IDENTIDAD MEMORIA Y COLONIZACIÓN. Por Jorge Rachid.

 

A través de los tiempos, fue un fin estratégico de los colonizadores, intentar borrar de la memoria colectiva de las futuras generaciones, esa marca indeleble en las subjetividades de los pueblos, que es la identidad como tal, generada por las transmisión oral familiar y comunitaria, arraigada durante siglos de costumbres y tradiciones. Es que la única garantía de sometimiento de una población por parte del colonizador, está dada en que esa pérdida de memoria, vaya transformando esas poblaciones, en instrumentos aptos para ser utilizados incluso como control social, de los colonizados, custodiados por ellos mismos. De allí surgen las diferentes formas de sumisión a lo largo de la historia, que van marcando pautas culturales a través del tiempo.

Así vocablos en nuestra región como el “mande”, seguido de patroncito o patroncita, la apropiación de símbolos religiosos del dominador, convertidos a sus propias creencias, como las vírgenes negras del Caribe, la naturalización de agachar la cabeza frente al poder económico o político. No es respeto ni consideración, es simplemente relación de fuerzas y temor al poder. Pero a la par de la violencia social del colonizador, éste además destruye conocimientos de los pueblos, construidos a lo largo de la historia. Conocimientos que hoy llamamos ancestrales, pero que sirvieron de base a todo lo conocido, por la hoy llamada Modernidad.

En el ámbito de la salud, es extraordinario el caudal de conocimientos enterrados por la brutalidad colonizadora, que no pudieron borrar del todo y sirven a la ciencia actual con la fuerza de las verdades que nunca mueren. Podríamos repasar desde los egipcios hace 6 mil años, hasta nuestros pueblos originarios, incluso observando la medicina Ayurvédica que es la practicada en Oriente, sobre miles de millones de seres humanos, con similar respuesta a la medicina alopática, conocida en occidente.

Pero esa colonización destructora de las conciencias colectivas, cuando lo logra, no siempre puede invadir la memoria colectiva, más allá de la naturalización de los hábitos del enemigo por parte de la población. Una cuestión cultural es la incorporación de lenguajes y costumbres del colonizador, pero siempre es diferente en los ámbitos sociales y familiares. Hubo colonizaciones de décadas y siglos, que al liberarse, encontraron toda la potencia de la memoria enterrada, su fe religiosa, sus costumbres y sistemas de relaciones sociales pretéritos. Pudieron acaso los británicos con la cultura y religiosidad india, o los soviéticos con el islamismo de los países bajo su órbita? Tampoco lo hicieron los norteamericanos con los filipinos o japoneses. Se fueron desarrollando en todos los pueblos mencionados pliegues de preservación cultural, propios.

 

Hoy la colonización es más sutil, más avasalladora por contar con elementos tecnológicos que amplifican el mensaje del colonizador y minimizan lo cultural propio de los pueblos. Es más esos medios hegemónicos como los de difusión o las redes, desde el anonimato, siembran el odio a lo ajeno a la colonización, a lo diferente a lo hegemónico, a la heterodoxia soberana contrapuesta a la ortodoxia económica saqueadora, apuntalando el relato de los intereses dominantes. Así puede suceder que los pobres defiendan a los ricos, los excluidos a los dueños del poder, los trabajadores a las patronales cuando aceptan flexibilizarse. Eso sucede cuando esa cultura dominante agobia los propios derechos de los pueblos, hasta doblegarlos. Es más, se incorporan vocabularios y construcciones del pensamiento tomadas de la cloaca comunicacional, como expresiones propias, llevando a los pobres e indigentes a comentar el déficit fiscal o el valor de dólar, como problemas cotidianos de su quehacer habitual.

Pero esos mismos medios propician la mal llamada justicia por mano propia, al mismo tiempo que incorporan en el sensorio colectivo del pueblo, la identificación del pibe pobre con los chorros. Por ese mismo método incorporan comportamientos sociales individualistas, consumistas, mercantilistas, inclusive arrasando los propios derechos como los servicios públicos o los mismos sistemas solidarios de salud y educación demolidos por la lógica neoliberal.

La concepción solidaria de la comunidad es atacada por dosis masiva de individualismo egoísta. La cultura meritocrática, desplaza lo colectivo como construcción social.

