de todos los pueblos del mundo, que estamos forjando nuestra identidad nacional de Patria Grande. Cuando algunos dijeron “barcos” otros dijeron “tierra”: los primeros lo decían desde 10 mil años de historia, la gran historia y los otros dijeron “que habían descubierto” lo ya existente.

Hoy frente a la Pandemia, sucede en lo cultural algo similar: el pueblo protagoniza una epopeya en defensa de la vida de todos, con sus generales al frente; a las élites les da lo mismo la Cuarentena, por el temor a la pobreza, aun arriesgando la muerte de sus seres queridos. En el medio miles y miles de héroes anónimos siguen escribiendo la gran historia, frente a las “patéticas miserabilidades” de las élites antipopulares, que prefieren el suicidio antes que abandonar sus sueños de oligarcas. “Nadie se salva, en una país que no se salva”, nos dice una de las máximas del peronismo. El darwinismo social que pretenden practicar los Trump y los Bolsonaros, son propios de las élites oligárquicas antipopulares, que en nuestro país, ni siquiera tienen el arraigo patriótico, que expresan otras sociedades.

El único sujeto que construye la historia, la grande, es el pueblo como conjunto de una voluntad común y escribe en letras de molde la solidaridad como bien común, en un destino compartido. Por eso el pueblo, la gran historia siempre vence.

Jorge Rachid

PRIMERO LA PATRIA

www.lapatriaestaprimero.org

CABA, 28 de mayo de 2020

El virus en cuarentena. Por Marcelo Cabeza.

 

¿Cuál pandemia? ¿La del lucro a cualquier precio?

¿Se esperaba o no, una crisis semejante? "La próxima va a ser peor", se decía sin precisar cuándo se produciría, tal vez para "no asustar a los mercados", pero se presumía inminente la posibilidad de que explotara otra vez una burbuja financiera. Íbamos rumbo a eso en la economía globalizada.

Los números de una economía virtual descontroladamente especulativa se despegaban, de nuevo peligrosamente, de la generación productiva de riqueza basada en bienes reales. Un estallido podía producirse en los mercados financieros, bursátiles. Al final el "bicho", endemoniado virus arrasador lo hizo, puso en jaque al planeta introduciendo una mega crisis de conjunción: una sobredeterminación sin precedente que, al sobrevenir, potenció todas las crisis que se venían incubando, superponiéndolas de manera globalizada.

Los diversos aspectos de la crisis que ahora se enfrenta, durante décadas generaron alertas por parte de quienes las estudiaban meticulosamente. Las crisis climática, energética, de producción y empleo, de pobreza creciente y las migraciones indetenibles, la burbuja financiera, la puja multipolar con la mergencia de nuevos actores fuertes, la guerra de monedas; la falta de una auténtica representación democrática en los sistemas políticos, la hiper explotación del capital financiero y los bancos sobre los pueblos endeudados, la deuda a privada y pública; la super concentración de la riqueza en unos pocos que no han parado de acrecentar sus fortunas, su consecuencia de crecimiento de la pobreza en el mundo, también dentro de las sociedades industriales; la aceleración de la expulsión de vastas mayorías poblacionales en los cinco continentes por múltiples razones. Muchos vienen hablando de una crisis sistémica. Ese conjunto de elementos acumulando décadas de presión, preanunciaba el posible desenlace de una nueva crisis que se pensaba financiera. Esa sospecha para unos y certeza para otros hablaba de que este mundo, así como venía no daba para más.

La cabeza imperial está podrida

Hubo advertencias en dirección a una nueva pandemia de pura cepa. Algunos científicos previnieron los estragos que una nueva peste del siglo XXI podía causar y alertaron fuertemente sobre eso.

El sistema de salud tal como está, serviría para cerrar números contables y producir ganancias siderales, pero el esquema de concentración capitalista que mercantiliza la salud como un producto más, no podría abastecer una demanda extraordinaria.

“Una pandemia se parece mucho a un incendio forestal. Si se detecta temprano, podría extinguirse con un daño limitado. Si se deja que arda sin ser detectado, puede convertirse en un infierno que puede extenderse rápidamente más allá de nuestra capacidad de controlarlo”, dijo en un discurso en 2005 el entonces presidente George W. Bush en la sede del Instituto Nacional de la Salud (NIH en inglés). A partir de la lectura de un libro que denunciaba el problema y de asesorarse con científicos, el ex presidente intentó crear conciencia sobre el peligro de la próxima pandemia e intentó preparar a EEUU y al mundo para enfrentarla. Entendió que no eran suficientes el personal médico y los equipamientos.

“En una pandemia, todo, desde jeringas hasta camas de hospital, respiradores y equipos de protección, serían escasos”, advirtió mientras dispuso siete mil millones de dólares para desarrollar un plan con preparación específica de funcionarios y empleados y creó desde el estado un sitio web al efecto.

Tal vez un síntoma de agotamiento o desgaste grave de un imperio en decadencia, estas preventivas acciones se fueron desfinanciando posteriormente, atendiendo a otras necesidades como la crisis del 2008 y gastos en defensa. Lo que vendría después solo profundizaría el error. Barack Obama heredó el plan de Bush y, tras los brotes de H1N1, en 2009, y de Ébola, en 2014, creó una unidad especial en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca para reforzar la defensa contra una eventual nueva enfermedad. En medio del despliegue de sus pretendidas genialidades de empresario devenido en presidente, en 2018, Trump lo desmanteló. De las previsiones del gobierno de Obama quedó un libreto de 69 páginas para "coordinar una respuesta compleja del gobierno" al enfrentar una eventual pandemia.

Trump en su propia trampa

¿Hubo tiempo para actuar de otro modo? Veamos. El 3 de enero su gobierno recibió la primera alerta formal de China sobre la nueva enfermedad. El doctor Gao Fu, jefe de la agencia china que está abocada al control de enfermedades, informó al director del Centro para el Control de Enfermedades (CDC, su siglas en inglés), Robert Redfield. Dos semanas después, el 18 de enero, el secretario de Salud, Alex Azar, informó por primera vez a Trump sobre el virus en una conversación telefónica. Pronto China cierra Wuhan, la ciudad donde se originó el brote. Trump declararía "tenemos un plan", en Davos, Suiza, el 22 de enero. Y cinco días después de detectarse el primer caso en Estados Unidos, un grupo de asesores se reunió con el entonces jefe de Gabinete de Trump, Mick Mulvaney, para urgir que los funcionarios de alto rango del gobierno le prestaran más atención al brote de la nueva enfermedad, tal como lo informó el Washington Post.

A finales de enero el asesor de política comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, advirtió en un memo al Consejo de Seguridad Nacional que la nueva enfermedad podía costar la vida a 500.000 personas en Estados Unidos y generar una pérdida para la economía de US$ 6 billones de dólares, según reveló Axios. Ese día, la Casa Blanca anuncia la creación del "task force" para monitorear el nuevo virus. Las advertencias continuaron por el jefe de la "task force" Azar; la OMS el 30 de enero declaró la emergencia global; pero Trump había quedado tocado por el empeachment y estaba más preocupado por su reelección que por atender las señales del Congreso; febrero transcurre con nuevas voces airadas como la de Anthony Fauci asesor del presidente y director del Instituto Nacional de alergias de los Estados Unidos quien solicita medidas de distanciamiento para salvar vidas; expertos en salud y el Consejo de Seguridad Nacional recomendaron "medidas de cuarentena y aislamiento". Pero Trump lo consideró una exageración.

Recién a mediados de marzo comenzaron a tomarse medidas, frente a lo cual el doctor Anthony Fauci, en una entrevista con CNN afirmó que, de haberse tomado antes se podrían haber salvado muchas vidas. Fauci finalmente se contagió de Covid-19. Navarro escribe otro memorando, pero esta vez lo dirige directamente a Trump, según reveló Axios. En ese documento, Navarro, un crítico acérrimo de China, eleva la alarma al advertir que hasta dos millones de personas pueden morir en el país debido a la nueva enfermedad.

Durante ese tiempo todavía en marzo el presidente Donald Trump no cancelaba sus reuniones y concurría a eventos multitudinarios. La primera potencia mundial se encaminaba hacia el desastre, focalizada en que los negocios -la razón de su vida- continúen prosperando sin ser molestados. Italia. Las patronales del odio no aman la vida Bérgamo, Italia. Un hecho alertó sobre lo que estaba sucediendo mientras se miraba para otro lado para que la economía no se pare. En la noche del 18 de marzo setenta camiones militares cruzaban la ciudad silenciosamente en caravana, llevando cadáveres. Los sacaban hacia otras ciudades, porque el cementerio, el tanatorio de emergencia y el crematorio sin parar ni de noche, no daban abasto. Hay allí en esa zona, un apellido que nos es conocido en Argentina: Rocca. Son famila. Se trata de los propietarios de una importante empresa que siguió facturando sin suspender ni parar la producción. Allí en marzo de 2020 hubo un 400% más de muertos que el mismo mes de de 2019. El 23 de febrero los positivos en coronavirus en la provincia de Bérgamo habían sido solo dos. En una semana, llegaban ya a 220; casi todos en Val Seriana.

En Codogno, población lombarda donde el 21 de febrero se detectó el primer caso oficial de coronavirus, bastaron 50 casos diagnosticados para cerrar la ciudad y declararla zona roja. ¿Por qué no se hizo lo mismo en Val Seriana? Porque en este valle del río Serio se concentra uno de los polos industriales más importantes de Italia, y la patronal industrial presionó a todas las instituciones para evitar cerrar sus fábricas y perder dinero. Es la economía, stronzo. Una sincronía tanática se estaba produciendo también en la Lombardía, polo industrial del norte italiano. Diversos analistas aseguran que en esa región se instaló con fuerza un modelo sanitario mercantilista. Otra vez los negocios.

España, otro ejemplo de descuido sanitario

Yolanda Jubeto es una profesora de economía y presupuestos públicos que aprendió a transmitir con precisión y lenguaje claro al dar sus clases con alumnos de Periodismo. “Si lo que necesitas es ponerle nombre a las cosas, busquémoslos”, es su disparador preferido para plantear el tema del coronavirus. “Esta pandemia pone encima de la mesa cómo el desmantelamiento sanitario público nos hace más vulnerables”, un objeto de análisis económico en el que toma partido; “mirar el sistema de ingresos del Estado, además del de gastos, para repensar ambas partes de la ecuación" es la fórmula que propone desde su cátedra de economía en la Universidad del País Vasco, Euskal Herriko Unibertsitatea. Especialista en presupuestos con perspectiva de género, ve las consecuencias económicas de la pandemia que ahora se lamentan, como el resultado de lo hecho en materia presupuestaria estatal.

"Esta pandemia nos deja encima de la mesa cómo el desmantelamiento del sistema sanitario público nos hace más vulnerables. La globalización ha obligado a externalizar todo para que sea más barato, porque para reproducir el capital es necesario agotar los recursos y no pensar en las generaciones futuras, prima el beneficio económico frente a las necesidades básicas. Por eso ahora es un buen momento para reflexionar". Razones económicas de una sinrazón mercadotécnica que afecta la salud. Otra vez el neoliberalismo que solo optimiza riqueza concentrada es la explicación.

Argentina: De la antipolítica al estado garante del bien común

Argentina tomó otra posición. Será que nunca nos entregamos del todo al dios mercado, aunque su poder casi nos destruye por completo hace poco. Si es cierto que las crisis encierran en su interior una simiente de oportunidad, estamos a tiempo de salir fortalecidos. Esto se insinúa en términos de organización comunitaria, algo a lo que vastos sectores son renuentes, penetrados por décadas de modelos centrados en el individualismo del "sálvese quien pueda". Es posible achacar a este germen y no al virus la causa de muchos de nuestros males.

Los tiempos autoritarios hicieron que huyéramos desde el orden cerrado militar hacia el desorden generalizado como método; pero fueron tanto épocas militares como civiles las que arrojaron vivencias de estragos sociales poderosos de todo tipo. Esos tiempos oscuros "vacunaron" con el virus de la desconfianza hacia los gobernantes y la política de la que surgían; la colonización cultural abonó el terreno de la despolitización y la anti política, el no te metás agravó la debilidad institucional en ancas de un individualismo que era esperable se profundizara con esas experiencias. La contracara fue el masivo ingreso de jóvenes a la política durante la experiencia 2003-2015; pero no fue suficiente para desterrar al neoliberalismo. Una experiencia novedosa. En esta etapa, la de un gobierno asesorado por científicos que sigue los dictados de esos expertos, se ha producido la novedad. Aristóteles diría que tenemos una aristocracia: gobierno de los mejores. Los que saben determinan el rumbo a través de una sinergia impecable con los funcionarios públicos. Y el pueblo acompaña porque ve que el gobierno oye sus consejos e implementa mecanismos acordes. ¿Será que de una vez por todas descubriremos la forma de que nos vaya bien? Basados en una solidaridad obligada por el rostro horrible de La Parca, se logró una cohesión social pocas veces vista.

Mientras, los amigos del fracaso tratan de desbaratar esa unidad alcanzada, con sus herramientas preferidas: el desánimo y la crítica artera malintencionada. Las presiones se ejercen de un solo lado sobre un gobierno que hace su trabajo corrigiendo todo el tiempo los deslices de un Estado desmembrado y colonizado por las corporaciones.

Es de esperar que las propuestas que se están elaborando desde distintas usinas y cocinas de movimientos políticos, culturales, sociales, sindicales y económico productivos, puedan converger en un gran Consejo Económico y Social post pandemia, que colecte las mejores realizaciones conseguidas en esta emergencia. El rebote positivo dentro de tanto mal es que han quedado aislados los partidarios de la insolidaridad egoísta que presionan al gobierno. El virus de la maldad está en cuarentena. 

La chispa que encienda la pradera. Por Antonio Muñiz (*)

 

 

Desde hace unas semanas el mundo ve crecer una pandemia global, el coronavirus. Este fenómeno está generando situaciones de pánico e incertidumbre a nivel global. Pareciera, en principio, que más allá de su potencial peligro sobre la salud y la vida humana, hoy por hoy está afectando más a la economía de los países afectados y por ende a la economía global.

 

En principio está claro que esta pandemia podría desencadenar una gran depresión, la primera desde la Gran Recesión de 2008-2009. Lo que está sucediendo es que golpeó justo en un momento en el que las principales economías capitalistas ya mostraban signos de debilidad. La economía capitalista mundial ya se había desacelerado hasta una caída cercana al 2.5% anual. Estados Unidos está creciendo a solo el 2% anual, Europa y Japón a solo 1%; y las principales economías emergentes de Brasil, México, Turquía, Argentina, Sudáfrica y Rusia están básicamente estancadas.

Las enormes economías de India y China también han caído significativamente en el último año. Es probable que una pandemia global y de largo tiempo pueda sumirnos en un periodo largamente recesivo.

Sobre llovido mojado

La baja del precio internacional del petróleo provocó un «lunes negro» en las bolsas de valores de los principales países del mundo, con caídas promedio del 9 % y máximas del 11,2 % como en Italia, uno de los países más golpeados por la enfermedad. En tanto, el precio del barril del crudo Brent, de referencia en Europa, se desplomó un 26,31 %, hasta cotizar a 33,36 dólares, la mayor caída en una jornada desde la primera Guerra del Golfo.

El derrumbe comenzó en Asia, pasó luego a Europa y llegó a Wall Street. En los días subsiguientes hubo un rebote hacia arriba, seguramente será lo que los economistas llaman “el rebote de un gato muerto”, a pesar de las medidas de Trump de comprar a estos precios a fin de estoquear, lo cual originó de inmediato un aumento del precio del barril y un aumento en los índices bursátiles. Todas estas movidas y juegos de ajedrez en la economía y la política mundial, más allá de resultados de corto plazo, solo hacen vislumbrar una recesión global, por ahora de tiempos y pronósticos reservados. «El ciclo ya está muy avanzado, y el coronavirus es básicamente un golpe doble. Pero ya estábamos avanzando hacia la recesión antes de que alguien hubiera oído hablar del coronavirus. Por muy malo que fuera el 2008, lo que vendrá será peor, porque ahora hay mucha más deuda: casi 100 billones de dólares en deuda nueva», advirtió el economista Colombo, quien además sostiene que "una serie de nuevas burbujas estallarán en los mercados de todo el mundo". (El analista económico Jesse Colombo, que predijo la crisis financiera de 2008)

Crisis global

Nada de esto es casual, el mundo actual vive una crisis estructural, sistemática y global de difícil y complejo diagnóstico y por ende de difícil salida. Como venimos diciendo en artículos anteriores, la crisis del modelo capitalista global está en su seno mismo. Solo faltaba una chispa que encendiera la pradera. En necesario profundizar el debate y la reflexión en busca de una construcción social alternativa que pueda reemplazar el modelo neoliberal existente.

En el caso de Argentina, el escenario es altamente complejo, dada su vulnerabilidad externa producto de la deuda contraída por el gobierno anterior. Hoy por hoy enfrenta una dura negociación con el FMI y los bonistas, de difícil pronóstico. También la pandemia ha llegado a estas playas, más rápido de lo esperado, y está ocasionando daños económicos que se irán sintiendo en los próximos meses. La herencia dejada por el macrismo de endeudamiento, inflación y recesión, juega hoy como un pesado yugo, a la que habrá que sumar la crisis externa y la recesión mundial. Un escenario muy complicado, casi una tormenta perfecta sobre Argentina y Latinoamérica.

Más grande aun es el peligro, ya que la historia muestra que los países centrales tienden a hacer pagar los costos de sus crisis a los países periféricos. Por ello los países periféricos deberían ir cerrando sus fronteras, no solo para evitar el ingreso de personas que pueden traer y contagiar la enfermedad, sino también para evitar el daño económico y comercial que la situación global nos va a infligir. Así como la pandemia llegó y nos está pegando de frente, también llegaran los efectos de la situación de la economía mundial. O sea, no se trata de evitar que lleguen sus efectos, sino minimizar los daños.

En este marco de crisis global es necesario pensar modelos de desarrollo social y económico que rompan las lógicas neoliberales que han condenado a estos países a crisis periódicas y repetidas. Desde mediados de la década del 70 se ha ido configurando un modelo caracterizado por la reconversión del capitalismo hacia lógicas financieras rentística, basadas en el neoliberalismo monetarista y enancada en la revolución tecnológica que permitió la globalización informativa y comunicacional, el libre de comercio y la libre circulación de los flujos de capital, etc.

Como hemos dicho en innumerables veces el neoliberalismo es un proyecto de dominación imperial, que pretende ordenar el mundo a imagen y semejanza de los postulados del Consenso de Washington. Sin embargo este proceso no ha sido lineal, por el contrario ha sido jalonado por diversas crisis sectoriales y regionales, conflictos armados y un deterioro estructural y sistémico del sistema capitalista, cuya expresión mayor fue la recesión de 2007/08, cuyas consecuencias aún no han sido superadas. Cuarenta años de neoliberalismo han construido un mundo sumido en el caos y la violencia, regiones como el Medio Oriente azotadas por guerras por el control del petróleo; zonas devastadas por la explotación desmadrada de recursos naturales, que destruyen los ecosistemas naturales; hambrunas generalizadas en regiones de África, migraciones masivas, genocidios planificados en África y Asia.

Es indispensable tener presente que hablamos de recursos naturales finitos, sometidos a una utilización y explotación descontrolada, como si esos recursos fueran inagotables. En verdad enfrentamos un descalabro multidimensional de carácter “terminal”, el funcionamiento “normal” del capitalismo, nos lleva a una crisis civilizatoria. Según el Papa Francisco estamos ante la Tercera Guerra mundial, en etapas y es cierto, el/los conflictos bélicos en todo Medio Oriente, lejos de calmarse, tienden a crecer y expandirse.

El conflicto entre Turquía y Siria, con los Kurdos en el medio y detrás tropas rusas y yanquis en la zona, pueden estallar en cualquier momento; el “Plan de Paz” de Trump para el conflicto judío palestino, irá generando más resistencias y violencias por parte del mundo árabe, también los ataques por parte del eje Washington – Tel Aviv contra Irán son otra bomba de tiempo; la guerra empantanada contra el Talibán por parte del ejército yanqui en Afganistán, etc, son situaciones que pueden escalar rápidamente en una guerra regional y de ahí a una guerra mundial.

Los intereses chino rusos son muy fuerte en la región, además el conflicto se estaría dando en sus fronteras. En ese caso los resultados serían de catástrofe global, casi terminal. Aun en un escenario de conflictos regionales, como el actual, los peligros de una crisis civilizatoria siguen estando vigentes. Según Samir Amin “detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo” y de que “la continuación del modelo de desarrollo de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo que le lleva emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta.

La lógica neoliberal monetarista característica de esta etapa ya muestra los limites materiales de una expansión sin control y sus consecuencias geopolíticas”. Según estudios la profundización y diversificación de la crisis iniciada en 2007 y cuyas consecuencias todavía padecemos nos muestran los “límites de la financiarización del capitalismo”, la lógica extractivista de los recursos limitados, el uso desmedido de la energía proveniente de combustibles fósiles, con su consecuente contaminación atmosférica y el ya evidente efecto invernadero y el cambio climático, la explotación y la pauperización de poblaciones enteras que quedan fuera de los intereses capitalistas, etc, nos lleva a un cercano colapso.

 

De no mediar correcciones importantes en el rumbo, solo nos queda, dada la dinámica económica actual, prepararnos a un largo periodo de crisis económicas constantes, recesión, conflictos comerciales y por ende continuos conflictos militares, potencialmente peligrosos, en el centro y la periferia capitalista. Cabe acotar que en este análisis no estamos profundizando los cambios climáticos y los efectos devastadores de las políticas de explotación de los recursos sobre el ecosistema mundo, que hoy son un peligro cercano. También hoy vemos una pelea de fondo sobre la supremacía económica, comercial, tecnológica y por supuesto militar en un futuro mediato.

 

La hegemonía anglo norteamericana vigente se ve claramente cuestionada por nuevos actores y bloques de países. China, sobre todo, emerge como el gran ganador de esta lucha hegemónica; según diversos autores China será la próxima potencia global en las próximas décadas. El gran riesgo, que la historia nos muestra, es que estas luchas solo se dirimen en conflictos armados. Las dos grandes guerras mundiales del siglo XX, en realidad una sola gran guerra que se dio en dos etapas, fue por la supremacía y el reparto imperial de territorio coloniales de la periferia.

 

Aunque es probable que en la actualidad una guerra de esas características solo lleve a una destrucción masiva donde solo haya perdedores. Sería ilógica una salida por ese lado, pero como alguien dijo “lo único infinito es la estupidez humana”.

 

Mirando al Sur

 

En principio y sin hacer proyectiva, solo un poco de historia reciente, el imperialismo anglo yanqui, con su manual de penetración imperial, el neoliberalismo, solo muestra su gran fracaso de construir una paz global, con integración y desarrollo armónico. Hoy solo puede mostrar genocidios, tragedia, dolor y muerte. La lógica imperial de garrote y saqueo mostrada en Vietnam, Corea, Camboya, Indonesia y en fechas recientes en Irak, Siria, Afganistán, Libia, etc, que tuvo además brutales manifestaciones en América latina por parte de Estados Unidos, pero acompañada siempre por los países europeos, que no han dejado nunca de lado su ambición imperial, aunque sea, como en este caso de segundo orden y haciendo seguidismo.

 

El retroceso manifiesto de EEUU y su fracaso militar en Medio Oriente, sumado al gran fracaso económico y social del modelo neoliberal monetarista auspiciado por los países centrales hace prever un retroceso de este país hacia sí mismo y su “patio trasero”, América Latina. Cabe acotar que el aislacionismo yanky es una postura que tiene bases firmes en la cultura de ese país, como también considerar, por la proximidad geográfica al resto de América, como un territorio que les pertenece.

 

 

La historia de todo el continente Americano está llena de hechos traumáticos originados en el intervencionismo y las políticas coloniales de la potencia norteña. Las naciones latinoamericanas han sufrido de manera especial las consecuencias de un esquema represivo de saqueo de sus recursos, así como la explotación de sus trabajadores, presente siempre dentro de un esquema imperial asociado a algunas oligarquías locales lo que ha consolidado 500 años de regímenes coloniales, primero por parte de las potencias europeas y luego el imperialismo yanqui.