Esta descripción sintética, sirve para reafirmar la necesidad de dar una batalla importante en el plano cultural, económico, social y político, contra el enemigo colonizador, que así debemos denominarlo, para no equivocar el análisis, sobre cuestiones secundarias de discusión, que siempre el enemigo pretende marcar desde su propia agenda, desviando la atención de lo esencial a los intereses nacionales y populares.

El Peronismo y el Movimiento Nacional y Popular son vallas pétreas, opuestas a este tipo de penetración social que le permite al colonizador instrumentar la pérdida de soberanía del país, sometiendo con el concurso de los mismos colonizados los resortes del mismo Estado.

Es que el peronismo es la expresión acabada de ese sincretismo cultural americano, mestizo, moreno, criollo, profundo de nuestra Patria Matria Grande. Es como tal, desde hace 70 años, el fortalecimiento de la identidad nacional y la solidaridad social compartida, en esa construcción del Modelo Social Solidario Biocéntrico, a través de la concepción filosófico política de la Comunidad Organizada..

Homenaje a la Vuelta de Obligado, batalla de una épica nacional única, sólo enterrada en la historia por el relato probritánico de Mitre.

 

LA PATRIA www.lapatriaestaprimero.org CABA 20 de noviembre de 2020

El problema de la sobreinformación, combinado con noticias falsas, da como resultado lo que se denomina INFODEMIA. Recomendaciones para sobrevivirla.

MÁS DE LA MITAD DE LAS INFORMACIONES QUE CIRCULAN EN LAS REDES SON NOTICIAS FALSAS. Por Héctor Sosa (*) Editor de Motor Económico Y Motor de Ideas

 

Se calcula que hay más de 8.000 trolls "trabajando" las 24 horas en las redes sociales , especialmente en Twitter. Esto sólo en Argentina. De acuerdo la datos de la Facultad de Comunicación de Canadá, se estima que unos 100.000 nodos o núcleos generadores de edición de contenidos falsos infectan las redes día y noche.

Esos nodos también funcionan en las grandes corporaciones mediáticas a escala mundial, regional y local. *A diferencia de hace 20 años, ahora tan solo en un click tenemos una cantidad de datos casi infinitos, pero aquí es cuando se pone interesante. Reuters Institute, explica en su informe acerca de la infodemia durante la pandemia, que el 59% de la información falsa es “reconfigurada”, esto significa que contiene datos verdaderos, pero se modifica agregando contenido engañoso o derivado de un contexto falso. También expone que el 38% de este contenido es “fabricado”, en otras palabras, inventado y el porcentaje restante obedece a sátiras, parodias y memes.

Hay espacios de comunicación ( portales/ radios y TV) que trabajamos para dar la batalla cultural contra ello. Te invitamos a seguir leyendo MOTOR ECONÓMICO, y muchos medios más que estamos en las redes al servicio de la soberanía comunicacional. 

Es de vital importancia capacitar desde las Universidades, escuelas, espacios propios de comunicación, en los barrios y organizaciones sociales y políticas, sobre cómo se construye la mentira organizada. Y , al mismo tiempo, educarnos en una nueva forma de informar y comunicar donde la estética, el entendimiento de los distintos lenguajes para las diversas plataformas se convierten en un aprendizaje estratégico en tiempos de cólera comunicacional. 

Las nuevas fábricas de contenidos-que tienen como matriz principal a las corporaciones de la Industria de Contenidos de los EE.UU- buscan como objetivo principal ( ahora aumentado en tiempos de pandemia) el de estigmatizar a los gobiernos que se corren de las políticas neoliberales, a la gente por su color de piel y a los pobres del mundo como "responsables" de su propia situación. Eliminando al actual sistema capitalista como ejecutor de las políticas que han llevado a tremenda desigualdad a la humanidad. Incluida la desigualdad en el campo de la comunicación.

 

(*) Periodista/ Analista de medios/ docente/ tallerista.

Investigadora del CONICET revela claves para detectar fake news y advierte sobre la peligrosidad del dióxido de cloro. Por UNIVERSIDAD NACIONAL DEL NORDESTE

(Domingo, 16 Agosto 2020) En este tiempo de pandemia por Covid-19, de aislamiento social y su consecuente uso permanente de internet, la denominada “infodemia” (exceso de información) se transformó en otra epidemia difícil de manejar. Ante este panorama, científicos y comunicadores confluyeron en la plataforma “Confiar” de la agencia Télam, para brindar a la población herramientas que ayudan a chequear de forma autogestiva, la veracidad –o no- de la intensa información circulante. Los casos de intoxicación por dióxido de cloro y su desmentida científica.

“La clave está en no reenviar o compartir los mensajes dudosos que recibimos en cadenas de whatsapp y demás redes sociales, así cortamos con la cadena de transmisión”, remarca Ayelén Milillo, integrante del equipo científico de la plataforma “Confiar”, que además es becada posdoctorada de CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), docente de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, licenciada en Bioquímica y Técnica Química Universitaria.

En entrevista telefónica con Radio UNNE 99.7, Milillo se refirió a la necesidad de aprender en este tiempo a detectar “fake news” (noticias falsas): “tenemos que entrenarnos en esto de identificarlas, sobre todo porque debemos comprender que si una noticia es falsa, puede afectar a las personas de nuestro entorno, sobre todo a las mayores de 50 años, que son las que generalmente dan por ciertas –y comparten- toda la info que reciben”, enfatizó.

Ciencia anti “fake news”

La plataforma “Confiar” fue desarrollada por la Agencia Nacional de Noticias argentinas Télam y tiene como objetivo, controlar la infodemia (epidemia informativa) que invade con noticias poco confiables, maliciosas o falsas, evitando así el aumento del pánico, la angustia y la promoción de conductas incorrectas.

El proyecto se puso en marcha en Abril de este año con la participación activa de científicos del CONICET y comunicadores. “Es un trabajo totalmente voluntario, cuenta Millillo.

Somos un equipo federal de 14 científicos del CONICET que trabajamos junto a colaboradores del área de la comunicación. Los que venimos del área científica, necesitamos adaptar la información para comunicar de manera efectiva –sostiene- y una desmentida, debe saberse comunicar, por eso nos asociamos”, destaca la investigadora.

Explica Milillo que el equipo anti “fake news” de “Confiar” del que forma parte, se encarga de interceptar toda información falsa que circula por internet, redes sociales y otros circuitos. “Las detectamos y a partir de ahí desmenuzamos el sustento científico de los mensajes; buscamos qué evidencia soporta a tal o cuál dicho circulante y luego, la comisión N°3 de Comunicación, es la que se encarga de adaptar a un lenguaje coloquial los resultados, para que se comprenda el mensaje. Luego se publica en la plataforma confiar.telam.com.ar y en nuestras redes sociales instagram, facebook y twitter” sostuvo.

Liderazgo político y opinión pública. Por Marina Acosta (*)

 La pandemia producida por COVID-19 demostró que la gestión de gobierno se ha visto dificultada por la convergencia de dos fenómenos complejos.

Por un lado, la crisis global emergió en el contexto del uso extendido de las tecnologías de la comunicación social y, consecuentemente, con la imposibilidad de controlar la circulación de flujos masivos de información. Por otro lado, con la posverdad, con predominio de la emocionalidad, los datos empíricos se han vuelto irrelevantes y aparecen las denominadas verdades alternativas. Por otra parte, cuando se desatan grandes crisis, la ciudadanía espera y exige mucho más de los gobiernos. La opinión pública se transforma, entonces, en un tribunal que juzga y evalúa a dirigentes políticos, acciones de gobierno y decisiones.

Un falso axioma sostiene que, en las crisis, los liderazgos políticos, puestos a prueba, se fortalecen. Basta mirar a países vecinos como Brasil, Ecuador y Chile para confirmar que las generalizaciones no sirven. Si no hay un líder que conduzca el proceso, difícilmente los liderazgos se vean beneficiados. El presidente Alberto Fernández ha logrado que su gestión de la pandemia sea reconocida de manera positiva por la ciudadanía argentina.

Desde el 20 de marzo, cuando el presidente decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, tanto las mediciones sobre su imagen como la aprobación de su gobierno se han mantenido siempre en niveles altos y estables.

Las razones del acompañamiento de la opinión pública se deben a un conjunto de factores interrelacionados: a) el poderoso paquete de medidas sanitarias, sociales y económicas implementadas; b) su timing político que lo ha llevado a adelantarse a futuros escenarios; c) su responsabilidad en la toma de decisiones, siguiendo el consejo del comité de expertos científicos; d) su capacidad para concertar con los sectores de la oposición; y e) su comunicación altamente empática con las argentinas y los argentinos.