 

 

Muchas veces este colonialismo se manifestó de manera salvaje, como el exterminio del 90% de la población nativa en las primeras décadas de la ocupación, y en otras más sutiles, como golpes militares, con la injerencia de los intereses norteamericanos, pero utilizando a la oligarquía asociada y a las fuerzas armadas locales como fuerza policial de represión. Siempre el objetico es el mismo, la defensa de sus empresas y negocios, y siempre destruyendo cualquier atisbo de gobiernos populares o que defendieran, aun tímidamente, los intereses propios por sobre los del imperio.

 

La relación traumática y conflictiva de los países americanos con su “hermanos del Norte” a lo largo de los siglos XIX y XX ha sido compleja y muchas veces “difícil”, como lo puede ver quien se asome al colosal listado de hechos, desde la sangrienta guerra contra Méjico y la anexión de más de la mitad del territorio original mejicano en 1848, las agresiones, la implantación y el apoyo a sangrientas dictaduras que cuidaban sus intereses en la región, la vulneración de derechos, leyes y tratados internacionales con total impunidad.

 

Sin embargo América Latina fue y es el escenario de experiencias políticas y sociales anti imperiales de resistencia y organización popular. Sin entrar en demasiados listados históricos y solo tomando las últimas décadas, las experiencias populares, tal como la revolución mejicana, la revolución cubana, el peronismo, tal vez la versión más sólida en cuanto a organización y contenido ideológico de los movimientos populares latinoamericanos, el sandinismo, y ya más cercanos las experiencia de Chávez, Evo, Lula, Kirchner, Correa, el zapatismo, etc, que marcaron toda la primera década del siglo XXI. En esta etapa de procesos de sociales y políticos, repletos de vigor y no exentos de contradicciones, fueron construyéndose nuevas experiencias de gobernanza que fueron marcando un camino de construcción antagónico al neoliberalismo global: la Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), PetroCaribe y a finales de 2011 la puesta en marcha de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que excluye a Estados Unidos y Canadá.

Quedaron en el camino otras iniciativas que hubieren permitido un grado de avance en la integración y una mayor consolidación del proceso. A pesar de los avances y retrocesos de estos procesos políticos alternativos, Latinoamérica sigue siendo el escenario donde se está librando la gran batalla por la construcción de sociedades más libres, democráticas, integradas, con justicia social y respeto por la naturaleza. Sin dudas hoy el escenario latinoamericano no es el mismo al de principios del siglo XXI, sin embargo con un mundo en crisis y la mayoría de los países centrales cerrándose sobre si mismos se abre una nueva oportunidad para nuestra región. Si bien también es cierto que las realidades de cada uno de nuestros países son disimiles, hay algo en común, la fuerte disidencia y rebelión de los pueblos contra el modelo neoliberal imperante, pero también la incapacidad de las elites locales de dar respuestas a la crisis y proponer alternativas, que superen los escasos límites de sus intereses de clase.

Es importante desde los movimientos populares latinoamericanos volver a intentar construir un modelo de desarrollo e integración diferente, que rompa las cadenas del imperialismo, muestre otro camino de construcción de otra economía y otras formas de la política, que tenga como centro al hombre, su comunidad y su entorno natural. Hay experiencias prácticas a lo largo de nuestra historia, hay ideología y hay teoría construida en la acción popular de resistencia. Y aunque pequemos de setentista, el desafío sigue siendo el mismo, liberación o dependencia, patria o colonia. Es el momento, es aquí y es ahora

(*) Presidente del PJ Luján.

De Scalabrini Ortiz a Naomí Klein: de la Teoría de la Crisis a la Teoría del Shock. Por Félix Herrero (*)

La crisis es la crisis óptima, la mejor crisis del mundo, la mejor crisis perfecta, la que nadie podrá superar ni demostrar, porque sólo existe en la imaginación y en los tenebrosos propósitos de quienes la utilizan como pretexto para desmantelar al país y sumirlo en la verdadera y permanente crisis económica y espiritual que caracteriza a toda factoría, porque si no hay crisis, no hay argumento valedero para justificar medidas que no resisten el menor análisis.

Raúl Scalabrini Ortiz.

 

Al shock Volcker le siguió la conocida como “crisis del tequila" mexicana de 1994, la “plaga asiática“ de 1997 y el “colapso ruso” de 1998, que precedió en apenas días a otro que se produjo en Brasil. Cuando estos shocks y crisis empezaban a perder su anterior fuerza, aparecían otros aún más catastróficos: tsunamis, huracanes, guerras y atentados terroristas. Estaba tomando forma el capitalismo del desastre.

Naomí Klein

 

Milton Friedman aprendió lo importante que era aprovechar una crisis o estado de shock a gran escala durante la década de los 70, cuando fue asesor del dictador general Augusto Pinochet.

Naomí Klein

 

Las dos teorías

El pensador Scalabrini Ortiz introdujo en la corriente nacional la teoría de la crisis. La primera frase introductoria de este artículo sintetiza la teoría. La frase ha sido numerosamente citada, pero su idea muy pocas veces desarrollada. Fue Jorge Scalabrini Ortiz, hijo de don Raúl y autor también de numerosos ensayos, uno de los responsables que impidieron que la teoría de la crisis cayera en el olvido. La frase fue escrita en los años en que la dictadura militar de 1955 combatía sin compasión a la resistencia social de los argentinos e introducía la crisis económica con el intento de que el poder corporativo se hiciera hegemónico de la renta nacional. La teoría de la crisis se explicita en una de las Cartas de Scalabrini Ortiz, publicada a partir del golpe militar-liberal de 1955 en la prensa semiclandetina que se opuso a dicha sublevación anticonstitucional. Con el objeto de transformar la revolución social iniciada a partir de octubre de 1945 que supo otorgar a la renta nacional su carácter social y distributivo sin la alteración principal de la propiedad, la autodenominada Revolución Libertadora se empeñó en ser una Involución avasalladora de los derechos sociales y económicos logrados. Lo que se intentó fue acabar con la transformación social lograda por el gobierno derrocado. Fue entonces cuando el gobierno trajo al país a Raúl Prebisch para que impusiera una economía socialmente injusta y económicamente dependiente. Prebisch había sido un banquista central del período de la década infame que acompañó a Roca (h) a Londres para la firma del pacto Roca-Runciman en 1933. Fue premiado con la secretaría general de la Cepal, donde por su actividad anti norteamericana y por sus relaciones con el imperio británico, fue recibido con simpatía por sectores en varios países de nuestra región. El Informe Prebisch de 1955, como principal medida, instó para que Argentina entrara al FMI. Después de ser secretario ejecutivo de la Cepal, pasó a ser secretario general de la UNCTAD.

Raúl Scalabrini evidenció que Prebisch tuvo que inventar una crisis inexistente para poder argumentar que había que curarla, y a cualquier precio. La Política de la Crisis continúa en los años noventa con el imaginar otra crisis económica por parte del menemismo con el objeto de desregular, privatizar y cortar la inversión social y de infraestructura (son los tres objetivos del shock kleiniano), con el objeto que la renta no se distribuyera socialmente fuera a las arcas de los poderes corporativos que se reinstalaban.

El Informe Prebisch de 1955, como dijo Scalabrini Ortiz, fue un diseño de la Crisis: “porque si no hay crisis no se pueden justificar medidas que no resisten el menor análisis, como la desvalorización de la moneda a la mitad de su valor y la liquidación del IAPI como durante años soñaron Bunge y Born y sus acólitos, y aconsejar empréstitos extranjeros y la conveniencia de estructurar sociedades mixtas como los transportes y otras cosas más”.

La teoría de la Crisis de Scalabrini da un salto y reaparece convertida en la Teoría del shock. De los años 50 a los años 90, también podría ser otro subtítulo de este artículo, porque Naomí Klein inicia en forma de insinuación primero en algunos de sus artículos, afirmando que el poder financiero y corporativo mundial (a través de la Escuela de Chicago de Milton Friedman) aplica el shock para desarmar económicamente a los países. El shock kleiniano, como la crisis scalabriniana, permite cualquier medida por más desatinada que sea porque se estaría en guerra en contra de los factores negativos de la economía que pondrían en riesgo la existencia de los países.

El texto de Klein sobre la doctrina del shock (1) expone ampliamente cómo en los últimos decenios se ha aplicado esta teoría para expandir el poder corporativo. El caso argentino está ampliamente investigado en la figura de Alfredo Martínez de Hoz como ministro de economía de una nueva dictadura iniciada en 1976. La situación de crisis y de urgencia necesitaría soluciones de shock y está resumida en una frase del talentoso jurista nazi, Carl Schmitt que cita Naomí Klein: “El soberano es el que decide el Estado de emergencia”.

Schmitt es quizá el principal jurista que fundamentó la negativa dialéctica del amigo/Enemigo. Pero la verdad es que tanto en los años 50 en Argentina y ahora en muchos países, quien decidió y decide –en nuestra opinión– fue y es el poder financiero global. (2)

Los dos autores

Scalabrini Ortiz en su país y otros muchos otros, así como Naomí Klein, en Canadá, Estados Unidos y en gran parte del mundo son autores respetados por sus coherencias, pero también por ser los pensadores cuyos libros son de los más consultados. Coinciden en que como pensadores vendieron muchos libros pero nunca sus voluntades.

El argentino nacido en la capital de una Provincia norteña, tuvo una vida difícil y sacrificada. Entre sus numerosas actividades para vivir y mantener una numerosa familia hizo trabajos que lo llevaron a realizar actividades en provincias bien dentro de la interioridad argentina, como Formosa. Klein nació también en la capital de una Provincia, en el norte canadiense en una familia que tuvo que emigrar en muchas situaciones, pero realizó una vida más universitaria y mantuvo muy explicablemente simpatías juveniles con el marxismo.

Ella desarrolló un pensamiento claramente tercerista, que no acepta ni el liberalismo ni el marxismo. Scalabrini no tuvo esa tendencia juvenil y siempre desarrolló un pensamiento que, a última instancia, trascendía a un espiritualismo sin religión determinada. Clara y firme es su visión esperanzadora y de fe en el hombre argentino, como bien surge de su libro no muy citado Tierra sin nada, Tierra de profetas. Devociones para el hombre argentino. (3).

Klein tuvo acercamientos con nuestro país, no solo a través de sus libros, también en una película documental que filmó con su marido, titulada La Toma, que historia el cacerolazo argentino y las fábricas obreras, como es el caso de Forja, que en San Martín fabricaba autopartes, y fuera abandonada por sus patrones. Los trabajadores la convirtieron en una cooperativa de producción.

Ambos se pueden definirse como pensadores de movimientos terceristas, que no adoptan posiciones políticas marxistas ni neoliberales. Si se escribiera la vida paralela de estos dos grandes pensadores, el carácter profundamente religioso que da el judaísmo de la ascendencia de la canadiense, como el sentido espiritualista del argentino –no religioso y fuertemente antidogmático—, los encontraría en las mismas trincheras.

Las ocasiones

El estudio de Kkein es del año 2007, por lo que sería muy importante que lo actualizara a este 2020 que se está iniciando. A los numerosos casos de shock que desarrolla, en los últimos doce años se han agregado otros que siguen confirmando la vigencia de la doctrina del shock.

La ocasión de la presentación de la teoría de Scalabrini se produce con la designación de un liberal como Martínez de Hoz. Recordemos que Raúl Scalabrini murió en el año 1959 y tuvo tiempo de tener esperanzas, desde la revista Qué!, en el gobierno de Arturo Frondizi, quien luego concedió yacimientos petrolíferos a empresas multinacionales.

Para Klein la doctrina del shock se aplicó en muchos casos, como en la dictadura de Pinochet, en el gobierno de Margaret Thatcher en la guerra de las Malvinas que salvó al liberalismo inglés; la dictadura neoliberal argentina que, según Eduardo Galeano, metía a la gente en la cárcel para que los precios pudieran ser libres; la declaración de crisis boliviana en las reconversiones de Víctor Paz Estenssoro y Gonzalo Sánchez de Lozada; la crisis polaca; el misterioso shock de la Plaza de Tianannmen; el regreso de la supremacía blanca al poder económico en Sudáfrica; el yeltsinismo en Rusia; el circo privatizador (así lo denomina) menemista en Argentina; las guerras y el antiterrorismo, ocasión de cambio de poder económico, y así varios casos más. En Klein hay una numerosa e interesante selección de pensamientos.

Así, a modo de conclusión, podemos reproducir la frase de Stephan Haggard y John Williamson, el inglés funcionario del FMI que impuso el concepto del Consenso de Washington. Estos autores, citados por Klein, comprobaron y asesoraron que “Los peores tiempos dan pie a las mejores oportunidades para quienes entienden la necesidad de una reforma económica fundamental” Y si no están los peores tiempos, hay que inventarlos.

(1) Klein, N., (2017), “La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre”. Paidós, Buenos Aires, se publicó en siete idiomas. En inglés como The Shock Doctrine. The Rise of Disaster Capitalism, Randon House of Canada (2007).

(2) En una nota en la página 227 de la edición en castellano, Klein hace referencia a Alejandro Olmos Gaona respecto al Plan Cavallo de 1992, afirmando que el historiador argentino descubrió que el plan no era de Cavallo sino que fue redactado por la bancas JP Morgan y Citibank.

(3) Norberto Galasso en su historia sobre Scalabrini, equivocadamente lo relaciona con el marxismo porque para él habría simpatizado con Insurrexit, lo que no es cierto. Raúl Scalabrini era hijo de un científico positivista y sobrino de un arzobispo italiano fundador de una orden religiosa dedicada al acompañamiento de los emigrantes en el mundo, los scalabrinianos. “Tierra de nadie, Tierra de Profetas” es conocida porque contiene la descripción que se inicia con “Era el subsuelo de la patria sublevado”.

(*) Miembro fundador del partido Proyecto Sur. Abogado y Licenciado en Economía de la UBA. En la década del ’70 estuvo al frente de las represas Salto Grande, Yacyretá y Corpus; fue consultor del Consejo Federal de Inversiones, y hasta el 2001 fue asesor de la Cámara de Senadores. Desde el 2002, ocupa la vicepresidencia del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (MORENO). Es autor de numerosas publicaciones sobre temas jurídicos y económicos de política energética. Actualmente, es asesor de la Comisión de Energía de la Cáma de Diputados de la Nación,y está a cargo de la dirección del Instituto de Proyectos de Proyecto Sur.

Hay que esperarlo al gobierno de Alberto: Respuesta a José Pablo Feinmann . Por Aldo Duzdevich

Es preocupante leer en las redes y en los medios el alto nivel de impaciencia propia contra el gobierno de Alberto Fernández.

Desde los sectores que se identifican con la ortodoxia del pensamiento peronista se descalifica al gobierno tildándolo de socialdemócrata. Desde los sectores del progresismo y en coincidencia con los anteriores se levantan wiphalas de guerra. Se le discute no liberar a los presos por decreto, como hizo Cámpora; o no triplicar de un saque las retenciones al campo; o su viaje a Israel; o su no alineamiento automático con Maduro; etcétera, etcétera. Es increíble.

Con qué facilidad olvidamos que hace diez meses veíamos el futuro negro por la posibilidad de un nuevo período de Macri. Que, si no hubiese sido por la genialidad de Cristina –quien supo apreciar la totalidad del escenario y sacó de la galera la candidatura de Alberto Fernández–, hoy estaríamos organizando la décimo octava marcha contra el gobierno del PRO.

Alberto Fernández prometió muy pocas cosas. Sabía claramente los condicionantes con que nos íbamos a encontrar. Se propuso algunos objetivos modestos pero muy difíciles de alcanzar: atender el hambre y la pobreza urgente; patear para adelante el terrible peso de la deuda externa; empezar a bajar la inflación recuperando el salario; y volver a levantar las persianas de las fábricas. Comprendió también que la “grieta”, esa dolorosa y artificial división entre argentinos que es transversal a las clases sociales, solo es funcional a los sectores minoritarios que representan mucho dinero pero pocos votos, y que encontraron en ese juego de “agrietar” el modo de robarle votos al campo popular.

En su discurso inaugural, Alberto dijo claramente: no voy a caer en esa trampa. “No cuenten conmigo para seguir transitando el camino del desencuentro. Tenemos que superar el muro del rencor y del odio entre argentinos. Superar los muros emocionales significa que todas y todos seamos capaces de convivir en la diferencia”. Y convocó “a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social”. Para que nadie entienda que desconoce los desafíos que enfrenta, completó: “al decir esto no ignoro que los conflictos que enfrentamos expresan intereses y pujas distributivas”.

Los que tenemos memoria y hemos releído la historia, este Alberto no está evocando al Perón de 1946, ni al Rosas de 1835. Está evocando al estadista que regresó al país luego de 18 años de persecución y exilio. Quien, para cerrar la grieta, lo primero que hizo fue cambiar la sexta “verdad peronista” –“para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”– por la de “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Se abrazó con Balbín y convocó a todos sus viejos adversarios. Fue el Perón que vino a proponernos el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, cuyo primer paso era la creación por ley del Consejo Económico y Social para el Desarrollo. El pueblo argentino lo entendió y acompañó. No así muchos intelectuales y militantes, que vieron en estos nuevos dogmas una suerte de claudicación revolucionaria y rápidamente pasaron a cuestionar todas sus políticas.

supuesto que entiendo que ni Alberto ni Cristina son Perón, ni 2020 es 1973. Pero sí está claro que ambos se plantearon la estrategia de unidad nacional que intenta poner en marcha el nuevo gobierno peronista. Lo que preocupa son los impacientes de la tropa propia, que a dos meses de gobierno comienzan un cuestionamiento disolvente, escudados detrás de supuestos roles de vigías o comisarios políticos de la revolución que nadie les otorgó.

Me quiero referir puntualmente a la nota en Página 12 del 2 de febrero pasado del reconocido columnista José Pablo Feinmann, quien hace unos días escribió: “Hay que esperarlo al gobierno de Alberto, que hasta ahora ha hecho las cosas con cautela y bien”. Pero –siempre hay un pero– a continuación desarrolla todo su argumento para poner en duda si esa política de diálogo que pregona Alberto es de alguna utilidad. Y se despacha con una rápida lección de historia argentina para demostrar que lo que funcionó con Rosas y con el primer Perón no fue el diálogo, sino gobernar con mano dura. Que la mazorca era el método más convincente, y que el error de Perón –lugar común si los hay– fue no darle a la CGT las armas que había comprado Evita.

Podría haberse extendido al panorama regional, diciendo que debemos seguir el ejemplo de Maduro y repartir 130.000 fusiles a los chicos de la Cámpora “para crear poder popular”. “¿Hasta dónde habrá lugar para el diálogo?”, se pregunta José Pablo. Pone como ejemplo del conflicto de clases el asesinato de los rugbiers, quienes mataron al grito de “negro de mierda”. Como si la lucha de clases de la que hablaron Marx y Lenin hubiese trasladado su escenario de las fábricas a la salida de los boliches.

Lamentablemente, en nuestro país hay algunos nostálgicos de la violencia que en su vejez sueñan con haber integrado la columna del Che. Hay otros que llegaron tarde y escucharon los relatos heroicos: les gustaría probar qué se siente al llevar un fierro en la cintura y salen livianamente a sugerir nuevas “sierras maestras” de las que nunca lograrán bajar. Tal vez anticipando estas locas propuestas, en su discurso Alberto aclaró: “Los argentinos hemos aprendido así que las debilidades y las insuficiencias de la democracia solo se resuelven con más democracia”. Y para fundar su afirmación no hace falta ir tan lejos en el tiempo. Tuvimos doce años de gobierno peronista-kirchnerista, tres periodos democráticos sin mazorca, sin mano dura ni fusiles de la Cámpora, y nos fue bastante bien.

¿Que perdimos una elección y vino Macri? Es cierto, y nos jodieron mal estos cuatro años. Y también es cierto que perdimos –entre otras cosas– por nuestros errores, y por algunos de dentro que estaban a disgusto con nuestro candidato y lo hacían saber. Como ahora… Muchos votaron nuestras listas con serios cuestionamientos sobre la pureza ideológica de nuestros candidatos. Y antes de los cien días que nos habían concedido ya empiezan a cuestionar y poner en duda todo. No creo que sea este el caso de José Pablo que, aunque cree lo contrario, nos pide “esperarlo al gobierno de Alberto”.

 

Aldo Duzdevich es autor de La Lealtad: Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco.

La Unidad Nacional, base para la reconstruicción

Otro mundo es posible. Por Antonio Muñiz (*)

“Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no nace”. Indio Solari

Introducción

Este artículo pretende plantear un breve resumen de la herencia ideológica y cultural del neoliberalismo tras cuarenta años de predominio de esas ideas en la Argentina y en general en toda Latinoamérica.

En estos días queda claro que, al cabo de casi cuatro décadas, la experiencia neoliberal en América Latina y el Caribe muestra su fracaso en el terreno de la economía, dejando a su paso una secuela de destrucción del aparato productivo, saqueo de los recursos y empobrecimiento de las distintas sociedades; muestra también claros signos de debilitamiento, especialmente en los ámbitos de la cultura y la política. Sin embargo, frente a la ausencia de un modelo sociopolítico que lo reemplace, el pensamiento de la ortodoxia neoliberal está lejos de estar en retirada. Cuarenta años de hegemonía han dejado estructuras e instituciones que le dan sustento, pero sobre todo han remodelado la cultura y los valores de amplios sectores sociales, modificando hábitos y costumbres sociales y políticas.

Si Dios ha muerto…

repitiendo una y otra vez que el neoliberalismo no es solo un modelo económico, sino un modelo político, económico, social y cultural, de remodelar nuestras sociedades a un modelo que sirva a los países centrales.

Es básicamente un proyecto imperial para someter a nuestros pueblos. Es indudable que el predominio de estas ideas, más los grandes cambios tecnológicos que han ocurrido en ese mismo período más la globalización cultural, comercial y financiera que sufre todo el mundo occidental están generando cambios importantes, difícil de mensurar hoy en nuestras sociedades. En principio puede verse un individualismo extremo, que se ha extendido a todos los ámbitos de la sociedad. Lo que importa es el bienestar del individuo, no de la sociedad o la nación.

En palabras de Margaret Thatcher: “No existe tal cosa como sociedad. Existen hombres y mujeres individuales, y también existen familias”. El individualismo que pregona el neoliberalismo, basado en las teorías del egoísmo como motor de la toma de decisiones, el exitismo extremo, la meritocracia, el consumo exacerbado, el dinero y el lujo como sinónimos de triunfo, fueron construyendo un hombre alienado, alejado de su historia y de su comunidad.

El hombre solo se realiza en comunidad, esta ruptura genera quiebres profundos en el tejido social, ya que rompe los lazos del hombre con su cultura y su pueblo. Destruye comunidad y por ende debilita a la sociedad en su conjunto, generando un requisito básico para el triunfo del neoliberalismo, el debilitamiento del estado y la desaparición de la política y lo político.

Este hombre alienado solo se comunica a través de las redes sociales, en una forma de comunicación totalmente impersonal, recibiendo a su vez una cantidad importante de información diaria, que no puede procesar y no solo eso, tampoco puede verificar su autenticidad. Este individuo aislado de su historia y de su comunidad va perdiendo su capacidad y sus derechos de ciudadano para en el mejor de los casos convertirse en un sujeto productor – consumidor de bienes. Y decimos que en el mejor de los casos porque el sistema excluye a amplios sectores que no le son útiles, los degrada a quedarse afuera del circuito producción – trabajo –consumo y los condena a ser parias en su propia tierra, ya que además de perder derechos económicos van perdiendo derechos civiles y políticos.

más grave aún es el quiebre moral que el neoliberalismo genera en el entramado social, la única regla “ético moral” que pregona es la lógica del éxito económico, la maximización de las utilidades, sobre explotando los recursos naturales, pero también al hombre, que deja de ser un trabajador con derechos para ser un recurso más en el circuito productivo.

Si Dios ha muerto, si los grandes relatos histórico– políticos han mostrado su fracaso, si ya no hay certezas, en esta post modernidad “líquida” los valores trascendentales dejan de tener sentido, lo único que prima es el egoísmo y la búsqueda de la salvación individual, entendida ésta solo como el triunfo material a cualquier precio.