El liderazgo político de Alberto Fernández como conductor de la crisis es indiscutible y se apoya en evidencias empíricas. Los últimos datos indican, por caso, que ocho de cada diez argentinos valoran la política sanitaria llevada adelante por su gestión. Otros tantos están de acuerdo especialmente con la cuarentena obligatoria y en desacuerdo con las pretensiones de las corporaciones empresarias que pugnan por una apertura acelerada.

Las preocupaciones de tipo sanitarias se imponen por sobre las preocupaciones económicas y revelan una clara sintonía con lo expresado por el presidente desde el inicio de la situación excepcional. El Jefe de Estado ha sido capaz de activar un efecto que suele aparecer en episodios críticos pero que –una vez más– no todos los líderes pueden lograr: el rally round the flag, unirse alrededor de una bandera o causa.

La efectiva comunicación gubernamental, desdoblada política y técnicamente, ha conseguido construir un frame –encuadre– que nos recuerda que de las crisis no se sale con comportamientos individualistas. La historia demuestra que, cuando cada uno actúa por su cuenta, el fracaso colectivo está a la vuelta de la esquina. 

las grandes crisis apelan a la ética cívica y a la responsabilidad social: de la conducta de cada uno –dicen que decía Alejandro Magno– depende el destino de todos. Como hacía mucho tiempo, palabras como solidaridad, cooperación y Estado volvieron a instalarse en el discurso político.

Si algo bueno dejará esta crisis, sin duda será que volvimos a confiar en el rol del Estado como instancia fundamental de articulación de las relaciones sociales y económicas. Lejos de ser enemigo del individuo, tal como pretenden mostrarlo las visiones neoliberales, el Estado no sólo es el garante para la consecución de los derechos de ciudadanos y ciudadanas, sino también es el único responsable del bien común. La gestión del gobierno nacional también ha demostrado que las respuestas a la crisis producida por la pandemia sólo pueden darse desde la política.

Sólo la política puede definir la compleja relación entre el Estado, el mercado y la sociedad civil. Las crisis suelen desestabilizar a los actores políticos. Sin embargo, el liderazgo político de Alberto Fernández se ha enaltecido. Maquiavelo decía que es virtuoso el príncipe que es capaz de actuar cuando la fortuna está de su lado, pero también el que es capaz de generar las condiciones para que esa fortuna lo acompañe. (*) Doctora en Ciencias Sociales y directora de Comunicación de Analogías.

Fake to fake. El arte del fack you de los desaparecedores de verdades.

Cómo funcionan las fake news, ese “delito de lesa humanidad”. Por Fernando Buen Abad Domínguez (*)

 

Aunque algunos se esmeran en reducir la pandemia de falsedades (“Fake News”) al solo campo de los expertos en lo “comunicacional”, para que pontifiquen diagnósticos y pronósticos, la dimensión del problema ha escalado latitudes de gravedad inusitada. ¿Están haciéndonos adictos a lo falso? Informarse es un derecho transversal a múltiples derechos y responsabilidades. Incluye a la educación, a la democracia, a la justicia… a la política.

La información y su relación con la verdad no pueden ser marionetas del circo mercantil mediático, servil a la manipulación ideológica de algunos Gobiernos y empresarios oligarcas. Es inaceptable, se lo mire desde donde se lo mire, y cada caso de falacias mediáticas constituye una agresión a la realidad, a sus protagonistas y a la historia de los pueblos. Al modo de conocer y al modo de enunciar la realidad. Nada menos. En la praxis está la clave. Verdades o mentiras no deben presentarse como “opciones” antojadizas que se ofrecen en el “menú” cotidiano de las conveniencias manipuladoras. Eso es una obscenidad. Aunque la moral burguesa tenga, para sí, un repertorio amplio de justificaciones a la hora de mentirnos.

“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. Marx.

En las “Fake News” se establece claramente una fractura que corrompe el carácter objetivo y social de una verdad. Los comerciantes de falsedades pasan horas pergeñando qué estrategia del desfalco cognitivo es más funcional a sus intereses sin tener que someter sus “Fake” a la prueba de los hechos. Eso convierte al “consumidor de falacias" en un glotón de embutes dis-funcional y sofisticado.

Mientras tanto, la producción de mentiras genera relaciones de producción que, para sostenerse, requiere de extinguir la verdad objetiva. Sitúa a los grupos sociales como animales de noria -como si fuese su destino- para motorizar el saber de lo falso. Desfigura las verdades objetivas y la práctica colectiva que las sustenta. Esta demolición de la verdad objetiva, se genera para negar la posibilidad de conocer el mundo y con ello la posibilidad de transformarlo.

Atenta contra el derecho humano fundamental de crear condiciones mejores de existencia y desarrollo de capacidades, sin límite, gracias al goce de las riquezas naturales y las del producto del trabajo. Hasta ese punto la pandemia de “Fake News” intoxica la vida y las culturas. Es escandaloso. Entre las agresiones perpetradas por las máquinas de falacias mediáticas, que desempeñan un papel considerable, están los tipos de quiebres decisivos en el punto de vista de la vida que convierte al “auditorio” en holgazán sin pensamiento crítico y lo reduce (a los ojos de la burguesía y sus cómplices) en inútil, incómodo e impertinente.

La pandemia de falacias aplasta al raciocinio libre y lo hace adicto a cualquier chatarra idealista; la adicción a las falacias aplasta todo lo que de ingenioso o profundo tiene el pensamiento crítico.

Por lo general las “Fake News” son extravagancias de la irracionalidad que, como todas las extravagancias, desfiguran a la experiencia. Hay quienes borran con falacias mediáticas la propia vivencia y la sepultan bajo los escombros del “sinsentido” común hegemónico.

Emboscados por la pandemia de “Fake News” no podemos demostrar la exactitud de nuestro modo de entender e intervenir en un proceso social evaluándolo con independencia de praxis.

Nos vemos sometidos a restringir nuestros derechos humanos (el derecho a la información) y, a cambio de ponemos al servicio de los propios fines del engaño, damos al traste con la realidad y nos volvemos puramente contemplativos de las mentiras que hacemos propias.

Despojados de nuestros derechos, mutamos y nos hacemos parásitos de generalizaciones abstractas y especulaciones subjetivas que obran como “verdades” placebo. Es la burocratización de la verdad. Despojarnos del derecho a informarnos no sólo es privarnos de “datos”, es sepultar una necesidad social y reducir el acto de informar al capricho convenenciero de una guerra ideológica alienante.

Eso implica una ofensiva contra la consciencia emboscada con una realidad deformada, desfigurada, desinformada. Es un fraude de punta a punta. No es una “omisión” más o menos interesada o tendenciosa…no es una “falla” del método; no es un accidente de la lógica narrativa; no es un incidente en la composición de la realidad; no es una “peccata minuta” del “descuido”; no es una errata del observador; no es miopía técnica ni es, desde luego, “gaje del oficio”.

Es lisa y llanamente una canallada contra el conocimiento, un delito de lesa humanidad. Es como privar a los pueblos de su Derecho a la Educación.

A estas alturas de la Historia y, especialmente de la historia de los “medios de comunicación”, es insustentable e insoportable cualquier excusa para no informar oportuna, amplia y responsablemente. No hay derecho que justifique la acción deliberada de tergiversar lo que ocurre y, en el poco probable caso de que un “medio de información” no se entere de lo que ocurre, ese medio realmente no merece respeto alguno.

La excusa de “no saber”, de “no conocer”, de “no tener información” para, por ello, no asumir la responsabilidad profesional y ética… es francamente sospechosa y ridícula. Ningún pueblo debería soportar la falacia inducida al transmitir la información que es propiedad social. Hay tecnología y metodología suficientes que invalidan toda palabrería esmerada en excusar las intenciones míseras de los que des-informan y mienten. Incluso si lo hacen mintiendo con emboscadas finamente elaboradas en laboratorios de guerra psicológica.

Léase críticamente: Artículo 19, “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos.

A la vista de todas las canalladas inventadas por el capitalismo para violar el legítimo derecho de los pueblos a la mejor información -evaluada ética y científicamente por las sociedades- bien vendría instruir una revolución jurídico-política hacia una nueva Justicia Social, irreversible, que tuviera como ejes prioritarios los que competen a la Cultura y a la Comunicación como inalienables. O dicho de otro modo, que nunca más la Cultura, la Comunicación -ni la Información- puedan ser reducidas, retaceadas ni regateadas por el interés de la clase dominante contra las necesidades de las clases oprimidas, impunemente. Informarse -bien- es un Derecho.