El neoliberalismo: un proyecto imperial

Como decíamos párrafos arriba, el neoliberalismo es una forma de gobernar los problemas públicos y entender a la sociedad. El neoliberalismo no es simplemente un cambio en la economía, es un proyecto político, de sujeción de los países periféricos hacia los países centrales, pero a su vez internamente genera una concentración de riquezas en una elite en detrimento de las mayorías. El concepto clave en el pensamiento neoliberal es el mercado. Esta primacía del mercado va evolucionando desde el liberalismo clásico del “dejar hacer, dejar pasar” al “nuevo liberalismo” donde el estado debe estar subordinado a los intereses del mercado, generando condiciones favorables para la ampliación o creación de nuevos mercados.

En otras palabras, lo que hace el gobierno neoliberal es crear políticas públicas que empujan a sectores enteros a reorganizarse en base a los objetivos de negocio de los mercados. Así fueron rediseñando el mundo, aun con violencia donde fuera necesario, como un “mundo amigable” a los intereses de los países centrales a efectos de ganar mercados, apropiarse de recursos naturales o países donde fabricar con costos salariales y ambientales más bajos.

“Este mundo globalizado, dominado por un pensamiento único», según Ramonet (1995), tiene como sus principales rasgos la preminencia de la economía sobre la política, el mercado como único medio para una asignación eficaz de los recursos.

Como corolario de estos dos pilares, Ramonet citaba la globalización (desaparición de fronteras económicas), "la competitividad para sobrevivir en el mercado, la división internacional del trabajo para bajar los costos salariales, la moneda fuerte como consecuencia de la disciplina monetaria y, en general, una reducción tendencial del Estado en todas sus formas”. Por último está claro que esta aceptación pasiva de la hegemonía del pensamiento neoliberal y su construcción de un mundo globalizado, como único posible, se basa en la construcción de consensos y en una cultura y un aparato cultural y mediático que va llevando a un sentido común, una forma de ver la realidad, que muchas veces bloquea otras visiones alternativas. “ La forma de consumación de la neoliberalización y la implementación de ésta, al menos en países como Chile y Argentina en la década de los 70’ fue mediante golpes militares respaldados por las clases altas tradicionales , sin embargo, la revolución neoliberal que se le atribuye a Thatcher y Reagan, después de 1979 tuvo que consumarse a través de medios democráticos, para lo cual fue necesaria la construcción de un consentimiento político, un “sentido común”.( Breve historia del neoliberalismo” – David Harvey) Este proceso de construcción de hegemonía requirió ingentes recursos económicos, tecnológicos y humanos. La fuerte presencia de intelectuales, actores, artistas, economistas, escritores, políticos, generadores de opinión cumple un rol fundamental en la legitimación de esta ideología. En este marco, toda la industria de medios de información, cultural y audiovisual ha tendido a la concentración en grandes grupos que a su vez, a veces con matices, reproducen la idea del pensamiento único, y el objetivo de ir afianzando un sentido común afín con los objetivos de dominación de los países centrales, pero a su vez, en Latinoamérica se ve claramente, que los grandes medios han ido concentrándose y monopolizándose en manos de las oligarquías locales, dueñas de los medios de producción.

A título de ejemplo, toda la industria cinematográfica hollywoodense es una maquinaria colosal de penetración cultural e ideológica que le da sustento a las políticas imperiales de EEUU. A su vez el control del sistema cuenta con tres “gendarmes”, el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, que actúan como voces autorizadas y prestigiosas de la ortodoxia libre cambista, acordando siempre la ayuda a los países en crisis con recetas recesivas y de libre comercio y circulación del capital, que van amordazando y atando a los países a los intereses imperiales. Y si todo falla siempre tienen a los ejércitos de la OTAN para llevar la “democracia y la libertad” a aquellos países que se resistan.

Otro mundo es posible

El neoliberalismo está en crisis. Las calles de Chile, Ecuador, Haití, Medio Oriente, algunos países europeos, etc., muestran el descontento de los pueblos, la insatisfacción que el sistema genera. A su vez los pésimos resultados sociales, políticos, económicos, ambientales, militares, etc, solo muestran el gran fracaso de este modelo.

Sin embargo este crack inminente carece todavía de un modelo alternativo, con lo cual alarga la agonía y hace perdurar en el tiempo sus daños estructurales. Se está dando aquello de Gramsci: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados". Sin embargo es necesario acelerar los tiempos de debate y acción para construir otro modelo.

Los argentinos contamos con la memoria colectiva de diversas experiencias de modelos alternativos al capitalismo salvaje, las experiencias de las gobiernos peronistas 45/55 y 2003/15, dos textos fundacionales, la Constitución de 1949 y el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional de 1974 de Juan Perón y un bagaje de experiencias populares de resistencia al neoliberalismo. Hay que terminar con los paradigmas del pensamiento único: “Otro mundo es posible” debe ser la consigna de trabajo. En principio hay que reconstruir la política y lo político como un acto de rebeldía.

La herramienta de los pueblos es la política y a ella subordinar la economía y los “mercados”. Dar una fuerte batalla cultural para apropiarnos del relato de nuestra historia, construir relato y el sentido común de amplias franjas población. Construir un nuevo pacto fundacional entre todos los argentinos, en base a la discusión y el debate amplio entre todos los sectores del trabajo, el empresariado, los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias, etc., consensuando entre todos un modelo de país. Construir un nuevo pacto ético.

La democracia requiere de dirigentes políticos, empresarios, gremiales, sociales que asuman una responsabilidad ética en sus funciones. La corrupción destruye a una sociedad, pero no hay que ser hipócritas: la misma es trasversal a todos los sectores de la sociedad. Construir un “nosotros” que reemplace el yo individual: el hombre solo se realiza en comunidad. Democratizar el acceso a la información y la cultura. Consolidar espacios de información y cultura popular. La organización, el empoderamiento y la movilización popular deben ser el otro camino rector.

Fuerte inversión en educación en los sectores populares, democratizar el acceso a la educación y la formación continua.

Acelerar un proceso de industrialización, usando el estado como motor del desarrollo y la industrialización. Limitar y controlar los flujos de capital, estricto control de cambios y defensa de nuestras reservas. Reconstruir el estado y ponerlo al servicio de los intereses populares.

Crear comunidad, reestablecer los lazos sociales y comunales. Fortalecer las organizaciones libres del pueblo. Construir y ampliar los alcances de la democracia liberal hacia una democracia participativa, social y directa, la única fuente de poder es el pueblo. Fortalecer nuestras costumbres y cultura, reconstruir la Nación y lo nacional, como un proyecto colectivo que contenga a las grandes mayorías. Un nacionalismo que se nutra de nuestra historia, pero abierto a la integración con los demás países latinoamericanos.

La liberación solo es posible si tiene carácter continental.

 

(*) Presidente del Partido Justicialista de Luján.

Globalización y neoliberalismo: un maridaje en crisis. Por Antonio Muñiz (*)

 “Después de 40 años de neoliberalismo en Estados Unidos y otras economías avanzadas, sabemos que no funciona. El experimento neoliberal… ha sido un fracaso espectacular”.

Joseph Stiglitz

El fenómeno de la globalización en sus vertientes económica, social cultural y tecnológica, ha estado produciendo un quiebre difícil de mensurar porque está en pleno desarrollo. Está cambiando, no sin conflictos, la sociedad actual de nuestros países y a sus habitantes. Este quiebre de los viejos paradigmas genera incertidumbres y una desorientación generalizada en las elites dirigentes. Son tiempos de incertidumbres, donde todo lo sólido se desvanece en el aire.

1. Usualmente, al concepto de globalización se lo utiliza como sinónimo de capitalismo neoliberal, doctrina política y económica hegemónica en el mundo. Sin embargo, es conveniente distinguir otras significaciones. Una es la globalización técnica, basada en la expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs). Por otro lado, la globalización en su sentido amplio es un fenómeno cultural, social y político ya que la expansión de las “tics” modificó comportamientos políticos, actitudes sociales y culturales a nivel global.

Por último, la globalización económica, que es, sin duda, una arista esencial del fenómeno total. Ella ha tenido como instrumento fundamental en su despliegue a las empresas multinacionales, junto con la banca internacional y los tres gendarmes globales: el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio y, como base teórica, las ideas monetaristas de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, con su lógica de acumulación capitalista basada en la especulación rentística financiera a nivel global, Por supuesto que las tres aristas, tecnológica, económica y cultural se retroalimentan. Las tres están entroncadas con fenómenos políticos, sociales y tecnológicos y, desde ahí, impactan al hombre común.

Las formas de producir y consumir se han visto profundamente afectadas por la emergencia de un nuevo paradigma que se caracteriza por maximizar la acumulación de la renta, utilizando todos los recursos y sobre explotándolos, tanto los naturales como los recursos humanos. Así, las empresas multinacionales se expanden y se instalan en diferentes zonas geográficas con el objeto de bajar sus costos. Han aprovechado este proceso para trasladar su producción a regiones donde la mano de obra es más barata, las condiciones laborales son pésimas y en donde en general no existen normas de protección ambiental Así, se produce en determinados lugares del tercer mundo, pero los productos se consumen en los países centrales. El otro hecho central es la prevalencia de la financiarización del capital.

Los cambios tecnológicos han permitido que los mercados financieros estén en movimiento las 24 horas del día, con una vorágine especulativa que carece de límites y normas regulatorias. La prevalencia de la lógica usuraria, porque no es más que eso, destruye la economía real de los países, sobre todo los periféricos. Es un capitalismo «depredador» parasitario sobre el capitalismo «productivo», gracias a lo cual el 1% de la población mundial se ha apoderado de las rentas globales, por encima del 99% restante.

Un ejemplo notorio, citado por Mariana Mazzucato, es la situación de EEUU durante las últimas décadas: «Entre 1975 y 2017 el producto interno bruto (PIB) real de Estados Unidos se triplicó: pasó de 5,49 a 17,29 billones de dólares. Durante ese periodo la productividad creció alrededor del 60%; sin embargo, desde 1979 los sueldos por hora reales de la gran mayoría de los trabajadores estadounidenses se han estancado o reducido. En otras palabras, durante cerca de cuatro décadas una pequeña élite se ha apoderado de casi todas las ganancias de una economía en expansión.”

En términos generales podemos afirmar que el factor económico de la globalización genera un agravamiento de las diferencias entre sociedades más desarrolladas y las menos; ya que no deja de ser una lógica imperial el saqueo de los recursos de los países periféricos, en beneficio de los países centrales.

Al interior de las sociedades sucede algo similar, la globalización, sobre todo en su aspecto económico excluye a amplios sectores; en su mayoría por ser simplemente irrelevantes para la economía moderna. Son los excluidos que quedan fuera del circuito producción – trabajo - consumo y que en su pauperización van perdiendo derechos, primero económicos y luego políticos. Va convirtiendo a los excluidos en parias dentro de su propio país. Se fragmentan las sociedades internamente, mientras algunas minorías tienen el consumo del primer mundo el resto se va convirtiendo en el cuarto. Así la configuración mundial tiende a dejar atrás la estructura de los viejos estados nacionales, para funcionar en redes.

El ejemplo más notorio es el de la minorías privilegiadas de los países latinoamericanos, que se ven más reflejados por ciudades como Miami y New York, que con sus propios países, imitan conductas culturales y de consumo de esos lugares, dejando atrás las pautas de su propio país de origen.

2. Al mismo tiempo, asistimos a un mundo asolado por guerras de ocupación para apropiarse de los recursos naturales como el petróleo. Todos los conflictos bélicos en Medio Oriente tienen una sola explicación, el saqueo del petróleo por parte de empresas angloyankis que está en el subsuelo de esos países. Eso sí, la agresión y el saqueo se hacen en nombre de la democracia y la libertad de comercio.

El asesinato del general iraní, Qasem Soleimani, por parte de misiles disparados por tropas norteamericanas en territorio de Irak, ha sido un agravio a toda la comunidad mundial y un acto terrorista por parte de EEUU, que ha despertado el repudio de todos los países, al mismo tiempo que puede generar una escalada bélica en toda la región. Hambrunas en muchos países de África, exterminio de poblaciones enteras en Yemen, migraciones masivas de africanos hacia Europa o de centro americanos hacia las fronteras con EEUU, asesinatos a mansalva por parte de fuerzas paramilitares en Latinoamérica, sobre todo en Colombia y Méjico y podemos seguir enumerando situaciones similares, ante el silencio cómplice de los medios hegemónicos y los gobiernos centrales. Vivimos al mismo tiempo un cambio climático, negado por los intereses corporativos, pero visible ante los ojos profanos de cualquier habitante del planeta. La lógica extractivista de explotación descontrolada de los recursos naturales, la deforestación masiva, el fracking minero, la minería a cielo abierto, la contaminación de ríos y océanos, la polución de gases a la atmósfera están generando un próximo cataclismo ambiental a partir del calentamiento global y el derretimiento de los hielos polares. Todo porque la lógica del capitalismo global es maximizar y concentrar utilidades, sin importar el hombre o la madre tierra. A partir de esta breve descripción del mundo bajo la égida del pensamiento neoliberal y el fundamentalismo de mercado que marcó las políticas y la ideología del desarrollo del capitalismo globalizado en los últimos cuarenta años, está claro que estamos en un momento crítico.

3. La crisis económica y financiera que sufrió Estados Unidos en 2008, con la caída de la Lehman Brothers y luego la Eurozona en 2010 fueron señales claras de que la economía globalizada estaba mostrando sus límites.

A partir de ahí y hasta nuestros días ha habido reacciones populares de rechazo a este modelo. Medio Oriente, Europa, Latinoamérica, - el mismo triunfo de Trumps , fue una respuesta del hartazgo del pueblo norteamericano-, etc., siguen mostrando la cara del malestar social ante las políticas constantes de saqueo y ajuste permanente a los sectores populares. Otra faceta de esta crisis es el enfrentamiento por la hegemonía mundial entre China y EEUU, las dos economías más importantes. Este conflicto es tecnológico, comercial, militar pero sobre todo político.

Por ahora se expresa en una guerra comercial, pero el repliegue de EEUU sobre sí mismo, es un signo de su debilidad y también un riesgo para los países latinoamericanos que una vez más ven avanzar la garras del imperio sobre sus territorios. EEUU, para bloquear el constante avance de los intereses chinos sobre la región no duda en volver a la política del garrote y promover golpes cívico militares para imponer gobiernos afines a sus intereses. Hay que recordar que EEUU, Trump y sus antecesores han alentado el fundamentalismo de mercado practicado por Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras y Panamá y atacado sistemáticamente cualquier construcción diferente, por eso el boicot a Cuba, durante décadas y ahora contra Venezuela y el golpe contra Evo Morales en Bolivia. También es dable decir que Latinoamérica es donde se ve más claramente el fracaso del neoliberalismo de construir sociedades integradas y sustentables, con un modelo de desarrollo que funcione a largo plazo. Por ello el conflicto y la protesta en las calles de Chile, Colombia, Ecuador o el triunfo del peronismo en Argentina.

4. En principio podemos afirmar que asistimos a los últimos estertores del neoliberalismo, con su lógica rentística financiera global. Este final no marca necesariamente el final del capitalismo como algunos gurúes anuncian. No se vislumbra en el mediano plazo un régimen alternativo viable que pueda reemplazarlo. Sí, es necesario comenzar a pensar una economía basada en la producción, que valorice el trabajo como generador de riqueza, un modelo que incluya, que sea sustentable en lo humano y proteja el medio ambiente.

Este fracaso del factor económico de la globalización no necesariamente marca el final de este fenómeno. Por el contrario todo parece indicar que estamos, según todos los especialistas, en la puerta de una nueva revolución industrial basada en las tecnologías 5G. Vamos hacia una sociedad global cuya base será la información y la comunicación, y estas tecnologías seguirán incidiendo en nuestra vida laboral, cultural y social.

De más está decir que el fenómeno de la globalización es complejo, no es neutral, dependerá mucho de cómo la humanidad dé respuesta en las próximas décadas a las amenazas pero también a las oportunidades que están generando las nuevas tecnologías.

5. Juan Domingo Perón afirmaba ya en la década del 60 que el mundo se encaminaba hacia un universalismo, una comunidad mundial: “Estamos en la aurora de un nuevo renacimiento pero seríamos ingenuos si confiáramos que resultará un producto espontaneo de la historia del mundo”. Es decir, este proceso universalista está en disputa, pero es inevitable un “fatalismo histórico” en sus palabras. Pronostica allí (Modelo Argentino) tres grandes problemas mundiales que ya estamos viviendo: “la sobrepoblación en relación con las disponibilidades de recursos dominantes, especialmente alimentos. El agotamiento de recursos naturales no reproducibles y la preservación del ámbito ecológico”. Juan Domingo Perón manifestó siempre que la historia de la humanidad es un largo proceso de integración desde la tribu primitiva al Estado nación, y desde allí al continentalismo, grandes bloques de países unidos y luego el paso siguiente al universalismo.

En el caso argentino planteaba una estrategia que hoy es más necesaria que nunca, la unidad de los países hispanoamericanos, tanto en lo comercial y económico y sobre todo político. Desde esa unidad continental negociar con los otros grandes bloques e ir construyendo la comunidad mundial. Las amenazas y acechanzas son muchas pero el mensaje es claro, hay que luchar y contribuir para que “los procesos de integración que habrán de conducir a la futura comunidad mundial”, den respuesta a las auténticas necesidades de los pueblos.

Que los pueblos sean protagonistas y beneficiarios del proceso de mundialización y no como generalmente ocurre, subordinados a los intereses imperiales y de los grandes grupos de poder.

(*) Presidente del Partido Justicialista de Luján.

Continentalismo, universalismo, ecología. Claves del mundo por venir, en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional.

Multitudinaria marcha al congreso a fines de 2017. Contra la reforma laboral y previsional y el conjunto del paquete neoliberal, se comenzó a organizar un gran frente policlasista multisectorial que finalmente consagraría en las urnas la derrota de la coalición macrista.

La pesada herencia. Por Antonio Muñiz (*)

Este 10 de diciembre se inició una nueva etapa política, marcada por un anhelo de recuperación, luego de cuatro años de destrucción sistemática, no solo del entramado productivo y económico, sino también la desintegración del tejido social, la destrucción de todas las instituciones de la república, la degradación cultural y moral y la corrupción generalizada, tanto en los ámbitos privados como públicos.

Sería largo enumerar los tremendos daños causados por esta nueva y fallida experiencia neoliberal que se aplicó en nuestro país. Estas han fracasado una y otra vez, dejando a su paso solo destrucción y miseria. Esta última experiencia, llegó paradójicamente con el voto de la ciudadanía y derrotó a una gestión peronista, altamente exitosa tanto en lo económico con tasas “chinas” de crecimiento, disminución del desempleo, como en los niveles de inserción social, disminución de la pobreza y la indigencia. Errores propios, sobre todo políticos, permitieron que se fuera consolidando una alianza de centro derecha, muy sólida con un fuerte apoyo de los factores de poder concentrados, en especial los monopolios mediáticos comunicacionales.

La derecha argentina es una corriente política profundamente ignorante, autoritaria y violenta, pero sabe usar el poder y lo demostró claramente en estos últimos cuatro años de gobierno. No teme usarlo y lo hace con total falta de escrúpulos y de límites. Tiene claro ese pensamiento de Friedrich Nietzsche, cuando al poder no se lo usa y se lo expande, empieza a perderse. Rápidamente fueron por sus objetivos de desmantelar las acciones del gobierno anterior, perseguir a sus dirigentes, con un claro afán de venganza pero también como futura advertencia a los próximos gobiernos: un ataque a sus intereses y negocios se paga con la cárcel. Así Boudou termina preso y condenado en procesos amañados y sin el debido proceso ni las mínimas garantías, lo mismo el ex ministro De Vido, preso sin causas y sin procesos, o la persecución penal a Milagro Sala o la difamación constante y persecución judicial a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y no se limitaron a eso, fueron por las instituciones de la república como la justicia, las oficinas de control, etc, poniendo el estado al servicio de sus intereses y negocios.

Atacaron a los periodistas opositores, y fueron por la destrucción y/o apropiación de las empresas de medios que no les eran afines: Falta de libertad de prensa asociada a importantes sumas de dinero estatal hacia empresas y periodistas, a fín de cooptar y monopolizar las opiniones favorables al gobierno o silenciar las críticas. Esta cobertura mediática le permitió, en una primera etapa, avanzar en sus objetivos, ocultar los claros hechos de corrupción y la subordinación de sus políticas a sus negocios y la concentración de riqueza y posterior fuga de divisas, sin tener que pagar un alto costo.

Su único objetivo fue organizar el saqueo de las riquezas nacionales, transferir recursos de los sectores populares y medios hacia las empresas concentradas, de servicios, energéticas o alimenticias, generalmente en propiedad de amigos o testaferros, a partir de una dolarización de sus precios; al mismo tiempo destruyó el entramado industrial pyme, a partir de las altas tasas de interés, que ahogaban a la producción pero beneficiaba el negocio financiero. Todo esto a la luz del día, pero silenciado por los grandes medios y callado por muchos sectores opositores, políticos y corporativos.

Una vez más las masas populares le pusieron limites a esta políticas en las jornadas de diciembre donde se abortó la sanción de la reforma laboral. A partir de allí se fue construyendo una alianza unida que terminó imponiéndose en la urnas, dando por terminado este nuevo fracaso neoliberal.

Como todo proceso histórico deja enseñanzas profundas para el futuro de la política argentina. La primera es la inviabilidad de la derecha y sus políticas neoliberales para generar un proyecto de nación, que contenga a los 45 millones de argentinos. Su modelo de acumulación rentístico financiero y el extractivismo, deja afuera a más de la mitad de la población. La hegemonía del pensamiento neoliberal en los últimos cuarenta años se basa entre otras cosas en una arquitectura legal y política que le da sustentabilidad, la concentración de medios audiovisuales, el aparato cultural, y el poder económico altamente concentrado, etc.

Frente a esta realidad es necesario articular acciones para desmantelar esas “instituciones”, si buscamos frenar cualquier intento de restauración de estas políticas colonialistas La derecha mostró siempre una capacidad para usar el poder en beneficio de sus intereses y políticas.

En cambio hay algo que quedó demostrado en la experiencia histórica de los gobiernos populares o de izquierda durante la primera década y media del siglo XXI en Latinoamérica. Fue la lógica de un “progresismo pusilánime”, que se queda en las formas “republicanas” que le marca la derecha, y que no va a fondo en las cuestiones que ameritan una transformación. Queda preso de una forma de ser políticamente correcto, excesivamente formal, cuyos límites los marca el discurso hegemónico de la derecha. Sin embargo, cuando ésta gobierna avanza en sus objetivos, sin ningún prurito democrático o republicano, llegando a las acciones violentas de serles necesario.

El escenario mundial es altamente complejo, signado por políticas globalizadoras neoliberales, con sus secuelas de desastre económico, medio ambiental, bélico, etc, enmarcado además en una guerra geopolítica – comercial – tecnológica entre EEUU y China por el predominio hegemónico en el siglo XXI. En la región el escenario aparece muy convulsionado. Por un lado revueltas populares, algunas muy violentas, contra los regímenes neoliberales ya consolidados, pero que muestran su fragilidad, caso Chile y Colombia, la lucha contra la implementación de medidas impulsadas por el FMI, de ajuste y quita de derechos económicos y políticos sobre los sectores populares, Perú, Ecuador, Haití, Brasil, etc. Por el otro lado gobiernos de base popular como el de Evo Morales en Bolivia, atacado y derrocado por un golpe de la derecha boliviana, pero auspiciado y financiado por EEUU, o los ataques constantes de parte de EEUU hacia Venezuela, Nicaragua o Cuba.

Es indudable que el neoliberalismo ha mostrado su fracaso en la construcción de sociedades modernas e integradas en la región, generando el hartazgo de los sectores medios y populares, pero tampoco se vislumbra, a corto plazo, un cambio de rumbo de toda la región.

Como lo venimos escribiendo desde hace tiempo, Latinoamérica es un territorio en disputa, donde se está librando tal vez la batalla decisiva, la que marcará sin dudas el rumbo mundial en las próximas décadas. No es casual la vuelta de EEUU a las viejas políticas del “garrote” y del “Destino Manifiesto” sobre la región y el uso de la violencia y el golpe de estado desembozado por parte de las oligarquías locales apoyadas por el Departamento de Estado.