 

(*) Mexicano de nacimiento, especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSUR. Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride y del Instituto de Cultura y Comunicación de la Universidad Nacional de Lanús (UnLa).

Batalla cultural y agenda política. Por Chino Barbieri

 “En la colonización la semántica es la base de la acción denominadora”

Uno de los problemas que encontramos como militantes del campo nacional y popular es la psicopatía que los medios hegemónicos imprimen en sus discursos falaces. En ellos, cada mensaje busca la identificación del sujeto de derecho, en cuanto a información se refiere y lo convierte en objeto de mediación para la amplificación de su mensaje. Funciona así entonces el destinatario del mensaje como una propaladora de significados vacíos con significantes perversos que atentan contra él mismo y que encuentra eco en otros semejantes. Hemos hablado largamente del “odio” como germen humano explotado por estas cadenas de la estafa. Pero no todas las inserciones semiológicas son tan claras.

En algún momento de los discursos, la tergiversación magnífica y la despersonalización certera hacen que, aún quienes enfrentamos esta realidad, adoptemos inconscientemente formas nefastas de diseño suministradas por la comunicación en tiempos de la post verdad. Si tomamos la frase: “el virus es un enemigo invisible” Cientos de militantes lo hemos repetido y aún el mismísimo Presidente de la Nación, por lo cual, lejos de pretender disimular nuestro error de percepción y más luego de comunicación de una idea, expongo y abro debate. Los virus no son enemigos, son simplemente el resultado de acciones anteriores de los seres humanos en su fallido intento de administrar antojadizamente la Naturaleza en pos de sus intereses. Dejaremos las teorías conspirativas para otro momento.

Los cambios climáticos producto de residuos nucleares, talas indiscriminadas, abuso del petróleo, avance sobre los espacios verdes y el agua dulce, la condena social de la clase trabajadora a la pobreza extrema, son todas decisiones de Corporaciones Internacionales en el marco de una “legalidad a medida” provista por los Poderes Judiciales al servicio de las políticas neoliberales y anarco financieras representadas por gobiernos antipopulares que reducen a los Estados a la servidumbre. Todos tienen nombre, apellido o razón social. La mezquindad farmacológica de los laboratorios transnacionales no escapa a la lógica de mercado (otra aberración semántica cultural negacionista: decir Mercado en vez de mencionar a los estafadores y/o saqueadores con nombre y apellido o razón social) constituyendo, con lo expuesto anteriormente la trampa perfecta que inevitablemente conduce a la muerte. Sí, la muerte. Está más claro que nunca que prefieren las muertes necesarias a perder un cm de poder.

El virus no es el enemigo, el virus pone blanco sobre negro al Enemigo y sus adláteres. El virus pone en evidencia quiénes son adversarios políticos y quiénes son enemigos, quienes son aliados y quienes son amigos. El balconeo anticorrupción de la cacerola de acero inoxidable encuentra el bálsamo a su ira en abominar la política. Jamás se preocupan por los corruptores ni los denunciantes, perfectamente blindados por los relatos comunicacionales noticiarios. Tampoco se preocupa en quién paga el espacio televisivos de pseudo economistas de ideas dictatoriales contra el Estado sin Banco Central en nombre de la libertad. Pseudo libertarios, pseudo liberales, pseudo evangélicos, pseudo economistas, pseudos expertos de “todo” constituyen el mascarón de proa de una avanzada contra el Gobierno Nacional y Popular.

El colmo ha sido el frustrado Cacerolazo Presencial. “No es importante quién atenta contra nuestro Gobierno sino quién o quiénes le cargan la escopeta” y ahí es donde estamos fallando en nuestro mensaje. Si el virus no es el enemigo, mucho menos lo es la hipocresía cacerolera, el enemigo es el que está tratando de implantar la muerte como ordenador social que busca instaurar el Nuevo Orden, es decir, perpetrarse con menos riesgos en el tiempo como factor único de poder. ¿Puede ser el Presidente de la Nación el único comunicador de las verdades relativas pero hasta ahora irrefutables en nuestra larga militancia? Creo que no y tampoco se lo aconsejaría al gobierno como método comunicacional.

Ya debieran existir distintas organizaciones civiles denunciando puntualmente los distintos vaciamientos del Estado de manera mediática y en sede judicial. Estas organizaciones civiles debieran seguir judicialmente la evolución de la decadencia del Estado nacida en 2016; Deuda Externa, Poder Judicial, Desvíos de Fondos y Patrimonio, Procesos de Elección de Jueces, Nombramientos Jerárquicos en el Estado, Destrucción del Sistema de Salud, Adjudicación con y sin licitación, etc. Desconcentrar la ofensiva reconstitutiva de derechos y garantías constitucionales y bienes del Estado de manera estratégica, tendrá resultados a capitalizar por el Gobierno Nacional y Popular y obligando a diversificar inevitablemente la contraofensiva del poder concentrado.

No puede un gobierno absorber todos “los golpes” que el enemigo asesta de manera permanente. Hemos padecido sin Estado de Derecho durante cuatro años y sin embargo no es parte de nuestro discurso militante salvo, timoratamente en sectores minúsculos de nuestro pensamiento nacional y popular que aún recuerdan con culpa la pugna por la llamada Ley de Medios.

Hemos permitido que expulsaran a la Procuradora Fiscal, como tal representante del Estado, es decir de nosotros mismos y seguimos aún sin cuestionar a su reemplazante sin aprobación del Senado. Llegamos hasta aquí con Jueces de la Corte Suprema (el presidente, por ejemplo) nombrados por decreto y validados luego por la política pueril. ¿Acaso el hecho de haber sido nombrados por decreto no debiera invalidar cualquier acción posterior?

En esta oportunidad debemos actuar con toda la sabiduría que los años de militancia y el estudio de las distintas realidades sociales nos han provisto. Debemos fijar los objetivos tácticos y estratégicos exhibiéndolo como agenda comunicacional y tomando el lugar que nos corresponde como ciudadanos dueños de las señales transmisoras de los medios de comunicación. Nosotros somos dueños sin poder ni derecho sobre nuestro patrimonio y las corporaciones periodísticas son licenciatarias empoderadas a la vez por otras corporaciones contra nuestros intereses, faltando al genuino Derecho de Información.

Es nuestro deber administrar la agenda política para debatir en el seno de la sociedad en condiciones mucho más cercanas a la igualación de fuerzas, para que realmente podamos vivir como bien dijo Alberto: “Nunca más al neoliberalismo” “Nunca más los sótanos de la democracia” .

La batalla comunicacional se libra en gran disparidad de condiciones y medios. Lo primero es definir el terreno en el que se libra. La producción de sentido queda en manos de las grandes cadenas de desinformación y acción psicológica. Frente a ello, la organización libre del pueblo es el antídoto con sus redes comunicacionales verídicas. Sobre todo las del contacto directo cara a cara, corazón a corazón. Acercamos esta genial síntesis audiovisual producida por José Pablo Feinmann como aporte a la reflexión

Historia de la colonización mediática global. Es preciso señalar la necesidad del pensamiento crítico, para poder pensar y no ser pensados por el Gran Hermano; hablar por nosotros y no ser hablados por la Matrix.

Política y comunicación. Las claves de Ana Castellani.

Conceder algo en la discusión, ver la paja y la viga, una transformación necesariamente previa a la discusión, para entender el punto de vista del otro

Campaña militante

La batalla electoral

Saborido, Borri y Barassi sacaron de la mochila su bastón de mariscal e invitan a imitarlos. Nos necesitamos unidos y activos en la batalla cultural de la cual las elecciones son un capítulo decisivo.

22 PUNTOS PARA UN AÑO DECISIVO

22 EJES PARA CALIBRAR EL CUORE Y LA CABEZA

22 IDEAS PARA NO DISCUTIR AL PEDO

22 INVITACIONES PARA VOLVER A JUGAR

22 CONSEJOS PARA ARRIESGAR SIN MIEDO

22 CONTRASEÑAS PARA CONECTAR CON EL OTRO

22 REFLEXIONES PARA INTERPELAR LOS SEGMENTOS

22 FORMAS DE ENCAUSAR EL OPTIMISMO 22 TAREAS PARA UNA CAMPAÑA CUERPO A CUERPO

22 ATAJOS PARA LLEGAR MÁS LEJOS

22 ELEMENTOS PARA SER NOSOTROS EL MEDIO

22 APORTES PARA VOLVER A GANAR SABER CONTAR / PODER SUMAR

1. ¿Resignación o acción? Contra la resignación que genera el abrumador aparato comunicacional que tienen ellos, elegimos la acción… pero una acción calibrada

. 2. Partimos de una premisa: el sentido común, que es el que domina lo público, no es nuestro. ¿Porque tienen la impunidad de decir cualquier barbaridad en voz alto y yo no puedo mandarlo a la mierda? No lo puedo hacer porque si no confirmo lo que él piensa de nosotros.