En ese contexto, Argentina y Méjico aparecen como regímenes aislados orientados hacia políticas nacionales y populares. El caso argentino mostró algunas facetas para analizar y tener en cuenta para el futuro, uno es el triunfo de una alianza peronista muy amplia, que logró sumar adhesiones además de los sectores agredidos por las políticas del macrismo. Por el otro parece consolidarse un bloque de derecha muy fuerte, que logró un cuarenta por ciento de votos, a pesar del desastre que generó su gobierno. Esta derecha sigue siendo muy poderosa, con capacidad de daño en todos los frentes sobre las próximas gestiones.

Este es el contexto en el que Alberto Fernández comenzó a gobernar. Se puede apreciar a partir de las primeras acciones de gobierno un claro proyecto de romper el statu quo neoliberal y empezar a recomponer el tejido social, productivo y moral de la nación. La decisión expresada en su discurso inicial por AF de poner en marcha una reforma judicial que ponga fin al ignominioso poder judicial hoy existente, la disolución de los servicios de inteligencia y sobre todo la quita de fondos reservados, apuntan a sanear moralmente las instituciones de la república, jaqueadas y corrompidas por una mafia mediática, judicial, servicios y políticos.

La herencia macrista deja varias bombas que podrían estallarle al futuro gobierno o ponerle restricciones a futura políticas populares. Estamos claramente en “default”, por lo que la negociación con el FMI y los bonistas privados es clave para el logro de los objetivos del gobierno. La inflación más alta de los últimos veinte años, hoy en más del cincuenta por ciento y con una proyección similar para el próximo año, la salida de la dolarización de le economía que impuso el macrismo, en especial alimentos y servicios públicos, la baja de la tasa de interés y desmantelar la “bicicleta financiera”, son solo algunos de los ítem pendientes.

En principio el objetivo central es poner fin a las políticas de ajuste y a las de acumulación rentística financiera imperante en los últimos cuatro años. La idea central es poner plata en el bolsillo de los argentinos, con ello poner en marcha el consumo interno como motor de la economía. Eso llevará a poner en marcha la capacidad instalada, parada hoy en el 30/40%, de las industrias.

Las medidas económicas anunciadas y las que serán enviadas al congreso próximamente van en ese sentido y marcan un cambio de objetivos y de beneficiarios directos de esas políticas. El aumento, moderado, de las retenciones, la suba del impuesto al patrimonio, la renegociación de la deuda externa, un dólar diferenciado que protege el mercado interno, la tarjeta alimentaria, una moratoria amplia para las deudas de las pymes, la doble indemnización para los despidos, aumentos de jubilaciones, AUH, y salarios mínimos, etc, son solo el comienzo de una nueva etapa.

Algunas de estas medidas, ya generaron reacciones adversas por parte de los sectores que ven disminuidos sus beneficios, en el caso de la producción agropecuaria, el aumento de las retenciones hizo que varias asociaciones del sector amenazaran con paros, corte y lockaut patronal. También en estos días puede verse que los medios insignias del poder, la Nación y Clarín, y sus medios cercanos siguen en un periodismo de guerra manifiesta, a pesar de los mensajes conciliatorios del gobierno de superar la grieta. Como decíamos más arriba el poder se ejerce, si no, comienza a perderse. AF parece dispuesto a ejercerlo y avanzar con las reformas que prometió en campaña y que el pueblo votó. Si persiste y profundiza podrá ir consolidando un respaldo popular más sólido y el apoyo de mayores sectores sociales y políticos. Por supuesto como decíamos más arriba el panorama general muestra muchas acechanzas, pero también muestra oportunidades de dejar atrás la pesada herencia neoliberal.

(*) Presidente del PJ Luján.

"Vinieron a hacer lo que hicieron", para eso "tenían que condenar a un gobierno". "El lawfare es la construcción mediática guionada".

De lawfare, enojos y organización popular. Por Marcelo Cabeza

La defensa de Cristina

¿A qué se debió el enojo, la ofuscación en la presentación de más de tres horas, aspectos que enfatizaron los medios concentrados? ¿Se debió a una cuestión de humor? Supuestamente Cristina reaccionó así porque no permitieron la transmisión de su alegato. No se podrá saber cómo hubiera sido su tono si lo hubieran transmitido en directo. De cualquier manera les sale el tiro por la culata, lo que trascendió bastó para mostrar lo elemental. Esos señores jueces, nunca más. Todos ellos cultores del lawfare que deberá ser juzgado. Hay algo más, que se desprende del contenido de su mensaje incluida la gestualidad. Esos rictus de enojo denuncian. Hablan de que el lawfare -que es parte vital de la denuncia que es su defensa- es una herramienta crucial en la nueva forma globalizada de golpe de estado utilizada en América Latina, que les dio resultados en tantos casos hasta ahora. Por las razones geopolíticas sabidas , EE.UU. se repliega en el continente y trata de asegurarse ese espacio, geopolítico y comercial.

Lo que Cristina deja en claro como mensaje para propios y extraños es: el enemigo es eso, no es un contricante que piensa distinto y ni siquiera se trata de su brazo ejecutor, Juntos por el Cambio antes Cambiemos y mañana no se sabe. Se trata de un poder desprovisto de cualquier rasgo en común con los pueblos. Lo único que le interesa de éstos es su sangre, su sudor y su valor de intercambio, el dinero que produce su trabajo, del cual se apropian al máximo.

Es enemigo y no contrincante por sus métodos e intereses totalmente opuestos a los de los pueblos. Sus formas brutales coinciden con su trasfondo de dominación: quieren todo, nada les alcanza. "Por la razón o por la fuerza" reza un emblema patrio chileno fundacional, que en el marco actual tiene connotaciones pinochetistas que son las que movilizan las protestas en sus calles. Del lado del Norte, el Gran Garrote gendarme de América para los americanos, Gendarme de Occidente prepotente en el mundo globalizado, que aquí considera nuestros territorios como propios. Por lo tanto lo que se produce en ellos. Se auto adjudican título de propiedad.

No descansan

La estructura del golpe es financiera, mediática y judicial, y por lo tanto no descansa, actúa siempre. Solo varía de estado: del estado latente al estado explícito, más o menos atroz, que arrasa con los derechos humanos elementales cuando les hace falta escarmentar. No es nuevo. La democracia formal, la de elegir en los comicios, poco tiene que ver con el ejercicio de la voluntad soberana de los pueblos, que queda ausente de las decisiones de fondo, cuando los dirigentes son puestos contra las cuerdas por ese poder trasnacional con estructuras de poder vernáculas sólidamente arraigadas. Les pasó a muchos de nuestros grandes líderes en la región.

Dentro de las estructuras locales, se cuentan ciertas iglesias que no son nuevas pero se mostraron recientemente en forma alevosa; instituciones del capitalismo formal o tradicional: bancos, empresas y fundaciones amigas de los EE.UU. Otras, que garantizan las rentas de los anteriores: los medios concentrados y el poder judicial a su servicio que funciona como escudo y garantía de ese stablishment colonial que no repara en cuidar ninguna forma. El Partido Judicial. Solo así se puede entender que el triunvirato que juzga a Cristina, soportara las bofetadas filmadas y reproducidas profusamente que, aunque no en directo, se vieron igual.

Es indudable que no guarda ningún respeto por ellos. Y que ellos se dejan vapulear, sabedores de su corrupción alejada de los principios del derecho.

No se trata de comicios, sino de la batalla cultural que sigue siendo prioritaria en la organización popular que defienda a la nación, única garantía de democracia popular participativa. Por ahí va la cosa de cómo organizarnos. Eso denota el tono de Cristina, como diciendo "muchachos, no crean que esto se arregla con buenos modos y democracia formal".

Apuntes para un nuevo pacto fundacional. Por Antonio Muñiz (*)

 

"La política es conflicto, pero también la capacidad de aunar y conducir fuerzas diversas". Juan D Perón

La destrucción que el modelo neoliberal macrista ha provocado en la economía real de los argentinos ha generado las condiciones para que Alberto Fernández plantee la necesidad de un acuerdo social.

A su vez Cristina Fernández de Kirchner lo propuso como "un nuevo contrato social de ciudadanía responsable”. Alberto Fernández presentó la necesidad de avanzar en acuerdos con la industria, el campo y los gremios "en el marco de un pacto social".

La destrucción de la rentabilidad de las empresas y la licuación del salario en estos casi cuatro años de otro fiasco del neoliberalismo han conseguido la convergencia inmediata de esos intereses. El desafío principal es lograr una confluencia rápida para salir del fondo del pozo al que fueron arrojados por el gobierno de Macri. "Significa ponernos de acuerdo entre todos en que durante 180 días podamos recomponer salarios sin que esto signifique aumento de inflación". AF

La estrategia elegida por todos los gobiernos anteriores desde la recuperación democrática fue construir una hegemonía, sin la “búsqueda de acuerdos corporativos”, que les permitiera ordenar el conflicto por la puja distributiva. Visto el fracaso de esas experiencias políticas, en cuanto a estabilidad y crecimiento macro económico, es necesario replantearse si no es necesario una gran mesa de concertación donde equilibrar los intereses corporativos de cada sector en un plan de crecimiento y desarrollo donde, en la estrategia de negociación, se dé la ecuación “ganar – ganar”.

Si se lograra este objetivo sería, desde ya, un éxito; aunque tal vez sea necesario doblar la apuesta y convertirlo en el puntapié inicial para construir un acuerdo amplio para comenzar a plasmar un tránsito hacia una sociedad más justa y equilibrada, a pensar un plan de desarrollo social, político y económico a 20 o 30 años. O sea trabajar para la construcción de las bases para un nuevo pacto fundacional entre los argentinos. El desafío mayor del gran acuerdo social es encontrar la forma de ordenar la grieta histórica sobre el proyecto de país. No es una tarea menor administrar el péndulo político y económico de la Argentina.

La historia argentina permite ver que el péndulo se encuentra en el conflicto irresuelto sobre el proyecto de país. Uno pretende un país proveedor de commoditys agropecuarias, mineras y energía, e integrado al mundo en lógica rentística financiera, que implica una integración y subordinación a la potencia imperial del momento. Mientras el otro aspira a un país industrial, de mercado interno y pleno empleo, integrado socialmente e independiente de las potencias para fortalecer el desarrollo nacional. El macrismo en su desastre económico mostró una vez más la inviabilidad de un modelo de primarización de la economía , ya se vio claramente la falta de sustentabilidad en el tiempo de un modelo que deja afuera del circuito trabajo – producción – consumo a más de la mitad de su población. Para romper eses lógica pendular, el gobierno de Fernández-Fernández tendrá que constituir una alianza política, económica y social lo suficientemente fuerte que le de sustento político.

El fracaso de otro experimento neoliberal, que al igual que el de la última dictadura militar y el de los noventa de la convertibilidad, concluye en un nuevo default de la deuda y en otra crisis de proporciones, muestra la necesidad de encarar otros caminos y pensar otras estrategias.

Este nuevo fracaso y su crisis consecuente abren las puertas para que el próximo gobierno genere políticas activas de participación ciudadana a fin de poner en debate los modelos en cuestión. Es una oportunidad de dar una gran batalla cultural y política, que ponga blanco sobre negro cual es el proyecto de país que los argentinos queremos para nuestras futuras generaciones.

Es necesario poner en marcha espacios de debate y discusión en todos los ámbitos, desde las organizaciones vecinales hasta los claustros universitarios, para terminar plasmando en papel un modelo de país consensuado y acordado por las mayorías. También esta experiencia de ampliar la participación ciudadana permitirá romper los estrechos moldes de las instituciones democráticas y las lógicas corporativas de los grandes grupos económicos y mediáticos, que están pretendiendo condicionar al futuro gobierno

Un vez más, la salida es la política

El primer paso es el logro de un gran acuerdo político que dé inicio y marco al proceso. Este acuerdo debe ser construido convocando a todos los partidos políticos, comprometidos con la democracia y los intereses nacionales. El segundo paso es la ampliación a un ámbito mayor, donde participen las organizaciones gremiales, empresarios, las iglesias, los movimientos sociales, etc, en una gran mesa de debate y discusión, pero con el claro objetivo de abrir y llevar el debate a las bases. El compromiso de todos debe ser pensar la Argentina para los próximos 50 años, construir mecanismos de planificación participativa y sobre todo la construcción de consensos, de un pacto de convivencia a mediano y largo plazo. Se debe partir de algunas premisas que no pueden ser puestas en duda. El primero y más trascendental: “El poder emana del pueblo. El único soberano es el pueblo”. El segundo es el compromiso de todos de construir una democracia social, directa y participativa. La lógica imperante en nuestra actual constitución, que se basa en que “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes…” es un concepto que debe ser borrado. Si el único poder emana del pueblo, es el pueblo quien delibera y gobierna. En esta lógica es necesario la construcción de instituciones que permitan y faciliten la participación popular en la toma de decisiones. La democracia social se asienta en la organización popular y en el poder popular. A título solo enunciativa detallamos y desarrollamos a continuación algunos de los grandes temas que deben someterse al debate. En un proceso de participación activa estos títulos se convertirán en disparadores de otros y a su vez se profundizarán los ya planteados.

Planificación y rol del estado

Las diversas experiencias de modelos comparados basados en el caso de países exitosos, coinciden en que resulta fundamental la existencia de un Estado fuerte y activo. Con capacidad de intervenir en la economía y de actuar de árbitro en los conflictos, pero también de disciplinar y de asegurar una relativa igualdad en las condiciones de negociación entre los distintos actores.

El Estado debe recuperar su capacidad para disciplinar a las elites capitalistas. Además de dar créditos, subsidios y ayudas varias, los gobiernos deben poder reclamar en contra parte que las empresas aumenten sus exportaciones, inviertan, innoven e impulsen el cambio tecnológico. Es imprescindible romper con los tabúes que la ideología neoliberal nos ha impuesto en los últimos 40 años: la planificación de la economía y del desarrollo industrial y el estado empresario.

Por supuesto la planificación no puede ser hecha por tecnócratas a espaldas de los actores de la vida económica ni impuesta de arriba hacia abajo, por el contrario tiene que surgir de una activa participación de todos los sectores involucrados. Además debe ser flexible, de rápida adecuación a los errores o las desviaciones detectadas.

Al Estado le cabe la responsabilidad de llevar adelante a través de mecanismos de participación activa de los actores económicos, cámaras empresarias, sindicatos, organizaciones sociales, etc, la formulación de un proyecto político, económico, productivo y social a ejecutarse en un periodo dado. El Estado tendrá que cumplir también un rol de inversor y en ocasiones de estado empresario en aquellos sectores donde el sector privado no puede o no quiere participar o que por razones estratégicas sea imperioso que el estado tenga participación activa.

Industrialización

Otro concepto fundamental es que no hay soberanía nacional sin alcanzar la industrialización.

En el debate se debe poner énfasis en la exposición del fracaso del modelo neo liberal agro exportador, que es necesario poner fin al falso dilema campo – industria. Que es necesario tener políticas económicas de convergencia y mostrar el papel activo del Estado en el desarrollo de los países. Es vital entender como país, que para poder salir de los continuos fracasos es necesario industrializar las materias primas que producimos, agregar valor a través de la investigación y el desarrollo.

En vez de exportar commoditys exportar valor agregado, con el consiguiente mayor ingreso de dólares por exportaciones. Las políticas de fomento a la industria deben ir acompañadas de un fuerte compromiso del sector industrial de cumplir con los objetivos planteados por los acuerdos, un adecuado abastecimiento del mercado interno, mantenimiento de precios, cumplir metas de exportación, etc, a cambio de recibir los beneficios de la promoción.

Otro concepto clave para desarrollar, y para el cual hay que dejar atrás la lógica neoliberal imperante. El ahorro interno debe ser para financiar el consumo, la vivienda y la producción de los argentinos. Hay que desacoplar la lógica rentística financiera de la banca pero también de sectores económicos parasitarios que tienden a apropiarse de los recursos nacionales a través de volteretas financieras y terminan fugando el ahorro interno.

 

Ciencia y tecnología

La alternativa surge clara, tenemos que desarrollar en el país la tecnología que nutra permanentemente a nuestra industria. Deben quedar claro estos conceptos esenciales: sin tecnología nacional no habrá una industria realmente argentina, y sin esa industria podrá existir crecimiento pero nunca desarrollo. Un área donde el estado debe tener un rol preponderante, tanto solo, o asociado al sector privado es en el desarrollo científico tecnológico. Es necesario articular las áreas del conocimiento y el desarrollo tecnológico del estado: universidades, Conicet, Inti, Inta, etc, con el sector privado a fin de desarrollar ciencia y tecnologías propias. Existe hoy una oportunidad, estamos ante otra revolución industrial, subirnos a ella pensando nuestro propio desarrollo, nos permitiría pegar el salto tecnológico que nos pondría a la par de las naciones centrales. Esto no es un proceso mágico, requiere recursos, convicción, planificación y una guía fuerte del estado.

Acceso a los derechos básicos

El nuevo estado debe garantizar el acceso a cubrir las necesidades básicas de toda la población. El programa hambre cero que lleva adelante el gobierno nacional debe ser el primer paso de una estrategia permanente de reducir la pobreza y permitir el acceso de todos los argentinos en el circuito de trabajo – consumo – ciudadanía. El derecho a la tierra, a una vivienda digna, a la educación en todos sus niveles, a la salud, a una vejez digna, etc, no pueden ser patrimonio para unos pocos sino un derecho para todos. Casi cuarenta años de neoliberalismo nos llevaron a estos índices de pobreza e indigencia, pero también a creer que la pobreza es algo natural y que, de última, es culpa de los pobres, sin entender que ésta es producto de la mala distribución de la riqueza. La comunidad toda debe asumir el compromiso de articular los mecanismos de inserción social, redistribución de la riqueza, acceso al trabajo, etc, que permita una rápida disminución de esos índices, hasta llevarlos a los mínimos posibles.

Democratizar la justicia

En los últimos años hemos visto con estupor y asombro cómo el sistema judicial federal fue siendo cooptado por elementos ajenos al mismo, como los servicios de informaciones, operadores políticos, periodistas o empresarios de los medios, servicios de informaciones de otros países, y la injerencia siempre presente de la Embajada y el Departamento de Estado norteamericano, etc., esta cooptación tuvo la finalidad de utilizar a la justicia como un medio para perseguir, castigar o amedrentar políticos opositores y dirigentes gremiales y sociales, que no se subordinan al poder neocolonial yanky en la región. El fenómeno no es nuevo y se repite como un calco en toda Latinoamérica, Hasta el mismo Papa Francisco denunció estas prácticas de “lawfare” o guerra judicial como herramienta de control sobre opositores. El vicepresidente ecuatoriano, preso por “sedición”, o la prisión escandalosa de Lula en Brasil que le impidió ser candidato. En Argentina las prisiones políticas son moneda corriente, con causas armadas, tribunales y jueces especiales, prisiones preventivas sin sentencias, fraguado de pruebas, etc., todo destinado a perseguir a dirigentes kirchneristas. Es indudable que un sistema democrático no puede convivir con uno de los poderes del Estado en ese nivel de corrupción: es fundamental poner punto final a esta vergüenza, para lo cual es necesario llevar adelante reformas estructurales que permitan democratizar la justicia, despolitizarla, controlar el accionar de jueces y fiscales, mejorar la capacitación y la selección de sus miembros, etc. Este proceso requerirá de un amplio debate con participación ciudadana a fin de consensuar una salida.

Fuerzas armadas y  defensa nacional

Como resultado del sangriento hecho por las fuerzas armadas en 1976, la derrota militar de Malvinas y las asonadas de la década del 80 y principio de los noventa, las fuerzas armadas cayeron en el descrédito social y político. La falta de una hipótesis de conflicto en la región, la falta de un proyecto nacional y el avance de políticas de achique y ajuste de los programas neoliberales fueron vaciando de recursos humanos, materiales y de políticas a las tres armas. Hoy tenemos fuerzas ínfimas, sin capacidad operativa, cuando se requiere de amplias fuerzas para cubrir defensivamente el territorio y sus recursos. En necesario además recuperar el rol de vinculación entre las fuerzas armadas y el proceso de industrialización del país. En ese marco reconstruir Fabricaciones Militares para desarrollar tecnologías para la defensa puede ser un motor de crecimiento de toda la industria nacional. Consideramos urgente y central repensar el rol de las fuerzas armadas, y avanzar en su recuperación en el marco de un proyecto nacional de emancipación. Nuestro país tiene un territorio extenso y una larga plataforma marítima, con una porción de su territorio ocupada por una potencia de la OTAN. En este contexto, no tener una profunda política de defensa nacional resulta suicida. Al mismo tiempo, dejar a las fuerzas armadas sin objetivos claros resulta claramente peligroso.

Pacto fiscal o una nueva ley de coparticipación

Desde hace décadas se viene arrastrando un debate inconcluso sobre la matriz impositiva de nuestra nación. Parche sobre parche con la única lógica de cubrir los desfasajes del desequilibrio fiscal, producto éste de las políticas de ajuste permanente sobre nuestra economía y el pago de capital e intereses de la deuda externa. Sobre todo a partir de los noventa, el problema se fue agudizando por los desequilibrios en las potestades tributarias y las responsabilidades de gastos entre la nación y las provincias. Los gastos se descentralizan en los gobiernos de provincias y municipios pero los recursos se centralizan en el nivel nacional. Así, mientras los servicios básicos salud, educación, seguridad, son desfinanciados se sigue aumentando la presión tributaria sobre sectores populares y medios, a través de impuestos al consumo se disminuyen los impuestos al patrimonio o las ganancias, los bienes suntuarios, etc., que deberían pagar los sectores más ricos. Esta inequidad también afecta a los sectores productivos que ven cargar sobre su actividad una pesada carga, mientras las actividades parasitarias se ven beneficiadas por quitas importantes. Es necesario dar forma a un nuevo esquema tributario más progresivo, que permita que el Estado se financie en forma sustentable, se eliminen los impuestos distorsivos y paguen aquellos que tienen capacidad contributiva. Al mismo tiempo es necesario reelaborar un nuevo Pacto Fiscal federal que respete e incremente las autonomías provinciales y municipales.

Estas situaciones solo pueden saldarse a partir de construir propuestas y consensuar posiciones en el marco de un amplio debate.

La alta concentración de medios es contraria a la democracia

La alta concentración económica en las empresas de medios de comunicación, más la apropiación por parte de estos monopolios de las nuevas tecnología, ha generado una situación de riesgo manifiesto sobre las democracias y las libertades individuales.

Ese control absoluto de la información y la emisión de la opinión, basados muchas veces en lo que eufemísticamente llaman la “post verdad”, que no es otra cosa más que la mentira lisa y llana, disfrazada de verdad, busca y muchas veces lo logra, construir una subjetividad, un sentido común, que beneficia sus intereses políticos y/o corporativos. Como lo vivimos en los países de la región, la prensa se ha convertido en una herramienta poderosa en favor de ideologías e intereses imperiales. Democratizar el acceso a la información, desmonopolizar al sector, abrir canales de participación ciudadana en el manejo de la noticia, se vuelve imprescindible. La ley de medios del gobierno kirchnerista y sobre todo los mecanismos de participación que le dieron forma muestran un camino.

También hay que aprender de la experiencia: lo que se ganó en la calle, luego se perdió en los pasillos de la justicia.

Integración latinoamericana

Es necesario generar un gran debate pero a la vez ir construyendo ese gran espacio latinoamericano, la Patria Grande. Esta construcción es legal, política, comercial, pero sobre todo cultural. No hay posibilidades de desarrollo ni de liberación si no es formando parte de un proyecto continental.

Conclusión

Podríamos seguir citando temas y problemas de que adolece la nación Argentina, hemos detallado solo algunos para tener una idea de la envergadura de la construcción de un nuevo pacto fundacional. Creemos en la participación activa de los ciudadanos en el debate y resolución de los problemas, en la planificación participativa a través de las diversas y ricas organizaciones populares, en la construcción de abajo hacia arriba y en la política como el arma fundamental de los pueblos en la búsqueda de felicidad y grandeza. El pueblo argentino tiene antecedentes y experiencia en la construcción de la patria, debemos buscar en nuestra historia aquellos elementos que nos pueden servir hoy. No como una lógica arqueológica de las ideas y de la historia, sino como trampolines que nos puedan lanzar al futuro como Nación.

Negros nubarrones se ciernen sobre nuestros países, solo con la organización, la movilización y la participación popular podremos construir una estrategia de defensa y resistencia.