3. La bronca es emocionalmente legítima, pero políticamente es un desastre. Enojarse no sirve para hacer política.

4. La creatividad tiene que estar aplicada en tomar esa emoción y convertirla en algo. Si queda en mera indignación, somos plateistas de la política.

5. ¿Qué hicieron estos cínicos profesionales? Supieron conducir toda la indignación que crearon otorgando existencia.

6. ¿Porque te parece que la gente votó en contra de sus propios intereses? Porque el peronismo no los escuchó. Tenían otras demandas que para nosotros eran burguesas y pelotudas. ¿A quiénes escucharon? A otro que los escuchó a ellos

. 7. Tenemos que buscar la comunicación en lo que coincidimos. La comunicación es la parte que nos une. Donde no hay comunicación hay conflicto

. 8. No podemos hacer política excluyente. A veces hacemos un Laclau al revés: parto, divido, entro a un conflicto y me aseguro de perder con tal de tener la razón. El tema acá es como le hablamos al otro.

9. Si estamos más preocupados en quienes somos nosotros que en quién es el otro, le pifiamos. La identidad es muy buena para uno pero es expulsiva para el otro, y cuanto más intensa más expulsiva.

10. Uno no gana porque tiene razón o porque es mejor. No alcanza. Resulta que la democracia es numérica y no cualitativa. Por suerte todos los votos valen uno.

11. Por eso tenemos que ser capaces de generar más allá de cualquier límite. Entre los infinitos segmentos, infinitos contenidos. Cada voto es una neurosis. A cada uno le llega a su manera, en su singularidad.

12. También está la paciencia. Todos los clavos tienen distintos modos de entrar. En esta pared entro con dos golpes, allá con cuatro, acá se dobla. El otro está cada vez más segmentado.

13. Hay que acercarse con juego y fantasía. Te disfrazas, te pones el traje de buzo y te mandás. ¿Y si fracaso? No pasa nada, será mañana. La persistencia es parte del método, el probar es parte de la creatividad.

14. Necesitamos a todos los que son máquinas de penetrar el yo del otro: marketineros, publicistas, psicólogos, miembros de alcohólicos anónimos. Precisamos técnicas en donde lo que importa es la trasmisión.

15. Debemos tener conciencia que en las próximas elecciones se definen los próximos 20 años de la Argentina. Estos tipos no nos pueden ganar con este gobierno de mierda.

16. Tenemos un penal pero hay que patearlo bien. Estamos en un tenso optimismo. Tenemos que ser creativos sobre nosotros mismos para ver cómo nos recargamos y nos reformateamos.

17. No podemos ser presos de nuestros gustos. Debemos trascenderlos para ganar. Tenemos que ser creativos y efectivos. La lógica de distinguirnos para sentirnos mejores es perdedora.

18. Por eso los trotskistas están bárbaro. Siempre tienen razón porque nunca lo pueden probar. Ahora, ¿Cuantos hospitales hizo Del Caño? Ninguno.

19. En ese riesgo tenemos que actuar. La otra es no hacer nada. Me quedo en casa, me hago trosko o digo como Stolbizer “yo ya gané”. ¿Se les puede ocurrir algo más egoísta que el “yo ya gané”? Voto a Stolbizer, la gente se caga de hambre, pero mis principios están a salvo. Una joya.

20. Recuperar la lógica del juego. Necesitamos tres coordenadas y después la libertad de moverse dentro de esa cancha. Si esto no lo tomamos como algo que nos pueda divertir estamos en problemas.

21. Tenemos que participar todos. No podemos ser plateistas de la política. No podemos dejar la campaña en mano de los candidatos y de la agencia de publicidad que contraten.

22. Cada uno de nosotros tiene que ser un medio de comunicación. Somos nosotros los que podemos llegar a donde no llegan Alberto, Cristina o Axel. Si nosotros no contamos ellos nos narran a nosotros. Y ahí si estamos jodidos.

Ahora, a GANAR