(*) Presidente del PJ de LUján

La historia sin fin. Latinoamérica convulsionada. Por Antonio Muñiz (*)

 "La política es conflicto, pero también la capacidad de aunar y conducir fuerzas diversas". Perón

“Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito”. J. W. Cooke

 

Latinoamérica vive una etapa de grandes convulsiones políticas y sociales. Por un lado nuevamente está siendo agredida por las políticas imperialistas de EEUU, aliadas a las oligarquías locales.

Nada nuevo bajo el sol, como en los 70 los golpes cívicos – mediáticos - militares están agrediendo a los gobiernos democráticos de la región. Golpes palaciegos, contra Lugo, Zelaya o Dilma, la proscripción y cárcel de Lula en Brasil, los ataques, por ahora infructuosos, contra el gobierno Bolivariano de Venezuela, o ahora el golpe militar, con una feroz represión sobre los sectores populares que resisten, en Bolivia. Por el otro hay un hartazgo de los pueblos, que se está viendo en las calles de Chile, Colombia, Haití o Ecuador, hacia un modelo neoliberal colonialista imperante en esos países La región estuvo gobernada desde los noventa por movimientos que pueden ser caracterizados como nacionales y populares, encarnados en figuras fuertes como Chávez, Lula, Kirchner, Correa o Evo, mostraron un camino distinto y exitoso, de integración social, crecimiento económico y autonomía política.

Estos movimientos, aun en retirada, mantienen una presencia política importante. No sin contradicciones internas, avances y retrocesos, aciertos y errores, conservan un gran apoyo popular. Los proyectos nacionales y populares son cuestionados tanto por derecha como por la izquierda. Ya que son alternativas políticas que pueden y tienen por objetivo disputar poder real, apoderarse de los recursos y las estructuras del estado y construir un discurso hegemónico, para trasformar a la sociedad y hacer efectivos los derechos de las mayorías populares. Caracterizar a estos movimientos no es tarea sencilla ni neutral, porque en cada país asumen características particulares, debidas a la historia, a la praxis de cada pueblo y sobre todo a la construcción y los liderazgos que se dan en cada país. Por derecha son denostados con el calificativo de “populismos”, término despectivo, que termina no definiendo nada, pero con connotaciones de gobierno demagógico, corrupto, clientelístico, que no respeta las reglas de la economía y la política, como el establishment lo impone. Por izquierda, sobre todo desde el marxismo europeísta, se los define como movimientos burgueses, gatopardistas, conservadores del sistema, etc.

Por supuesto que esta falta de comprensión de la izquierda y su subestimación de los movimientos nacionales y populares no es nueva, por el contrario es la siempre presente visión eurocéntrica que les impide ver el contenido revolucionario del nacionalismo popular en nuestros países.

En países colonizados y agredidos por los intereses imperiales el nacionalismo popular es revolucionario. En general estos movimientos abrevan en experiencias similares anteriores, como el Varguismo, el peronismo o el cardinismo, el Apra peruano, el sandinismo, etc, y en todas las experiencias revolucionarias y anti imperialistas del continente. Este hilo muestra una continuidad histórica que une a todas estas experiencias. Como todos o casi todos los procesos políticos latinoamericanos se encarnan en la presencia de un liderazgo muy fuerte y definido. La figura del “caudillo” siempre presente en la historia de nuestros países. Además podemos definirlos por la movilización de masas populares, que representan una alianza de clases bajas, medias y la pequeñas burguesías urbanas y/o rurales, unidas por un sentimiento nacional anti imperialista, con una apelación y construcción de un sujeto “pueblo”, como baluarte y depositario de valores trascendentes.

Por el contrario siempre se construye antagonismo con la oligarquía y aquellos sectores sociales o económicos que son aliados de los intereses imperiales. En cuanto al programa socio económico, en general los movimientos populares pueden caracterizarse como anti imperialistas, anti oligárquicos, democráticos, comprometidos en profundizar las formas de democracia directa y participativa, industrialistas, basados en el desarrollo de un fuerte mercado interno, salarios altos y derechos laborales para las clases trabajadoras, fuerte presencia del estado y nacionalización de los sectores básicos de la economía. Existe una distinción importante entre el nacionalismo popular en los países de América Latina con respecto a fenómenos similares en el mundo, este nacionalismo no es agresivo, ni xenófobo ni expansionista, como sí lo fue siempre el europeo y el norteamericano. Tampoco es aislacionista. Por el contrario, el proyecto central es la integración política y económica de los países de la “Patria Grande”.

La construcción del Movimiento Popular

El peronismo siempre se pensó a sí mismo como un movimiento de liberación nacional y social, relegando al partido a una mera herramienta electoral.

Sin embargo, también, cuando era el momento de presentar listas, éstas trataban de reflejar el espíritu movimientista en la construcción de un frente electoral que superara las estrechas paredes del Partido Justicialista. Perón pensaba al primer peronismo como una alianza entre los trabajadores industriales y agrarios, la “burguesía nacional”, la iglesia y el ejército.

Esta alianza se rompe y se produce el golpe militar de 1955. No vamos a entrar analizar las razones de esa ruptura y sus consecuencias, ya que mucho se ha escrito sobre ello. Sí un dato que tendrá influencia sobre el futuro, el abandono del peronismo de gran parte de la clase media y la pequeña burguesía, que habían crecido al calor de las políticas de JDP, pero que migraron en una búsqueda de republicanismo abstracto y ascenso social. Esta clase media buscó distintas alternativas políticas, todas infructuosas, apoyo al frondizismo, a Illia o al golpe de Ongania, todas experiencias fracasadas. Solo volvió a encontrar su camino cuando los sectores juveniles de esa clase media se volcaron al peronismo a principios de los setenta, conformando una experiencia política infinitamente rica, a pesar de su trágico final, producto de la represión del golpe cívico militar.

La idea movimientista siguió siempre en la base de toda construcción peronista, aun en la etapa fallida de la renovación peronista. Néstor Kirchner vuelve a retomar esta idea pero ya desde el gobierno, la famosa transversalidad que planteaba y que llevó a Cobos a la vice presidencia, fue una iniciativa de conformar un frente político y social que ampliara la base electoral del PJ. La experiencia permitió que CFK ganara con un 54 %. El Frente para la Victoria fue una experiencia altamente exitosa, por supuesto llena de contradicciones, como toda construcción política mayoritaria. Fue una herramienta de construcción del gran movimiento nacional. La deserción de Cobos, no marcó el quiebre de este proyecto de transversalidad, como lo quisieron ver muchos; el éxito lo marcó la sumatoria de miles de jóvenes, clase media y pequeña burguesía al peronismo, aunque muchos lo hicieron desde distintas experiencias y organizaciones políticas no peronistas.

Un cambio de época:

El mundo ha cambiado en esta primeras dos décadas del siglo XXI. ¿Es el final de una etapa histórica? Es difícil decirlo y analizarlo porque nos falta perspectiva histórica. Estamos viviendo ese proceso, somos espectadores, pero también actores en esta nueva construcción.

Pareciera que estamos en una brutal crisis mundial. No solo económica, sino política. Los síntomas de descomposición del viejo orden mundial parecen evidentes, sin embargo es prematuro pensar que está muerto.

La crisis argentina del 2001 donde crujió todo el sistema capitalista local, las sucesivas crisis en el centro de poder mundial, EEUU y Europa, las guerras y el terrorismo en Medio Oriente, con su secuela de muerte y millones de refugiados que avanzan hacia Europa, la salida del Gran Bretaña de La Unión europea, el fracaso evidente de la experiencia de la Europa Unida, que poco a poco va creando monstruos ultranacionalistas dentro de las fronteras de cada país. Una crisis económica que genera el crecimiento de experiencias políticas que creíamos desaparecidas como el nazismo, con racismo, xenofobia, aislamiento, etc.

Vivimos en un capitalismo en crisis, incapaz de dar respuesta a los sectores medios y populares.

La asunción de Donald Trump como presidente de EEUU marcó también la profundidad de la crisis dentro del mismo centro imperial. Votado por los sectores populares norteamericanos y odiado por el establishment político, mediático, financiero, pero rodeado por un gabinete de ricos, muy ricos y reaccionarios de derecha, hacen un difícil pronóstico hacia el futuro.

En principio, en estos dos años de mandato todo parece indicar que EEUU se va cerrando sobre sí mismo, por lo menos en lo económico y comercial. Pareciera que EE.UU. vuelve a su vieja política pre primera guerra mundial de aislarse y cerrarse al mundo. Lamentablemente este cerrarse sobre sí mismo implica también un cerrarse sobre su patio trasero.

En una etapa de decadencia, EEUU vuelve a sus viejas políticas del Destino Manifiesto y el Gran Garrote sobre los países de América asegurándose recursos naturales y energéticos de la región, además de mercados para sus productos. En estos días estamos viendo una nueva escalada de políticas imperialistas y colonialista, por parte del D.E. yanqui, siempre aliado a grupos oligárquicos de cada país: el golpe militar contra la democracia boliviana muestra una vez más la peor cara de las políticas norteamericanas para la región. No solo derrocan gobiernos democráticos y populares, sino que también ejercen una feroz represión interna contra esos movimientos, sus dirigentes y sus pueblos.

Un escenario complejo

El escenario latinoamericano es complejo. El nuevo gobierno popular argentino, si bien llega legitimado por el amplio triunfo sobre el anterior y sus políticas neoliberales de los últimos cuatro años, enfrenta un escenario regional hostil, agudizado en estos días por el triunfo del candidato de la derecha uruguaya, Lacalle Pou y su posible alineación con las políticas de Bolsonaro y Trump para la región. Por el otro lado enfrenta internamente a sectores políticos, económicos y mediáticos, muy poderosos, que han crecido al amparo de las políticas neoliberales de los últimos años. Estos grupos, seguramente alentados y en algunos casos financiados por el D.E. de EEUU, se preparan para resistir cualquier cambio en las políticas o modificación de sus privilegios. El ejemplo más perverso son sectores de la burguesía agropecuaria que amenaza con un lockout patronal ante cualquier intento del nuevo gobierno de imponer una suba de retenciones. Y detrás de todo este escenario, la deuda externa, que el próximo gobierno sufrirá como una gran restricción a cualquiera de sus políticas destinadas a modificar el status quo. La pregunta que surge es cómo enfrentar, desde la legitimidad de un gobierno electo, un escenario con tantas y complejas acechanzas. La respuesta está en nuestra historia y la praxis política de nuestro pueblo.

Es necesaria la construcción y fortalecimiento de un gran movimiento de liberación nacional y social, que dé respaldo a las políticas populares del próximo gobierno. Pero, como en toda construcción política, hay que pasar de la idea al hecho concreto. Es tarea de todos poner esfuerzo en esta construcción de un proyecto nacional, popular y revolucionario. Hay que recuperar el espíritu y la lógica movimientista, debe ser nacional, abierto, participativo, poli clasista, que nuclee a todos y a todas aquellos que quieran una Argentina justa, libre, soberana, unidos en un programa de acción común y un sueño y una mística compartidos. Debe ser un espacio que tenga vocación fundacional, de desmontar a la vieja Argentina moldeada en la estructura legal y económica del Liberalismo, y construir una nueva Argentina, sobre bases sólidas y duraderas.

La historia no terminó, como nos decía Fukuyama allá por los noventa, los hombres y los pueblos construyen día a día su historia, por lo tanto mientras exista el hombre siempre habrá historia y política a su alrededor. El imperativo de la hora nos impone generar políticas de fortalecimiento de las organizaciones populares, definir un rumbo claro y preciso, dialogar con el pueblo para no perder el rumbo, evitar que de la crisis sigan lucrando los personeros de siempre, que en nombre de la república y las instituciones saquean nuestra riqueza, no permitir el paso de experiencias políticas golpistas, autoritarias, xenófobas, y violentas como alternativas mesiánicas y salvadoras. Debemos pensar la Argentina para los próximos 50 años, buscando en nuestras raíces e historia, pero lanzados al futuro, Insertos en un mundo caótico y cambiante. Pensar situados en el aquí y ahora, desde nosotros y nuestra historia, construir nuestro futuro.

(*) Presidente del PJ de Luján

Doctrina Monroe y Gran Garrote, las políticas de Patio Trasero: vuelta al imperio sin máscara

Chile: la rebelión de los treinta años

La wipala: emblema plurinacional del pueblo boliviano que resiste el golpe neoliberal

¿Biblia mata Whipala? Por Lido Iacomini

El golpe contra el legítimo gobierno de Evo Morales que aún se está llevando adelante en Bolivia contó con la intervención, entre otras, de las llamadas iglesias evangélicas o neopentecostales. Ariete religioso en la construcción simbólica del enemigo, identificado con el diablo, explotaron la antigua grieta racial transformando a los pueblos indígenas en los salvajes herejes de creencias primitivas contrapuestos al pueblo de Dios, portador de la Biblia, por supuesto los blancos. El “único Dios verdadero” versus la Pachamama. Pretenden construir una grieta entre la Biblia y la Whipala. El sincretismo religioso perverso fue construido con una mixtura de cristianismo primitivo de rasgos extraídos de la Santa Inquisición con el más crudo racismo digno del apartheid. Manipulación y financiamiento de la CIA mediante, en Bolivia pasaron de cumplir su función de aglutinamiento de una fanatizada turba política derechista, a grupos de choque dispuestos a una caza de brujas en formidables jornadas de violencia. Muy semejante a Al Qaeda o el Isis mediorientales trasladados al territorio boliviano, siempre operados y financiados por igual por los EEUU. Hay quiénes, como la prestigiosa Rita Segato, afirman que justamente lo que buscan es crear un escenario semejante al que desestabilizó a Medio Oriente. En el caso de Bolivia la utilización de la grieta de identidad, profundizada con la excusa religiosa, sirvió para detonar una violencia y un clima destituyente que eclosionó con la renuncia de Evo Morales y Alvaro García Linera. Pero los desbordes racistas infrigiendo humillaciones a las comunidades indígenas han generado una reacción que incluso va más allá de la defensa del liderazgo del Evo y de su investidura presidencial. La quema de la Whipala radicaliza el conflicto político en Bolivia. Y por supuesto Evo es consustancial a la creación de la República Plurinacional de Bolivia y la labor de recuperación de la dignidad identitaria que implicó. Pero la arremetida Biblia en mano, cual lanza de cruzados de la Santa Inquisición, retrotrae 500 años a un escenario con Hernán Cortés lanzado a la conquista del territorio de los salvajes. Un escenario improbable para estabilizar un Golpe de estado. Tampoco el marco general es favorable al neoliberalismo, que en última instancia es de lo que se trata. Fracasadas las recetas económicas del FMI, agotada la etapa de creación de ilusión neoliberal con el estallido popular en Chile, que hizo trizas el ejemplo del modelo, para el imaginario de los actuales líderes del imperio en decadencia, es la oportunidad de los Bolsonaro, los Camacho o en el mejor; de los casos de los Pichetto y especialmente del temor sembrado a su alrededor. Pero su cosecha real es la respuesta cada vez más airada de los pueblos y el enrojecimiento de la confrontación. Para completar la caracterización del momento debemos decir que al desencanto del fracaso económico del modelo se le suma el deterioro extremo de todo el andamiaje institucional, el de las democracias tuteladas, en eterna transición hacia una democracia liberal que no satisface a los movimientos populares y que nunca siquiera llega a ser auténticamente liberal. No es una simple suma sino la interrelación lógica entre la economía y la política en el momento de la finalización en ciernes del ciclo o etapa del modelo neoliberal. Es decir del momento de la verdadera transición entre un mundo que muere y otro que no acaba de nacer.

Amanece que no es poco. Por Antonio Muñiz (*)

Algunas consideraciones a propósito de las elecciones presidenciales

 

 A unos días de la victoria contundente del Frente de Todos, encarnado en la formula Fernández – Fernández, que enfrentó a la versión vernácula del neo liberalismo, de Juntos por el Cambio y Mauricio Macri, el resultado muestra una verdad de perogrullo, el poderoso aparato electoral del oficialismo sufrió una paliza en las urnas y el actual presidente no pudo ser reelegido. Una gran coalición construida a partir de la unidad de todo el campo popular permitió poner fin a la avanzada neoliberal colonizadora sintetizada en Mauricio Macri y su equipo de Ceos. Pese al fuerte respaldo internacional, mediático, judicial, empresarial, etc, el macrismo no pudo o no quiso llevar adelante un proyecto de país integrado y sustentable, y navegó sin rumbo entre una lógica de saqueo de nuestros recursos, los negocios para los amigos, una soberbia solo comparable con su ignorancia y un profundo desprecio sobre la gente y las consecuencias nefastas de sus políticas sobre el bienestar de la población. A partir de allí se inicia otra nueva etapa, cabe reflexionar sobre los matices y alcances de esos resultados, pero sobre todo vislumbrar las luces y sombras que se avecinan a partir de la asunción del nuevo gobierno.

Una victoria histórica

El Frente de Todos ganó (FdT) con claridad, pero no pudo repetir los números de las PASO, donde su triunfo su aplastante. El achique en las diferencias dejo en la militancia del FdT un sabor a poco, entendible pero no realista. Luego de las PASO el FdT eligió no hacer olas, comportarse dentro de lo políticamente correcto, renunció a la calle y se encerró en locales cerrados o en actos no tan multitudinarios como La Pampa, Mar del Plata o La Plata. Se desoyó una de la premisas básicas de Juan Domingo Perón en su Conducción Política: al adversario derrotado hay que perseguirlo, acorralarlo, no dejarlo reagruparse, y menos dejarlo contraatacar. En cambio el contrario, Juntos por el Cambio, copó las calles con actos que fueron de menor a mayor, polarizando la elección y atacando claramente a su enemigo, el kirchnerismo. No era una estrategia electoral para ganar, pero sí para amalgamar el voto anti peronista en la boleta de Macri-Pichetto. En ese sentido fue una estrategia exitosa. También es necesario evaluar al respecto que las Paso oficiaron de elección de primera vuelta y la elección general fue un ballotage, donde se polarizó totalmente la elección. Ente las dos fórmulas sacaron cerca del noventa por ciento de los votos. De más esta decir que el triunfo de la alianza FdT fue apabullante, más allá de las alquimias matemáticas o silogismos estrafalarios de la prensa oficialista sobre que Macri perdió pero no tanto y Fernández ganó pero en realidad no, Fernández obtuvo una aprobación masiva de su liderazgo. Es justo reconocer que Alberto Fernández llega a la formula bendecido por el dedo de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y contaba con el caudal de votos de ella y del peronismo como base pero, en esta etapa de construcción de su candidatura y de campaña, ha ido acrecentando su figura como jefe del espacio. Jefatura compartida con la figura muy fuerte de CFK, si bien ayudó mucho a esta construcción el corrimiento a segundo plano de ella, por lo menos en público. El doble comando nunca ha funcionado en la política, siempre estas situaciones han llevado a conflictos internos por la supremacía y el liderazgo del espacio. Se verá en los próximos meses cómo evoluciona esta relación política, pero es tan complejo el panorama por venir y el poderío del adversario que sería razonable que se pospusiera el conflicto interno ya que la victoria de algún sector sobre el otro sería una victoria pírrica, debilitaría el espacio y permitiría el regreso de alguna otra experiencia neoliberal. Otra figura que logró afianzar su liderazgo fue Axel Kicilioff. Con una campaña sencilla, sin mucho marketing, muy a la vieja usanza política, recorrer todo el territorio, visitar pueblo por pueblo, hablar con la gente; fue de menor a mayor construyendo un liderazgo que lo llevó a la gobernación. Este también es un gran triunfo de CFK, fue ella quien lo impulsó, cuando la mayoría descreía de sus chances. Tanto en la elección presidencial y sobre todo en la de gobernador, el voto popular del conurbano fue decisivo, con márgenes altísimos. Si bien en el interior bonaerense la situación fue más pareja, incluso perdiendo por escaso margen en muchos distritos, el triunfo de Kicilioff –Magario fue muy importante porque se impuso a la mejor - por lo menos es lo que decían las encuestas-, candidata del oficialismo. Axel se encontrará con una provincia con problemas estructurales muy serios que vienen de décadas, pero heredará una gestión desastrosa de María Eugenia Vidal, una provincia paralizada, endeudada en dólares, con serios problemas de recaudación y caja. Solamente como dato de las restricciones con que se encontrará la futura gestión, apenas asuma tendrá una necesidad de caja de 4500 millones de pesos para hacer frente a salarios, aguinaldos y algunos compromisos. Por supuesto que ese dinero hoy no está.

El voto amarillo

Resulta necesario entender por qué una gestión de gobierno que a todas luces ha sido desastrosa -tal vez la peor desde la democracia-, que no puede mostrar un solo dato positivo y no solo en lo económico sino también en ninguna área de gobierno, haya logrado un 40% de votos. Como decíamos más arriba el ganar las calles con sus marchas del “Sí, se puede”, parecen haberle dado resultados positivos, además polarizó y encuadró claramente a su adversario, algo básico en la política, cargó en ese “otro” todos los males, interpeló a las clases medias y altas, donde se encuentra su voto, azuzó el miedo y los prejuicios de clases, y fue por todo el voto de derecha, apropiándose de valores como “seguridad”, “libertad”, “republica”, “respeto a la propiedad”, etc, caros a un imaginario clase mediero tradicional. Es justo reconocer que los valores, la cultura expresada por la ideología neoliberal han impregnado muy fuerte en amplias capas de nuestra sociedad, desde 1976, pasando por los noventa hasta el 2001 y ahora en los últimos cuatro años las ideas del individualismo extremo, el sálvese quien pueda, una falsa meritocracia, etc, han calado en el sentido común de los argentinos. Si uno mira en un mapa argentino la distribución de los votos y dónde tuvo mayor porcentaje de votos Juntos por el cambio, se ve claramente que está posicionado en la mejores zonas agropecuarias del país, la zona núcleo de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires interior, Entre Ríos, San Luis y la zona más rica de Mendoza, exactamente donde está asentada la renta agraria concentrada, uno de los pocos sectores “ganadores” de la era macrista. Les jugó a favor cierta pasividad en la campaña del FdT que, confiado en los resultados de las Paso, se movió con demasiada cautela, tratando de no asustar a los grupos del poder, no generar olas o situaciones que pudieran ser usada en su contra por los grandes medios concentrados oficialistas. Algunos analistas especulan con que el objetivo de Macri era convertirse en el jefe de oposición, con fuerte presencia en el Congreso. Algunos otros, más optimistas, sueñan con reeditar el viejo grupo “A” que tantas satisfacciones les dio. Unos y otros no tienen en cuenta la dinámica de la política, que las derrotas son impiadosas y que los pases de facturas, las peleas por el liderazgo, la búsqueda de otros horizontes donde caliente un poco más el sol, hará estallar una coalición atada con el alambre del oportunismo electoral. En opinión de quien escribe el objetivo de Macri es no terminar preso, dada la catarata de juicios pendientes y los que le van a llover después de diciembre.

El círculo rojo

El poder económico apuesta a un Alberto Fernández moderado y “dialoguista”, que lleve adelante su programa por un lado y por el otro contenga a las hordas bárbaras, léase movimientos sociales, la Campora, sindicatos más combativos y sobre todo a CFK. Aspira a continuar, con matices si es necesario, con el programa y objetivos del FMI, a pesar del ostensible fracaso de estos cuatro años de gestión: reforma laboral y previsional, reforma tributaria, con impuestos a la baja para ellos, negociar y pagar al Fondo, reducir el gasto público vía recortes en salud, educación y el gasto social, abaratar despidos y diminución del costo salarial, etc. También algunos sectores esperan, con menos optimismo, continuar con la especulación financiera y otros, los amigos del presidente, continuar con tarifas dolarizadas. El escenario próximo es complicado porque la crisis actual sigue en pie, hay varias bombas que deja el macrismo que podrían explotar en cualquier momento, hay situaciones que profundizarían la crisis con una espiral de devaluación y alta inflación. También la situación internacional es compleja, hay crisis políticas y económicas en varias regiones del mundo, y la coyuntura económica, sobre todo los precios internacionales de los commoditys están bajos y en general hay recesión en el comercio mundial, y la deuda externa como gran condicionante.

El círculo rojo aspira a que Alberto Fernández actúe como un administrador de la crisis y contenga las demandas sociales pendientes. Si bien el poder concentrado es hoy mucho más fuerte de lo que lo fuera en 2001 y muestra los dientes, en estos días algunos voceros de los intereses de los agronegocios amenazan con un plan de lucha y corte de rutas si el próximo gobierno pretende imponerle un aumento en las retenciones. Una bravuconada para marcarle la cancha a AF.

Ahora le toca mover al rey

Está por verse, que puedan condicionar de esa forma al futuro gobierno y que AF acepte mansamente ese rol. Por ahora éste se mueve en todos los frentes, construyendo consensos detrás de un gran pacto social que pueda contener y morigerar las múltiples demandas de los muchos actores sobre el escenario de la realidad argentina. El futuro está lleno de escollos, sin embargo nuevos aires soplan sobre el continente. La avanzada neoliberal colonialista de los últimos años ha mostrado sus límites y está muy jaqueada en varios países: Ecuador, Chile, Colombia, Perú, Méjico; Venezuela y Bolivia resisten a pesar del fuerte embate de EEUU sobre sus países, etc. En este marco el triunfo de la fórmula Fernández –Fernández puede ser la bisagra de un cambio de época en Latinoamérica que vislumbre el regreso de movimientos populares en toda la región.

(*) Presidente del PJ de Luján

Victoria popular para seguir ampliando la Unidad

Una esperanza llamada Todos. Por Marcelo Cabeza

Algunas curiosidades. Cuando Macri perdió las Paso, sentenció luego de enojarse que la elección no había existido. Eso hizo, luego pidió disculpas por su enojo, pero mantuvo esa idea y la cultivó. Fue calificado de necio, de negador de la realidad. Pero entonces, ¿porqué se redoblaron esfuerzos y Alberto Fernández insistió hasta el último momento en enfatizar lo mismo que Axel Kiciloff, que todavía faltaba para la resolución? La razón de Juntos por el Cambio se hizo convicción que contagió a sus seguidores y dio lugar a la larga marcha del millón, con actos en todo el país, algunos multitudinarios, que fue debut como práctica y despedida del gobierno. Remontó la cuesta, puso nuevamente en valor su deteriorada construcción política y así reciclado arremetió contra todos los pronósticos. Después de tanto desastre ganó CABA, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y San Luis; retuvo municipios importantes como La Plata, Bahía Blanca y Mar del Plata. Y en el conurbano unos cuantos. Quedó a 8 puntos aproximadamente, de pie sobre el ring. Se debe tomar nota de esta realidad.

La madre

Es un clásico, una especie de ley de los números en ciencia política, que en la Provincia de Buenos Aires se disputa la madre de todas las batallas. Para ganar la presidencia hay que ganar allí. La buena performance de Axel volcó gran caudal de votos a la cuenta final, mayormente provenientes del Gran Buenos Aires. Pasó el 50% y desalojó del gobierno a la carte fuerte del macrismo, el Hada Buena Vidal. Este triunfo nos dice algo como dato sobre votos y campañas. Así como Macri remontó a pura campaña osada su derrota en las Paso, Axel es el ex ministro que asumió su rol político hace tiempo, al ponerse en campaña de inmediato a partir de la derrota de 2015. Hacía actos en toda la ciudad de Buenos Aires intentando comprender y sobrellevar aquella crisis, con buena convocatoria y discursos encendidos con la frente en alto y desde entonces no paró. Luego recorrió miles de kilómetros en la epopeya bautizada Clio en sintonía con intendentes y candidatos en todos los distritos. Por su parte, Alberto y Cristina sumaron a la imprescindible unidad de los antes enfrentados, una excelente complementación entre ellos y con gobernadores e intendentes. Dirigencia, militancia, territorio y masivas adhesiones ciudadanas consolidaron el camino y construyeron una nueva mayoría aun en crecimiento. Fue el el triunfo de la política renacida.

Las dos fuerzas

En el escenario quedaron instaladas, fruto de esas prácticas, dos fuerzas que, en las descripciones clásicas criollas de esta democracia joven - con toda la limitación del lenguaje- , bien se pueden describir como centro izquierda y centro derecha. ¿Será esta la famosa madurez democrática tan anhelada no solo por comunicadores y politólogos sino también por políticos de amplio espectro? Se trataría -la madurez- de una cuestión de equilibrio. Empezando por un Alberto Fernández, elegido para la candidatura por Cristina por haber sido del riñón original del kirchnerismo -un miembro del grupo Calafate de la primera hora-, por su desempeño como jefe de gabinete de ministros, pero también por sus dotes de componedor, dialoguista, capaz de aunar posiciones dispersas y diversas. Virtudes que puso a prueba en el ejercicio de aquellas funciones de gobierno, de alto voltaje político. Al mismo tiempo la reclamada autocrítica se hizo acto, abriendo la participación protagónica a los que se fueron con profundas críticas. La ciudadanía decidió una importante distancia cuantitativa entre ambas fuerzas, que no es definitiva, nada lo es en política. Es tarea política esencial demostrar cualitativamente por qué nuestro proyecto merece ser cada vez más apoyado. Lo que obliga también a demostrar, en una gestión que se iniciará en medio de una profunda crisis, que hay capacidad para salir al toro e ir respondiendo, desde el primer día, a las demandas sociales acuciantes que ya no pueden esperar más.

Gobernanza de gobernadores

El cordobesismo, así llamado el peronismo sui generis de De la Sota y Schiarett. También Bordet, Perotti, el radical Cornejo y su sucesor en Mendoza,- y la lista sigue-, son políticos y gobernantes vistos como racionales-pragmáticos de buena gestión con una muy buena relación con sus electorados, lo que les permite ganar y consolidarse. Es el tipo de dirigentes que empatiza con Alberto Fernández. Y puede ser ese consenso, el puente que sortee la famosa grieta que es funcional al proyecto contrario, no al nuestro. Hay que rescatar gente confundida por ese falso discurso y tramposa opción, para poder construir a largo plazo. Es cierto que hay sectores de la sociedad que se espantan ante lo que afectaría sus intereses, pero hay otros en el fondo muy conservadores que se asustan ante lo que no comprenden. El fogoneo mediático hace pie en esa textura de moderación conservadora y construye opinión contraria al proyecto. Resultado: una oposición muy fuerte en Diputados. Es tan importante, estratégicamente, la batalla por la independencia económica como la de los gestos y acciones por la unidad y los consensos. La coherencia del fondo y de las formas. Que no haya dudas de que nos mueven el amor y la igualdad.

Aprendizaje democrático

Tal vez sea el tiempo de una nueva etapa democrática que haga de verdad un gobierno "de todos". Se intentó, al salir del unicato dictatorial de aquellos siete negros años, poner a un colectivo a cargo de la responsabilidad de apoyar el fuerte liderazgo de Raúl Alfonsín. Desde entonces hasta hoy esa fórmula trastabilló, cayó, se repuso y fue nuevamente derrotada. Ahora vuelve con la esperanza de lograr un desarrollo suficiente para sostener el nivel de vida que -decimos con Alberto- nos merecemos. Que salgan de la indigencia vastos sectores, retomar la dignidad perdida, disminuir la pobreza, poner en marcha la economía, sin duda deberían ser objetivos propios de una tarea de todos. Al menos de una inmensa mayoría de argentinxs. El poder legislativo, con Senado en mayoría pero en Diputados obligado a negociar, podrá ser un ámbito propicio para dar forma al desafío. También otros existentes o por construir. Mientras, el poder judicial tan apegado a su propia supervivencia, seguro acompañará las decisiones mayoritarias. Se siente otro país, posible y mejor.

Un fantasma recorre América Latina. Por Julio Fernández Baraibar (*)

Hace tan sólo cuatro años, de pronto, el cielo suramericano se oscureció. El fantasma del neoliberalismo comenzaba su macabro recorrido por nuestro continente

Después de haber entrado al siglo XXI con un tropel de gobiernos populares que, en el año 2005 se dieron cita en Mar del Plata para dejar pagando a los EE.UU. y al insignificante presidente de entonces, George W. Bush -de quien ya nadie se acuerda-, hace tan solo cuatro años comenzaron a sucederse, de una u otra manera, una serie de gobiernos que parecían echar por la borda la fuerza acumulada durante ese primer quincenio del nuevo siglo. Con Macri convertido en presidente por elecciones libres, con Correa exiliado por un presidente que había sido su propio vicepresidente, con Dilma destituída y Lula prisionero, esta parte del mundo parecía sufrir una bajamar contrarrevolucionaria, uno de esos oscuros momentos en donde las fuerzas del imperialismo y las oligarquías regionales vuelven por sus arbitrarios fueros y un largo y amargo ciclo de reacción se cierne sobre nuestros pueblos y países.

El fin de la unipolaridad

El momento era extraño. Contra lo que la prensa en general, tanto la regiminosa como la supuestamente alternativa, sostenían, el mundo imperialista, el llamado mundo central, no vivía exactamente una ola de reacción. En primer lugar, el afianzamiento de nuevos centros de poder a escala global y el fin de lo que se llamó la “unipolaridad” -el período que se inicia con la implosión de la URSS y el surgimiento de los EE.UU. como única potencia global- comenzaban a generar una nueva relación de fuerzas en la política internacional. El afianzamiento de Rusia, después de la debacle del poder soviético, la aparición de China como potencia económica industrial y tecnológica y sus obvias consecuencias en el plano militar, el triunfo de Donald Trump en los EE.UU., derrotando el proyecto del capital financiero a escala planetaria expresado en la candidatura de Hillary Clinton, y el consecuente giro productivista y reindustrializador de la política económica norteamericana no condecían con la aparición de estos gobiernos oligárquicos, antiindustrialistas, agro- y minero-exportadores, determinados por el capital financiero, en el Cono Sur. Obviamente, los EE.UU. no dejaron de ser una potencia imperialista. Pero quizás no tanto en el sentido en que lo definió Lenin en su famoso ensayo, sino en el más antiguo y anterior al propio capitalismo, que subyace en la idea del “backyard” o patio trasero: si me voy a enfrentar con otro continente será mejor que el mío lo tenga ordenado. Lo primero que hizo Trump fue destruir esos engendros creados por los demócratas como el Acuerdo del Pacífico, el Nafta y el Transpacífico. Chile, Perú, Colombia y México quedaron desnudos y a los gritos. Mientras tanto, puso en acción mecanismos proteccionistas de su economía y, sobre todo, de su producción interna y las grandes corporaciones norteamericanas volvieron a abrir sus fábricas en los EE.UU. Obviamente, ni a Trump ni a nadie que de verdad pretenda jugar un papel de liderazgo en la política internacional le puede importar que gobiernos miserables como el de Macri hagan todo lo contrario y abran su país no sólo a las importaciones sino al capital financiero bajo la forma de un veloz y parasitario endeudamiento. Los tontos están ahí para ser aprovechados. Pero, insisto, ni los pueblos y los intereses nacionales latinoamericanos habían sufrido una profunda derrota, ni el mundo estaba atravesando un período de profunda reacción política.

México se pone de pie

El primer síntoma de lo que en realidad ocurría lo produjo México, el viejo y noble México de Emiliano Zapata y Pancho Villa, el México de Lázaro Cárdenas y la nacionalización del petróleo, el mismo México de la insurrección pacífica de Chiapas. Andrés Manuel López Obrador, AMLO, le puso fin a la hegemonía popular del pútrido Partido Revolucionario Institucional -el nombre era desde el principio un oxímoron-, desplazó al viejo partido de los terratenientes y abrió, por primera vez en décadas, una nueva perspectiva popular y latinoamericana a ese gran país, imprescindible en cualquier proyecto autonómico. Y contra lo que la vulgaridad de la prensa adocenada, de derecha y de izquierda, del continente pensó, el nuevo presidente mexicano logró entenderse con el arbitrario presidente de su gigantesco vecino -nunca olvidar a Rubén Darío- en algo tan difícil, viscoso y sensible como la cuestión de las migraciones. La cuestión central es que México, el pueblo profundo mexicano, se reencauzó en sus mejores tradiciones y, como no podía ser de otra manera, mientras negociaba con la más grande potencia militar de Occidente sobre los migrantes de Guatemala y Honduras, se plantaba firme contra cualquier posibilidad intervencionista en la Venezuela de Chávez y Maduro. Y esta postura le dio pie, nada menos que a Uruguay, al pequeño Uruguay, al algodón entre dos cristales, a levantar su voz y recoger en ella la mejor tradición de Andrés Lamas y de Luis Alberto de Herrera. Su voto en la OEA, junto con México, y su retiro del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) han convertido a Tabaré Vázquez, en el ocaso de su gobierno, en un vocero de las ideas que Tucho Methol Ferré desarrolló y expresó en su obra.

La Argentina de “todos unidos triunfaremos”

Y a lo largo de cuatro pesados, dolorosos años, los argentinos, que habíamos quedado un poco desorientados con la derrota del 2015, enfrentados entre nosotros, con más argumentos que votos, fuimos reconstruyendo la expresión política de esa unidad profunda del pueblo ante el enemigo común. Y aquí es necesario puntualizar claramente el decisivo papel que jugó el movimiento obrero, el gremialismo, en esta resistencia y enfrentamiento con el régimen predador del macrismo. Contra lo que una opinión desinformada o mezquina pretende, el movimiento sindical argentino, el más poderoso de América Latina y, por lo tanto, el más complejo y difícil de encasillar, ha sido durante estos cuatro años el generador permanente de crítica, enfrentamiento y movilización popular contra el intento de restauración oligárquica, imperialista y financiera que llevó adelante el macrismo. De alguna manera, el resultado de las PASO argentinas, que pegó de lleno en la soberbia y el blindaje del gobierno de Macri, modificó la atmósfera política de Suramérica. El pueblo argentino sintió que había derrotado simbólicamente al gobierno de los CEOs, el FMI y la dictadura mediática. Se hizo evidente que la política de unidad del peronismo y la decisión de Cristina de ofrecer la candidatura a Alberto Fernández habían generado una nueva relación de fuerzas, favorecida, obviamente, por la profunda crisis y retroceso producidos por la pandilla saqueadora en el gobierno. Como en un efecto dominó, todo el andamiaje del neoliberalismo instalado en el continente en los últimos años comenzó a crujir.

Perú y la irrepresentatividad política

Perú, primero, se enfrentó a una fuerte crisis de representación política, en la que un vicepresidente convertido en presidente -resultado del juicio político por corrupción llevado adelante contra el presidente electo- se enfrentó al Parlamento, hegemonizado por el partido del expresidente Fujimori y su hija, también presa por corrupción. El cierre del Congreso por el presidente Vizcarra puso provisorio fin al conflicto. Pero detrás de la naturaleza político institucional del enfrentamiento, lo que subyace es, también, la política económica del neoliberalismo que condena al país a un destino agro-, minero- y pesquero-exportador, es decir a un productor de materias primas y acumulación financiera que lo priva de futuro y lo deja en manos de exportadores y bancos.

La traición de Lenin

De inmediato estalló la marmicoc generada en Ecuador con el pase del ex vicepresidente de Rafael Correa, elegido como su sucesor, al campo del neoliberalismo y de las tradicionales roscas oligárquicas regionales. El único país dolarizado de Suramérica, que durante 10 años intentó la creación de un estado nacional por encima e independiente de la transacción entre esas oligarquías regionales, que depende absoluta y casi exclusivamente de su producción petrolera, sin, obviamente, poder determinar su política monetaria, volvía a caer en manos de esa misma rosca, con el agregado de la tecnocracia “modernizadora” liberal de izquierda y las ong’s yanquis y europeas. La aplicación de una de las primeras medidas del libreto del FMI, la quita de los subsidios sobre el combustible, encendió la mecha y el Ecuador del presidente Lenin Moreno, notorio hijo de padres izquierdistas y de conducta inversa a su homónimo, estalló en un levantamiento cívico, con la participación activa de las comunidades indígenas. Estas últimas le pusieron a la rebelión un matiz especial, ya que, desde los distintos lugares que habitan, en general en zonas no urbanas, se lanzaron a las rutas de todo el país para converger en Quito y las principales ciudades. El libreto del FMI y las políticas neoliberales del capital financiero habían provocado el estallido del país desde donde Atahualpa resistió a su hermano Huáscar. El conflicto puso al presidente al borde de la renuncia, aunque, a último momento, las negociaciones con la dirigencia indígena, expresada en la CONAIE, le dieron una vida más a Moreno, quien aceptó derogar la quita del subsidio a los combustibles. Quedan por delante la reforma laboral y la reforma impositiva, los otros dos puntos de la receta del Fondo. Si bien, el presidente Lenin Moreno se ha lanzado a una cacería sobre el correísmo y sus dirigentes, con el argumento del terrorismo, la situación sigue siendo muy lábil y el acuerdo logrado con la dirigencia indígena camina sobre el filo de la ruptura.

Hasta que Chile se hartó

Y, todavía en curso, Chile, el ejemplo arquetípico del neoliberalismo en la región y en el mundo, el país sin sindicatos ni derechos laborales, el paraíso del emprendedorismo, voló por los aires. Un aumento del boleto del subterráneo provocó la más importante, masiva y firme rebelión popular vivida por ese país desde los tiempos de Salvador Allende. Por un lado, se abrieron las compuertas que estuvieron cerradas durante 46 años en Chile. El neoliberalismo, el bipartidismo neoliberal y la falsa alternancia acumularon explosivas contradicciones en el seno de la sociedad chilena. Y da toda la impresión de que el pueblo, sin una conducción política clara, se dio mecanismos, a lo largo de esos años, de resistencia y sobrevivencia que, de pronto, se pusieron en acción. Por otro lado, Chile es uno de los ejemplos más claros en nuestro continente de una dictadura de clase. Y la dictadura acudió a la más brutal represión, de un grado que en la Argentina es desconocido. Chile es una sociedad muy estamental, muy clasista, donde no rige el principio de igualdad que caracteriza, pese a todo, a la sociedad argentina, gracias al peronismo. Vivir en Chile es desagradable para un argentino. El nivel de clasismo, de invisibilidad de los pobres que tiene ese país es desconocido para nosotros. Pero lo que llama la atención es que, con todo ese despliegue represivo, la rebeldía popular no se acalló. O hay un feroz baño de sangre, similar a las jornadas del 73, o se produce una modificación muy importante en la relación de fuerzas en Chile. Mientras monigotes reaccionarios como Patricia Bullrich y Miguel Angel Pichetto, este último en su papel de candidato a Bolsonaro llegado el caso, hablaban por los medios sobre conspiraciones venezolanas y cubanas, sobre un plan del comunismo internacional y antigüedades por el estilo tomadas del mercado vintage de la CIA, el presidente Piñera, mendazmente, pero obligado por la contundencia de la insubordinación popular, salió a pedir “perdón” y proponer, 46 años tarde, algunos paños fríos sobre la brutalidad deshumanizadora de la política económica de von Misses, von Hayek, Milton Friedman y la voraz burguesía comercial y financiera chilena.

Y Argentina tiene elecciones

En este maravilloso contexto de alzamientos populares, de rebeldía contra el destino de ilotas, de ciudadanos de segunda clase, de humanoides periféricos y carentes de educación, salud, trabajo y vivienda, se darán las elecciones más importantes de este largo período democrático y constitucional argentino. Nuestro pueblo tendrá este domingo la posibilidad de asestar una gran victoria táctica, que puede convertirse en estratégica, al enemigo histórico de nuestra patria: la complicidad entre el sistema agro- y extractivo-exportador, el capital financiero apátrida y el interés imperialista en la región. Si la mayoría electoral que obtenga el Frente de TOD💥S logra convertirse en el transcurso de la acción del nuevo gobierno en un instrumento social de transformación hacia un país industrial, autárquico e integrador del conjunto de la Patria Grande, estos cuatro miserables años quedarán en el olvido con el infame baldón del Cuatrienio Negro. El ominoso fantasma del neoliberalismo y su secuela de hambre, empobrecimiento, envilecimiento y marginalidad habrá sido espantado para siempre de la patria de San Martín, de Artigas y de Bolívar.

Buenos Aires, 23 de octubre de 2019

 

(*) Político, historiador, escritor, periodista, guionista y realizador cinematográfico. Miembro del instituto Independencia.

Mandato histórico: integrar al conjunto de la Patria Grande

Fascinación por los propios globos

La caída de los espejitos y la nueva mayoría. Por Marcelo Cabeza

La caída

Es un tiempo de ascenso y caída, envuelto en una burbuja en plena desintegración. ¿Ya estalló, y se esparcen las consecuencias en modo lento y progresivo, o aún falta lo peor? Son horas angustiosas, de reclamar el derecho humano básico a la alimentación. Tiempo de caída, la de una nueva versión recargada de neoliberalismo, que no ha dejado en los hechos más que un puñado de operadores económicos favorecidos y tierra arrasada. Otra incógnita develada: el Círculo Rojo al que se referían no era tan grande, sino reducto de pocos, apenas unos cuantos amigos del presidente, sean personas o sectores como la Sociedad Rural y las exportadoras de granos, mineras, energéticas, multimedios oligopólicos, el sistema especulador financiero local y trasnacional. Sólo ellos se favorecieron pero ya llegó a su fin ese festín de negocios cautivos garantizados por un poder político que parecía eternizarse y ahora está disuelto. Mercados cautivos. Pueblo cautivo. Eso, que no existe más, es lo que provocó la mueca desencajada en un presidente fuera de control. Tierra arrasada no es un eufemismo, es la realidad que deja la Alianza Cambiemos. Mayorías empobrecidas, miseria, indigencia. Patrimonios destrozados que antes generaban trabajo. Sueldos y jubilaciones de hambre, desocupación, desánimo, bronca contenida. Espejitos. Finalmente se supo: los globos amarillos eran la falsedad misma. Cada medida tomada desde el 10 de diciembre de 2015 ha sido un globo, a veces de ensayo -"si pasa, pasa"- y casi siempre una puesta en escena, un dibujo imaginario cuyo contenido es aire en el mejor de los casos, ya que no fueron buenos vientos sino malos aires venenosos, los esparcidos desde aquel primitivo Pro, un partido capitalino que se extendió por todo el país hasta que las urnas dijeron basta. No es poco salir del engaño neoliberal. Aunque nos cueste aceptarlo, falta mucho para que grandes masas de ciudadanos dejen de creer en los nuevos espejitos de colores, que se han ido sucediendo con distintos nombres, pero con una constante: el neoliberalismo de "libre mercado" siempre termina en la deuda externa como recurso. Un mecanismo de deuda y fuga que sirve, durante un tiempo, para cubrir las fechorías de quienes ocupan el estado en nombre de intereses financieros parásitos a los que favorecen. La versión capitalista actual devenida improductiva, produce multiplicación de riqueza para unos pocos que no producen nada, círculo vicioso que no "derrama", empobrece a las clases medias y empuja cada vez a más compatriotas a niveles mínimos de subsistencia. El ascenso y la caja vacía Al mismo tiempo, el pueblo con su voto acompaña unas buenas decisiones de la oposición, como la de consolidar una Unidad amplia que permitió generar una nueva mayoría en ascenso, articuladora de la esperanza de volver a tiempos más felices. El frente multifascético y multisectorial de TOD💥S armado para triunfar en las urnas y remontar la crisis, deberá encarar la reconstrucción empezando por el hambre que no espera. Mientras, la fuga de capitales continúa, bajo el pretexto de mantener a raya el dólar. Escalera cambiaria en la que sube la divisa y baja la condición de vida de millones que caen día a día en la pobreza o la indigencia. El gobierno intentó infructuosamente presionar a Alberto Fernández para que aceptase cierta corresponsabilidad de gobierno. Cualquier ruido en la economía se debería a algún factor generado en la oposición. Pero el frente de TOD💥S ha acumulado saberes suficientes como para no dejarse envolver y sienta posiciones claras y contundentes. Es el gobierno el responsable y la oposición cumple su rol que no es destruir nada sino señalar las políticas que dañan a la Argentina y a lxs argentinxs, y proponer otro modelo. Aun con el Central sin reservas, una nueva mayoría con centro en la economía real y las personas de carne y hueso que aprendieron en el sufrimiento a decir basta, mientras se atiende a las necesidades de los excluidos desde municipios, provincias, y organizaciones sociales, se impondrá en las elecciones de octubre y asumirá la emergencia para iniciar una nueva etapa del proyecto nacional.

CUANDO EL BOSQUE SE TE VIENE ENCIMA. Por Sergio A. Rossi

 “¡Extínguete, extínguete, fugaz antorcha! ¡La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y agita una hora sobre la escena, y después no se le oye más; un cuento narrado por un idiota con gran aparato, y que nada significa!”

Seguramente Shakespeare escribió esas palabras sin pensar en Macri ni en Bolsonaro, pero allí están, al cierre de la tragedia de Macbeth. En las últimas semanas los incendios en el Amazonas han disparado alarmas en todo el mundo. Son alarmas fundadas, por cierto, sobre un tema que lleva décadas de discusiones, a veces estridentes y otras fuera del foco de atención. En medio del clima de alarma muchas veces se entremezclan los roles y se confunden voces y silencios. No falta quien hasta ayer menospreciaba el cambio climático y hoy clama al cielo por soluciones categóricas, ni quien descubre ahora lo evidente y grita como nadie lo callado hasta la víspera. Entre medio de la alarma por el daño ambiental se deslizan discusiones geopolíticas y pugnas entre potencias extra regionales. Esas pugnas no se originan sólo en el cuidado ambiental, y quizás no tengan allí su principal motor. Lo que sí está claro es que desde hace décadas las grandes potencias ponen en duda la capacidad y la responsabilidad de los países suramericanos, y principalmente Brasil, de cuidar la selva amazónica, gran pulmón del planeta. Último gran pulmón del planeta, sería más preciso decir, aclarando que aquellos cuestionamientos no siempre gozan de credibilidad, por cuanto provienen de las mismas potencias que no sólo no cuidaron sus propios recursos y ambientes, sino que han promovido un extractivismo desmesurado que degrada áreas enteras del planeta. Cierto ambientalismo imperial promueve la internacionalización de vastas regiones, alegando esa debilidad de los estados soberanos, y postula la existencia de bienes públicos globales, quizás para establecer zonas ambientales reservadas para la exclusiva ambición del capital trasnacional. Todos sabemos que Avengers: Infinity War, la película de Disney, no es más que un sano entretenimiento de superhéroes Marvel; pero Thanos, el más malo de los malos, justifica sus planes de exterminio poblacional afirmando que es necesario preservar ambientes planetarios para salvar un universo amenazado por la superpoblación. Tras la caída del Muro de Berlín, la cooperación ante emergencias y catástrofes ha sido una de las políticas estadounidenses de softpower, una de las líneas de sustitución de la doctrina de la seguridad nacional, para influenciar sobre las FFAA latinoamericanas. El modelo exportable de la FEMA (su agencia estatal para emergencias) mostró debilidades cuando las inundaciones de Nueva Orleans, y rasgos injerencistas cuando desembarcaron en Haití, unilateralmente, tras el terremoto. Seguramente todo esto estuvo en consideración cuando se analizó en el seno del Consejo de Defensa de UNASUR el objetivo de establecer un sistema de cooperación entre sus miembros para intervenir ante catástrofes y emergencias. Había un objetivo humanitario, y al mismo tiempo de afirmación soberana. En agosto de 2013 se hizo en Manaos el Seminario Suramericano de monitoreo de áreas especiales. El encuentro fue un hito más en la dinámica del Consejo de Defensa de UNASUR, con la participación y el trabajo integrado de militares y funcionarios de defensa de Venezuela y Colombia, Perú y Ecuador, Bolivia y Chile, Brasil y Argentina, Uruguay, Surinam y Paraguay. El Ministerio de Defensa de Brasil organizó aquel encuentro en la sede del CENSIPAM, Centro de protección del Amazonas. Su exposición giró en torno al funcionamiento de aquel organismo, y explicaron el trabajo integrado de las Fuerzas Armadas en el estudio y monitoreo de clima y régimen hídrico, su tarea de procesamiento e interpretación de imágenes aéreas y satelitales, y su accionar de inteligencia contra ilícitos que afectan a la región: minería ilegal, deforestación, contrabando, ocupaciones de tierras indias, narcotráfico. Brasil trabajaba, buscaba presentarse y se posicionaba como país líder en la protección de la Amazonia y la prevención del calentamiento global. Durante las presidencias de Lula y Dilma se crearon nuevas áreas de conservación y lograron los niveles más bajos de deforestación de que se tuviera registro. El fortalecimiento de la presencia estatal, de sus capacidades militares y de la investigación científica en la Amazonia, se planteaba en cooperación con el resto de los países de la UNASUR en el marco de lo que Celso Amorim llamaba política de defensa regional disuasiva y cooperativa. El cuidado ambiental y el ejercicio de la soberanía nacional iban de la mano. Además del cuidado de la biósfera había una clara política de mostrarse como un estado capaz de cuidar su propio territorio, Bolsonaro, que junto con Macri ha promovido la destrucción de la UNASUR y el alineamiento bobo con los EEUU, está en llamas por la cuestión ambiental, pero también amenaza hacer humo la soberanía de Brasil, arrastrando con su ruinosa política a toda la región. Las bravuconadas patrioteras y autoritarias son máscara y contracara de la resignación nacional y la balcanización suramericana. Macbeth, traicionero general del católico Duncan, Rey de Escocia, hace un pacto endemoniado con unas brujas –herejes- que le auguran éxito a su ambición, pero le advierten: “¡No temas a nada hasta que el bosque de Birnam venga a Dussinane!”, y que sólo podría ser derrotado por “alguien que no haya nacido de mujer” (lo que en aquel siglo XVII no buscaba introducir discusiones de género ni dilemas bioéticos). Macduff, que había sido sacado del vientre de su madre ya muerta, avanza con su ejército contra el castillo de Macbeth, y al pasar por el bosque de Birnam corta cada soldado una rama para camuflarse, y la visión del bosque talado agobia a Macbeth, que cae castigado como el traidor pérfido que fue. Un buen gesto del presidente Macri ha sido ofrecer colaboración ante los incendios forestales. Contrasta un poco con lo que ha hecho fronteras adentro, las ausencias de su ministro de Ambiente, su irrelevancia grotesca y las invitaciones a rezar ante las catástrofes. Apenas asumió, trasladó las competencias de intervención ante emergencias a la órbita del Ministerio de Seguridad. El 28 de diciembre de 2015, Día de los Santos Inocentes, anunció que la coordinación del SIFEM (Sistema Federal de Emergencias) pasaría del Jefe de Gabinete también a la Ministra Bullrich. En paralelo a sus anuncios Macri ha desfinanciado -como no se recuerda- al Servicio de Hidrografía Naval, al Instituto Geográfico Nacional y al Servicio Meteorológico Nacional, esenciales para conocer, relevar y monitorear el territorio. Trasladó desatinadamente a Seguridad la responsabilidad en Emergencias, con desmedro de competencias, recursos y capacidades de las Fuerzas Armadas. Como refutación a su propia decisión, como para mostrar que sería mejor que estuviera en la órbita de Defensa, tuvo que poner al frente de la Secretaría a un militar retirado, hombre con preparación y prestigio. Las fuerzas policiales no están diseñadas, equipadas ni entrenadas para ese escalón de intervenciones, por lo que el sistema sigue descansando en los recursos humanos y medios militares, que tienen equipos, probada preparación y larga intervención en catástrofes y emergencias. La medida de Macri parece haber sido una más de las orientadas al vaciamiento de competencias de las Fuerzas Armadas, de goteo de recursos hacia el Ministerio de Seguridad, para alinearse de ese modo con los dictados norteamericanos de las nuevas amenazas, eludiendo un debate con la sociedad y actores sectoriales, políticos y académicos, que torciera los acuerdos que dieron sostén a las leyes de defensa, seguridad e inteligencia. Así como entre los ambientalistas hay algunos disfrazados que buscan diferir la depredación reservándose la exclusividad a futuro, así entre los deforestadores los hay que se visten de gente preocupada por solucionar el problema del hambre en el mundo. Sumar tierras a la producción y expandir la frontera agropecuaria, incendiar para ahorrarse trabajo de tala, quemar para que la ceniza fertilice y la cosecha venga con más fuerza, son consignas que recogen y entremezclan saberes de subsistencia que vienen del neolítico, tecnologías y modos de producción superados, con la nueva pugna del agronegocio que busca hacer en América lo que no se permite en Europa. La deforestación suramericana no busca resolver el hambre ni la desigualdad de los suramericanos, sino abrir más, en favor de multinacionales de comercialización de commodities, una nueva sangría de recursos naturales, como agua dulce, suelo y biodiversidad. Nuestro país conoció experiencias de otorgar tierras en la Patagonia imponiendo la necesidad de terminar con el monte para que vinieran pasturas para fomento de la ganadería, lo que terminó en degradar árboles primero y pastos después. Hoy vemos todavía, en algunos parques nacionales, viejos troncos de lenga tiznados junto a renovales que, cien años después, no han podido alcanzar el porte del bosque quemado. En la llanura chaqueña son conocidas las consecuencias del extractivismo maderero y la tala posterior del bosque degradado, con ciclos de sequía y de inundaciones. La quema de pastos en las islas del Paraná para hacer lugar a la ganadería, también ha sido consecuencia de la puja por tierras para soja, con su carga de agroquímicos asociada. No está claro que sea productivamente sostenible, y sí está claro el impacto ambiental. Salud y hábitat, seguridad y soberanía alimentarias, se entrelazan con nuestra política exterior y de defensa. Como ha dicho el poeta, no hay destino para los que no andan unidos, ni se pueden resolver aspiraciones sectoriales sin estrategias comunes y nacionales.El diálogo entre las brujas perseguidas, en el comienzo de la tragedia de Macbeth, también se podría leer en clave de unidad y de regreso:

“¿Cuándo volveremos a encontrarnos las tres en el trueno, los relámpagos o la lluvia? Cuando finalice el estruendo, cuando la batalla esté ganada y perdida. Eso será antes de ponerse el sol.”

 

(*)   Sergio Rossi es ingeniero agrimensor,  fue Director de Inmuebles e Infraestructura y luego Jefe de Gabinete de Asesores en el Ministerio de Defensa y Secretario de Extensión de la UNDEF (Universidad de la Defensa). Actualmente participa de la Comisión de Defensa de los Equipos del Frente de TOD💥S

Las cortas patas de la mentira. Por Alejandro Ippolito

 

La creencia popular asegura desde siempre que la mentira es una especie que completa trayectos cortos, que no prospera en el tiempo, que no alcanza a recorrer trayectos demasiado considerables sin ser desbaratada. Se dice también que se puede engañar a pocos mucho tiempo o a muchos poco tiempo pero no se puede engañar todos todo el tiempo. Ambas consideraciones pueden ser observadas y corregidas, discutidas en alguna mesa de café sin mayores aspiraciones, pero sí es necesario advertir que aunque la mentira tenga patas cortas las patadas que pega son formidables y con un poder de daño muy alto. Y que se puede engañar a pocos o a muchos, no importa por cuanto tiempo, pero debemos reconocer que ese engaño nos puede reducir a escombros y comprometer seriamente el futuro de un país entero. Tampoco me sirve demasiado en este momento que me prometan que no hay mal que dure cien años, primero porque con que dure noventa y nueve ya estamos hablando de mucho más que una vida promedio y segundo porque uno de los males más lamentables de nuestro país ha durado bastante más que cien años y es el rotundo desprecio de clase de un sector minoritario que, curiosamente ha hecho metástasis en otros sectores por una cuestión aspiracional y que para simplificar cualquier justificación hemos denominado “grieta”. La consecuencia de la prodigiosa y perversa tarea de los medios, en asociación con personajes oscuros de la política y la Justicia, han derivado en un fenómeno incomprensible en lo inmediato que es el del “obrero antipopular”. La retórica mediática en manos de mercenarios del poder económico ha parido una especie híbrida, funcional a los sectores que han de aniquilarla. Es una rata de laboratorio que se presta al experimento con entusiasmo y responde con fervor a todos los requerimientos de sus torturadores. Para lograr la voluntaria estupidez, la militancia del absurdo y una severa adicción a la mentira, los medios hegemónicos de comunicación no tuvieron más que proponer la extinción del debate político, la anulación de la figura del héroe y del pensador, la diatriba permanente a los derechos humanos y la permanente estigmatización del pobre y el postergado. Para lograr el ambicioso objetivo de hacer que la gente pondere los intereses de sus amos antes que los propios y que procure el triunfo de quienes les mienten en pleno rostro, fue necesario un convenio entre poderes, un trabajo conjunto persistente y efectivo. Es posible que muchos hogares no tengan agua potable o cloacas, o que carezcan de heladera. También resulta común observar al ausencia de revoque, de pisos que no sean de tierra y de sanitarios. En una casa pueden faltar diferentes aparatos y comodidades pero es muy difícil observar que no haya un televisor, una pantalla incrustada en algún sector de la casa, por precaria que sea. Y frente a ese omnipresente adminículo, como ante un altar hogareño desde donde surgen todas las respuestas, nos arrodillamos a recibir la comunión de las noticias, la diversión, el asombro y la justicia. La mentira no se instala solo gracias a la astucia del mentiroso, esa mala hierba prospera en la subjetividad de las masas porque previamente el terreno ha sido profusamente abonado, trabajado sin descanso y regado por goteo. Los mentirosos que nos ocupan en este caso, no siembran sobre el cemento, lo hacen sobre los surcos profundos que han provocado la ignorancia y el odio, un terreno fértil para cosechar a diario la pobreza, la exclusión y el desprecio por el otro. Ahora, en estos últimos meses y sobre todo después de la contundente derrota electoral en las PASO que sufrió el gobierno de Cambiemos, parece ser que todas las mentiras han quedado expuestas provocando el asombro de quienes deberían haberse enterado hace mucho tiempo por las muestras más que evidentes del accionar recurrente de los perversos y sus lacayos mediáticos y judiciales. El fingido asombro de algunos periodistas, por ejemplo, resulta repugnante, tanto como su servil tarea más que evidente por sostener todo un circo de falsedades y de engaños que se ha derrumbado sobre ellos sin remedio. La mentira tiene patas cortas y las ratas también y por eso cuando huyen se las escucha resonar en las cañerías y los desagües. Muchos periodistas que han sido funcionales a las operaciones comunicacionales que propiciaron el desastre en el que nos han sumido, aparecen ahora con expresión perpleja, ante los contundentes resultados de las recientes elecciones, no han podido evadir la proyección de ese castigo en sus propias figuras y apelar a la estupidez que suponen inagotable y actuar su papel de niños engañados frente a los espectadores. El caso de Luis Majul nos sirve de ejemplo por la magnitud de su miseria. Si hablamos de roedores despreciables, el caso de Majul resulta paradigmático. Aquel que en algún momento comparó a Mauricio Macri con Nelson Mandela y que se cansó de propagar noticias falsas tendientes a perjudicar a la oposición y eternizar a Cambiemos en el poder, ahora con expresión de hámster arrepentido, jura que no llegó a dimensionar el daño que el gobierno le había provocado a la población. Este sujeto abyecto, prepotente y altanero, operador de Cambiemos en los medios y con intereses económicos comprobables en ese proyecto destructivo con maquillaje cirquero, ha incursionado en prácticas que nada tienen en común con el periodismo y que mucho más se asemejan a las piruetas de un bufón de palacio que busca ganarse el favor de su monarca. El síndrome Majul se observa en muchos medios, después de las elecciones que demostraron un repudio nacional y un hartazgo masivo en contra del gobierno. Muchos son los operadores autodenominados periodistas que salieron a tratar de ponerse a salvo de las esquirlas de la explosión de las urnas. Entre ellos Nelson Castro, quien no escatimó recursos a la hora de agredir a Cristina Kirchner como un obediente obrero del poder encabezado por Magnetto. El programa de Luis Majul se llama la cornisa, y es lógico que una rata se sienta cómoda en esos pasillos estrechos y peligrosos. La cornisa es también el sendero que nos hizo transitar este gobierno en todos estos años de miseria y endeudamiento, represión, muerte y empobrecimiento. Es posible que la mentira tenga las patas cortas, pero de todas formas resulta difícil de detener cuando se echa a correr y sin mayores obstáculos. Pero finalmente se ha impuesto la realidad sobre el engaño, asombrando a propios y extraños por la magnitud de la respuesta popular y la diferencia irrecuperable lograda en las urnas. Ahora solo nos queda – como si fuera poco y simple – arribar a la próxima estación es octubre para acceder, finalmente, en diciembre al lugar que jamás debimos abandonar. “Si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente” dice León Gieco en su emblemática canción ‘Solo le pido a Dios’. Espero que la misma regla se aplique a los mentirosos, que con sus patas breves recorrieron mucho más camino del esperado en este capítulo negro de nuestra historia.

 

(El grito de la hormiga, 18 de Agosto de 2019)

LA VICTORIA EXPRESADA POR LA VOLUNTAD POPULAR, SIGNIFICA MAYOR ORGANIZACIÓN Y COMPROMISO. Jorge Rachid

Cada vez que el pueblo, le pone un punto de inflexión a la historia, la lógica de la euforia y la alegría, se acompaña con las preocupaciones lógicas de tener que asumir las responsabilidades, que determinan, reconstruir la Patria avasallada. Es en ese sentido, que la vivencia de la batalla lograda, es un paso necesario, pero aún insuficiente para lograr consolidar las mayorías necesarias. Es que el compromiso de fortalecer la organización popular que respalde los acontecimientos por venir, con el la fortaleza que el pueblo demostró en resistir los embates del neoliberalismo, que llevaron a la diáspora y el dolor social, es necesario e imprescindible. Es notable como la conciencia nacional anida en los interticios del conjunto del pueblo, aunque a veces retrocede ante los avances de un enemigo que desde el exterior y con complicidades internas, intenta someter a la sumisión nacional, al conjunto de los valores que dan identidad y soberanía a nuestra Patria. Pero también es cierto que el relajamiento que ofrece una victoria estratégica, pero circunstancial, puede ser aprovechada por aquellos sectores hegemónicos, que han invertido esfuerzos culturales, económicos y hasta militares en intentar colonizar un continente, dentro del cual está nuestro país. La voz del pueblo expresada, con la contundencia de un grito estentóreo de Patria, necesita fortalecer esa expresión en un marco de previsibilidad, que le devuelva la normalidad de una vida alterada, por la lógica macro económica, que desprecia al hombre y la mujer argentinos, marginados y excluidos en nombre de una supuesta modernidad del Mercado. Un país que contiene la capacidad de poder vivir con sus propios recursos, en alimentación, en energía, en capacidades humanas, con educación y salud contenidas en una concepción social humanista, que desde hace 70 años constituye la cédula de identidad del pueblo, en un Modelo Social Solidario y Productivo, con Investigación y Desarrollo, acompañado por ahorro interno genuino, que fortalece la Soberanía Nacional, es una derrota a los planes colonizadores neoliberales. Por esa razón han necesitado perseguir a los líderes populares, encarcelarlos, humillarlos y denigrarlos, con el fin de instalar la idea del “único camino”, despreciando las construcciones solidarias, que constituyen el fundamento del Movimiento nacional y Popular en la Argentina. Ampliar derechos es delito para el enemigo de la Nación, crear trabajo y desarrollar tecnologías de punta, es lo que quiere evitar el Imperio, para lo cual creó a nivel internacional, pero en especial latinoamericano, el trípode de la dominación: los medios hegemónicos, la Justicia cómplice y los fondos de inversión supranacionales, que vaciaron y endeudaron el país, en su afán de afianzar el perfil agro exportador, que constituye acumulación de riquezas, fugas de divisas y exclusión social brutal e inhumana, funcional a sus fines estratégicos de colonización y apropiación de los recursos naturales. En ese camino, han sufrido una enorme derrota en una batalla electoral, pero no se rendirán en sus objetivos, como no lo hará el pueblo argentino en su afán de reconstruir la Patria, preparándose para ello y para la contraofensiva que lanzarán, sin dudas, aquellos sectores que derrotados, no rendirán su plaza sin luchar. De ahí la fortaleza del pueblo se construye desde la organización, el compromiso militante, sin sectarismos, abriendo los brazos a quienes aún están confundidos, fortaleciendo la planificación que dé respuestas al hambre de millones de argentinos, vuelva los niños a las escuelas comidos, reparar los mayores agredidos y creando trabajo, ejes de la verdadera revolución peronista, desde el minuto uno del gobierno nacional y popular. Jorge Rachid

PRIMERO LA PATRIA

CABA, 12 de agosto de 2019

Desafío 2019: acompañar los cambios del sujeto político.

LA BATALLA CULTURAL. El desafío de la reinterpretación. Por Marcelo Chino Barbieri

La estafa que vivimos en Argentina fue adelantada por varios hombres del Campo Nacional y Popular y en mí caso particular en la última salida de la Revista Transformarg, febrero de 2016. Las elecciones 2019 ponen blanco sobre negro y desnudan quién es quién en la política vernácula. Asumo no decir “Política Argentina” porque para la mayoría de los miembros de la corporación política local, Argentina no es el Sujeto Político sino el Objeto; para mejor decir, el objetivo a saquear. Este síndrome se ha repetido desde la derecha extranjerizante representando al Poder Real de manera directa acompañados por los consabidos “Peronistas Racionales”, tan ortodoxos y puristas que para no traicionar las Veinte Verdades por una “montonera hereje” votaron a Macri como verdaderos Hansenistas. Estuvo claro que tal cual sabíamos antes de 2015 Macri, era y es el enemigo del Pueblo a vencer. Once años encabezó el primer magistrado la campaña anti k mintiendo sin ruborizarse protegido por las corporaciones mediáticas. En 2008 Macri lanzó la más osada mentira: “Nosotros los peronistas no dejamos que la sangre llegue al río” dijo el hijo de Franco durante el look out patronal que los Agroexportadores sostuvieron contra el Gobierno Nacional y Popular recientemente electo entonces. Con el apoyo de los grandes medios nacionales, el “establishment anarco financiero internacional” lucró con el hambre de los argentinos en coalición con los encubridores de los atentados AMIA y Embajada de Israel, Donald Trump, un sector de la City Londinense (donde descansa el Oro del Banco Central Argentino), Cambrige Analítica (que realizó “campaña sucia contra el Kirchnersimo en las redes sociales), la Justicia de Griesa y la Injusticia Local. Hoy tenemos claro que el objetivo no era solo liquidar a mitad de precio los salarios de los trabajadores y acabar el “fifty fifty” del PBI y la industria sino también dar la batalla cultural para poder afirmarse en el tiempo con un proyecto de minorías selectas. Aparentando ser los “terapeutas” de sus propias medidas económicas, tortura infringida a los trabajadores, empresarios y emprendedores como a los opositores políticos más emblemáticos, enfermó a la sociedad con su discurso psicópata altamente tóxico. Fue así como los grupos multimedia más importantes daban “recetas” irrespetuosas para mitigar la incapacidad de compra de alimentos otrora adquiribles por la clase trabajadora. El “discurso psicópata” de Macri proviene de su propio escaso saber y entender, no es una invención de Durán Barba como muchos políticos han creído. El Goebels amarillo no parece ser el cerebro de un discurso despersonalizador, hiriente, agresivo, proyectivo y desalentador. En mi modesta opinión, el hombre entrado en años y kilos, de “Carmela renegrida” visiblemente económica en precio y gusto, no es más que el coaching de las mentiras cotidianas de cabotaje. Si uno atiende la dialéctica de los “caceroleros argentinos anti k, los brasileños anti Lula & Dilma, los detractores de AMLO en México, los Cubanos anti castristas o los venezolanos residentes en Buenos Aires, notará la exacta similitud discursiva; Odio, Anticorrupción, Mano Dura. Barba no es exactamente un peregrino continental ni el Departamento de Estado Norteamericano un convento de monjas de clausura como tampoco los son sus embajadas. Mucho menos la CNN. La repetición de conceptos vacíos y frases abstractas como factor común en los sectores derechizados de los pueblos de la Patria Grande, aún en los estratos sociales más bajos del Pueblo Trabajador, es algo perfectamente estudiado de único criterio y diseminado como un virus fatal. El odio como enlace universal de las almas molestas con su propia imperfección no hace más que alimentar otros odios, el de las almas cercanas, que enloquecen frenéticamente por contagio y se exime a sí mismo del análisis racionales. Se transforman así en “creyentes de lo que necesitan creer” . Una fórmula infalible. Realmente el discurso proyectivo hegemónico logró que los odiadores proyecten igualmente sus frustraciones personales y las depositen en migrantes, pobres, trabajadores, sindicalistas, políticos etc. Los imperios en nuestros días y; las derechas latinoamericanas, invierten mucho tiempo y dinero en estudiar al Ser Humano para poder esquilmarlo, manipularlo y hasta venderle el antídoto del veneno inoculado. Los sectores progresistas, presos de viejos conceptos, pretenden representar a un sujeto político que muchas veces desconocen. Encontramos entonces dos adversidades claras en el esquema de pensamiento: La visión eurocéntrica y la visión porteño centrista. Mientras tanto los feudos latinoamericanos gozan de buena salud conviviendo con Mineras, Pasteras o Empresas Hidroeléctricas Transnacionales de empresarios locales y extranjeros con poder de anonimato y patente de corso salvaje. Debemos volver a ejercer el gobierno y será menester ejercer el Poder que solo da el Poder; es decir, debemos ser progresivamente “poder”. Ya no alcanza con gobernar. El Pueblo debe ser empoderado pero el Estado también debe serlo de manera inteligente y llevando a cabo políticas representativas del Pueblo. Si las acciones políticas no son representativas, difícilmente lo sean sus resultados que aunque sean prodigiosos, no serán internalizados por la idiosincrasia de los ciudadanos. A veces, la correlación de fuerzas es tan dispar, que el ciudadano beneficiario de tal o cual política ni siquiera se entera que han pensado y legislado en su favor. La transformación es a través de la política, no hay duda; pero ésta debe ser concebida en el seno de la necesidad, como una obligación de la clase dirigente, siendo altamente representativa del Sujeto Político. Culturalmente debemos replantearnos el abordaje de un Sujeto Político diverso en evolución permanente. Habrá que crear un esquema comunicacional desde lo discursivo como así también desde los medios evitando la fragmentación. ¿Será momento de corporativizar los esfuerzos aislados como compartimientos estancos actuando denodadamente para cambiar la realidad? ¿Será tiempo en que varias cooperativas se nucleen en favor dealcanzar un poder transformador y superador de su propia realidad? Es tiempo de debatirlo con premura abandonando los pruritos ideológicos y renovando los ideales para entrar de lleno en la realidad doméstica interpretando de la mejor manera la realidad geopolítica. Para ello hay que ganar las elecciones disuadiendo y persuadiendo a ese sujeto político que deseamos representar y que no siempre estamos dispuestos a escuchar. Las condiciones están dadas, solo hay que seguir hasta el final.

CHINO BARBIERI

Paro y movilización, herramientas para cambiar la historia

Respuestas de la clase obrera: unidad, lucha y conciencia. Por Victorio Paulón

El gobierno de Macri decidió no esperar el resultado de las elecciones de octubre para ratificar el rumbo de su política: “Iremos en la misma dirección, pero más rápido” no es una promesa electoral sino una definición política de esta etapa. Los 47 trabajadores aeronáuticos que prestan servicios para Aerolíneas Argentinas en el aeropuerto de Carrasco en Montevideo quedarán en la calle a partir del mes de octubre. La decisión se conoce ahora y, aunque la legislación uruguaya los considera empleados dependientes de nuestra línea de bandera, el gobierno lo da a conocer en plena campaña electoral para aventar a competidores que lo corren por derecha por no haber “ajustado” lo suficiente. La solidaridad de los gremios aeronáuticos argentinos con la representación sindical uruguaya de los despedidos no se hizo esperar en el marco de una batalla que llevan adelante los pilotos nucleados en APLA y en UALA. Edgardo Llano, de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), afirmó: “Una vez más los trabajadores hemos sido atacados por el gobierno ante un reclamo de los compañeros pilotos, quienes para evitar perjuicios a los pasajeros simplemente están haciendo anuncios en los vuelos explicando la realidad que vivimos. Ante esto el gobierno salió a atacarnos junto a la Cámara empresaria cuando lo único que hacemos los trabajadores es defender los puestos de trabajo argentinos y la soberanía aérea ante la entrega que hace el ministro Guillermo Dietrich en los acuerdos. Si hacemos paro nos critican, si hacemos asambleas, peor. Nos agreden a través de los medios de comunicación que les hacen el juego. Por eso no nos callamos, nos solidarizamos con los pilotos y seguimos trabajando en unidad para poder cambiar la historia”. La lógica solidaria de los gremios aeronáuticos desvela a los estrategas oficialistas que procuran el aislamiento para la derrota.

El Smata cordobés firmó un acuerdo con la fábrica de camiones Iveco para evitar despidos hasta finales del 2020 y aceptó suspensiones rotativas del personal. Toyota anunció la suspensión de sus 5.000 trabajadores por bajas de la producción y las ventas. Según Infogremiales, “es el inicio de la reforma laboral de hecho. Los operarios cobrarán su salario sin rebaja mientras estén suspendidos y como contrapartida la gerencia creará el tan discutido banco de horas, por medio del cual recuperarán esas horas no trabajadas los días sábado una vez que se reactive el consumo. El banco de horas es una de las iniciativas más resistidas de todas las propuestas en el borrador de reforma laboral que el gobierno nacional hizo llegar al Senado en 2017. Ahora, de hecho, vuelve a instalarse como una realidad en el mercado de trabajo. Entre los empleados empieza a crecer el temor de despidos, especialmente en la franja de contratados.” La autopartista Clapp cerró sus puertas y va indemnizar a sus 40 empleados en la localidad de Brandsen. Este mal trago cotidiano no merece ningún comentario de parte del gobierno y tiene un tratamiento meteorológico en los medios hegemónicos de comunicación. 33.000 kioscos desaparecieron en la era de Macri. Si ello es informado como la nieve, el frío o la lluvia, el público lo escucha “como quien oye llover”. Esto explica el ataque cerril todo terreno del gobierno contra los sindicatos. No les alcanza con acuerdos de crisis que permitan “bancos de horas” si no pueden implementarlos en forma permanente en la legislación laboral. Y esa reforma la quieren concretar en el momento de mayor debilidad del mundo del trabajo. Con recesión, despidos y suspensiones, cuando todo es posible con tal de mantener el empleo.

Al que no le gusta, se jode

La contracara de esta política es la construcción de la unidad del movimiento obrero. La grieta no es una construcción mediática ni la explicación antiperonista de la derecha argentina del sentido de la historia. Es la lucha de clases en clave argentina. Para mal o para bien, el movimiento obrero encontró históricamente en el peronismo el espacio para reivindicar sus derechos y para impedir el aislamiento de sus luchas. Todo lo sólido se desvanece en el aire y este debate no es solo superestructural sino que se hace visible en la base de la pirámide sindical entre sectores de la izquierda más ortodoxa y el nuevo activismo obrero protagonista de esta etapa de resistencia. El viejo dilema del 45 está otra vez sobre la mesa; resta saber cuánto aprendió la izquierda política de aquella experiencia donde perdió la conducción del movimiento obrero. La democracia fue siempre el momento deseado para reivindicar derechos y conquistas. La de octubre no es una elección más. Significa la continuidad de esta política antisindical y antipopular o la recuperación de un proyecto de gobierno nacional y popular. El 2020 será un año de crisis con presencias populares que deberán ser el contrapeso de cualquier pacto social que no reconozca los derechos caídos en este último período de voracidad capitalista. La unidad del movimiento obrero será verdadera en tanto estos debates vayan haciendo síntesis y un nuevo contenido político acompañe la renovación de los viejos dirigentes. La izquierda tradicional deberá entender que la nueva clase trabajadora y sus referentes no deben ser cautivos partidarios sino potenciar su desarrollo para expresar el presente de luchas y resistencias.

Salteños en lucha

La huelga docente en Salta es un claro ejemplo de esto. Surgió como movimiento de protesta en los valles Calchaquíes y se extendió por fuera de cualquier organización y control a toda la provincia, con gran masividad y legitimidad dados los miserables salarios que el gobierno provincial paga a sus trabajadores. Tal fue el apoyo obtenido que la autoridad policial suspendió a 6 jefes que se solidarizaron con la medida de fuerza de los educadores a través de las redes sociales. Estos gestos extremos de policías alentando una huelga por mejores salarios solo son visibles cuando el amperímetro de la crisis señala la fase terminal. No hay dudas de que estamos a las puertas de una nueva etapa y que el voto de octubre, amén de democrático, se presenta como un hecho revolucionario. La Argentina no volverá a ser la misma cuando se vaya Mauricio Macri. El 7 de agosto cerca de 300.000 afiliados definen en las urnas el futuro de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), uno de los sindicatos más combativos y poderosos del país. Las 9.000 urnas componen un escenario complejo lleno de cuestionamientos. Desde la trinchera del Tanito Daniel Catalano (Lista Verde y Blanca) afirman que la pretensión es dejar de ser una minoría intensa como resulta bajo el actual jefe del gremio, Cachorro Hugo Godoy, quien acepta una representación en la paritaria establecida en 1998 que no refleja el crecimiento del sindicato. Pretenden un cuestionamiento frontal al ultraoficialista Andrés Rodríguez (UPCN) que “acepta la baja salarial y no acciona frente a los despidos a mansalva. De UPCN nada nos sorprende. Godoy y Víctor De Gennaro llevan gente que comparte listas con Cambiemos y nunca dijeron nada sobre los presos políticos en la Argentina”, afirma el adjunto porteño Manol” Sueiro. La mención directa es por la histórica dirigente de CTA Milagro Sala, responsable de la Secretaría de Pueblos Originarios de esa Central junto a Catalano.

La neoesclavitud

Rappi, Pedidos Ya, Glovo y otras plataformas se integraron al panorama laboral argentino desde los socavones de la conciencia, apenas basados en la necesidad. En el neoliberalismo se aplica el concepto de “precarización laboral” para nombrar a la neoesclavitud. Esto implica la sobreexplotación de la fuerza de trabajo sin ningún tipo de contraprestación, ya que ni siquiera tienen que comprar al esclavo. El neoesclavo tiene “libertad” en el mercado (luego de ser obligado a comprar sus propios medios de producción) y aunque su condición jurídica es la de ciudadano sujeto de derecho en el contexto de la democracia liberal, su situación concreta y material es la de ser un esclavo para poder sobrevivir y alimentar a su familia. Se multiplican las horas de trabajo y se ignoran sus derechos, que se transforman en letra muerta de la democracia formal y sus instituciones. Los capitalistas, con la complicidad del Estado liberal, retrotraen a la sociedad a los años de la Conquista; cuando se explotaba la fuerza de trabajo indígena hasta la muerte y donde la reproducción de los y las trabajadoras dependía de las relaciones de reciprocidad y ayuda mutua al interior de las comunidades.

De la politización a la conciencia política

Un fantasma recorre la política. Entre los jóvenes y las mujeres el debate alcanza umbrales desconocidos en otros países. La juventud trabajadora y estudiantil muestra repertorios de acción colectiva, lenguajes y pañuelos que se exportan al mundo. Se habla de política hasta en los programas mediáticos de evasión y entretenimiento. Ya no es posible fraccionar nuestro discurso entre lo político y lo sindical. Está claro a esta altura que el neoliberalismo tardío que ganó las elecciones de 2015 utiliza al país como si la cosa pública fuera de su propiedad , y está achicando la democracia a límites casi insoportables en todos los terrenos. Al cumplirse dos años de la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado en la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia de Cushamen, se convocó a protestas en todo el mundo. La persecución a los sindicatos y sus líderes se hace cotidiana, la quita de medicamentos a jubilados, la rebaja de salarios y prestaciones previsionales ofenden al democrático derecho de sobrevivir. Estamos llamados a ampliar los reclamos hacia el terreno político y no caer en la reivindicación sectorial. La despolitización, el inmediatismo y el economicismo, son expresiones del atraso en la conciencia, cuyos avances no son parejos con el extraordinario avance en la politización. Quien no acepte la conciliación de clases es sindicado como culpable de ahondar la simplificadora grieta que consagra el entusiasmo optimista, tan necesario para adormecer conciencias. La contradicción no es capitalismo versus socialismo sino aislamiento contra protagonismo político, en un momento histórico donde la unidad del campo popular puede determinar la agenda política de los próximos años. “Volver y luchar” significa ser parte de ese proceso popular para velar por los intereses de los trabajadores en una etapa superior. Raúl Alfonsín decía que con la democracia se come, se cura, se educa y tuvo gran aceptación. La ecuación actual es al revés. Si no comemos, si no nos educamos, si no nos curamos, no hay democracia real. Nadie considerará las afrentas de los “mercados” o el Fondo Monetario Internacional como ataques contra la democracia o las violaciones del bendito “pacto electoral”, que se rompe todo el tiempo cuando los que llegan al Gobierno hacen todo lo contrario de lo prometido. A la izquierda del arco político hay que enseñar que no sólo la lucha obrera contra los burócratas y el sistema capitalista es la salida, sino que el trabajador/ciudadano tiene cada vez menos derechos y salir de ahí requiere saltar la grieta, politizarla, darle un contenido de clase que nos encuentre en la primera fila de la batalla por las cuestiones democráticas. El poder real, aún en la democracia más perfecta, descansa en quien tenga el poder económico. Eso sí que lo aprendimos.

Silvio Gesell: El futuro que estábamos esperando. Por Carlos Louge

 

El Banco Central de la República Argentina informó reiteradas veces que se otorgará prioridad al financiamiento Pyme. No ocurre. A menos que haya reformas no ocurrirá. Las Pyme en Argentina representan en términos de PIB apenas el 10% de lo que constituyen su peso en Chile o Brasil, y el crédito bancario dirigido a ese sector alcanza un 7% al que con ese destino se fija en los países desarrollados y 15% en relación a nuestros países vecinos. Las Pymes dan explicación al 82% de la ocupación en la Argentina. Están abandonadas, al igual que el empleo. Además, también se destacó reiteradamente que, entre los objetivos de esta reglamentación, también se encuentra aumentar el peso de las PyMes y Mini Pymes con relación a su participación en el PIB, siendo que en Argentina sólo representa al 16% del PIB, mientras que en Chile es el 105%, en Brasil el 70%, Bolivia el 47%, Paraguay el 44% y Estados Unidos supera el 170%. La Argentina además sufre un sistema de 96 impuestos a las empresas. La media mundial es 10 veces menor. La presión impositiva impide el desarrollo de la actividad especialmente de las Pymes. La infraestructura no funciona: ARCOR indica que los costos en la Argentina son 70% más caros que en los países vecinos. La energía eléctrica también. Las regulaciones de comercio y exportación son excesivas. Para transportar mercadería desde capital a provincia o al interior hay 16 regulaciones. En la Alemania comunista había 4. Se estima –según distintas fuentes y cálculos- que entre el 50 y el 75% del ingreso de los argentinos es absorbido por el Estado en impuestos. Es la mayor marca mundial. En los últimos 60 años la Argentina sufrió una inflación de 1 seguido de 22 ceros. Récord mundial. Se estima que el crecimiento del PIB per cápita en la Argentina es 0% en los últimos 50 años. Se estima también que hay una fuga de capitales permanente y un cálculo mayor a un PIB entero de bienes y capitales de argentinos en el exterior. No hay apalancamiento financiero, crediticio, de sociedades de garantía recíproca, no hay mercado de capitales, ni Banco de Fomento. Los bancos prestan en un 90% para consumo. No hay multiplicador económico, ni bancario, ni crecimiento de los componentes nacionales de la producción de bienes, mayormente importados (lo que ahoga la balanza de pagos). La alternativa de la Solución necesaria la dio un argentino por adopción de alcance mundial: SILVIO GESELL. Si bien nacido en Bélgica -hoy Alemania- propuso un Sistema monetario llamado Moneda Complementaria que está en uso en Suiza y todos los países de Europa y varios sub-desarrollados que fomentan el empleo, la producción, la mayor recaudación y el desarrollo de los territorios y sus poblaciones, apalancadas en la Producción de Bienes y Servicios Locales que permitirán reactivar el país, neutralizar la pobreza y crear riqueza, empleo y aumento de la recaudación. La Solución está sobre la mesa: solo queda conocer nuestro pasado. La Argentina del futuro está allí escondida: SILVIO GESELL. Nos está esperando.

Carlos Fernando Louge

29/07/2019

La maestría de la historia. De Caseros al FMI. Jorge Rachid

LA MEMORIA HISTÓRICA APUNTALA Y ESTRUCTURA EL FUTURO DE LOS PUEBLOS.

Unitarios y federales, civilizados y bárbaros, porteños y provincianos, personalistas y antipersonalistas, peronistas y gorilas, así está escrita la historia en términos binarios, titulada pero no interpretada, ni mucho menos comprendida, ante el ocultamiento mitrista de la visión de los vencedores corruptores de Pavón. Los federales que siempre vencieron en los campos de batallas del siglo XlX, siempre fueron estafados, manipulados o corrompidos en las mesas de negociaciones de Pactos siempre incumplidos, por los dueños del poder económico. Ambas Cepedas como dice el Himno Nacional, Caseros y Pavón vieron caer las prepotencias oligárquicas en sangre derramada, pero erigidas nuevamente en la siempre generosa negociación integradora de los federales, para construir una Patria Grande. Artigas sufrió la manipulación de Alvear y Sarratea con Ramirez y López que firmaron San Nicolás después de la primer Cepeda, Urquiza dio la espalda al federalismo con el Pacto de San José frente a Mitre después de Caseros, incumplido en Pavón con una nueva traición del primer presidente de la Confederación. Fueron ahí los hermanos José y Rafael Hernández, Evaristo Carriego, Querencio y el mismo Alberdi quienes denunciaron y el Chacho quien derramó su sangre en manos del oriental Irrazabal, enviado a ser degollado por Sarmiento jefe de Policía y Mitre ya en el poder, dueño del diario La Nación, ejecutor de la matanza de Quinteros con 300 federales, degollados durmiendo. Hoy, el odio derramado por los enemigos de la Patria son los mismos que entonces, con otros métodos, pero con las mismas consecuencias de dolor social y muerte que en cada etapa de la vida nacional. La sangre siempre la misma, la de los pobres, postergados, humildes y desposeídos, que cargan sobre sus hombros la desolación de una riqueza argentina, saqueada por los dueños del poder, aliados en el siglo XlX al Imperio inglés, hasta la mitad del siglo XX y luego encadenados a los dictámenes y órdenes del Imperio emergente de la segunda guerra mundial: EEUU. No dudaron en cada una de las etapas de la vida política, de matar, bombardear, fusilar, encarcelar, perseguir, desaparecer, exiliar siempre en nombre de la “libertad, la democracia, las instituciones, la modernidad, la globalización , el libre comercio, la libre navegabilidad de los ríos interiores, de integrarnos al mundo”, entre otros enunciados tan grandilocuentes como vacíos a la hora de los intereses de los pueblos. Ese odio instalado permite generar el miedo, incertidumbres sobre el futuro propio y de los hijos, impide planificar, desorganiza la vida social, todas cuestiones que son funcionales a los planes de dominación y sometimiento que impone el Imperio para garantizar sus intereses estratégicos, para lo cual instalan gobiernos títeres y personajes que prefieren la comodidad colonial a los esfuerzos de la lucha por la descolonización emancipadora. Fueron a lo largo de la historia, innumerables los casos de los personajes que “no resistieron un cañonazo de un millón de dólares”, al decir del General Cárdenas en México y que podríamos agregar en términos nacionales “ni tampoco un carpetazo”. Siempre existirá la extorsión y la claudicación, que algunos llaman traición. La única traición a la Patria, fue esgrimida siempre por los enemigos de la Patria, así fueron declarados traidores San Martín por Rivadavia, Artigas por Posadas y Alvear, Rosas por Mitre, Perón por Aramburu y Cristina por Macri y Bonadío. Como vemos los verdaderos traidores a la Patria flamean el odio a los que luchan por la Patria, en un ensayo de falsas noticias, tan en boga en estos tiempos, usada como herramienta de disciplinamiento social junto a la Teoría del Caos, necesaria para instrumentar sus planes de dominación y colonización funcional al Imperio de turno, de la mano del cipayaje local siempre dispuesto. El Movimiento Nacional y Popular, con eje en el peronismo, el movimiento obrero y los movimientos sociales, es una valla insuperable para esos planes, como lo fue en cada etapa en los últimos 70 años que “ellos” denominan de retraso y nosotros de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política. De ahí las batallas que se vienen dando y se avecinan, porque el Imperio no cejará en su intento, nosotros no cederemos en la defensa de la Patria y las elecciones, sólo serán una batalla más, en el largo camino de la Liberación Nacional que emprende cada vez más fuerte el Pueblo Argentino.

Jorge Rachid

PRIMERO LA PATRIA

CABA, 25 de julio de 2019

Voto traicionado

¿CUÁNDO LOS ARGENTINOS ELEGIMOS VOLVER A SER COLONIA?

                                                                                                 Por Jorge Rachid

 

Puede parecer extemporánea la frase que encabeza esta nota, pero a poco de analizar la situación veremos cómo en nuestro país, se han naturalizado condiciones de dependencia y sumisión, que le han ido quitando a la Argentina, resortes de Soberanía nacional. Si recordamos las guerras del siglo XlX primero contra el colonizador español, luego las guerras civiles promovidas por el Imperio inglés, la consolidación de la dependencia económica y la balcanización de América Latina, producida sobre miles de muertos a sangre y fuego, estaremos en condiciones de analizar desde una perspectiva más amplia la situación nacional actual. Si además volcamos la mirada sobre el fortalecimiento de la identidad nacional soberana de la Patria en el siglo XX, sumados a los acontecimientos del Bicentenario en los doce años de gobierno nacional y popular, observaremos el retroceso. Entonces debemos preguntarnos cómo es posible la situación actual de nuestro país, si jamás votamos dependencia y nunca dijimos con nuestro voto cesión de soberanía a la colonización extranjera. Esas preguntas que son fáciles de contestar, pero difíciles de asumir al momento de hacerlas conscientes, son parte de la naturalización escondida, en formatos de comunicación, de falsas noticias o de ocultamientos cómplices. ¿Es que alguien votó un endeudamiento que puso la economía argentina en manos del FMI y condiciona la vida de varias generaciones de argentinos a futuro? ¿Usted autorizó al gobierno a reconocer y entregar las Islas Malvinas al Reino Unido usurpador y en consecuencia nuestro Mar Continental y sus riquezas a la depredación? ¿Está de acuerdo o votó que se instalen Bases Militares norteamericanas en nuestro territorio y que además desplieguen con nuestras FFAA hipótesis de conflicto contra nuestros compatriotas latinoamericanos, siguiendo la doctrina de EEUU que constituyen peligro para sus intereses, como son Venezuela, Cuba o Nicaragua? ¿Se votó alguna vez incorporarnos a una guerra global al narcotráfico y al terrorismo, siguiendo los lineamientos de EEUU, principal consumidor de drogas del mundo, pero que usa esas herramientas como control hegemónico en su despliegue imperial, que nos involucra en una guerra que no es nuestra y que pone en riesgo a la Patria y al Pueblo? ¿Acaso se cree posible recuperar soberanía, es decir capacidad de decisión nacional con todos nuestros recursos naturales y territoriales, puestos como garantías de créditos leoninos, cuyos términos de ejecución se juzgarán en EEUU? ¿Qué diferencia existe entre esta situación y una consolidada colonia imperial, como Puerto Rico que votó alguna vez, ser Estado asociado a EEUU y hoy se encuentra postrado, en default y un pueblo empobrecido, con sus líderes independentistas presos en EEUU, uno de ellos acaba de salir después de 35 años de prisión? El desembarco del virrey Pompeo de parte del rey Trump, previa visita del titular de la lV Flota de EEUU, constituyen la trama perfecta que cierra el círculo de la claudicación nacional, de un gobierno que llegó mintiendo, gobierna entregando y endeudando, reprimiendo y persiguiendo, ajustando y desindustrializando, despidiendo y amenazando, destruyendo modelos solidarios de salud y educación, sembrando el odio y la fragmentación con diáspora comunitaria, provocando un genocidio social de consecuencias aún imprevisibles. Se revolcarán en sus tumbas nuestros Padres Fundadores ante tamaña entrega y claudicación nacional. Más aún ante la pasividad de un pueblo que ha vestido de jornadas memorables de lucha su historia, que sigue resistiendo frente a un enemigo pero aún sin asumir que no se trata de una elección entre compatriotas. Se trata de elegir entre Patria o Colonia. Eso está en juego en estas horas cruciales para construir un Modelos Social Solidario y Productivo que asegure la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política, en el marco de la Patria Grande.

Jorge Rachid

Primero la Patria

CABA, 22 de julio de 2019